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Para empezar a contar

Marcelo Carmagnani: Historiador italiano especializado en la historia de América Latina. Ha publicado en italiano y francés estudios sobre el desarrollo económico y social de Chile. Siglo XXI publicó en español su libro: Formación y crisis de un sistema feudal; América Latina del siglo XVI a nuestros días, México, 1976.

Sherburne F. Cook y Woodrow Borah Ensayos sobre historia de la población: México,y el Caribe. Traducción de Clementina Zamora. México, Siglo XXI Editores, 1977-78. 2v.

Los estudios de Cook y Borah, disponibles ahora en español, caen en un nuevo género de la investigación histórica caracterizado por una fuerte especialización y una compleja problemática. La complejidad le viene del hecho de que la demografía histórica trata de conjugar una doble y a y veces contradictoria exigencia: utilizar toda la metodología elaborada por la técnica demográfica para esclarecer, con documentos históricos insuficientes, la evolución cuantitativa y cualitativa de la población en el pasado.

Con todo, un mínimo conocimiento de la teoría demográfica y de las técnicas estadísticas permiten al lector interpretar los resultados -a veces nuevos y a veces no tanto- que ofrece la demografía histórica y comprender por lo tanto, las aportaciones hechas por Cook y Borah, a lo largo de decenios de estudio y empeño creativo. Aquí nos interesa subrayar sobre todo las consecuencias que pueden tener las aportaciones de la demografía histórica en general, y las de Cook y Borah en particular, para el conocimiento del pasado mexicano.

PARA MEDIR LA LEYENDA

Es oportuno recordar que los estudios demográficos de Cook, primero en colaboración con L.B. Simpson y con Borah después, se remontan a fines de la década de 1940, cuando aparece en la colección Ibero-Americana de la Universidad de California el primer intento de medir la destrucción demográfica causada por la conquista(1). Este primer estudio sirvió a los autores para tomar conciencia de la complejidad de la empresa y para darse cuenta que para llegar a conclusiones válidas era necesario proceder en dos direcciones: estudiar y sistematizar todas las fuentes primarias y secundarias útiles para el análisis demográfico (las matrículas de los indios tributarios, las matrículas de confesión los libros parroquiales, etc) y estudiar los aspectos sociales (el mestizaje, por ejemplo), económicos (los precios, los salarios) y ecológicos (la ocupación del suelo) que podían arrojar luz, directa o indirectamente, sobre la catástrofe demográfica acaecida en México como consecuencia de la conquista.

El resultado de este esfuerzo, prolongado por dos decenios, permitió a Cook y Borah estimar la población del México central antes de la conquista en 2530 millones, mostrar como ésta se redujo a 16.8 millones en los primeros años de la conquista (1523) y cómo llegó a su nivel mas bajo a principios del siglo XVII (1605), cuando la población indígena apenas sumaba 1.075.000(2).

En la época en que fueron publicados, Ios cálculos de Cook y Borah fueron vistos como una auténtica provocación. Angel Rosenblat, autor de uno de los más serios intentos de medir la población de América Latina en el periodo preestadístico puso en duda, globalmente, los cálculos de Cook y Borah.(3) Otras contradicciones a los cálculos de Borah y Cook, más que apoyarse en la crítica historiográfica, se fundaron en un argumento político: para estos críticos los calculos de Cook y Borah llevaban agua al molino de la leyenda negra, es decir, contribuían a replantear la vieja polémica antiespañola sobre las atrocidades cometidas por los conquistadores.

Hoy podemos decir que las críticas a los estudios de Cook y Borah no logran, a nuestro juicio, vulnerar algunos conocimientos que forman parte de nuestra actual manera de considerar y comprender el pasado. El más significativo es la idea de que si la conquista constituyó una ruptura histórica, se debió al hecho de que determinó, directa e indirectamente, una profunda, drástica e irreversible catástrofe demográfica que modificó el antiguo equilibrio de la población indígena. Gracias a estos estudios ahora sabemos que la conquista española fue vista y sentida por las etnias indígenas como un trauma profundo, que los indios vivieron sobrecogidos por el terror de las epidemias, las tremendas mortandades, las hambrunas, los nuevos y desquiciantes ritmos de trabajo y el desorden social y político. En pocas palabras, el desastre demográfico determinó que los indios tuvieran la sensación de vivir en un mundo extraño y hostil.

UN NUEVO CALENDARIO

El conocimiento de la evolución global de la población no es suficiente para comprender cabalmente la dimensión demográfica, especialmente si aceptamos que el análisis demográfico también busca comprender históricamente el comportamiento psicosocial y el fundamento biológico -si lo hay- de ese comportamiento.

Para lograr este objetivo es necesario comprender la dinámica de la población, es decir, los mecanismos que regulan la evolución demográfica. Estos mecanismos son el objeto de los estudios contenidos en los tres volúmenes de Cook-Borah, publicados originariamente en inglés entre 1971 y 1979. En estos tres volúmenes los autores muestran la diversidad regional que asumió el movimiento de la población, las diferencias de este proceso en las regiones, las modalidades y motivaciones del casamiento, los patrones que adoptó la procreación y la forma como se moría la gente.

El análisis de estos problemas, realizado a través del estudio de la estructura familiar, de la estructura de la población por grupos de edad, de los grupos étnicos, de la edad al momento del casamiento, de las tasas de natalidad, fertilidad y mortalidad, amplió considerablemente el conocimiento histórico de esta época. Además, estos estudios dan a conocer formas de comportamiento que por ser repetitivas, rutinarias, espontáneas y extremadamente difundidas, pocas veces dejan constancia explícita en la memoria histórica colectiva.

Mucho más importante es la nueva interpretación que estos estudios permiten del pasado mexicano. Los estudios de Cook y Borah derrumban los soportes en que descansaba la tradicional periodización de la historia mexicana. Sobre la base de estos estudios se tiene en efecto la impresión de los grandes momentos de ruptura son, en primer lugar, la conquista española y los últimos decenios del Porfiriato. Esto significa que la historia de México entre el siglo XVI y el último tercio del siglo XIX se ha desenvuelto siguiendo un mismo esquema evolutivo. Este esquema es típico de una demografía preindustrial, llamada también de «antiguo régimen», caracterizada por altísimos índices de natalidad y, al mismo tiempo, por una fuerte mortalidad, lo cual deja un excedente demográfico que permite el crecimiento de la población. La fuerte natalidad aparece como el resultado de una tendencia de las parejas a casarse muy jóvenes, que aumenta el periodo de tiempo durante el cual las mujeres pueden engendrar hijos y, por consiguiente, aumenta la probabilidad de un número elevado de hijos por familia, número que es drásticamente reducido por la fuerte mortalidad infantil. Estas características de la población mexicana se consolidan hacia fines del siglo XVII y perduran, como tendencia general, hasta el último tercio del siglo XIX.

Así, siguiendo los resultados por Cook y Borah, se pueden reconocer tres fases en la historia mexicana. La primera es la de la conquista, que coincide con la destrucción demográfica que termina a mediados del siglo XVII. La segunda fase, que se cierra en la segunda mitad del siglo XVIII se caracteriza por la aparición y consolidación de nuevos elementos étnicos y psicosociales resultado del mestizaje. La tercera y última fase se desenvuelve entre la segunda mitad del siglo XVIII y el último tercio del siglo XIX y se caracteriza por la emergencia de una nueva dinámica demográfica de tipo moderno. Esta nueva dinámica cobra fuerza después de 1920 y se caracteriza por la drástica reducción de la mortalidad y por una alta tasa de crecimiento demográfico. 

Obviamente, nuestros autores no dejan de subrayar que en el régimen demográfico actual, no obstante las innovaciones, hay una fuerte persistencia del régimen demográfico preindustrial en ciertas áreas del México rural. En la Mixteca Alta la tasa de mortalidad, todavía en 1950, tenía las características de las tasas de mortalidad preindustriales.

LA DIMENSIÓN BIOLÓGICOS

La periodización de la historia mexicana propuesta implícitamente por nuestros autores es obviamente una de las posibles propuestas de lectura, entre muchas otras, que contiene su obra. Valía la pena plantearla para mostrar los límites de una interpretación de este tipo, que privilegia esencialmente la dimensión biológica de la problemática demografía. Dicho con otras palabras, no hemos hecho otra cosa que proponer una versión culta -documentada- de la interpretación popular según la cual los hombres nacen, crecen, se multiplican y mueren. En ambas interpretaciones ciclo demográfico y ciclo biológico coinciden.

Sabemos bien, según las indicaciones que nos proporcionan no sólo los demógrafos sino también los biólogos,(4) que la dimensión biológica se reduce progresivamente en importancia en la medida que el ser humano alcanza el estadio de homo sapiens. A partir de este momento su adaptación no es un hecho orgánico, sino psicosocial, cultural. De allí entonces que la relación entre población y ecología, población y tecnología, población y sociedad e incluso, población y política, no sea una relación mecánica y fatal, sino el resultado de un conjunto de factores que son esencialmente culturales, producto de un desarrollo de la conciencia colectiva.

Partiendo de estas consideraciones, obviamente extrañas a la concepción sólidamente positivas de Cook y Borah, se pueden proponer una serie de sugerencias para comprender nuestro pasado preindustrial, bien vivo aún en la conciencia histórica colectiva. Podemos preguntarnos, por ejemplo, qué indicaciones aportan los estudios de Cook y Borah para comprender quién es el sujeto que toma las decisiones que afectan el comportamiento y la evolución demográfica, quién decide qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Cook y Borah nos dicen que la unidad básica de los indios y de los españoles fue la familia extensa y no la familia biológica o natural. De esta indicación se puede colegir que el individuo, tal como fue visto por el pensamiento liberal, es una abstracción, una entidad sin raíz histórica. El comportamiento, y por lo tanto el sujeto de las decisiones, en las sociedades preindustriales y en las precapitalistas, fue esencialmente un comportamiento plural, una decisión de la familia extensa.

De ahí la conveniencia de considerar el comportamiento psicosocial como fundamento necesario de la demografía. El casamiento, el mestizaje y la concepción y el nacimiento de un hijo no son simplemente el resultado de un comportamiento biológico. Los mecanismos que intervienen en la reproducción social son mecanismos esencialmente culturales y permiten, por lo tanto, la manifestación de formas de comportamiento no uniformes y hasta contrarios a los códigos sociales aceptados(5).

EL MUNDO PERDIDO

Estos mecanismos están abundantemente documentados en los estudios de Cook y Borah. Por ejemplo, en el estudio sobre la mortalidad, los autores señalan que los factores que regulan la mortalidad en cada estado pueden ser diferentes de los que operan en los pisos ecológicos. Afirman que, en última instancia, a nivel de cada estado la mortalidad depende de las condiciones de salud, de las enfermedades y, más en general, de los determinantes biológicos, mientras que la diferencia en las tasas de mortalidad de los pisos ecológicos parece depender de factores sociales, económicos y políticos. 

Si el comportamiento demográfico no es de naturaleza biológica sino esencialmente cultural, se puede entonces no sólo integrar los resultados de la demografía histórica a la historial total, sino también avanzar nuevas hipótesis susceptibles de enriquecer nuestra comprensión siempre limitada del pasado.

Partiendo de estos estudios de demografía histórica es posible visualizar, por ejemplo, la acción histórica inconciente, la que generalmente deja poco o ningún residuo de nuestra documentación y que es posible recuperar partiendo del hecho demográfico en cuanto hecho culturalmente determinado. Así, cuando observamos un matrimonio, un bautizo, un entierro, lo que golpea nuestra atención no es el registro de un simple hecho biológico, sino la manifestación de un comportamiento psicosocial que comparte un grupo de personas. De esta manera el hecho demográfico se convierte en un hecho histórico socialmente determinado.

Estas consideraciones solo quieren señalar algunas de las grandes aportaciones que Cook y Borah han hecho a la historiografía, y recordar, a distancia de algunos años de su muerte acaecida en 1974, la memoria de Sherhurne F. Cook.

Notas

1. S. F. Cook, L. B. Simpson, The Population of Central Mexico in the Sixteenth Century. Ibero-Americana: 31, University of California Press, Berkeley, 1948.

2. S. F. Cook, W. Borah, The Aboriginal Population of Central Mexico on The Eve of the Spanish Conquest. Ibero- Americana: 45, University of California Press, 1963 y The Indian Population of Centtral Mexico, 1531-1610. Ibero- Americana: 44, University of California Press, Berkeley, 1960.

3. A. Rosenblant, La población indígena y el mestizaje en América, Editorial Novoa, Buenos Aires 1954: A Rosenblat, La población de América en 1942, Viejos y nuevos cálculos, México, 1967.

4. Véase por ejemplo J. Ruffié, De la biologie a la culture. París, Flammarion, 1976.

5. Véase William B. Taylor, Drinking, Homicide an Rebelion in Colonial Mexican Villages, Stanford University Press, Stanford 1979.