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Formalmente las líneas de autobuses están constituidas como sociedades anónimas de capital variable aunque, de hecho, ninguna funciona así. En general se trata de agrupamientos depermisionarios que promueven la formación de sindicatos manejados por la empresa. Cada dueño o permisionario cuida de sus camiones y determina la forma de operación, número de viajes, itinerarios y tarifas. En algunos casos existen normas comunes en cuanto a la contratación y los salarios. La capacidad de ocupación de un autobús puede llegar a 1,250 pasajeros al día, lo que representa cerca de siete millones de personas transportadas diariamente por el sistema.

Pero en realidad, tal ocupación -sobre todo en las horas de mayor demanda- está muy por arriba de su capacidad.

No existe planeación ni control de las líneas de autobuses por parte del sector público aunque en la Ley Orgánica del DDF se considera al servicio de transporte como de interés público y se otorga al propio Departamento la facultad de ocuparlo temporalmente o intervenir en su administración en los casos en que los concesionarios no lo presten eficazmente o se nieguen a prestarlo. Hasta el momento el gobierno de la ciudad no ha considerado tal posibilidad; sin embargo, ha declarado con énfasis que no autorizará aumento de tarifas y su política de transporte colectivo de superficie, tiende hacia el incremento y restauración del servicio de trolebuses, cuyas ventajas comparativas son múltiples: menor costo del pasaje, rutas más extensas, disminución del ruido y de la contaminación ambiental.

Ante estos propósitos gubernamentales, la Alianza de Camioneros declaró estar dispuesta a devolver al gobierno la concesión del servicio, aunque por lo pronto insiste en la necesidad de incrementar sus tarifas. Afirma que sus choferes cuentan con mejores prestaciones y salarios «que si estuvieran burocratizados», y aclara que no trabajan «a destajo»; niega que los bajos salarios sean la causa de las altas velocidades con el fin de pagar pasaje, e insiste en que esto sucede «porque los choferes sienten una especial satisfacción».

Por su parte, COVITUR (Comisión de Vialidad y Transporte Urbano del D. F.) opina que «aún con cursos especiales, no se ha llegado a modificar la estructura de hábitos nocivos y antisociales (sic) característica de los candidatos a choferes», y que «el espíritu de servicio -de los choferes- a la comunidad es prácticamente inexistente».

Lo que sigue son algunas entrevistas con choferes de diversas líneas de autobueses. Dado que la situación de los entrevistados es prácticamente la misma, se optó por reproducir, a modo de collage, estos testimonios. Por un lado, reflejan claramente la situación laboral de los choferes y, por otro, entregan varias estampas cotidianas de los mismos.

I. PUES SI NO TE GUSTA COMPRA COCHE,  GÜEY

Me junté con unos amigos que trabajan y me empezaron a enseñar; ya cuando me vieron mas o menos capacitado, ellos mismos me dieron una ayudada para entrar, por recomendación. Hice prueba de mecánica en Tránsito; los amigos me ayudaron a conocer las piezas del motor y todo eso, y obtuve la licencia. Me costó como novecientos pesos. Fue la licencia como de medias pruebas, porque otras, por ejemplo, como de prueba del motor, casi no la pasé. Entonces, uno por el que iba recomendado me la pasó. Yo no contaba con dinero para que me dieran el visto bueno. Ya dando el visto bueno, era fácil pasar al doctor, rayos X, revisión sobre el cuerpo, que no esté uno deforme. Eso era más fácil. Después, revisan si tiene uno antecedentes penales. De escolaridad nada más piden un certificado, digamos que haya estudiado uno la primaria, o la secundaria.

Yo calculo que el 60% en la línea son permisionarios (como trabajador y como permisionario) o sea que son dueños del cuarto de un carro, otros son dueños de dos de tres. Hay dueños que llegsn hasts 15 carros; ese ya no es activo, no maneja, paga por que se lo administren y eso. Entonces el 40% es obrero que no tiene nada, que nomás vive del trabajo. El trabajador al que le dan un cuarto de carro a pagar se ve mas presionado, trabaja mas, procura no dejarlo parado, porque el cuenta con las participaciones del carro. Lo hacen para que deje más utilidad el carro.

Algunos, con trabajo, van pagando el cuarto de un camión. Esto le conviene al dueño, porque logra que se los cuiden bien y que no hagan huelgas o movimientos. Se hace un contrato, pero en caso de que el dueño mayor de las acciones quiera quedarse con todo, puede hacerlo, le paga su cuarto al chofer y se queda con un camión bien cuidadito. Una vez querían que me quedara administrando un camión; después me enteré de que el dueño tenía un saldo y lo que quería era que lo sacara de la droga, trabajándolo, mientras él compraba otro camión. Otro compañero aceptó y cuando subió el precio de los camiones, el permisionario le regresó su dinero a como estaba antes.

II. LOS CAMIONEROS CHECAN Y SE VAN

Muchas veves llegamos a ganar buenos centavos y a veces no ganamos ningún centavo. Siempre por pura comisión. Nosotros tenemos orita el 20% pero este 20% lo tenemos porque el pasaje subió a uno cincuenta, o sea que de la línea nunca tenemos un aumento. El aumento viene del usuario ¿no?, del pasaje. Cuando viene una orden presidencial que dice: «el pasaje va a valer dos pesos», como ahora, estoy seguro que el permisionario dice: «ustedes van a ganar el 18% ya que estamos orita ganando el 20%. Y cuando a uno le va bien, un camión mete 700, 800 personas por turno, que son 10 horas. Más o menos son mil cincuenta pesos y con el 20% sería un total de doscientos diez pesos, en un trabajo de 10 horas. Es que más no se le puede meter al carro. Hay momentos mejores, como en la mañana a las diez. Ya metiéndole esa cantidad es un día bueno para nosotros; pero, digamos, si amanece torcido el carro, o sea con una falla mecánica, hay que esperar. Si nosotros llegamos a las cuatro de la mañana, hay que esperar hasta las 8 en que llega el mecánico, las 4, las 5, las 6, las 7, las 8. Y se perdieron cuatro horas. Uno, como ya más o menos sabe, le dice: «mire maestro, yo pienso que es esto y esto». Si acierta sale uno rápido, las nueve o diez. Ya se perdieron seis horas. Nomás quedan cuatro horas y sólo nos alcanzamos echar dos vueltecitas, que bien pueden ser quinientos, cuatrocientos pesos. ¿Cuánto nos ganamos de quinientos pesos?: cien. Ni un salario mínimo. Ora, hay ocasiones en que ni llega a salir el carro, nomás lo acaba el mecánico y vamos a entregárselo al compañero porque ya es su turno de él. Ni modo de estarlo haciendo esperar porque entonces él tampoco hace su cuenta. Los compañeros debemos trabajar sincronizados.

III. EL CAFRE DEL TESORO (SINDICAL)

¿El contrato? No, no es contrato; se hace nada más una solicitud de trabajo, como quien se dice somos eventuales. Hay personas que se han pasado todo su vida trabajando: 25, 30 años, y al final de cuentas son pesionados más bien por el Seguro, por la línea no. Con eso ya tienen para más o menos la pura comida, para unas gordas, y con lo caro que está vida. ¿Qué la línea no le puede dar unos centavos al trabajador por haberle servido tantos años?

El Seguro pensiona creo que con noventa y tantos pesos, pero lo pensiona hasta los 60 años. O sea que si una persona, por ejemplo digamos yo, si orita que tengo 12 años trabajando me salgo dentro de otros 12 y todavía no tengo los 60 años, no puedo ser pensionado por el Seguro, ni liquidado por la línea, porque no liquida a nadie. Según sus papeles, querían quitar a sus directivos sindicales, porque creo que tienen que cambiarse cada ciertos años. Desde que yo estoy ahí han estado los mismos y nunca han cambiado; nunca quieren soltar el hueso, como se dice.

IV. PARA QUÉ TANTAS CURVAS, ESTANDO EL CAMINO RECTO

Yo llego a las cuatro de la mañana; saco el carro, digamos cuatro y media; me relevan entre doce y media y una de la tarde. Cuando nos toca en la tarde es de una a diez, once de la noche. No lo dejan entrar uno si no lleva una retirada, y esta retirada la dan a las nueve y media, diez de la noche. Es una forma para entrar al taller. Es como permiso para entregar el camión. Fíjese usted, hay veces en que se hacen unas colas de los camiones a la hora de encerrar, de cinco a seis cuadras.

Si son las nueve y media, nos dicen: «íTodavía no puedo! Vete de bajada y ahí te la dan»; son otros tres cuartos de hora, ya son diez y media, y entre lo que llega uno y se mete al corral; entre que le ponen el aceite, el diesel y lo dejan en buen estado; entre lo que va uno a entregar la cuenta, ya va llegando uno a su casa a las dos de la mañana. Si me pongo a contar de la hora en que me vengo de mi casa, pues a las tres de la mañana me vengo de mi casa. Vivo en la Colonia Sto. Domingo Coyoacán.

Ando de Sto. Domingo a San Angel, porque el medio de transporte ahí empieza hasta las cuatro y media de la mañana, llegarla yo a las cinco y media, ¿no?

V. AMOR SINCERO, EL DE UN CAMIONERO

¿Qué cuándo descanso? Pues nunca descanso. Si descansamos, el día siguiente aparece unos en una papeleta que le dicen lista: «No pos, tú tienes que pasar con el jefe de personal, porque no viniste ayer». Si ve de su agrado la excusa nos da la orden; si no, «orale tú ya me está piñando, ya son dos días que se pierden, mas el otro, ya son los tres días». Al que trabaja en las mañanas siempre lo hacen trabajar todos los domingos. Yo, por ejemplo, orita estoy trabajando en las mañanas y el domingo tengo que trabajar a fuerza. Si no lo hago, me pueden castigar los tres o cuatro días o muchas veces le dicen a uno: «íTe vamos a cobrar una cuota de lo que estuvo parado el carro!».

En el día tengo que desayunar; sencillo, a medio correr son, digamos, veinte; quedan 180 libres. De los 180, yo distribuyo a mis hijas, digamos pa’ los camiones; a los niños qu’ el pesito, que los dos pesitos. Hasta eso que tengo unos hijos muy conformes; cuando no llego a tener, se aguntan. Mi esposa me ayuda bastante. Quizá porque no tengo vicios. Este (el cigarro) es mi vicio; la tomadera casi no; no que no me guste, pero si me pongo a comprar una botella de 120, 133, se me va un día de sueldo.

VI. A VER ESOS QUE ENTRARON SIN PAGAR

Un compañero, si llega a morir, se cubre como accidente. Se le da al familiar una cierta cantidad, no sé cuánto, creo son cuarenta o sesenta mil pesos. Por ejemplo, con el difunto Ramírez le dijeron a su esposa:

«¿Quieren que se vele en la funeraria? ¿ Y para la caja? El patrón lo va a arreglar». Que ya fueron diez mil de la velación, otros diez mil del panteón, cirios, flores. En total a la señora ésta, de los tantos miles creo que le dejaron siete mil. No es justo. A los niños que llega a dejar el finado no les alcanza ni para un mes de víveres.

Nosotros pagamos Infonavit. Nos vienen quitando como ciento sesenta a la semana. Yo pienso que es un robo, ¿no? del Infonavit nosotros pagamos esa cantidad, pero nunca hemos obtenido nada bueno que yo sepa. Nadie.

Del Fonacot tampoco. Se firmaron muchas solicitudes, inclusive fuimos directivos para que nos autorizaran un préstamo, el crédito para poder sacar el muebles. Entonces teníamos que tener íntegros los tres mil de la fianza, la que nosotros depositamos al entrar a trabajar, sin deber un vale ni de cincuenta pesos.

Los jueves hay un préstamo que le hacen a los trabajadores a media semana. A la persona que ya debe quinientos o mil no le prestan.

Nos quitan cada ocho días 39 pesos del Seguro, ciento diez del impuesto sobre la renta, veinte para difuntos, cuarenta para prorrata y ocho para sindicato. Yo creo que lo que queda no es para vivir, ¿no?, ahora fíjese nomás simplemente en los puros comestibles cómo están carísimos, la verdura está más cara que cualquier cosa, el jitomate. Mi esposa no sé cómo le hace, pero le restira a los centavos.

Los permisionarios ganan según como trabaje el carro. Las refacciones son muy caras. Sí son caras, no voy a estar diciendo que son baratas. Pero, por ejemplo, desde el otro lunes hemos estado metiendo cuentas globales, entre yo y mi compañero, de tres mil pesos. Son ocho ocho por tres son veinticuatro mil. La liquidación de permisionarios es por quincena. El permisionario gana, yo creo, un 60%, porque el 40% nos pagan a nosotros, pagan diesel, aceite y servicio mecánico. Creo, ciento cuarenta por carro quincenalmente al mecánico, digamos que por cambiarle unos filtros.

VII. A ESE CHALE LE DICEN «EL FANTOMAS», QUESQUE «LA AMENAZA ELEGANTE»

Hay que tener visibilidad en los espejos, a los lados: ver quién baja; atrás hay otro espejo. Cuidar el timbre, quién sube, quién se atraviesa enfrente. Se necesita mucho nervio.

En el caso de nosotros (porque es de segunda clase, son los metrobuses), entre más pasaje subamos, mejor para nosotros: obtenemos más centavos. Uno le mete lo más que puede, entonces ya hizo el viaje. Hay que andar movido, para correr a agarrar vuelta. Nos conviene, pero fíjese en lo que exponemos nosotros al pasaje. Los choferes de los coches nos insultan, nos dicen brutos, pero no saben la causa que nosotros traemos. Aunque vamos aprisa, también vamos pensando en lo de nosotros, en cómo hacerle, en que no se nos atraviese uno. Hay que traer ágiles los pies, dar una ojeada al que va adelante y dos, tres que van más adelante, por si frenan. Va viendo uno como loco por delante y por atrás, para que en caso de que haya un enfrenón se pueda uno zafar. Y eso no lo ve el usuario. Por uno cincuenta no sabe lo que nos dicen.

VIII. TÚ NO LA HAGAS DE PEDO Y LA BORREGA ES TUYA

Muchas veces hay una persona que paga un boleto y por error o por hacernos la balona se pasa, nos deja el boleto. Muchas veces, cinco, seis, diez boletos. Ya de esa cuenta nos sobraron quince pesos. Lo hacen por ayudarnos o por lástima. Otras veces uno tiene que hacerlo, por su cuenta, porque de ahí saca la comida del día. Nos vemos obligados, muchos por necesidad, muchos por maña. Nosotros contamos con 22 personas que andan en un carro y en otro, cuidando los carros, además del personal que manda la Alianza para defender los intereses. Se suben al camión, pagan su pasaje y van vigilando. En caso de que pasen personas sin boleto, lo sancionan y lo pueden llevar inclusive hasta la delegación, porque está cometiendo fraude. Pienso yo que es un robo, sí, pero no llega a fraude, porque el fraude está creo de treinta y seis pesos para arriba, ¿no? Pero los cuatro pesos que me robé me pueden costar quince días de castigo, o hasta el desempleo. Si trabajando no tenemos, ora si nos castigan, pues menos.

IX.CON EL CARRO EN MOVIMIENTO, NO PODEMOS TRANSIGIR

Se hizo un paro porque se solicitó un mejor sueldo, 1, 2, 3% ya lo que la empresa quisiera. Nos dijeron que no íbamos a obtener nada ya que ellos tenían un gasto muy fuerte. En ese tiempo las refacciones eran baratas, yo me acuerdo: un juego de juntas creo costaba 23 pesos, que una ligas tres cincuenta. Acabó en que llegaron creo granaderos y nos hicieron trabajar a fuerzas. Se nos volteó la cosa, porque ya después la línea nos acusaba de secuestros de camiones, desecuestro, sí. No me acuerdo quién estaba de regente, pero hasta él fue ahí.

Nos mandaron granaderos y a unos les dieron una bola de culatazos y golpes. Inclusive tuvimos apoyo de San Angel Inn, queríamos hacer un movimiento de huelga, pero nunca se llevó a cabo eso. Paro que nosotros llegáramos atener un buen sueldo, un buen pago, sería que el Departamento se hiciera cargo de los carros. Entonces sí tendríamos un cierto beneficio.

La línea 100 está ligada con el gobierno, ésos sí tienen aguinaldo, prestaciones, vacaciones y están bien pagados. Para nosotros ellos son burócratas, no choferes como nosotros. Ahí les dan vacaciones y se les pagan, para que se vayan a descansar. Esa y la 9, la Col. del Valle-Coyoacán también, creo, ligada el Departamento lo que nos gustaría es que nos quitaran el sindicato y lo formaran los mismos trabajadores.

Entrevistó:

Margarita González Gamio