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I

Las máscaras azules llaman con violencia a la puerta del cisne

cuerpos negros y blancos se retuercen allá en las estaciones

Los corredores son cada vez más largos

La ciudad se ha sumergido en un inmenso reloj

Hoy hemos levantado la luz de los travías

cada estación es un mundo de pactos

Las águilas han descendido hasta la misma tierra

es nuevo el cabalgar en la ópera helada

El orden es un manifiesto de luces vacías

de calles que disparan

Atado a la crudeza descriptiva de una fiesta de buzos

yo converso con ciudades irreales

secundo a las tortugas

hundo la flor en las maderas

retorno mi sol a los días flamboyantes

La flecha lanzada hacia ninguna parte

rompió los ébanos

II

La natalidad fue la embriaguez

de esta cadena vacía

y el violeta que dibujó

alrededor de los ojos la prisión

Hoy el tiempo es un árbol cruzando de brazos

Ya no queda sino el goce instantáneo

del sol

del muslo húmedo que asoma su

testura entre la puerta

Es apenas abril y estoy cansado

de vivir bajo un cielo desconocido

atado hasta el delirio

en el ritmo de la noche y del día