México se encuentra frente a una disyuntiva crítica en el ámbito de la salud: mantener la inercia de un sistema de salud segmentado, subfinanciado y dispendioso que responde de manera limitada a las expectativas de la población, o avanzar en la consolidación de un sistema de salud universal, equitativo y eficiente que contribuya al bienestar de las personas y al desarrollo económico del país al atender de manera integral las necesidades de la población mediante la oferta de servicios integrales y accesibles de alta calidad.

En los últimos 20 años se dieron avances importantes en la organización del sistema de salud como resultado de tres reformas: 1) la reforma de 1997 a la Ley del IMSS, que incrementó la participación gubernamental en el financiamiento de esta institución; 2) la reforma de 2003 a la Ley General de Salud, que dio origen al Sistema de Protección Social en Salud y su brazo operativo, el Seguro Popular; 3) la reforma de 2007 a la Ley del ISSSTE, que homologó el diseño financiero de las tres principales instituciones públicas de salud.


Ilustraciones: Víctor Solís

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la inversión total en salud en México pasó de 4.9% del PIB en 2000, a 6.2% en 2009 y bajó a 5.9% en 2015, mientras que el gasto per cápita en salud pasó de 322 dólares en 2000 a su punto más alto de 677 dólares en 2014.1 Este incremento se dio en buena medida gracias al crecimiento del presupuesto público, lo cual sin duda representa un avance importante, aunque sigue por debajo del promedio de América Latina.

La ampliación del gasto público en salud junto con la puesta en marcha del Seguro Popular permitió extender la cobertura de la protección social en salud. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud y la Encuesta Intercensal 2015, el número de mexicanos con seguro público de salud pasó de alrededor de 40 millones en 2002 (41% de la población total) a 98 millones en 2015 (82% de la población total).2, 3

Con la ampliación de la protección social en salud y la disminución de la pobreza, el porcentaje de hogares con gastos catastróficos por motivos de salud se redujo de 2.7% en 2004 a 1.7% en 2014, mientras que el porcentaje de hogares con gasto empobrecedor por los mismos motivos disminuyó de 1.3% a 0.6% en el mismo periodo.4 A pesar de que el total de hogares mexicanos creció durante este periodo, el número absoluto de familias que sufrieron un quebranto económico por motivos de salud se redujo de un máximo de 3.7 millones al año a unos 2.7 millones. El mayor avance se dio en los hogares que estaban excluidos de la seguridad social convencional y que ahora están cubiertos por el Seguro Popular, que son en general los hogares de menores ingresos.

Todos estos cambios influyeron de manera positiva en las condiciones de salud de la población. México pudo alcanzar en 2015 casi todas las metas en salud de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluidas las relacionadas con la mortalidad en menores de cinco años, la vacunación, los derechos reproductivos, el paludismo y la tuberculosis.5

A pesar de estos logros México enfrenta retos enormes que se expresan sobre todo en la existencia de una creciente brecha entre la demanda y la oferta de servicios de atención a la salud: la demanda está creciendo aceleradamente mientras que la oferta se ha estancado y empieza a deteriorarse. El propósito de este ensayo es documentar esta brecha, discutir sus principales causas y ofrecer alternativas para superarla.

 

La salud de los mexicanos se ha descrito recientemente como “un blanco móvil que ahora se desplaza a gran velocidad”.6 Esto se refleja en una demanda por servicios de atención a la salud que se ha incrementado y seguirá incrementándose de forma exponencial debido a cuatro factores: 1) el crecimiento de la población; 2) el envejecimiento poblacional; 3) el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT); 4) el crecimiento de la población sin seguridad social convencional debido a lo que podríamos llamar “efecto Trump”.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2000 y 2005 la población mexicana creció a una tasa anual de 1.2%, que aumentó a 1.7% entre 2005 y 2010, y disminuyó a 1.3% en los últimos años.7 En el momento actual la población asciende a 119.5 millones de personas. Se calcula que para 2030 alcanzará la cifra de 147 millones y para 2050 ascenderá a 164 millones, fecha a partir de la cual empezará a disminuir.8

No todos los grupos de edad están creciendo al mismo ritmo. La población de adultos mayores, que hoy representa 10.4% (12.4 millones)

de la población total, está creciendo a una tasa superior a 3% anual. Se calcula que para 2030 representará por lo menos 15% de la población total (22 millones).9 Esta población demanda no sólo mayores servicios de atención a la salud que la población de menor edad, sino también servicios más costosos. Se estima que en México el costo anual de atención de un paciente de 65 años y más, es tres veces mayor al costo de la atención de los menores de cinco años y seis veces mayor al de los adolescentes de entre 10 y 20 años.10

El envejecimiento de la población se asocia a un incremento de las ECNT. Destacan dentro de ellas la cardiopatía isquémica, la diabetes mellitus, la enfermedad renal crónica, la enfermedad cerebrovascular, los diversos tipos de cáncer y las enfermedades mentales. En 1950 estos padecimientos representaban tan sólo 35% de las muertes en el país, pero hoy concentran más de 80%.11 Se trata de enfermedades más difíciles de tratar que las infecciones comunes y los problemas reproductivos porque requieren para su adecuada atención de recursos humanos (médicos y enfermeras), materiales (medicamentos y otros insumos) y físicos (equipamiento y unidades de atención) mucho más complejos y costosos. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016 (ENSANUT 2016), la diabetes mellitus afecta a más de 9% de la población adulta de México y el costo de su atención asciende a casi cuatro mil millones de dólares anuales.12, 13

A esto hay que agregar a la población mexicana documentada e indocumentada que vive en Estados Unidos y que está regresando a nuestro país como resultado de las nuevas políticas migratorias estadounidenses. Esta población no cuenta con seguridad social y se irá afiliando paulatinamente al Seguro Popular, que no dispone de recursos suficientes para enfrentar este inesperado aumento en la demanda de servicios de atención a la salud.

 

Por su parte, la oferta de servicios de salud se encuentra estancada debido principalmente a una inversión insuficiente, un gasto administrativo excesivo en las instituciones públicas de salud y un esquema organizacional que restringe la libre elección del prestador de atención. Esto ha generado un deterioro de la calidad que ha dado como resultado un aumento en la utilización de los servicios privados, sobre todo los ambulatorios, lo que ha mantenido en niveles muy altos el gasto de bolsillo.

Si bien el gasto en salud en México se incrementó en alrededor de un punto del PIB entre 2000 y 2015, desde 2014 se observa una reducción —a expensas totalmente del gasto público— en la inversión per cápita, llegando a un estimado 665 dólares para 2015 y 652 dólares para 2016. Esto está impidiendo alcanzar los niveles deseables de gasto en salud. Los países de América Latina invierten en promedio más de 7% de su PIB en salud, mientras que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) invierten 8.9% en promedio.14, 15 Aunque ha aumentado desde las reformas de 2003, el porcentaje que corresponde al gasto público en México es de sólo 48% del total en salud, cuando el promedio en los países de la OCDE es de 73%.

Hay, asimismo, muy poca eficiencia en el ejercicio del gasto. Las instituciones públicas de salud en México dedican, en conjunto, 8.9% de su presupuesto al rubro administrativo, cuando el promedio en los países de la OCDE es de 3.7%.16 Esto se debe a la existencia de diversos aparatos administrativos —para cada uno de los segmentos del sistema de salud— y un ejercicio  poco eficiente de las tareas gerenciales.

Otro signo de ineficiencia es la doble y hasta triple cotización. Hay personas que cuentan con un seguro propio y están además cubiertas por el seguro de su cónyuge. Se calcula que 7.3 millones de personas en México están afiliadas al IMSS y al Seguro Popular, dos millones al IMSS y al ISSSTE, 760 mil al ISSSTE y al Seguro Popular, y 170 mil al IMSS, ISSSTE y Seguro Popular.17 Hay quienes disponen de un seguro público y un seguro de salud privado. Este es el caso, por ejemplo, de los funcionarios públicos, que además de cotizar al ISSSTE reciben del gobierno un seguro privado de gastos médicos mayores. Se estima que la mitad de los nueve millones de mexicanos que cuentan con seguro de salud privado dispone también de un seguro público.18

La ineficiencia del gasto en salud no es un tema menor. David Cutler, uno de los economistas de la salud más reconocidos del mundo, ha señalado que los recursos invertidos en servicios de salud en Estados Unidos que no generan más o mejor salud ascienden a 30% del gasto total en salud, equivalente al valor del total de la economía de México.19 Un desperdicio de 30% en nuestro país representa alrededor de 2% del PIB, una cantidad de recursos considerable que podría invertirse en más salud y desarrollo social y económico.

En México la insuficiencia e ineficiencia del gasto han dado lugar a un deterioro progresivo de los servicios de salud, particularmente de los servicios públicos ambulatorios, que presentan serios problemas de calidad manifestados, entre otras cosas, en largos tiempos de espera y falta de medicamentos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT 2012), el tiempo promedio de espera para recibir servicios ambulatorios en los Servicios Estatales de Salud (SESA) y el IMSS es de 90 y 75 minutos, respectivamente, mientras que en los consultorios privados es de menos de 30 minutos.20 La falta de medicamentos es también común. De acuerdo con la misma encuesta sólo 63% de los usuarios de los SESA salen de la consulta ambulatoria con su receta totalmente surtida. Las cifras para las unidades ambulatorias del IMSS y del ISSSTE son de 86% y 66%, respectivamente.18

Otro ejemplo es el tratamiento de los pacientes diabéticos —un grupo amplio y de rápido crecimiento— cuyos resultados tampoco son alentadores. Según la ENSANUT 2016, 88% de los pacientes diabéticos diagnosticados reciben tratamiento, pero menos de 20% se someten a todas las pruebas y revisiones que requieren.9 No es de extrañar que menos de un tercio de los diabéticos atendidos en las instituciones públicas de salud tengan su padecimiento bajo control. Lo mismo sucede con un alto porcentaje de los pacientes hipertensos: aunque están diagnosticados y reciben tratamiento, no presentan cifras aceptables de presión arterial. La interpretación de estos datos es la siguiente: el país gasta su escaso presupuesto público en servicios de salud de baja calidad que no responden a las necesidades de los pacientes.

No sorprende, por lo tanto, que los usuarios de los servicios de salud, incluso los afiliados a las instituciones públicas, acudan de manera regular a los consultorios privados. Según la ENSANUT 2012, 31% de los afiliados al Seguro Popular, 31% de los afiliados al IMSS y 28% de los afiliados al ISSSTE utilizan de manera regular los servicios ambulatorios privados.8 Llama la atención, además, el creciente uso que se está haciendo de los consultorios adyacentes a farmacias.21 Estas cifras contrastan con las correspondientes a los servicios hospitalarios. Entre 2000 y 2012 el porcentaje de hospitalizaciones totales que concentraron los SESA se incrementó de 26% a 38%, mientras que el porcentaje correspondiente a los hospitales privados disminuyó de 24% a 17% en el mismo periodo. Es lógico suponer que estos últimos cambios se debieron a la puesta en marcha del Seguro Popular, porque los porcentajes correspondientes a las instituciones de seguridad social prácticamente no se modificaron.

El alto uso de servicios ambulatorios privados —que supone el pago de consulta, estudios de laboratorio y gabinete, y medicamentos— explica en buena medida los elevados niveles del gasto de bolsillo en México, que incrementan el riesgo de incurrir en gastos catastróficos. El gasto de bolsillo, aunque disminuyó en los últimos años, todavía concentra 44% del gasto total en salud, una de las cifras más altas de América Latina. Los porcentajes correspondientes a Colombia, Costa Rica y Uruguay son de 15%, 25% y 16%, respectivamente.1 La cifra promedio de los países de la OCDE es de 14%.

 

Las necesidades de salud y el costo de atenderlas están siempre al alza por la concentración de la carga de la enfermedad en las ECNT, que son costosas y complejas. Desafortunadamente, la inversión en la salud ha aumentado sólo en momentos específicos y en cantidades conservadoras —recientemente por debajo del crecimiento del PIB— y a menudo se ha estancado. Por lo mismo, la brecha entre el costo de satisfacer las necesidades más apremiantes de la población mexicana y la inversión en su salud se ha abierto cada vez más: la oferta camina mientras que la demanda corre.

Sólo para atender la proyección de la demanda de servicios de salud debida al crecimiento y envejecimiento poblacional, en 2030 el gasto en salud tendrá que alcanzar 7.1% del PIB (bajo el supuesto de un crecimiento constante en el PIB similar al de las últimos tres décadas). Si se añaden los cambios en la demanda relacionados con el crecimiento de las ECNT, la inversión en salud deberá alcanzar por lo menos 8.2% del PIB. Si además aspiramos a invertir el mismo per cápita que hoy invierten Chile o Costa Rica, en 2030 México tendrá que destinar entre 10.4% y 12.9% del PIB a la salud.

Del gasto total en salud de 2015 casi 60% se asocia a tan sólo seis categorías de enfermedad: cáncer, cardiopatía isquémica, diabetes, enfermedades reumáticas, VIH/SIDA e hipertensión (ordenadas de mayor a menor gasto en servicios de salud). Suponiendo que la transición epidemiológica y el crecimiento y envejecimiento poblacionales sigan la trayectoria actual, México enfrentará un aumento exponencial en todas estas enfermedades, excepto VIH/SIDA. Se estima que el gasto en las otras cinco enfermedades crecerá 3.1% al año hasta 2030, comparado con la tendencia reciente en el gasto en salud de 1.1% anual. Para 2030 estas cinco enfermedades representarán 102% del gasto total en salud actual y 180% del mismo gasto en 2050.

Si seguimos invirtiendo el gasto público en salud de la manera en que lo venimos haciendo —poco y mal— la población mexicana tendrá que escoger entre dos escenarios inaceptables: erosionar lo ya ganado en salud y sufrir pérdidas consecuentes en el bienestar de las personas y de la economía, o aumentar el gasto del bolsillo en salud y sufrir inequidad, inestabilidad financiera, aumentos en la pobreza y pérdidas de oportunidades de una inversión sustentable en otros aspectos del capital humano.

 

Para poder enfrentar los retos asociados al crecimiento y envejecimiento de la población y la creciente prevalencia de las ECNT es necesario: 1) incrementar el gasto público en salud para ampliar y mejorar la oferta de servicios; 2) hacer más eficiente el ejercicio del gasto; 3) racionalizar la oferta de los servicios públicos de salud.

Es urgente hacer un nuevo esfuerzo para ampliar la inversión en salud y llevarla, en el corto plazo, por lo menos al promedio latinoamericano (7.2%).1 Esto permitirá enfrentar, por lo pronto, el crecimiento y el envejecimiento poblacional. Sin embargo, para poder atender de manera efectiva las necesidades asociadas a la creciente prevalencia de las ECNT, será indispensable incrementar todavía más el gasto, para llegar por lo menos a niveles de 9% antes de 2030, más a la par con el nivel de inversión en salud de países con un nivel de desarrollo económico similar o ligeramente mayor al nuestro, como Costa Rica y Chile. Cualquier ampliación del gasto en salud deberá basarse sobre todo en presupuesto público para evitar un aumento en los gastos catastróficos y empobrecedores.

Pero es importante no sólo ampliar el gasto sino también generar más salud por el dinero invertido. Esto exige, en primer lugar, disminuir el gasto administrativo para llevarlo a niveles cercanos al promedio de los países de la OCDE (3.7%).

Una segunda medida para hacer más eficiente el ejercicio del gasto es incrementar el porcentaje de los recursos públicos destinados a la atención primaria. Este tipo de atención debe ofrecerse a través de redes horizontales que involucren también a las comunidades y los hogares.22 La atención primaria efectiva es mucho menos costosa que la atención hospitalaria y disminuye las hospitalizaciones innecesarias y el gasto de bolsillo, que no se ha podido abatir precisamente por el uso continuo de las unidades ambulatorias privadas por usuarios insatisfechos con la atención de las clínicas públicas.

Finalmente, será necesario implantar medidas para racionalizar la oferta de los servicios. Destacan dentro de estas medidas: 1) fortalecer las actividades de promoción de la salud, prevención y diagnóstico oportuno de las ECNT a través de la atención primaria de alta calidad y las actividades regulatorias para el control de riesgos; 2) diseñar estrategias para atender de manera más efectiva y eficiente las enfermedades que concentran un alto porcentaje del gasto en salud; 3) impulsar medidas de promoción del “envejecimiento saludable”, incluyendo los cuidados paliativos; 4) explorar la posibilidad de establecer asociaciones público-privadas para estimular inversiones que permitan ampliar la prestación de servicios de salud.

Tal vez la medida más trascendente que puede tomar el sistema de salud en el corto plazo es el fortalecimiento de la promoción de la salud y el control de riesgos. Esto incluye el fomento del ejercicio físico, las dietas saludables y la interacción social, y el combate a los riesgos asociados a las principales causas de discapacidad, enfermedad y muerte, como el sobrepeso y la obesidad, el consumo de tabaco, alcohol y drogas, y el aislamiento social. Los datos de la ENSANUT 2012 indican que la tasa de crecimiento del sobrepeso y la obesidad disminuyó entre 2006 y 2012 como consecuencia posiblemente de las políticas implantadas para combatirlos. Sin embargo, la prevalencia conjunta de sobrepeso y obesidad en adultos en nuestro país sigue siendo la más alta de los países de la OCDE (72.5%), y este problema empieza a afectar de manera creciente también a niños y adolescentes.23 Es por lo tanto urgente evaluar la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes para fortalecer lo que está dando buenos resultados y modificar lo que no funciona.

Igualmente importante es el diseño de medidas para garantizar el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno y efectivo de las ECNT más frecuentes. La ENSANUT 2016 señala, por ejemplo, que 40% de los pacientes hipertensos no saben que sufren de estas enfermedades, por lo que se exponen a un mayor riesgo de complicaciones y una menor sobrevida. El diagnóstico y tratamiento oportunos de la diabetes y el cáncer también se asocian a sobrevidas más largas y tratamientos menos costosos.

Es indispensable, asimismo, diseñar estrategias novedosas para tratar de contener el costo del tratamiento de los seis padecimientos que concentran casi 60% del gasto en salud. Como ya se señaló, de no controlarse, el costo de estos padecimientos podría más que duplicarse en la próxima década.

La promoción del “envejecimiento saludable” también puede contribuir a detener la escalada de costos. Ello supone la adopción de hábitos saludables como una dieta equilibrada, ejercicio físico periódico, consumo moderado de bebidas alcohólicas, abandono del tabaquismo e interacción social regular. La conservación de la masa muscular mediante el ejercicio y una buena nutrición ayuda a preservar las funciones cognitivas, evita la fragilidad y retrasa la dependencia. Los hogares y entornos seguros (áreas peatonales, parques y plazas públicas) que facilitan, por ejemplo, caminar, juegan también un papel crítico en este proceso.

Otra medida que es necesario promover para garantizar una atención digna y efectiva de las necesidades de salud en las etapas finales de la vida es el cuidado paliativo. Además de responder a una necesidad apremiante, los cuidados paliativos reducen considerablemente las hospitalizaciones innecesarias y los costos de la atención de los adultos mayores.24

Por último, es imperativo explorar el potencial de la mezcla pública-privada en la prestación de servicios de salud bajo un marco regulatorio adecuado. La contratación de servicios privados de buena calidad puede ayudar a superar las limitaciones de una oferta pública burocratizada que está siendo rechazada por los afiliados a las instituciones públicas de salud que en número creciente recurren de manera regular a los consultorios y clínicas privadas. La Ley General de Salud y las leyes de seguridad social permiten este tipo de contrataciones que ya han ayudado al IMSS, al ISSSTE y los SESA a complementar su oferta de servicios de laboratorio y gabinete y algunos servicios clínicos, como la diálisis para los pacientes con enfermedad renal crónica. Los proveedores privados también se han utilizado con éxito para atender parte de la demanda de servicios especializados financiados con el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos del Seguro Popular. De hecho, la participación de prestadores privados es una práctica común en la abrumadora mayoría de los sistemas de salud de los países de la OCDE, todos los cuales ofrecen cobertura universal de salud con protección financiera a sus ciudadanos, con excepción de Estados Unidos. La evidencia internacional de las últimas décadas indica que para alcanzar dicha cobertura lo que se requiere es un financiamiento predominantemente público, mientras que la prestación puede quedar en manos de una mezcla público-privada bajo reglas claras y justas, establecidas por ley y aplicadas de forma transparente por el gobierno.

Todas estas medidas deben implantarse en un sistema de salud organizado por funciones (rectoría, financiamiento y prestación) y no por poblaciones (IMSS, ISSSTE, Seguro Popular), como es el caso actualmente. Esta reorganización permitirá: 1) fortalecer el papel rector de la Secretaría de Salud; 2) ampliar y consolidar las fuentes de financiamiento para alcanzar una cobertura universal y equitativa de la atención a la salud; 3) garantizar una prestación plural de servicios de salud seguros y de alta calidad.

 

E>s importante reconocer que la ampliación del presupuesto para la salud no es un gasto sino una inversión. A nivel mundial se ha comprobado de manera contundente la relación virtuosa que existe entre salud y desarrollo económico. Un país saludable cuenta con una población que contribuye al crecimiento económico y una economía dinámica invierte sus ganancias en el bienestar de sus ciudadanos.  El retorno a la inversión en salud es alto: por cada 10% de incremento en la expectativa de vida se genera un incremento de 4% en el PIB.25

Sin embargo, el incremento del gasto en salud no garantiza por sí solo un mejor desempeño del sistema de salud. Es necesario, por lo tanto, invertir de manera inteligente. Para México tiene una enorme importancia estratégica la definición del tipo de sistema de salud al que aspira: uno subfinanciado y derrochador o uno eficiente y equitativo.

Ante el envejecimiento poblacional y el aumento en la carga de las ECNT, es hora de preguntarse: ¿en dónde queremos estar en 2050? Debemos escoger un prototipo de sistema de salud y empezar a hacer las reformas necesarias para alcanzarlo a partir de 2018. El sistema de salud de México debe implantar medidas para ampliar y mejorar la oferta de servicios en forma tal que pueda atender los retos asociados al envejecimiento de la población y la creciente prevalencia de ECNT, al tiempo que se consolidan los esfuerzos para pasar de un sistema segmentado por poblaciones a uno organizado por funciones. Esto nos permitirá avanzar hacia lo que podríamos llamar el “modelo OCDE”: un sistema con financiamiento predominantemente público y prestación plural de servicios de alta calidad. Es un modelo que se ha implantado con éxito en varios países de ingresos altos de Europa Occidental y en Canadá, y que ha garantizado una cobertura universal con protección financiera y condiciones de salud muy aceptables sin haber llegado ni de cerca a los niveles de gasto y desperdicio que experimenta Estados Unidos. Una reforma de este tipo mejorará sin duda el desempeño del sistema y las condiciones de salud de nuestra población, lo que a su vez contribuirá al bienestar social y al desarrollo económico de México.

 

Julio Frenk
Médico y sociólogo. Rector de la Universidad de Miami.

Felicia Marie Knaul
Economista. Economista principal de Universalidad y Competitividad en Salud de la Fundación Mexicana para la Salud, y directora del Instituto para Estudios Avanzados de las Américas de la Universidad de Miami.

Octavio Gómez Dantés
Investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

Héctor Arreola Ornelas
Economista. Coordinador de investigación de Universalidad y Competitividad en Salud de la Fundación Mexicana para la Salud.


1 World Health Organization. Global Health Expenditure Database. Disponible en: http://apps.who.int/nha/database. Consultado el 10 de julio de 2017.

2 Secretaría de Salud. 4° Informe de Labores 2015-2016. México, D.F.: Secretaría de Salud, 2016.

3 Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Encuesta Intercensal 2015. Disponible en: http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/especiales/intercensal. Consultado el 13 de julio de 2017.

4 Knaul, F., Arreola-Ornelas, H., Méndez- Carniado, O., “Protección financiera en salud: actualizaciones para México a 2014”, Salud Pública de México, 58(3), 2016, pp. 341-350.

5 Sistema de Información de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Disponible en: http://www.objetivosdedesarrollodelmilenio.org.mx. Consultado el 11 de julio de 2017.

6 Ruelas-Barrajas E., “Salud: el nuevo paradigma”, en: Aguilar Camín, H., de la Calle, L., Casar, Ma., Castañeda, J., Cossío-Díaz, J.R., Guerrero, E., Levy, S., Woldenberg, J., editores. ¿Y ahora qué? México ante el 2018, Ciudad de México, Penguin Random House, 2017, p. 323.

7 INEGI, Población total. Disponible en: http://www.beta.inegi.org.mx/temas/estructura/default.html. Consultado el 17 de julio de 2017.

8 “México, décimo país más poblado del mundo”, El Economista. Disponible en: http://bit.ly/2DUZLlG. Consultado el 10 de julio de 2017.

9 “Con más de 60 años, el 10% de la población en México”, El Economista. Disponible en: http://bit.ly/2rQ30q6. Consultado el 10 de julio de 2017.

10 Knaul, F.M., Arreola-Ornelas, H., La brecha en salud: De dónde venimos, dónde estamos, hacia dónde vamos. Disponible en: http://bit.ly/2DVkfLc. Consultado el 23 de diciembre de 2017.

11 Institute for Health Metrics and Evaluation. GBD Compare Data Visualization. Disponible en: http://ihmeuw.org/4ad6. Consultado el 23 de diciembre de 2017.

12 Instituto Nacional de Salud Pública. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016. Informe de Resultados. Cuernavaca, Morelos: Instituto Nacional de Salud Pública, 2016.

13 “Diabetes en México cuesta 3,872 millones de dólares anuales”, Forbes. Disponible en: http://bit.ly/2rL1JAn. Consultado el 10 de julio de 2017.

14 Estimaciones propias basado en datos de la Cuenta Pública 2015 y 2016 de la SHCP y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos 2014 del INEGI.

15 Organization for Economic Cooperation and Development. Health Statistics 2017. Disponible en: http://bit.ly/2nhKH8b. Consultado el 17 de julio de 2017.

16 Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Estudios de la OCDE sobre Sistemas de Salud, México. Resumen ejecutivo y diagnóstico y recomendaciones. Disponible en: http://bit.ly/2BzvmnK. Consultado el 12 de julio de 2017.

17 OECD, OECD Reviews of Health Systems, Mexico. París: OECD, 2016:63.

18 Albarrán, E., “AMIS busca mejorar servicio de salud que ofrece el gobierno”, El Economista, 2015, agosto 19. Disponible en: http://bit.ly/2rOTgfu. Consultado el 25 de agosto, 2017.

19 “Buried in healthcare imbroglio, trilliondollar questions”, The Harvard Gazzette. Disponible en: http://bit.ly/2nl9loD. Consultado el 25 de diciembre, 2017.

20 Instituto Nacional de Salud Pública,
Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, Cuernavaca, México, 2013.

21 Fundación Mexicana para la Salud, Estudio sobre la práctica de la atención médica en consultorios médicos adyacentes a farmacias privadas, México, Funsalud, 2014.

22 Ruelas-Barrajas, E., “Salud: el nuevo paradigma” en: Aguilar-Camín, H., de la Calle, L., Casar, Ma., Castañeda, J., Cossío-Díaz, J.R., Guerrero, E., Levy, S., Woldenberg, J., editores, ¿Y ahora qué? México ante el 2018, Ciudad de México, Penguin Random House, 2017, p. 328.

23 OECD, “How does Mexico compare?”, Health at a Glance 2017: OECD Indicators. Disponible en: http://bit.ly/2FlYGkb. Consultado el 2 de noviembre de 2017.

24 Knaul, F.M., Farmer, P., Krakauer, E.L., de Lima, L., Bhadelia, A., Kwete, X.J., et al., “Alleviating the access abyss in palliative care and pain relief—an imperative of universal health coverage: The Lancet Commission Report”, The Lancet, 2017. DOI: http://dx.doi.org/10.106/S0140-6736(17)32513-6.

25 Bloom, D.E., Canning, D., Sevilla, J., “The effect of health on economic growth: a production function approach”, World Development, 32(1), 2004, pp.1-13.

 

4 comentarios en “La brecha de la salud

  1. Interesante artículo sobre la crisis y el sistema de salud que necesitamos. Quizás falta en el diagnóstico la inequidad en el gasto en salud per cápita y territorial, la brutal diferencia en el paquete de prestaciones. La propuesta no apuesta decididamente por un camino progresivo hacia la universalización y la transformación en reformas de nueva generación del actual Seguro Popular en un Fondo Nacional de Salud que sea actor relevante en este camino.
    Felicidades a los autores, en este desierto de ideas sobre este injusto, ineficiente y subfinanciado sistema de salud que no merecen los mexicanos .

  2. Excelente ensayo y una realidad de la situación del sistema de salud ,eso aún sin profundizar en el funcionamiento real de los sistemas de las diferentes instituciones , desde que se genera una consulta médica ,las vueltas del paciente para una atención especializada, el cambio frecuente de tratamientos de los diferentes agentes de salud por los que transita ,el gasto de las familias en transporte para realizarse los estudios , ausentismo laboral por acudir a las citas médicas Etc. Aún hay más que analizar.¡Felicidades a los autores !.

  3. Excelente artículo. Si bien está enmarcado en México, el mismo puede servir como marco de referencia para muchos países de América Latina. Existen muchas similitudes en la región con respecto a las necesidades de salud de nuestros pobladores, la oferta ineficiente de los sistemas de salud, y la inversión realizada para tratar de dar respuesta.

  4. Un documentado análisis realizado por expertos, profundo y real de nuestro Sistema de Salud con una propuesta atinada de como atender el problema. Ahí esta para los que ahora buscan propuestas atractivas para los ciudadanos.
    Urge atender estas recomendaciones y visiones con un alto sentido patriótico de lo que merecemos los mexicanos.