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REVISTA NEXOS

VOL:

MES: ABRIL

AÑO: 1980

SECCION: POESIA

NUMERO: 28

PAGINA: 16

Víctor M. Navarro/Tres poemas

LA BANDA

para Jesús Luis Benítez

Por la calle, cotorreando, acelerados

a veces ¿no? Todos, tochos o ninguno

Juntos en la bronca o, simplemente unos toques

Unas chelas y cualquier güisa que pasa y resiste el cabuleo.

En la tarde después de unos pulmones,

Cámara: la onda va cambiando y los chavitos ya son grandes

Nuestras facultades pierden ritmo

Antes cualquier atraco era pan comido

Hoy chupamos tequila toda la noche

Y en la mañana, tirados en Chapultepec, psotros pomos psya qué La desesperanza por el conejo muerto

Por el nejoCo en aquella calle obscura; golpeado hasta el cansancio

Desde entonces la tira anda sobres

El conecte y el café huyeron de ese sitio

Sólo queda el clandestinaje medio antiguo, la costumbre

Carlota y su ciudad perdida (donde venden tan buena mariguana)

Los cuates van cayendo poco a poco

Los polis nos achacan el vicio y la ignorancia

Los azules, los gandallas, persiguen a sus presas

Las torturan, las golpean y las matan

«Deme chance jefecito, no hice nada, de verdá»

Y la cuerda sigue para largo

El güero en la cruz roja, el chito en la cárcel

Los barrotes se pasaron a la calle

Cuando los chuvis salen, la banda se hace grande

«Sacarraca ¿no?, usté mero, sacatito pal conejo»

Perdidos en el humo Solidaridad en el pasón

Nostalgia porque no podemos agarrar la noche

Nostalgia porque no podemos

Porque estamos nadando contra la corriente.

El chino se clava a esas tiendas grandes y se roba las lociones

Las vende y con la marmaja se pone hasta la madre todo el día Y hernán que se quedó en el viaje y después del tamborín

La vida para él es otra cosa

Una irremisible amargura

Una extrema capacidad de sentir odio.

Y la tarde se sumerge en los ojos rojos

En el aliento alcohólico, en la boca seca

En balbuceos

En guitarras y gritos callejeros

Así pasan los días como en la piel el desconcierto

Qué nos queda Seguir seguramente…

Desierta. La orilla de la ciudad se cubre de noche.

En los confines pequeñas luces centellean hasta la madrugada. Un aire tibio se despide de cuerpos que la

mirada no registra, de alientos que nunca sentiremos únicos. Desierta. La gran mole se incorpora hacia el progreso, se lleva las manos al cuello; hace muecas que se pierden en la obscuridad.

EPÍLOGO

Y los años irán pasando

Una generación tras otra repetirán los mismos pasos

En la historia figurarán los nombres de unos cuantos

Otros repetirán en voz baja: no tengo nada, pero

Lo cogido, viajado y bebido nadie me lo quita

La basura y el progreso seguirán su ascenso

Entonces alguien pensará: es hora de jugársela

Y pondrá todo su esfuerzo

Hasta que se lo lleve la chingada

Miles de cuates con la boca abierta, caminan

Los brazos anhelantes

El odio saturándoles el alma.