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De la estatofilia a la estatofobia

Economía de América Latina (Estado y Proceso de Acumulación). Número 3, septiembre de 1979. Publicación semestral del CIDE.

De pronto las clases capitalistas latinoamericanas han expresado, en diversos tonos, su deseo de curarse de una enfermedad vergonzante: la estatofilia. Al análisis de la relación entre el Estado y el proceso de acumulación se dedica el número 3 de Economía de América Latina, un trabajo muy redondo y oportuno que merece especial atención en México pues la burguesía asentada aquí clama, cada vez más fuerte, por la libertad…de empresa.

«La polémica en torno a las empresas públicas en América Latina» abre la revista y hace la introducción a la revista del CIDE. Armando Arancibia y Wilson Pérez nos explican que ha vuelto a cobrar actualidad el debate sobre las empresas estatales. La discusión es hoy más seria, pues las clases dominantes explican el retraso material del continente como resultado de la hipertrofia de los aparatos estatales, derivan de ahí la necesidad de redefinir las funciones del Estado. En muchos países con dictaduras militares se intenta una nueva etapa de acumulación que tiene como uno de sus pilares el principio de «subsidariedad del Estado». La persistencia de la crisis ha resucitado viejos mitos de la libre competencia en plena era de oligopolio. La bondad intrínseca y la omnipotencia de El Mercado son el dogma de la santa trinidad: burguesía autóctona, burguesía internacional y casta militar.

A pesar de lo violento de la «ofensiva libre-empresarista» los hechos muestran pocos cambios. En Chile, donde el ataque ha sido más duro, «la participación del sector público en el producto bruto llegó al 43.4% en 1978, mientras que su inversión representó el 55% del total».

Con el fin de explicar la persistencia y extensión del sector económico estatal, Arancibia y Pérez resumen las principales elaboraciones teóricas acerca de las empresas públicas. Concluyen que «no existe una teoría de la empresa pública que merezca el nombre de tal». El resumen sobre las teorías desmerece con respecto al resto de trabajo, pues la relación entre una teoría del Estado y una teoría de la empresa pública apenas y se menciona en el artículo. Los autores argumentan que la presencia activa del Estado, en las economías fundadas en la propiedad privada, hace necesario buscar «la interpretación que proporciona la teoría sobre la naturaleza del Estado y las funciones que debe cumplir en el proceso económico». Los autores examinan diversos enfoques: el neoclásico, el marxista, los derivados de las teorías de la demanda efectiva y el de la CEPAL. Exceptuando al marxismo, todas las otras corrientes no consideran la esfera política como objeto de estudio de la Economía sino de la Ciencia Política. De ahí que Arancibia y Pérez cuando se refieren a esas corrientes sólo tratan su concepción de Estado: los neoclásicos consideran al Estado «como la yuxtaposición de individuos idénticos» y para la «concepción derivada de las teorías de la demanda efectiva» el Estado es un «agente» que arbitra una sociedad constituida por «grupos». A primera vista parecen. encontrarse diferencias en estas concepciones, sin embargo, son semejantes, no por lo que dicen sino por lo que callan. Al no reconocer clases antagónicas en la sociedad capitalista, sólo aceptan diferencias secundarias en el seno de un sistema que aceptan. 

Al tratar la corriente marxista los autores sí mencionan teorías del Estado, aunque el tratamiento es parcial y esquemático. La bibliografía manejada por ellos es deficiente; por ejemplo citan a Sweezy, y no a Gramsci, teórico del tema de mucho más alto nivel.

Arancibia y Pérez concluyen su trabajo con un análisis de la evolución reciente de las empresas públicas en América Latina. Nos ofrecen una buena panorámica, sobre todo de las dictaduras militares, y destacan lo reducido de la privatización. Más allá de las diferencias nacionales los autores encuentran en los gobiernos militares un objetivo común: el mantenimiento del sistema.

LA ORDEN ES MARCHAR SIN PREGUNTAR A DÓNDE

En marzo de 1976 los militares argentinos impulsaron, brutalmente, un programa económico y político en el que la muerte tortura de miles de opositores son sólo incidentes en el cumplimiento de un precepto sagrado: Acumulad. Al estudio de algunos de los aspectos más importante del proceso en aquel país se dedica el artículo ‘Argentina La ofensiva del 76’ de Lucio Geller. Se trata del planteamiento inicial de una investigación, pero se aprecia ya un enfoque desusado y estimulante: busca la explicación de lo económico a partir de lo político. En primer término se ofrece una somera explicación de las causas que condujeron al agotamiento de un proceso de acumulación orientado a la sustitución de importaciones. A diferencia de lo sucedido en otros países del continente, Argentina logró altos niveles de consumo (próximos a los de los países llamados desarrollados) para después estancarse y aún retroceder. Geller esboza algunas explicaciones de esa situación, pero la originalidad de su enfoque se muestra cuando trata el proceso actual. Según el autor, la iniciativa política de marzo de 1976 estuvo impulsada por «la fracción más concentrada de la burguesía industrial local» (subrayado nuestro), que ya había estado presente en el golpe de Onganía en 1966, sólo que ahora bajo un esquema de alianzas diferente: relativa autonomía respecto del capital industrial foráneo, una cierta aproximación a la burguesía agraria, e inicialmente, una «absoluta prescindencia de cualquier fracción del movimiento obrero» La fortaleza exhibida por lo movimientos populares, especialmente el «Cordobazo» de 1968 le obligan a emprender una contraofensiva cuyos objetivos inmediatos son: a) la fractura y aislamiento del movimiento obrero; b) la disminución y aislamiento de la pequeña y la mediana burguesías; c) la definición de reglas claras para las fracciones burguesas dominantes.

En suma, fortalecerse y debilitar al enemigo. En busca de lo primero se intenta el desarrollo armónico de la industria y la agricultura tendiendo además al logro de niveles internacionales de productividad. Diversas medidas contribuyen a los incrementos de la eficiencia capitalista (reducción de aranceles, liberación de las tasas de interés, etc.), si bien todas conducen a la concentración del capital. La fractura del movimiento obrero es el objetivo de la feroz represión y de la política salarial. Esta última constituye un buen ejemplo de cómo un objetivo económico sirve a los objetivos políticos: la disminución de los salarios reales, de por lo menos un 40 por ciento de 76 a la fecha, se ha emprendido buscando una mayor estratificación al interior de clase obrera. Así, el aumento de la explotación sirve para hacer rentables industrias que operan muy por debajo de su capacidad, y la mayor distancia salarial entre trabajos de distinta calificación («proceso de jerarquización» según los ministerios de Economía y de Trabajo) busca dividir a los proletarios.

El número 3 de Economía de América Latina incluye otros trabajos sobre Brasil, México, Perú, Argentina, Uruguay y Ecuador. En la sección Difusión e Información aparece un resumen de un documento de CEPAL sobre la coyuntura económica de Nicaragua y el Programa de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Hay además un trabajo muy serio de José Manuel Quijano sobre el papel del crédito en las fusiones de empresas mexicanas con capitales extranjeros, donde se muestran aspectos muy importantes para el análisis del país. Por ejemplo el cuarenta y cinco por ciento de las empresas que tienen participación extranjera de al menos 25 por ciento en el capital social se fundaron entre 1970 y 1975j La recopilación continua sobre investigaciones en América Latina cubre ahora una institución de Uruguay. Los títulos hablan por sí solos de la situación de la otrora Suiza de América, por ejemplo: «La emigración uruguaya para Australia».