1. En una conversación con amigos que hoy sospecho mentirosos, se discutió el tema, tan complicado, de las relaciones entre los personajes y el autor. Oí decir que Alejandro Dumas poblaba su mesa de trabajo con pequeños muñecos de cartón que llevaban el nombre de sus héroes y a medida que los iba matando —pistoletazo o estocada— los hacía desaparecer de un papirotazo. Para que no le pasara lo que a Ponson du Terrail que en el tomo dos de una de sus obras dio muerte a uno de sus personajes y luego lo hizo reaparecer en carne y hueso, vivo, saludable, en el tomo dieciséis.

2. Alejandro Dumas (padre) al escribir sus novelas representaba a sus héroes objetivamente por medio de muñecos que él mismo fabricaba, pues como eran muchos los personajes, lo hacía así para no equivocarse con ellos, matando a uno que ya había enterrado en el capítulo anterior. En un cajón de su escritorio ocultaba al personaje que viajaba y en otro al que se enamoraba o moría. Es una buena manera de entender el arte con esta escenificación que hacía Dumas de sus novelas: sus personajes eran sentimientos materializados.

Fuente: 1. Juan Carlos Onetti, Confesiones de un lector, Alfaguara, Madrid, 1995. 2. César Garizurieta, “Catarsis del mexicano” (1946), en (revista) El hijo pródigo. Antología (editor Francisco Caudet), Siglo XXI, México, 1979.