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SOLITARIOS

CREDO

(Después de H.L. Mencken)

Creo que Ramón López Velarde es el mejor de todos los poetas mexicanos; que ni siquiera Sor Juana o Pellicer pueden rebasarlo aunque este último casi lo lograra. Creo que fue el primer escrito; genuinamente mexicano y universal a un tiempo; que «El sueño de los guantes negros» es uno de los más grandes poemas del mundo y que la importancia de un libro como Zozobra en nuestras letras sólo tiene competidor en Pedro Páramo, que por cierto merecería un credo aparte. Creo que Ramón López Velarde tenla una visión más clara de la vida que cualquier otro mexicano que haya resuelto ser poeta; creo que sus poemas seguirán leyéndose a lo largo de interminables generaciones y no por obligación, sino por verdadera estima y necesidad, aún cuando el PRI y Televisa ya estén muertos, y cuando los Bancos de Comercio sean un recuerdo bochornoso de la usura que en esos tiempos asolaba a los mexicanos.

ENCOMIO

(Después de Christopher Smart)

Lo que sigue es el elogio de mi tía L., casi setenta años, problemas arteriales, consumidora incansable de cafiaspirinas.

Porque se divorció a los treinta años y no volvió a comprometerse con ningún otro hombre, entregándose por completo al arte de la costura

Porque en mi opinión frente a su capacidad de inventar modelos Pierre Cardin es un producto de la publicidad.

Porque llegó a leer la baraja y predijo muertes y cárceles, divorcios imprevistos y reencuentros imposibles, hasta que un día quemó la baraja y explicó su decisión indicando que el conocimiento de las cosas futuras «no puede tener otro origen que el del mal».

Porque cuidó de sus sobrinos como si fueran hijos suyos.

Porque es radical incluso en sus absurdas opiniones.

Porque he sido testigo oculto de su distracción, proverbial en todos los genios.

Porque, una vez en que cortaba telas sobre su mesa de trabajo la oí balbucear Cielito lindo con música de La zandunga.

Porque varias veces la oí hablar sola, reconviniendo a su hermano.

Porque el día en que los astronautas yanquis llegaron a la luna, ella pasó junto a la televisión y dijo que todo eso era mentira, que estaban en cualquier desierto de por ahí, y que los gringos sólo buscaban embobar a la gente

Porque mientras hace vestidos preciosos ella viste de un modo casual y estrafalario.

Porque en épocas de frío usaba pantalones guangos bajo el vestido gris.

Porque si contara quiénes han sido sus clientas difícilmente se me creería.

Porque la he visto resolver las peores dificultades con un vaso de leche hervida.

Porque una de sus fotos de juventud despacha una belleza fuerte o sin transacciones.

Porque me ha dicho que no hay nada mejor para despejar el cerebro que un vaso de agua fría y luego una taza de café.

Porque me dio un termo para que tenga siempre café caliente en caso de que pudiera necesitarlo.

TEXTO DE LA MEMORIA IMPOSIBLE

(Después de J.L. Borges)

El recuerdo de mi madre a los diecisiete años, sentada en una silla con las manos sobre las piernas, mirando la tarde en el ingenio de Palma Soriano, provincia de Oriente, en Cuba, sin saber que su apellido de casada sería Aguilar; la memoria de mi padre metiendo la llave en la puerta de la casa; el recuerdo de haber escrito Return ticket, o cuando menos la línea que lo empieza; el recuerdo (lo tuve y lo perdí) de haber podido ayudar a P.B. la vez que me dijo llorando, en una banca del parque, los problemas con su padre; la memoria de la manifestación del silencio en 1968, la memoria de no haber dudado frente a la navaja del asaltante, el recuerdo de Catherine Deneuve tomándose un trago en mi mesa; el recuerdo de haber ganado ese partido contra el Cumbres; el recuerdo de ese gusto, donde Pellicer vería a Morelos dando las últimas instrucciones antes de empezar la batalla. El recuerdo, simple R. N., de que me hubieras besado en el zagúan del edificio Charcot, en la calle de Sonora, a las siete y media de la noche, ese domingo en que habría vuelto a la casa alucinado y feliz.

UNA «VIDA NUEVA» DE MACUFLETO (1)

I.

Ya todos habrán visto lo que escribió el pérfido Aguilar sobre mi encuentro con Anna Livia Plurabelle en el número 21 de esta su revista Nexos.(2) Sólo hasta ahora, después de mucho meditarlo, puedo oponer una versión que responda con decoro a sus falseamientos e imprecisiones; mejor dicho, en vista de la torpeza de Aguilar o de la papanatería de sus informantes (3), omitiré el libelo que con tanta mala fe perpetró en contra mía dejándome en ridículo con mis lectores(4) y procederé a dar un registro sucinto -que acabará por disipar todas las dudas y limpiar mi reputación- del modo en que Amor operó sobre mí desde ese día en que por vez primera se presentó ante mis ojos la dureza formal (o sea curvas piernas y eso) de Anna Livia Plurabelle que, como Aguilar bien ignora (5), es un nombre inventado por James Joyce a partir del río irlandés Liffey y de la noción de Vico según la cual la historia es plura et bella. Todo esto para evitar, de una vez, las preguntas que hasta en la calle(6) me han hecho, en relación con ese nombre, por culpa de Aguilar. Sépanlo pues: A.L.P. es un mask-name como Beatriz lo fue para la visión de Dante.

II.

Promediaban mis granulientos y escuálidos dieciséis años cuando ingresé en esa prepa aciaga de cuyo sistema activo-CCH aún no acabo de reponerme. Cuando entré en el salón ya estaba ahí ella; para ese primer día de clases llevaba un vestido lila, tobilleras blancas y zapatos negros de correa. Al punto, y según la edición Sepan Cuentos de La vida nueva, no puede más que decirme: «He aquí un Dios más fuerte que yo, que viene a dominarme»; pero también al punto, y según este servidor que aún no leía a Dante sino que se despachaba toda la serie del Volador de Mortiz), la frase exacta seguía: «Ahora sí ya me chingué para toda la preparatoria». Estuve a punto de volverme una máquina deseante de facto y al remeter aunque fuera verbalmente contra la perica lila; never, Deleuze es evidente que nunca me hubiera atrevido. Al terminar las clases huía mi casa enloquecido por un dulce veneno(7).

III.

Sólo buscaba acercarme a ella, pero nunca lo hice para que no fuera a pensar que buscaba acercarme a ella. Por ese entonces un grupo de amigos y yo teníamos en la preparatoria un periódico mural llamado El anticristo; en él nos desquitábamos de nuestra insuficiencia posh y poco a poco nos vino a dar fama de nacos en el colegio. Ahí, con el seudónimo de El majo barato, escribí cosas como la que citaré a continuación, con la esperanza de que las viera Plurabelle quien, por supuesto, en público sólo leía Gibran Jalil Gibrán y, en su casa, a solas, Archie.

Llegándole al veneno. Aquí a nadie

Se le raja la conciencia. Este es

El tiempo de los parisinos. Goool.

«Llegándole al veneno»: se refiere a los sentimientos contradictorios que Plurabelle me inspiraba en ese entonces, y a la urgente necesidad de arrimarme a ella; en una segunda interpretación, la frase puede ser vista como una instancia invitatoria para ella; una tercera respondería a mis dudas de que Plurabelle, causa de mis tantos desvelos fuera, en el fondo, no una artista como ella se creía, sino medio putona. «Aquí a nadie se le raja la conciencia»: indica mi actitud radical, casi ultraizquierda. «Este es el tiempo de los parisinos»: una critica a los ricos del colegio, clase social a la que pertenecía Plurabelle. «Goool»: sin más fin que desconcertarla.

Cuando vi que con la poesía comprometida no iba a lograr nada, intenté la cuerda erótica. Entonces:

Me dueles como un muro

Sin enamorados, como mi mano huesuda

Que no apretara un seno-

Tu seno. Oh maldita, tus mezclillas revientan

Ante la sola fuerza de tus muslos.

¿Qué te parece El Zaratoga

De Alvaro Obregón? Digo, no cuesta

Mucho y me cae que es bien tranquilo.

Sábanas limpias y todo. Pega tu respuesta

Con chinches aquí al lado. See you soon.

El resultado fue que una compañera a quien le decían La bolillo, con lo cual no hacen falta más descripciones, se robó el texto con todo y chinches al sentirse destinataria del mismo. Lo sospeché -luego las malas lenguas me lo corroboraron- por el modo amable en que empezó a tratarme desde ese día esperando, sin duda, que lleváramos el texto a la práctica. El solo recuerdo de esto me produce más bochorno que el experimentado cuando vi lo que hizo Aguilar de mi persona en el Nexos 21.

IV.

Plurabelle comenzó a ausentarse de clases para irse de flirteo con otros chavos acá. Yo me azotaba mentalmente contra los pasillos y bancas de la escuela. Pensaba: a) el amor no correspondido estimula invariablemente: está bien porque puedo escribir artículos vapuleadores en El anticristo; b) ¿de qué sirven los artículos vapuleadores en El anticristo? c) Abandonado como los muelles en el alba; d) Cerrar podrá mis ojos la postrera/; e) Nadie tendrá derecho a lo superfluo; f) Me tiraste un limón, y tan amargo; g) putos ojetes(8). Con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, Plurabelle sin saber que era su espía y su testigo, ignorando enormemente mis miradas perversas y mis artículos en El anticristo, desgarrones inutilísimos para ella. En eso se fue un año a California y yo dejé, más o menos, de swannear por esa Odette.

V.

¿Qué más? Las prendas recobrar. No sólo sería inútil referir todas las otras cosas que coadyuvaron (9) a mi curación amorosa, sino peligroso tomando en cuenta al redactor Aguilar y su aplicada perfidia(10); estoy seguro que puede ocurrírsele parafrasearme o cometer otra idiotez con mis sentimientos más íntimos. Entonces, cuentas claras: ya ni siquiera espectralmente Plurabelle tiene algo que ver conmigo. Más aún, sólo sé que actualmente vive en la calle de Horacio.. De modo que si el Sumo Hacedor quiere que mi vida dure algunos años, espero desmentir en todo el tiempo que me reste lo que se dijo de mi y Plurabelle. Y apenas se descuiden, me descuelgo hasta Polanco.

 Notas.

(1) Sentimos mucho importunar a los lectores con esta inserción forzosa y lamentable que, más bien, debió entrar en la sección «Aclaraciones y respuestas». (L.M.A.)

(2) ¿Su? La opción de delegar, así sea retóricamente, el posesivo, de ningún modo le corresponde, señor. Recuerde usted que es un invitado por la fuerza. (L.M.A.)

(3) Tengo testigos para corroborar que Macufleto me refirió personalmente el caso. (L.M.A.)

(4) ¿Cuáles lectores, señor? («)

(5) No lo ignoro. («).

(6) Demasiada crema en ese taco. («).

(7) Fuera del registro apropiado. V., además, nota (6). («).

(8) » » » » «. («).

(9) Odio ese verbo. («).

(10) V. notas(3) y (1). («).