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No. 10. Publicación del AGN. México, D. F., 1980

PLUTARCO DE SU PUÑO Y LETRA (CON MIRADA)

EL Archivo General de la Nación publica en su boletín número diez una selección de documentos del archivo de Plutarco Ellas Calles, al cual tuvo acceso gracias a la colaboración de familiares y el que se conservó, aún a través de momentos difíciles, gracias a los cuidados de la secretaria particular del general, Soledad González. El acceso a este acervo es importante para los interesados en el período posrevolucionario. Contiene correspondencia personal de Calles y otros documentos entre 1919 y 1936, material suficiente para el esqueleto de una novela altamente explosiva, de aquellas que se reservan la narrativa directa y proporcionan al lector sólo claves que lo involucran en la búsqueda de la trama. Las figuras de Calles y sus allegados se capta a través de lo escrito por ellos mismos (de su puño y letra) de una manera que es difícil de percibir en las historias trabajadas. El momento político aparece en toda su complejidad y riqueza, y la lectura de esta «muestra» nos obliga a alejarnos de las simplificaciones fáciles. Un fragmento de una carta de Cedillo a Calles (1932) da una idea: «siempre he creido un error que se renobaron totalmente las cámaras, pues tube el temor de que entraran mayoría de enemigos… que le odian a muerte catalogándolo entre los más recalsitrantes… Los que formaron la camarilla del general Obregón, que siguen pregonando que usted lo mandó asesinar, y les siguen los de las camarillas de D. Venustiano, los Clericales los Serrano Gomistas y Delahuertistas…» (se respeta la ortografia del original.

El boletín ordena los documentos en diez temas: Datos personales, la rebelión delahuertista 1923-1926, candidatura presidencial, 1923; asuntos de política interna, 1923-1930; de política internacional, 1926-1934; económicos, 1926-1930; sobre la cuestión petrolera 1919-1933 (aunque en la portada y en el índice éstos aparecen señalados como «asuntos sobre la Cuestión; obrera 1919-1933», hubiera sido interesante que se incluyera si los hay, una selección de éstos; instituciones 1929-1933; sobre la rebelión escobarista, el ejército y la situación política del país

Sus datos personales refieren primeramente su hoja de servicios militares, presentada cuando Ministro de Gobernación en 1922 al Secretario de Guerra (a la que acompaña una fotografía del general en 1915 mirando de frente; viéndole a los ojos uno preferiría no tener que estar en desacuerdo) y dos artículos de prensa que publican datos genealógicos y biográficos. De esta primera parte queda una idea clara: para las balas no era ningún cobarde y de acuerdo con su herencia familiar, era fuerte, trabajador y activo. Esta fuerza de estilo cuando menos (ya que hemos de rechazar la tentación de pensar que no había otras fuerzas reales e históricas detrás del personaje) se siente a lo largo de la correspondencia en diferentes momentos y con diferentes destinatarios. A Luis L. León, «incondicionalito» de siempre, en el clímáx de la candidatura en septiembre de 1923: «Conviene división inmediata, no importa cuál sea el número, provoque choque…» Al arzobispo de México, en el clímax de la cristiada en agosto de 26: «pero debo decirles, con toda sinceridad que soy el menos adecuado para atender esa petición y para iniciar las derogaciones y reformas constitucionales que se solicitan porque los artículos de la Constitución que se impugnan se hallan en perfecto acuerdo con mi convicción filosófica y política…» Sobre el apoyo a Sacasa en Nicaragua. «Y en justicia insisto en que considere usted que si está bien hecho que su gobierno apoye a Díaz, no está mal hecho que el nuestro apoye a Sacasa». Al cónsul general en Nueva York, en lo álgido de las negociaciones financieras en junio de 1927: «Enterado tu mensaje cifrado relativo empréstito banqueros stop aún cuando condiciones económicas gobierno son por el momento difíciles no son tales que oblíguenlo aceptar términos vergonzosos propuestos por banqueros y por tanto debe dar por terminado este asunto stop afmte».

LA REBELIÓN DELAHUERTISTA

Los documentos sobre la rebelión delahuertista son verdaderamente un drama cargado de acción. De la Huerta, tercer hombre del triángulo fuerte de Sonora, aparece nervioso en septiembre, según las cartas de Luis L. León: «Toda esta semana se ha estado en su casa en la cama para quitarse de encima el mayor número de políticos posible…» Cuatro meses después lanzaría un violentísimo manifiesto desconociendo al gobierno de Obregón por imposiciones a los pocos días de recibir un extenso telegrama de Lamont, el presidente de la Comisión Internacional de Banqueros, con quien tan afable y fructuosamente había negociado la deuda externa del país un año antes. El banquero señala al Ministro de Hacienda: «el gobierno mexicano ha faltado gravemente a sus obligaciones conforme al convenio del 16 de junio de 1922… según el estado actual del negocio y de acuerdo con las condiciones del convenio, al presente, se adeudan al comité internacional… La suma aproximadamente de 16.000,000 (dieciséis millones)». Los documentos registran el disgusto de De la Huerta, frente a los atropellos de la Federación en los Estados, su insistente deseo de conferencias con Calles y ascienden hasta el momento de la sublevación. Cediendo a la tentación de olvidar la existencia de las fuerzas históricas reales tras bamablinas, uno podría imaginar que la sublevación tuvo origen en la gran crisis del hombre que no pudo enfrentar todo este espantoso asunto, tantos millones de dólares y tanta cosa.

LA OMNIPRESENCIA DE ESTADOS UNIDOS

En los asuntos de política internacional, en los económicos y en documentos sobre la cuestión petrolera, se hace viva la presencia de Estados Unidos. Los reportes secretos sobre la situación nacional, las referencias del cónsul sobre lo que se publica allá, los negocios con las compañías americanas y las presiones sobre las inglesas. Es una omnipresencia, a veces menos tangible que la de Calles, pero cierta. La de éste último es patente con su fuerza, su poder arbitral, patente en varios momentos. En su consejo breve y explicito a los compañeros sobre política en los Estados a Luis L. León, 1931, «nuevamente vuelvo a aconsejarle que la mejor política que usted puede seguir en su Estado es no hacer ninguna. Entiendo por los informes que he tenido, que nuestro partido ha resuelto la situación política de aquella entidad…». En sus reiteraciones sencillas a los viejos jefes sobre `la seguridad de su consideración’ y a Villa, 1923: «… y tenga usted la seguridad que haremos lo que esté de nuestra parte…»; a Cedillo, 1932: «… y con respecto a los puntos que me trata usted… Le manifiesto que los mismos no tienen ninguna importancia, ni pueden afectar las relaciones de amistad, estimación y correligionarismo que existen entre usted y yo». También en los informes que él recibe, todavía en 1935. De Aarón Sáenz: «Platiqué muy ampliamente con el señor Presidente… y puedo decirle que lo encuentro muy bien, sereno, oyendo con interés lo que le conversé y con profunda atención respecto a sus consejos… el asunto del ferrocarril va a someterlo a un detenido estudio… el asunto de la Huasteca me informa que es caso especial, procedente y justificado; pero que no será regla general… con relación al Partido está de acuerdo en que deben tomarse algunas medidas… «.

El PNR: Calles recibe la credencial número uno de su viejo amigo Luis L. León. La «gran familia revolucionaria» mencionada por Garrido Canabal, tiene ya un leve acento siciliano. Las cosas que provocan perplejidad. en 31 y en 34, correspondencia sobre apoyo y asilo a la gente de César Augusto Sandino. En 1927, giros a la Arcos Ltd para ser entregado al Ministro de la ‘Rusia Soviet’ en Inglaterra para la huelga de mineros del carbón: «Como ayuda secreta con que el gobierno de México contribuye al sostenimiento de los ideales del proletariado. » Su duelo en 1923 por la muerte de Carrillo Puerto «apóstol consagrado al sostenimiento de las masas ignoradas». El boletín contiene también veinticinco reproducciones de fotografías que ilustran y a veces deleitan. La última es la del general, aún mirando de frente, pero ya en 1933. Tal vez sean los kilos o las arrugas, o algo en la mirada misma, pero viendo a este hombre a los ojos, creo que si se hubiera uno aventurado a discutirle algunas cosas.