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Agustín Navarro y Ernesto Maurer, presidente del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas y consejero de la Concanaco, respectivamente, manifestaron «que los períodos de inflación son ‘agradables’ para el gobierno…» En su intervención, con afán de colaborar aportando ideas brillantes, el primero propuso a JLP «quitarle un cero al peso» como medida psicológica para «maquillar» nuestra moneda. A renglón seguido citó un ejemplo que ilustra el efecto buscado: en vez de pagar 25 pesos para entrar al cine sólo se destinarían 2 pesos cincuenta centavos. (La noticia fue publicada en unomásuno, 27 de feb. de 1980).

El ejemplo fue afortunado en opinión de algunos de los economistas asistentes, aunque un infiltrado del sector obrero advirtió que ello podría deslavar las ya de por sí pálidas mejillas del salario, porque, dijo, un trabajador que ahora gana 200 pesos ganaría únicamente 20 pesos. de tal modo que el efecto psicoeconómico positivo que se logra al ir al cine queda borrado el día de raya. El Lic. Prole hizo entonces la proposición contraria: que se le añada un cero al peso: el obrero del ejemplo tendría un salario de 2,000 pesos y si decide ir al cine se sentirá un verdadero potentado comprando boletos de a 250 pesos. Los economistas se dividieron entonces en. dos bandos: los del vaso medio vacío y los que preferían el medio lleno.

Como suele suceder en situaciones como esta, surgió una tercera posición: un economista universitario sostuvo que las soluciones psico-económicas propuestas eran extremadamente simplistas y que no correspondían a la complejidad de los fenómenos económicos. Después de una brillante intervención de dos horas y media (la primera media hora correspondió a la lectura del titulo de la ponencia) quedó en claro su proposición: que el valor de la moneda se divida entre dos y se multiplique por el número pi (3.1416). Así, por ejemplo, dijo, el boleto de cine costaría 39 pesos con 27 centavos y el salario del ejemplo (de 200 pesos) seria de 314.16. «Nótese -concluyó el Doctor Garitzinzkki- que el efecto psico-económico adquiere una dimensión sociomatemática que caeteris paribus producirá un efecto ex-post de satisfacción científica cada vez que el consumidor logre descifrar el precio de cualquier mercancía». Los representantes de las corrientes mediovaciístas y mediollenistas bombardearon al Doctor Garitzinzkki con objeciones sólidas y bien fundadas a las que el ponente respondió con una agudeza teórica sorprendente. No pudo llegarse a ningún acuerdo, pero horas más tarde un vocero de la subsecretaria de Asuntos Psicoeconómicos dijo que se formará una Comisión Consultiva para el Maquillaje Monetario cuyo director será muy probablemente el Doctor Táe.