A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

 Saúl Escobar /Francisco Pérez Arce /Carlos San Juan. Colaboraciones frecuentes de Nexos. Los tres son actualmente investigadores en la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

LAS EXPLICACIONES POSIBLES

En la década de los setenta el concepto de «inflación» salió de la jerga de los economistas y debutó en la prensa diaria y en el lenguaje común de México. Ahora todo mundo tiene una idea -por cierto bastante certera, como lo muestra el reportaje de Cristina Pacheco publicado en este mismo número- de su significado, e incluso una opinión sobre sus causas. Pero el debate es complicado y no rebasa aún el ámbito de los especialistas.

Cuando se presenta una oleada inflacionaria, suelen buscarse sus causas en hechos inmediatos: en 1974, La decisión gubernamental de subir el precio del petróleo fue señalada como culpable indiscutible de la posterior oleada; al ser descongelado el precio del azúcar sucedió lo mismo, y el caso se repitió hace unos meses con la implantación del IVA. Ninguna de esas inculpaciones carece de sentido, pero observa sólo la gota que derrama el vaso sin reparar en que el vaso estaba lleno con anterioridad. La política de precios de las mercancías y los servicios de las empresas estatales. influye sin duda en los precios de los demás productos en tanto que la energía eléctrica, el petróleo, y el transporte ferroviario, para señalar los más evidentes, son indispensables para el resto de la industria. Un aumento en los precios de cualquiera de ellos significa pues una presión inflacionaria por encarecimiento de los costos. Pero no es sino uno de los elementos del problema y probablemente ni siquiera el más importante. Es innegable que el IVA pronunció la llamada «cuesta de enero», pero evidentemente no puede hablarse de la carga fiscal como culpable de la inflación.

SALARIOS Y GASTO PÚBLICO

Hasta hace tres años los empresarios y sus voceros insistían en culpar a los salarios (y por lo tanto a los sindicatos y a la política laboral que en su momento implantó la administración de Echeverría), del proceso inflacionario mexicano.

Después de tres años de congelamiento de los salarios sin efecto antinflacionario visible, ya ni los empresarios se atreven a decir que la escalada inflacionaria empieza por los salarios.

(Carlos Tello ha demostrado que tanto en el periodo 74-75 como en los años más recientes las utilidades crecieron más de prisa que las ventas. -cuadro 1- por lo que afirmó que en todo caso trataba de una escalada utilidades precios más que de salarios-precios).(1) Lo cierto es que no hacían falta tres años de salarios congelados para demostrar que su peso no es determinante en la inflación.

En efecto, se sabe perfectamente que los costos salariales nunca han llegado a constituir ni siquiera la quinta parte del «valor de la producción» industrial: 13.7 por ciento en 1971, 14.5 en 1971 y 1972. 13.7 en 1973 13.6 en 1974, 14.4 en 1975, 16.2 en 1976 15.4 en 1977, 14.6 en 1978. y 13.9 por ciento en 1979.(2)

Quienes abogaban, y abogan, por una política de austeridad salarial, lo hacen a sabiendas de que los salarios no representan una parte sustancial en los costos que justifique por sí sola el alza en los precios. Su argumento se refiere también a que generan -lo mismo que el gasto público- un exceso en la demanda de bienes y servicios cuya oferta escasea y es ese desequilibrio el que produce la elevación general de los precios. Este argumento se ilustra a menudo con tablas que muestran una correlación positiva entre el volumen de dinero circulante y el índice de precios con lo que se reduce el problema de la inflación a un fenómeno estrictamente monetario. La posición parecería confirmarse en ciertos momentos en que el exceso de demanda -o la escasez de la oferta- determina la elevación de los precios. Es el caso de los productos agropecuarios donde la inflación reciente coincide con una dura crisis en la producción. Lo cierto, sin embargo, es que la determinación de los precios agropecuarios está más bien asociada a los precios internacionales que a las condiciones internas de la economía, según lo han mostrado Jaime Ros y Gonzalo Rodríguez.(3)

LA INFLACIÓN AGROPECUARIA

Los productos agropecuarios pueden ser divididos por el comportamiento de sus precios en cuatro grupos: primero, el de los productos de exportación (café, tomate, carne vacuna, algodón) que no están bajo control estatal y siguen muy estrechamente la curva de precios del mercado internacional; segundo, el de los productos sujetos a control interno de precios, que en el largo plazo terminan siguiendo el rumbo del precio internacional; se trata de productos tan importantes como trigo, maíz, frijol y huevos. Un tercer grupo es el de productos bajo control que no siguen el precio internacional (arroz, leche, azúcar, carne vacuna para consumo interno), finalmente hay un cuarto grupo, de escasa importancia, de productos sin control que no siguen el precio internacional, como las naranjas.

El comportamiento del conjunto de los precios agropecuarios sugiere que sus variaciones están determinadas, en ese orden de importancia, por las condiciones del mercado internacional, la política oficial y las condiciones del mercado interno.

Por supuesto que la política del gobierno en esta materia (precios de garantía) tiene que tomar en cuenta a los otros factores; por eso en el largo plazo los precios de ciertos productos controlados tiende a coincidir con la tendencia del mercado mundial. En el corto plazo puede haber diferencias ya que es posible manipular coyunturalmente los precios como un instrumento antinflacionario pero a largo plazo resulta contraproducente porque agudiza la crisis de producción agropecuaria y puede significar un subsidio del Estado a favor del sector manufacturero (bajo la forma de importación de alimentos).

De cualquier modo, lo que resulta en el largo plazo es la coincidencia del comportamiento de los precios internos con las tendencias del mercado mundial. Debe subrayarse pues, por lo que hace a los productos agropecuarios, que la inflación reciente tiene un componente importado.

LA INFLACIÓN IMPORTADA

La importación de presiones inflacionarias a través de los productos agropecuarios, deja sentir sus efectos en tres planos: el índice general de precios, los costos industriales y los niveles salariales (los productos agropecuarios forman parte sustancial de la canasta de consumo de los asalariados). Otro mecanismo básico en la importación de inflación es el de los insumos traídos del exterior para abastecer a empresas industriales y de servicios.

Atendidos estos aspectos de la inflación atribuible a la economía internacional, hay que reconocer de inmediato, sin embargo, que la inflación interna supera a la traída de fuera.

¿Cuáles son las causas internas de la inflación? Hay que insistir, como panorama de fondo, en que a la inflación importada por vía de los precios agropecuarios se sumó una situación interna de crisis agrícola. Las causas del deterioro en que se encuentra, desde 1965 por lo menos,el campo mexicano, deben buscarse en la política llamada de «desarrollo estabilizador» que por muchas vías -en buena medida a costa del campo- privilegió el desarrollo industrial. Así, la crisis mexicana coincidió con la crisis mundial, y de ningún modo es despreciable ninguno de estos dos aspectos en la explicación del fenómeno que nos ocupa.

INFLACIÓN DE COSTOS

Si el fenómeno inflacionario no puede explicarse con la hipótesis del exceso de demanda(4), y sólo en parte es atribuible a fenómenos que rebasan el ámbito nacional, para explicar su origen interno sólo queda atender al problema de los costos industriales.(5) Se ha mostrado ya que los costos salariales significan una parte relativamente poco importante; habría que añadir que los incrementos salariales no preceden, sino que siguen a los movimientos registrados en el índice de precios, sólo quedan pues como posibles causas los costos no salariales y las utilidades. Dentro de los costos no salariales se incluyen tanto los precios de los productos agrícolas como otros insumos no agrícolas; dentro de estos últimos quedan considerados los bienes de producción, ciertas materias primas importadas, así como a los bienes y servicios que produce el Estado. Llegamos, pues, nuevamente, a las puntas inflacionarias mencionados antes: inflación importada, crisis agrícola, política de precios en las empresas estatales. No hemos avanzado mucho.

En cuando a las utilidades, obsérvese que en los cuadros 1 y 2 que las utilidades han registrado un aumento constante en los últimos años. Sin embargo es difícil señalarlas como la causa principal del aumento general del índice de precios. Vale la pena apuntar sin embargo que la inflación le hace a las ganancias lo que el viento a Juárez, o, para decirlo de otro modo, que las ganancias están vacunadas contra la inflación(6). «En octubre de 1974 -observa Jaime Ros- fue introducido el sistema llamado de fijación de precios por variación de costos de acuerdo con lo cual los precios de los productos incluidos sólo podrían elevarse cuando el costo total de las empresas aumentara globalmente en más de un 5%. Este régimen abarcó inicialmente 193 bienes y servicios y en septiembre de 76 incluyó 147 bienes y servicios adicionales. Finalmente en febrero de 1978 el sistema fue abandonado parcialmente al liberarse del control a 132 de los productos previstos… el resultado principal de esa política de precios fue muy probablemente la institucionalización de una práctica normalmente seguida por las empresas en el sector manufacturero. Este hecho ocurrió en circunstancias en que, una desaceleración de la tasa de inflación habría implicado la reducción (de ganancias o bien la reducción de la participación de los salarios en el producto manufacturero. El mantenimiento del margen de ganancia mediante la institucionalización de los aumentos de precios proporcionales a los aumentos de costos no hizo así más que recaer la responsabilidad de reducir la tasa de inflación en la política salarial».

El lector puede tener la impresión de que hasta aquí hemos caminado en círculo. Y en efecto, analizar el incremento de los precios por la vía de analizar las partes que la constituyen: costos no salariales y utilidades, es querer encontrar el principio en una cinta de moebio. Los precios se componen de precios y crecen aquéllos porque estos crecieron. Lo único que un análisis de este tipo permite es encontrar cuáles de esas partes han crecido más y más y cuales menos Por un lado, los salarios fueron congelados y de ese modo se eliminó una pequeña parte de la inflación que hubiera sido de haberse permitido su libre movimiento, por otro lado se permite y hasta se legaliza la «escala móvil» de utilidades, y los precios de los bienes y servicios producidos por el estado se administran aceptando incluso números rojos. Es decir: todo para los empresarios. Todo, sin embrago, no resuelve el problema de la inflación.

LA INFLACIÓN COMO DESTINO EN EL CORTO PLAZO

Desde la perspectiva de los efectos sociales y su traducción política para las demandas y movimientos de las clases populares tan ideológica y manipuladora es la «fabricación» de ogros estatales que vomitan alzas de precios con sus déficits presupuestales, como fomentar la creencia en la omnipotencia del Estado capaz de derribar monopolios y concentración del ingreso si cuenta con la confianza y el apoyo de las clases populares. Ninguna de estas visiones deja claro el carácter, la naturaleza del terreno de lucha económica y política que trae en su seno esta nueva escalada inflacionaria hecha patente a fines de 1978. En el extremo, la dependencia ideológica y política de estas propuestas parecen formular: o las clases populares apoyan a los empresarios o apoyan al Estado. ¿Y qué tal si la naturaleza del presente exige de manera más descubierta que éstas continúen en el largo y difícil camino de apoyarse a sí mismas?

Algunos hechos parecen indicarlo. Quien suponga que la reaparición de la inflación de la inflación obedece a factores coyunturales, ignora una tendencia clave: el incremento de la monopolización de la estructura productiva, única forma contemporánea del desarrollo cíclico capitalista. La parte más concentrada de la economía no ocasiona un alza general de precios, (sus altos precios pueden compensarse con precios bajos en los sectores competitivos, o bien pueden incrementar sus ganancias a través de las diferencias de productividad manteniendo inflexibles los precios a la baja; ambos mecanismos están en la base de los casi 30 años de estabilidad de precios del periodo precedente). El alza tiene que ver con los factores de precios internacionales y nacionales, con las variaciones de costos y demanda y de circulante, y particularmente con las relaciones de fuerza entre las clases que intervienen en una fase concreta del ciclo del capital. Pero también es parte del ABC que todos estos factores actúan sobre y no al margen de la estructura monopolizada. Cuando más, aceleran o retardan su capacidad estructural de imponer precios de monopolio. Se hace necesario, sin embargo, para no esgrimir solamente las insuficientes armas de las tendencias, hacer algunos señalamientos mínimos pero indispensables sobre dichos factores sobre el sentido de su articulación en la fase del ciclo de crecimiento iniciada en 1978, año de la recuperación económica.

SOBRE LOS PROBLEMAS QUE AQUEJAN A LOS COSTOS

A tres años del boom inflacionario ocurrido en el sexenio echeverrista y de la implantación de la austeridad y la recesión para combatirla, siguen persistiendo las raíces profundas que podrían originar un incremento generalizado de los costos. Expliquemos: 1) en el plano internacional existen entre otros, tres determinantes suficientes para preparar un coctel inflacionario de grandes proporciones (recesión norteamericana, guerra imperialista de abastecimientos y precio de alimentos, guerras nacionales de abastecimiento y precio de petróleo). En el marco de la inflación internacional se abren dos frentes de inestabilidad para los precios internos: el impacto de los precios de bienes de capital importados y los imprescindibles reajustes de las tasas de interés de los bancos nacionales (en respuesta a reajustes internacionales), sobre los costos de las empresas; afectaban también las variaciones de los precios internacionales de alimentos sobre el costo de las importaciones y en la determinación de los precios oficiales de alimentos de origen agrícola. En resumen: una presión variable de la inflación internacional que empuja hacia arriba a los precios internos. 2) Las causas internas de fondo que desarticularon a la formación social, precipitaron la crisis económica y condujeron al estallido de la inflación a principios de los setentas, persisten actualmente y presionan sobre los precios de mercancías estratégicas para la industrialización: tal es el caso de las materias primas y alimentos de origen agropecuario, así como los bienes y servicios del sector estatal. En la raíz de la persistencia se encuentra, por un lado, el desinterés y la incapacidad del Estado para financiar a la producción campesina, único medio para resolver a fondo la crisis agrícola; por otro lado, su impotencia política para imponerle a la burguesía una reforma fiscal asentada en los impuestos directos sobre los ingresos estatales que no hipotecan la nación con créditos externos, ni expone sus recursos naturales. Finalmente en el marco de un deterioro de los niveles de vida de las clases populares (resumen de los logros de la política de liberación de precios), del fracaso del programa de producción de productos básicos, han estallado infinidad de conflictos obrero- patronales. Aquí reside otra «causa» de la inestabilidad previsible en los costos. Lo que importa subrayar es que el conjunto de estas presiones, potenciales o en acto, recortan las alternativas de política económica e imponen -si existen condiciones políticas suficientes- una orientación definida de la política estatal de cara al nuevo incremento de la inflación: se trata de que la política de crecimiento económico se diseñe como una política de control y reducción de estas presiones a los costos.

Algunos ejemplos que ya nos han sido mostrados revelan dos ejes maestros de tal política: 1) reencauzar los excedentes petroleros como base financiera para subsidiar las importaciones de bienes de capital, «resolver» la crisis agrícola con importaciones de alimentos y operar como valiosa garantía para contratar nuevos préstamos que apoyen los déficits presupuestales del Estado. 2) Cancelar cualquier alternativa seria de redistribución del ingreso mediante los «topes» salariales y la construcción del gasto social, y en ese sentido, seguir restringiendo la demanda de origen salarial.

SOBRE LOS CAMINOS NOVEDOSOS DE LA INFLACIÓN

Esta política estatal tiene pocas posibilidades de éxito, ya que aún si controlase estas presiones reales, dejaría de lado las fuerzas motrices más importantes de la inflación en este momento, relacionados sobre todo con la manera en que crece la economía. En ese sentido, importa subrayar tres factores que determinan el estilo de desarrollo a partir de 1978: 1) la reactivación de la economía ocurre bajo el impulso de la inversión estatal relocalizada como apoyo directo a la acumulación privada monopólica y por la propia dinámica de estas ramas. Los crecimientos más espectaculares se registran en los bienes de consumo durable y de los insumos elaborados que demanda. 2) Como contrapunto a este crecimiento, se profundiza la crisis del sector agrícola e industrial productor de bienes de consumo salarial, y 3) se reconcentra la demanda en los sectores de medianos y altos ingresos. Este relanzamiento de la economía se logra en el marco de la contracción salarial y del gasto social estatal, reapareciendo sin embargo la inflación, que entonces muestra su nueva cara: es ante todo una inflación impuesta por el incremento de la monopolización en la estructura productiva del país y por la generalización de su «mecanismo» de incremento de los márgenes de beneficio; la imposición de los precios de monopolio. Pero además existen otras fuerzas inflacionarias. Por un lado, todo incremento de la inversión privada monopólica, necesaria en este ciclo de crecimiento, si bien genera empleo y demanda, no tiene una contraparte de oferta de bienes-salario suficientes y ocasiona por ello fuertes presiones inflacionarias. A su vez, los excesos consumidos de los grupos de medianos y altos ingresos son la condición necesaria de los precios de monopolio que sostienen y reactivan las alzas de precios. Con estas bases estructurales, las medidas de crecimiento del Estado (aumento del gasto y déficit público, incremento de la masa monetaria debido al aceleramiento de las transacciones y a la expansión del crédito) no pueden sino retroalimentar y amplificar la inflación.

Es esta, pues, una inflación de crecimiento de una estructura monopólica, ante la cual resulta impotente la política estatal de control de costos. En el extremo, es una inflación que sólo puede contraerse deteniendo el crecimiento oligopólico. Esta alternativa resulta poco probable. La condición política de esta nueva inflación con recuperación económica fue el arreglo de las contradicciones dentro del bloque en el poder, la restauración de la confianza y una nueva cohesión pero ahora bajo la hegemonía del capital monopolista. Los intentos estatales del periodo echeverrista por redefinir el papel directivo del Estado en la economía y enfrentar la superación de la crisis con una política de dominación que respondiese a las luchas populares mediante cierta redistribución del ingreso encabezada por las direcciones charras sindicales han sido reemplazados por una reubicación del Estado como financiador de infraestructura y de subsidios para el sector empresarial por un abandono de la reivindicación salarial para dar paso a una táctica «realista» que respeta los «topes» salariales y renuncia a los aumentos de emergencia por «inflacionarios», dirigiendo la presión de masas hacia la negociación de prestaciones sociales, contratos tipos y reformas a las diversas instituciones laborales estatales. Todo ello no son más que datos que dan cuenta de un desplazamiento real de las relaciones de fuerza en el bloque dominante a favor de un nuevo pacto con la burguesía monopólica donde priva la concepción de la crisis de la superación de ésta y del nuevo estado de bienestar que prometen.

INFLACIÓN Y POLÍTICA

Entrampado en una inflación de crecimiento monopólico que ha demostrado con creces que no sostiene relación decisiva con ninguna política redistributiva de ingreso, la presente administración del Estado ve llegar su cuarto año de gestión sin posibilidades reales de efectuar el «viraje» prometido; la redistribución de los frutos del crecimiento económico, parece cada vez más depositada en el empuje que puedan alcanzar las organizaciones populares y sus demandas inmediatas que se enfrentan sin embargo en el corto plazo con dificultades nada desdeñables. En 1977 se preparan bases que definirían el tipo de inflación: topes salariales, cambio de táctica de las direcciones charras, liberación de precios y la reubicación del gasto estatal. La inflación adquiere así una orientación específica: en un fenómeno que desvaloriza la fuerza de trabajo, aumenta la tasa de explotación y sirve de palanca para reactivar la inversión privada. En 1979 resulta claro que esta inflación no sólo fue un factor de arranque de la acumulación privada, sino el componente necesario -dadas las condiciones internacionales y nacionales- de un patrón de crecimiento asentado en la monopolización creciente de la economía nacional. La lucha salarial adquiere entonces una doble dimensión: no sólo se trata de equilibrar su participación en el ingreso nacional y recuperar el nivel de vida de los trabajadores, sino de enfrentarse a todo un modo de desarrollo económico, a un patrón de acumulación en crecimiento y a las fuerzas privadas y estatales que lo apoyan.

La inflación, como puede verse, no es sólo un fenómeno económico. Quizás de una manera más clara que en otros aspectos de la vida económica, se presenta aquí la relación con lo político. En primer lugar porque, como hemos tratado de mostrar, la inflación es producto de una estructura monopólica que el Estado se encarga de sostener y reproducir. No se trata pues de decisiones técnicas obligadas. En el estado las decisiones no pueden ser sino decisiones políticas, y la política económica ha consistido en apoyar un crecimiento económico que, en las condiciones en que se realiza, genera inflación.

CUADRO 1

VARIACIONES (%) DE LAS VENTAS Y

UTILIDADES ENTRE 1977 1979.

VENTAS

UTILIDADES

1978-1977

1979-1978

1978-1977

1979-1978

TOTAL

14.3

47.0

62.3

143.0

TOTAL

SIDERURGIA

15.3

43.0

92.0

83.0

FUENTE:   Información  del  Boletín  mensual  de   información económica, vol. III, No. 12, diciembre de 1979. la información se refiere a las empresas que cotizan en la Bolsa de Valores. Elaboración propia.

NOTA: Para este cuadro se tomaron únicamente las 10 ramas manufactureras incluidas en la fuente. Presentamos el total y luego el total menos la rama «Siderurgia», porque su errático comportamiento altera excesivamente el resultado.

CUADRO 2

UTILIDADES SOBRE VENTAS (%)

1977

1978

1979

MINERIA

7.3

5.5

7.3

ALIMENTOS, BEBIDAS

Y TABACO

1.1

2.0

4.6

SIDERURGIA

1.9

METALURGIA

0.8

7.1

7.9

AUTOMOTRIZ

3.2

8.7

9.8

TEXTIL Y VESTIDO

5.1

4.3

1.8

QUIMICA

3.8

6.4

6.9

PAPEL Y CELULOSA

6.8

10.6

12.1

CONSTRUCCION

5.1

7.7

11.1

ELECTRONICA

3.4

3.5

TOTAL

2.9

4.1

6.8

TOTAL SIDERURGIA

3.4

5.6

7.2

FUENTE:  Información  del  Boletín  mensual  de   información económica SPP, Elaboración propia.

(1) Ver Nexos No. 24 y La política en México (1970-76). Siglo XXI Editores, México 1979.

(2) Porcentajes: elaborados a partir de la información del cuadro 1.4 del Boletín mensual de información económica, vol. 1, no. 3 y vol. III, no. 12 SPP. (La muestra incluye a más de 1,000 establecimientos referidos a entre 45 y 54 clases industriales.)

(3) Jaime Ros: «Inflación: la experiencia de la presente década»; Gonzalo Rodríguez: «El comportamiento de los precios agropecuarios»; ambos artículos en Economía mexicana, No. 1. publicación del CIDE, México 1979.

(4) Eliminamos aquí la discusión con quienes sostienen esta hipótesis. La polémica es muy compleja, para una crítica seria desde el punto de vista teórico, ver: Andrew Gamble y Paul Walton: El Capitalismo en Crisis. La Inflación y el Estado, Siglo XXI Editores, México, 1977.

(5) Los precios de los productos manufactureros y de servicios son los que dominan dentro del índice general. Esto es así debido a la elevada participación de este grupo dentro del total de productos (87%).

(6) Nótese en el cuadro 3 que la vacuna es más efectiva cuanto mayor sea el grado de monopolio con que se opera. Esto se trasluce con la poca información que tenemos agrupada por ramas. Un análisis por empresas lo mostraría más nítidamente.

(7) Jaime Ros expone una razón de naturaleza estructural que merece citarse extensamente: «El rasgo característico de la inflación reciente no es tanto quizás el haber importado aumentos importantes en el nivel general de precios internacionales como el haber importado una brusca modificación de los términos de intercambio internacionales entre por un lado los precios de alimentos y de las materias primas y por el otro, los precios de las manufacturas. Esta modificación de los términos de intercambio internacionales afectó desde luego a todos los países, pero parece lógico que su impacto inflacionario fuera mayor en países que, como México, reúnen las siguientes condiciones: 1) una alta sensibilidad de los precios agrícolas internos a las condiciones del mercado internacional, combinadas con condiciones internas de crisis agrícolas; 2) un margen de ganancia a la baja ante los cambios en los costos (entre los cuales los insumos agropecuarios cuentan con una alta participación) y ante el estado de la demanda pro productos industriales; 3) una tasa de salarios industriales altamente sensibles a los precios agropecuarios dada la alta participación de los alimentos en el gasto de los asalariados y el bajo nivel de su ingreso real». (op. cit.)