A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Del retrato oval a los cartones lapidarios

 Antonio Saborit. Escritor y articulista. Colabora en el Suplemento de Siempre!, La Cultura en México, con regularidad. Ha publicado en Nexos anteriores.

Probablemente desde su anterior Alarmas y distracciones (1973), Rogelio Narajo no había entregado un libro tan completo y ambicioso como éste(1). El proyecto: coordinar una serie de esfuerzos en dispersión (todas las caricaturas -200- incluidas aquí aparecieron por vez primera en revistas y periódicos) para armar un conjunto capaz de soportar su propio peso; la intención de salvar el muro de los días por medio de una organización rigurosa, exacta o incluso obstinada de varios materiales que, de otro modo, seguirían aburriéndose en los volúmenes de cualquier hemeroteca. Una selección de autor, en fin, movida por un preciso interés unitario y del cual se desprende no sólo la forma específica del libro -dividido en ocho partes con relación estrecha-, sino también la libertad de incluir, nuevamente, cartones que ya habían sido reunidos en algunas de sus dos recopilaciones anteriores (La escena política, 1976, y Me vale madre, 1978); ahí se ratifica, asimismo, el lugar que Naranjo ocupa ya dentro de lo que se recuerda como la historia de la caricatura política en México, es decir, esa continuidad que ha decidido la erudicción por el cartón.

ENCOMIO DE LA CARICATURA

En octubre de 1972, Eduardo del Río, Rius, dedicó todo un número de su historieta Los Agachados a la caricatura mexicana. Animado quizás por la revista Artes de México, que en su entrega 158 hacía un recuento del desarrollo de la historieta en México, Rius por su parte resumía en treintaidós páginas la historieta protagonizada por los mejores caricaturistas de este rancho -casi todos comerciando con temas explícitamente políticos. Entonces decía de Naranjo: «Es considerado como el mejor crítico feroz y grande del humor político… (sic) Además Naranjo es de por sí un excelente dibujante, sus cartones demoledores han sido publicados en los más importantes diarios de México… Actualmente realiza las portadas de las revistas Oposición y Solidaridad (2).

Varios años después, el mismo Rius escribió uno de los prólogos -el otro, de Efraín Huerta- para la primera antología (propiamente dicha) de la obra de Naranjo: Me vale madre. Rius empieza su texto a partir de la famosa afirmación de Rollin Kirby -aunque no siempre se le ha dado el crédito a él- de que un buen cartón está hecho en un 75 por ciento de idea y un 25 por ciento de realización. A partir de ahí no era difícil prever el siguiente apunte de Rius: «Entre cientos de malos dibujantes convertidos gracias a sus ideas en buenos caricaturistas, seguirán destacando aquellos buenos dibujantes que aúnan al preciosismo de su línea buenas ideas. Garbanzos de a libra que consiguen ese difícil equilibrio de cincuenta por ciento de dibujo y cincuenta de idea. Creo que Naranjo es uno de ellos»(3).

Poco antes de la aparición de este libro, Naranjo ya figuraba en la primera edición de la Enciclopedia de México (casi «en detrimento de la natural discreción de Rogelio Naranjo», como dice la contraportada de Elogio de la Cordura): una ficha de datos tan vieja que su anacronismo encuentra, por inercia, su precisión «Sigue haciendo caricaturas para la revista Garrapata» -revista que, después de varios años de ausencia, comenzó a circular una vez más el 25 de julio de 1979. Dice Naranjo en algún lado(4):

«Siento admiración por los artistas que han tenido mayor dominio del dibujo como Goya, Durero; y aquí, en el medio mexicano, Posada, Orozco y Cuevas, en la actualidad. Con cierta frecuencia voy adoptando un padre de quien yo tengo qué aprender, un maestro del que debo aprender muchas cosas. En estos tiempos, por ejemplo, desde que lo he visto en el Museo de Arte Moderno, he adoptado a Dubuffet. Hay muchos caricaturistas que influyen permanentemente en mí. Saul Steinberg, Levin, Topor, entre otros». Sobre su trabajo: «Me sitúo, se puede decir, en la corriente más corriente: la caricatura. Hasta la fecha se ha considerado como un arte menor, aún cuando en diversas épocas ha habido exponentes de un gran nivel artístico… Yo me considero parte periodista, parte político, parte dibujante; casi en igual medida».

Y EL RETRATO DE UN MI ABUELO QUE GANARA UNA CURUL

En el ambiente editorial mexicano, sólo la fotografía puede reclamar para sí el monopolio del olvido: se conoce la existencia de un número considerable de buenos fotógrafos, pero todavía es imposible contar con una opción recopiladora a la altura de ellos. Con la caricatura este escepticismo se debilita sólo en ciertos casos: autores con la posibilidad de soportar la condición de un formato (como el caso de Palomo y El cuarto Reich), o autores reconocidos y aceptados (Magú, Helioflores, Rius, etc.). Sin embargo, la importancia de un libro como Elogio de la Cordura es anterior a esta pobreza editorial; mejor dicho, así la actitud de los editores mexicanos frente a los dibujantes no fuera la omisión sino el registro, el libro de Naranjo seguiría siendo primerísimo frente a los otros -posibles- competidores.

En los primeros párrafos de los «Dispositivos para identificar a la gente famosa a simple vista -el título del prólogo-, apunta Carlos Monsiváis: «Llámenla astucia, instinto o estrategia implacable, pero ninguna casta reinante desea para sí un rostro preciso, mejor difuminarse o extenderse, ser un cúmulo autoritario del que se desprenden vaguedades descriptivas, ser una atmósfera benevolente. paternal. cruel, decadente o lacerada, los políticos que sufren la soledad del Poder, los Ricos desintegrados sufrientes en la frialdad de sus residencias o Los de Arriba. consumidos por las severas responsabilidades: más para gastar, más para cuidar y responsabilizarse… Si a la distancia las intimidaciones crecen, la Clase dirigente evita hasta lo último verse atrapada en el detalle, en esa intolerable vulgarización que es la contigüidad» (p. 11). Ahí claramente esbozado el proyecto de Naranjo: La caricatura como un medio que posibilita ese ámbito contiguo, logrado en los cartones a los que Naranjo ha añadido inteligencia, puntualidad, trazos impecables.

LA CONTIGÜIDAD

Recuérdese el incendio premeditado por las autoridades del Distrito Federal de Campamento 2 de Octubre (Iztacalco ciudad perdida» en el higiénico vocabulario urbanístico) y el conflicto que desencadenó. Luego la caricatura con ese mismo incendio en segunda plana para permitir la presencia, entre satisfecha ,orgullosa, de las dos figuras que a unos cuantos metros de la catástrofe comentan: «Yo diría más bien ciudad ‘ganada»‘ O la capacidad de síntesis que iguala al Amparo Agrario con una pistola en manos de un latifundista. O el dibujo que comentaba el crimen del nieto desobediente, donde una mujer de rasgos inconfundiblemente grozsianos (tal vez el adjetivo más apropiado sería grozsesco), alarmada y a punto de sufrir un desmayo, sostiene en sus manos un periódico con este encabezado: «El horroroso crimen que horrorizó a la horrorosa sociedad».

De cualquier modo no es lo adecuado aislar cada una de las caricaturas que integran el libro; es decir que en él ya no opera el mismo sistema de organización utilizado en La escena política -de los libros de Naranjo, no obstante las diferencias, el más cercano al Elogio de la cordura-, ni el mismo ordenamiento familiar, en muchos aspectos, al de otras recopilaciones semejantes. No se trata ahora de un desfile de temas políticos: los que la mayoría recuerda y reconoce sin esfuerzo en cada una de las caricaturas. Esta vez la diferencia radica, por una parte, en que Naranjo sólo, incluye los cartones relacionados con los asuntos nacionales (la excepción serían algunos cartones del último capítulo, «Si no fuera por esos pómulos tendría necesidad de guardaespaldas)»; y, por otra, en que se ha querido eliminar del terreno o alcance del libro -exitosamente, por lo demás-, una de las características que comparten la mayoría de los mejores caricaturistas: su añadido papel de cronistas de la época. Después de todo, Elogio de la cordura se propone como un conjunto de trabajos, de ninguna manera definitiva, que apuntan hacia «un retrato de la clase gobernante».

UN ÚLTIMO DETALLE

El mismo retrato que, de hecho, resume efectivamente la primera caricatura que aparece en el libro, al margen de la portada, originalmente se titulaba «Todo lo contrario» (El Universal, 23 de abril, 1979). En ella aparece la figura imponente de un poderoso que por cabeza tiene una bolsa de dinero (a su modo, recuerda las caricaturas de Luis Felipe hechas por Carlos Philippon); usa lentes y en cada uno de los cristales hay una señal de tránsito; en el izquierdo, una flecha que impide voltear hacia la derecha, y viceversa. Pero en la versión original aparecía también un membrete en una de las solapas, situando al personaje: «Empresarios». Para Elogio de la Cordura, Naranjo suprimió el membrete; y es en tal modificación donde radica el principio crítico fundamental para este y otros retratos: sin la indicación específica el personaje deja de ser sólo un empresario, ajeno al poder político como tal, y se convierte en una pieza más de la clase gobernante; es decir queda instalado en la zona donde efectivamente se cruzan las fuerzas políticas y económicas. Principio que ahora, treinta años después de la fiebre industrial de Miguel Alemán, propone uno de los más lúcidos elementos de oposición en este país.

 (1) Rogelio Naranjo, Elogio de la cordura. Para un retrato de la clase gobernante, Prólogo de Carlos Monsiváis., colección Testimonio, Ed. ERA, México 1979, 223 pp.

 (2) «Los agachados de Rius», año IV, Núm. 104, 22 de octubre de 1972. Y: Artes de México, Núm 158, año XIX, «La historieta en México».

 (3) Rogelio Naranjo, Me vale madre, Prólogo de Efraín Huerta y Rius, Ediciones de Cultura Popular, México 1978, 291 pp.

 (4) «Naranjo por Naranjo» en la Cultura en México, Suplemento de Siempre!, 14 de abril de 1979.