Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables


Ilustración: Pablo García

No lo sé, pero creo que en ninguna otra ciudad del mundo se palpan, como en ésta, las almas de las gentes que la habitan por las fachadas de las casas, por la decoración de las paredes, por la disposición de las ventanas y puertas, y por el aspecto, en fin, que no es sólo físico, de los barrios. Por eso parece natural la desorientación arquitectónica, porque es una desorientación espiritual. Desorientación de que tiene la culpa el porfirismo. Datan de entonces estas casas con rez-de-chausse, sala, recámaras en fila que no permiten privacía, comedor al frente y ¡ah! cuarto de baño. Estas decoraciones de yeso, este art nouveau, que invade los grandes cristales de la sala y que infecta, como en mi casa, la pared exterior. Hasta entonces, según el testimonio de los más antiguos cronistas, dos ciudades solas, la lacustre del gran Moctezuma y la conventual de oidores y encomenderos. Pero nos da por importar ideas: positivismo y arquitectura. Nos afrancesamos, y como esto no es totalmente posible, unas gentes se van a San Rafael o a Santa María y otras se quedan en La Perpetua. Nos lo está diciendo a gritos la nomenclatura de las calles: Francisco Días Covarrubias, Gabino Barreda, Icazbalceta, Francisco Pimentel, Rosas Moreno. El fervor que hoy se pone en denominar “Belisario Domínguez” a una calle, se consagraba entonces a todo este homogéneo grupo de conservadores, y es de lo más acertado haber puesto el nombre, recientemente, de Miguel E. Schulz a la calle que lo lleva, junto a estos personajes llenos de un carácter muy siglo XIX.

En tanto, las gentes más ricas y los diplomáticos extranjeros pueblan la colonias Juárez y Roma. Y como unos y otros han ido a Europa numerosas veces, viven en México, pero en Versalles, en Varsovia, en Liverpool, en París, en Madrid, en Roma… Una súbita racha de nacionalismo exterior bautiza las calles de la Colonia Roma: Mérida, San Luis Potosí, Aguascalientes, Puebla, Veracruz. Habita ahí gente más moderna, más evolutiva. Entonces, triunfante la Revolución, empieza a poblarse la Colonia Cuauhtémoc. Hallamos aquí ríos. Ya se mezclan el Nazas y el Rhin. Y entre esta heterogénea colonia de casas simples, de múltiples estilos, pero llenas de inquietud, y la muerta San Rafael, se tiende la Estación del Ferrocarril, por donde llegó, al día siguiente de un furioso temblor de tierra, don Francisco I. Madero.

Fuente: Salvador Novo, “Nuestra ciudad de ellos”, Toda la prosa, Empresas Editoriales S.A., 1964.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.

 

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