El centenario de la publicación de las memorias de guerra de Álvaro Obregón ocurre en un presente de desconcierto. Las expectativas incumplidas en las últimas décadas, que expresa el “nuevo desencanto democrático”, y la inflación de las posibilidades morales y tecnológicas que provoca grietas generacionales y territoriales en el país, han abatido la idea de la revolución mexicana como una “guía de futuro”. “Pero son los intereses y los miedos del presente […] los que dirigen la aproximación al pasado”. Esto coincide con una “era de las conmemoraciones” que vivimos desde 2008 en el país, temporada de aniversarios donde el pasado es materia de controversia.1

Se ha propuesto como “principio de experiencia acreditable que a corto plazo la historia la hacen los vencedores, a mediano plazo probablemente se mantenga así y a largo plazo no hay quien la controle”.2 Al cumplirse el centenario de las batallas del Bajío en 2015, su historia admite ser tratada como un arco de “narrativas transgeneracionales” que interpelan “visiones selectivas sobre el pasado”; y que son “entre memoria y mito […] construcciones […] capaces de crear comunidad”, que facilitan acceder a “memorias plurales, fragmentadas y eventualmente en conflicto”.3


Ilustraciones: Ricardo Figueroa

En 2017 cabe repasar el contexto que rodeó la publicación de Ocho mil kilómetros en campaña con motivo de su centenario. El general Álvaro Obregón inició en junio de 1917 un viaje a Sonora, que se volvió una gira triunfal, a lo largo de la costa del Pacífico —le acompañaban en el tren “más de 400 mujeres de soldados de distintos batallones las que se dirigen a Sonora”—,4 luego de ocupar la Secretaría de Guerra y Marina del 13 de marzo de 1916 al 30 de abril de 1917 en el gabinete de Venustiano Carranza, encargado del Poder Ejecutivo de la nación.

El desempeño de Obregón al frente de la Secretaría de Guerra estuvo marcado por el difícil objetivo de suprimir el villismo guerrillero que había surgido en Chihuahua y Durango. Su nombramiento ocurre cuatro días después del ataque de Villa a Columbus. Meta inaccesible, en parte, por la incompetencia de los jefes y oficiales, en un número significativo vinculados a Pablo González, Juan Barragán y al propio Carranza, que no atendían las instrucciones de Obregón, como aquellas de no perseguir al contingente villista que huía porque simulaba hacerlo y más delante estaba tendida una emboscada, y de tomar precauciones para no ser sorprendidos, como Francisco Villa logró pescarlos, al frente de dos mil elementos, la medianoche del 15 de septiembre de 1916, tomando el palacio de gobierno y la penitenciaría de la capital de Chihuahua y retirándose al día siguiente, con pérdidas, que el general Jacinto B. Treviño, jefe de operaciones militares en el estado, magnificaría. La precipitada evacuación de la ciudad de Chihuahua por Treviño, el 27 de noviembre de 1916, luego de cuatro días de asedio por Villa y sus contingentes, coronó su fracaso en el combate al villismo renaciente. Tomada de nuevo Chihuahua por Villa, éste permitió el saqueo de grandes y medianos comercios y una masacre de chinos.5 

Treviño fue reemplazado por el general Francisco Murguía, quien cosechó victorias y derrotas. La enemistad con el secretario de Guerra se recrudeció al no atender Murguía sus órdenes, como las relativas a la defensa de Torreón que al no ser cumplidas facilitaron su toma por Villa el 22 de diciembre de 1916, a la que siguió una matanza de chinos.

Obregón, que había vencido al ejército —como fuerza que dispone de las tres armas: artillería, caballería e infantería— de la División del Norte al mando de Villa en 1915, se desgastaba como secretario de Guerra frente al villismo camaleónico que en 1916-1917 combinaba golpes de mano, desgaste y evasión con insurgencia, y en el entorno del rechazo popular a la expedición punitiva estadunidense de 10 mil hombres, estacionada en Chihuahua hasta febrero de 1917, y al ejército carrancista, que llegó a sumar 10 mil plazas en este estado, visto como una fuerza de ocupación. El despliegue de 150 mil miembros de la Guardia Nacional en la frontera con México en 1916-1917 y la punitiva provocaron una ola de expresiones antiyanquis en las filas carrancistas y en las villistas.

Luego del retiro de la punitiva, Villa recurrió a castigos ejemplares en el noroeste de Chihuahua, como la violación colectiva de mujeres y el saqueo de domicilios y comercios, lo que redujo su apoyo. La población se polarizó y crecieron las “Defensas Sociales”, formadas por vecinos agraviados por villistas. Se denunciaron depósitos de armas y fueron interceptados suministros bélicos pasados de contrabando. Así, una guerra civil se desencadenó en Chihuahua, al parejo de una hambruna debida a una persistente sequía y a la exacción del campo por contingentes armados que incautaban caballos, ganados y víveres. En estas condiciones la influenza española y el tifo se propagaron.

A nivel nacional había focos de insurrección en casi todos los estados: Zapata en Morelos, Peláez en Tampico, felicistas en Puebla y Oaxaca, Chávez en Michoacán, etcétera. Al mando de los jefes de operaciones el ejército fue soltado. La coerción fue el recurso más empleado en una mezcla de represión cruenta e ilegalidad descarada.6

Pero no bastaba: en algunas regiones la violencia intestina se multiplicaba, la bola derivaba en gavilla o autoridad, la economía se paralizaba, las comunicaciones se interrumpían, la paz urgía para que la modernidad —con su mezcla inevitable de orden y desorden—7 no retrocediera o se impusiera una nueva combinación de orden y desorden.

Aun así, algunos gobernadores y comandantes militares aplicaron reformas en los estados, adelantándose a la Constitución de febrero de 1917, creando una clientela que apoyaba su papel de procónsules. A la centralización porfirista, articulada por la expansión del ferrocarril y las líneas telegráficas y el ímpetu inicial del presidente Díaz como árbitro, había seguido una descentralización caótica.8 La jerarquía territorial mudaba o se tambaleaba. El problema del orden se perfiló como el cedazo de la sucesión presidencial en marcha.

El aire natal es medicina

El 1 de mayo de 1917 Carranza tomó posesión como presidente constitucional y Obregón se dirigió a establecer su domicilio —luego de 12 años de viudo, se había casado el 2 de marzo de 1916 con una dama de Guaymas— en Nogales, Sonora, donde abrió una empresa de importaciones y exportaciones de garbanzo y maquinaria agrícola. Desde ahí hizo producir su predio “La Quinta Chilla” en su natal Valle del Mayo, encabezó la asociación de productores de garbanzo de Sonora y Sinaloa y gestionó ante la Compañía del Ferrocarril Sud-Pacífico la construcción de un ramal entre Navojoa y Huatabampo, con un poder otorgado por agricultores del río Mayo.9

Sintiéndose mejor, Obregón viajó a Estados Unidos a curarse un mal de la garganta y otro de la circulación de la sangre en las piernas —en la Secretaría de Guerra su cuerpo se quejaba: el muñón supuraba, dormía mal—,10 a hacer política —fue recibido en audiencia por el presidente Woodrow Wilson el 28 de octubre de 1917, donde sirvió de intérprete Ignacio Bonillas, embajador de México en Washington, compadre de Obregón— y a reforzar lazos con empresarios, haciendo escalas por tren en Los Angeles, San Francisco, Ogden, estado de Utah, Omaha, estado de Nebraska, St. Louis, Chicago, Washington y Nueva York. Le acompañaban Baldomero Almada, su colaborador, y un oficial del ejército estadunidense.

La amistad entre Obregón y Bonillas se estrechó entre 1917 y 1918. Bonillas ayudó a Obregón a obtener del restaurante Manchester en Washington, de la señora María O. Moreno, donde lo habían probado ambos, la receta de un budín de garbanzo, cuando el de Huatabampo se hallaba empeñado en “una campaña de propaganda para el garbanzo” en julio de 1918. Obregón correspondió con el envío de sendos sacos de 65 kilos de garbanzo a ambos. Para entonces Obregón era presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Nogales, Sonora. En noviembre de 1918 fue designado por el ayuntamiento presidente de la Junta de Mejoras Materiales. Cargos que se volvieron peldaños para aspirar a las alcaldías de Sonora en el siglo XX.11

Si quieres la presidencia, publica unas memorias de guerra

A lo largo del recorrido de la capital a Sonora el general Obregón recibió correspondencia relacionada con su libro Ocho mil kilómetros en campaña. Relación de las acciones de armas, efectuadas en más de veinte Estados de la República durante un periodo de cuatro años […], publicado por la Librería de la Vda. de Ch. Bouret en Ciudad de México en mayo de 1917.12 La librería lo promocionó al estar por salir impreso y cuando apareció el tiraje fue de cinco mil ejemplares y el costo de edición 15 mil 915 pesos. Por telegramas y correo Obregón recibía felicitaciones por el libro, enviaba ejemplares con dedicatoria que invitaba a permanecer unidos ante los próximos retos y se le informaba de la venta y difusión de su obra.13

La selección de la Librería de la Vda. de Ch. Bouret fue un acierto. En 1911 publicó la tercera edición, copia de la segunda, de La sucesión presidencial en 1910 de Francisco I. Madero.14 Se trataba de una editorial prestigiada, con un catálogo diverso, que incluía Perlas negras de Amado Nervo (1898) y El águila que cae de Efrén Rebolledo (1916). Contaba con una Enciclopedia Popular que comprendía una Colección de Manuales diversos, desde Aritmética comercial hasta Fotografía; un Curso Elemental de Estudios Científicos con volúmenes de Física, Química e Historia natural; una Biblioteca de la Juventud, que contenía El grano de trigo de Sarmiento; y una Biblioteca Infantil, que incluía Cristóbal Colón por Julio Verne, entre otras colecciones.15

La biblioteca que el general Obregón formó en El Náinari, Sonora, entre 1925 y 1928, contaba con varios ejemplares de esta editorial, como El vidrio, publicado en 1902, del cual se toman los datos del catálogo. Siendo el general Obregón presidente de la República, en 1921, la Librería de la Vda. de Ch. Bouret publicó de la Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra y Marina, Reglamento para el ejercicio y maniobras de la caballería, en dos volúmenes.16

Ocho mil kilómetros en campaña consta de 745 páginas, con el facsímil de la firma de A. Obregón en tinta negra en la página 744, más un complemento de 60 páginas con las relaciones de los efectivos que estuvieron a sus órdenes en el combate de Santa Rosa, Sonora, sostenido del 9 al 12 de mayo de 1913, y en la segunda batalla de Celaya, Guanajuato, librada del 13 al 15 de abril de 1915, y los índices de materias y de grabados.

El texto sigue un hilo cronológico de 1910 a 1915 y está organizado en cuatro partes: proemio y antecedentes, Campaña contra Orozco, Campaña contra Huerta y Campaña contra Zapata, la Convención y Villa. La Campaña contra Orozco tiene un total de 36 páginas y cuatro capítulos (pp. 18-54); la Campaña contra Huerta se despliega en 27 capítulos, a lo largo de 325 páginas (pp. 55-380); y la Campaña contra Zapata, la Convención y Villa (pp. 380-744), en 364 páginas y 25 capítulos.

Obregón completó el libro durante su permanencia como secretario de Guerra, compilando y editando los partes de guerra por orden cronológico. Obregón al escribir sobre las batallas en las que participó hace lo que muchos: controlar la guerra por la escritura, poniendo orden en el caos, “lo hace parecer más comprensible y por ende menos peligroso”, “dar importancia a las muertes y explicar por qué sucedieron”17 y adoptar la posición de un gigante que observa el campo de batalla entero o de un individuo que lo sobrevuela.18 Su enfoque da prioridad al desarrollo y al resultado de las batallas, no a la experiencia de quienes participaron en ellas.19

Partes de guerra

Los partes de guerra habían sido mecanografiados por Aarón Sáenz, a partir de la batalla de estación Santa Rosa trabada contra los federales huertistas del 9 al 11 de mayo de 1913, sobre la vía férrea que comunica Hermosillo y Empalme, en el estado de Sonora. Sáenz pudo influir en la redacción y edición de los partes de guerra en su carácter de miembro del Estado Mayor del general Obregón desde junio de 1913, de jefe del Estado Mayor desde el 13 de marzo de 1916 y como su secretario particular, a mediados de mayo de 1916 hasta el 30 de abril de 1917.20

Entre el 27 de septiembre y el 24 de diciembre de 1916 el coronel Juan Barragán, entonces jefe del Estado Mayor del Primer Jefe, envió a Obregón partes de guerra por petición de éste, quien luego de sacarles copia le regresaba. Obregón reconoce a Barragán su ayuda: “sin la cual habría tropezado con muchas dificultades por carecer de los datos tan importantes que me has proporcionado”.

Barragán afirma que Obregón envió al Primer Jefe el parte de guerra luego de cada acción de armas y que lo relatado por Obregón en su libro tiene “algunas discrepancias” con los partes de guerra enviados en caliente, debido a que Obregón cuando ocupaba la Secretaría de Guerra “rindió al Primer Jefe unos extensos partes militares —los mismos que figuran en su libro— en los cuales altera varios sucesos, en desacuerdo con las informaciones que ya obraban en los archivos de la Primera Jefatura”.21

Los desacuerdos en la información señalados por Barragán, en su libro publicado en 1946, son: “opacar los méritos” de generales que estuvieron a sus órdenes en la campaña contra Villa, sobre todo de Francisco Murguía, haber mandado fusilar 120 “oficiales y jefes villistas” capturados luego del primer día de la primera batalla de Celaya y reportar en 1917 que éstos murieron en combate, no reconocer los méritos de Murguía en el combate de las Barrancas de Atenquique que llevó a los villistas a desalojar Guadalajara, que interpreta Barragán como una maniobra distractora que absorbe a Villa, misma que Obregón aprovecha para pertrechar sus fuerzas y situarlas en Celaya. Asimismo, Barragán subraya las discrepancias de Obregón con Murguía en el combate de la hacienda La Sandía, el 30 de abril de 1915, en los prolegómenos de la batalla de posiciones de Trinidad-León, enfatiza el papel decisivo de Murguía y su contingente de caballería el 21 de mayo de 1915 en Estación Nápoles —intervención que reconoce Obregón—, y resalta la toma de León por las fuerzas al mando de Murguía el 5 de junio, mientras Obregón convalecía.22 Sin embargo, la edición de Ocho mil kilómetros en campaña incluye los partes de guerra enviados en el curso de las dos batallas de Celaya, cuyo texto es idéntico al publicado por Barragán, además de dos partes de guerra extensos que hilvanan los antecedentes, la secuencia de las batallas y las relaciones de muertos y heridos.23

El parte de guerra es un relato y es la estructura narrativa más empleada en el libro. La Campaña contra Orozco contiene dos; la Campaña contra Huerta, 10, uno de ellos del general Ramón F. Iturbe sobre la toma del puerto de Mazatlán; y la Campaña contra Zapata, la Convención y Villa, 14, que comprenden ocho de Obregón y seis de otros militares, como los generales Manuel M. Diéguez y Francisco Murguía —ambos acerca de la toma de Guadalajara el 19 de enero de 1915— (pp. 391-395), un parte del coronel Eugenio Martínez del 8 de marzo sobre la batalla de Estación Peón, que abrió la vía para evacuar las fuerzas reunidas en el valle de México hacia Celaya, y donde perdieron la vida cuatro estudiantes de Ciudad de México y Puebla, incorporados al 21º Batallón de Sonora, defendiendo su puesto —subraya Obregón— (pp. 421-422 y 431-433), el parte detallado de la batalla de Celaya del 6 al 7 de abril (pp. 454-465), el parte extendido de la segunda batalla de Celaya del 13 al 15 de abril (pp. 465-484), la ampliación de los partes de las batallas de Celaya (pp. 484-502), con los números reales del ejército de operaciones y los episodios críticos donde la victoria estuvo en riesgo; el de las batallas de Trinidad y León (pp. 503-581) incluye un parte del general Cesáreo Castro, jefe de la Primera División de Caballería del Noreste, del 23 de mayo en Estación Nápoles, Guanajuato; el parte del 2 al 5 de julio del general Benjamín G. Hill, jefe de la Primera División de Infantería del Noroeste, como jefe accidental del Ejército de Operaciones (pp. 570-588); el parte de la toma de Aguascalientes (pp. 589-628); el de la toma de San Luis Potosí y Zacatecas y el aniquilamiento de la columna de Rodolfo Fierro en Querétaro y Valle de Santiago (pp. 631-655); el de la toma de Torreón y otras plazas de la Comarca Lagunera (pp. 673-683); y el de la campaña de Sonora (pp. 686-721), que incluye un parte del general Plutarco Elías Calles desde El Porvenir.

Las batallas del Bajío se despliegan en 177 páginas (pp. 454-631), del primer día de la primera batalla de Celaya, el 6 de abril, hasta la toma de la ciudad de Aguascalientes el 10 de julio de 1915, 95 días que tuvieron en vilo a las dos coaliciones que dirimían en batallas proyectos de país distintos y a sus fuerzas combatientes, y expectantes a las fracciones políticas desprendidas de los parteaguas de 1911 y 1913, ubicadas dentro o fuera del país.

95 días que dieron un giro radical a la distribución política que guardaba el territorio nacional el 4 de enero de 1915: el constitucionalismo controlaba porciones de las costas del Pacífico y del Golfo, el sureste y sur de México. El villismo-convencionismo perdió el control militar del norte y centro del país a lo largo de 1915, excepto el área zapatista.24

Victorias con método

Obregón, en la campaña de Nogales a Teoloyucan, había dejado atrás los puertos de Guaymas, Mazatlán y Manzanillo, sitiados por tierra, bajo un cálculo de ganancias y pérdidas posibles, cuidando la conservación de sus efectivos y municiones, evitando la pérdida inútil de vidas, sabiendo que no podía ocupar dichos puertos sin contar con barcos de guerra que impidieran al enemigo huertista disparar la artillería de sus cañoneros, recibir refuerzos y contar con una vía de escape, aplicando, sin saberlo, tácticas empleadas por los generales Ulysses S. Grant y William T. Sherman en la guerra de secesión, que dieron pie al llamado “método indirecto” propuesto por B.H. Liddell Hart en 1954.25

En las dos batallas entre Hermosillo y Empalme —las batallas de Santa Rosa en mayo y de Santa María en junio de 1913— Obregón aprendió la importancia de contar con una línea de abastecimiento despejada, vigilada y no muy extendida, de disponer de reservas, de aprovechar la topografía y el clima, de elegir el campo de batalla, de entrenar a las tropas y de explotar las debilidades del adversario. Abierto a la innovación y a la tecnología, Obregón impulsó la construcción de trincheras individuales, las “loberas”, empleadas por generaciones de mayos y yaquis, que protegían del fuego granado enemigo y ofrecían una posición apropiada para elegir el blanco y disparar, y ordenó en la bahía de Topolobampo el 15 de abril de 1914, quizás, el primer bombardeo aéreo en la historia naval con el biplano tripulado por el capitán Gustavo Salinas, para proteger el averiado cañonero Tampico, tripulado por marinos rebeldes, de los cañoneros de la armada huertista Guerrero y Morelos. La colocación de un tramo de vía férrea entre Estación Maytorena y Cruz de Piedra que implicó cambiar, repetidas veces, a pulso los rieles, bajo fuego, y el cruce, bajo lluvias torrenciales, de la Sierra Madre en el territorio de Tepic por las tres armas del Cuerpo del Ejército del Noroeste, son episodios que sugieren que la tropa cooperaba y mantenía la moral elevada para proteger la vía de abastecimiento.

Así, Obregón cortará las líneas de aprovisionamiento y comunicación del adversario en Santa Rosa y Santa María, entre Guadalajara y Colima y entre Manzanillo y Ciudad de México, estas últimas por la incursión ejecutada por Jesús Trujillo, el aislamiento entre La Venta y Orendáin de los cuerpos federales por Diéguez y su contingente, la colocación de la caballería encabezada por Lucio Blanco en la retaguardia federal para bloquear sus vías de escape e impedir que alcanzaran el Bajío y se concentraran en la capital.

Coincidiendo con los estudios de los generales Francisco J. Grajales y Luis Garfias, Joe Lee Janssens recientemente subraya el papel innovador de Obregón en la táctica y en la estrategia militares en la revolución mexicana. Los triunfos de las batallas de Celaya no sólo se debieron al error de Villa de atacar con cargas de caballería a un adversario parapetado que disponía de artillería ligera, municiones y reservas. Las victorias de Celaya por los constitucionalistas se debieron de forma significativa a una curtida infantería que disponía de ametralladoras que disparaban incesantemente y que colocadas a la altura de las trincheras de la primera línea dirigían el fuego sobre la caballería que se aproximaba en oleadas, haciendo mella en ésta desde una distancia considerable, maximizando su efecto al dirigir el fuego directamente y no en parábola. La tecnología permitía hacer fuego automático y rápido con cartuchos de menor tamaño que eran fáciles de transportar y de alimentar la ametralladora con cintas de municiones, las balas disparadas consecutivamente seguían una trayectoria plana dando en el blanco a una distancia mayor. El ejército de Obregón no estaba obligado como el ejército de Villa a depender de artillería pesada y de artilleros ex federales. “Obregón era de corazón un general de infantería, Villa era de corazón un general de caballería”, resume Janssens.26

El ejército carrancista se tornaba el factor del poder en el país y su columna vertebral, la infantería del Cuerpo del Ejército del Noroeste, tenía un jefe nato: el mutilado de guerra Álvaro Obregón. A partir del 10 de julio de 1915 Obregón no tiene quien le haga sombra en el terreno militar. Sus victorias las alcanzaba con método.27

La iconografía de la edición de 1917 es numerosa y relevante, radicalmente distinta a la edición del Fondo de Cultura Económica, escasa en fotos de la tropa. La iconografía de la edición original incluye fotos del Cuerpo del Ejército del Noroeste en movimiento: la tropa arriba de los carros del ferrocarril, rebosándolos como en Navojoa, Sonora (p. 123), o apiñada en plataformas, como en Guamúchil, Sinaloa y en Celaya, Guanajuato (pp. 126 y 456). Las fuerzas desplazadas al sur de Tepic conservan su indumentaria campesina al pasar revista en Ahualulco, Jalisco (p. 210), incluso al sur de Guadalajara, como la columna en marcha hacia Colima (p. 226) o el puño que maneja una ametralladora emplazada en el techo de un carro de carga del ferrocarril que pasa entre túneles en dirección a Manzanillo (p. 229). Otras fotos corresponden a crudas escenas del levantamiento del campo de batalla en Orendáin (p. 215) o Celaya (pp. 494, 501-503). La composición multirracial y de jóvenes es apreciable en estas últimas (pp. 501 y 502). Las fotos son de Jesús H. Abitia, amigo de la infancia y fotógrafo de Obregón.

La portada, de la autoría de Jorge Enciso,28 tiene por única imagen a un indio de fisonomía cahita —mayo o yaqui—, calado con sombrero campesino regional con plumas al frente, camisola clara arremangada, dos cartucheras a la cintura, a la espalda rifle terciado, cobija enrollada y cantimplora, pantalones holgados arriba del tobillo y calza huaraches de un hilo. Los mayos y yaquis formaron la columna vertebral de la infantería del Cuerpo del Ejército del Noroeste. Gracias a su pericia y valor Obregón ejecutó buena parte de las maniobras que lo llevaron a la victoria. La deuda social con ellos no se ha pagado aún. Una edición facsimilar de este libro contribuirá a reconocer su papel en la revolución mexicana.

 

Ignacio Almada Bay
Profesor-investigador de El Colegio de Sonora, doctor en historia de México por El Colegio de México. Su libro más reciente es De la violencia endémica a la paz orgánica, 1883-1939. 38 biografías.


1 Nora Rabotnikof, “El Bicentenario en México: la historia desde la política”, Revista de Sociología, núm. 24, 2010, pp. 222-225.

2 Reinhart Koselleck, Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, Barcelona, Paidós, 2001, p. 82.

3 Rabotnikof, op. cit. pp. 224-227.

4 El menaje incluía los restos del general Francisco T. Contreras que perdió la vida en el combate de Valle de Santiago y de los coroneles Alfredo Murillo y Tomás Estrada, muertos en la primera batalla de Celaya, para entregarlos a sus familiares, Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles-Fernando Torreblanca (FAPEC), Archivo Fernando Torreblanca (AFT), Fondo Álvaro Obregón (FAO), serie 11020100, exp 14, inv 99, 26 de mayo de 1917, Obregón a Calles; Obregón expresó pesar por sus muertes en los partes de guerra, idem, Ocho mil kilómetros…, 1917, pp. 461, 496 y 651-654, Obregón y Murillo se conocían desde la escuela primaria; el menaje en exp 18, inv 3, ff 1-7; expresan parabienes desde el personal de la estación de radio en San José del Cabo, Distrito Sur de Baja California, y miembros del ejército y veteranos de la revolución vueltos a la vida civil que habían estado a sus órdenes, hasta particulares, dos de estos le ofrecieron alojamiento, exp 6, inv 91, J. Bejarano, 5 de junio de 1917, San José del Cabo; las “más de 400 mujeres de soldados de distintos batallones […]”, exp 9, inv 94, f 1, 29 de mayo de 1917; Obregón en Ocotlán compró “dos mil pares de zapatos para llevarlos a Sonora, […].”, exp 15, inv 100, 31 de mayo de 1917; Obregón aceptó alojarse con su familia en la casa de Antonio R. Peña en Mazatlán, exp 38, inv 123, f 2, 30 de mayo de 1917; el general procura “una burra con cría que necesitamos para la alimentación de mi chamaco”, exp 59, inv 44, 8 de junio de 1917, San Blas, Sin., a Ignacio Velderrain, Huatabampo, Son.; el jefe de la escolta era el teniente coronel Crisóforo Vázquez, mayo, exp 8, inv 93, Obregón, 28 de mayo de 1917.

5 Friedrick Katz, The Life and Times of Pancho Villa. Stanford, Stanford University Press, 1998, pp. 580-603.

6 Katz, ibid., pp. 617-649; una visión panorámica del país en 1916-1919 que subraya el repliegue de la economía moderna, el cierre de empresas, la elevación del desempleo, una inflación rampante, una desmonetización de los intercambios, y la percepción de 1917 como “el año del hambre” y del lapso 1915-1918 como el de las condiciones de vida más precarias desde el estallido de la revolución, en Alan Knigth, The Mexican Revolution. Vol. 2 Counter-revolution and Reconstruction, Lincoln, University of Nebraska Press, 1990, pp. 406-423.

7 Paul J. Vanderwood, Disorder and Progress. Bandits, Police and Mexican Development, Lincoln, University of Nebraska Press, 1981, pp. 165-182.

8 Knight, op. cit., pp. 240-251.

9 El general Cándido Aguilar comunicó a Obregón “[…] hago votos por que el ambiente puro de Sonora le dé nuevas energías […], FAO, serie 11020100, exp 1, inv 86, 24 de mayo de 1917, MDF; el general Urquizo se disculpó por no haberse despedido personalmente “en virtud de muchedumbre que agrupóse en la estación. […].”, exp 56, inv 141, Gral. Francisco L. Urquizo, 24 de mayo de 1917, Secretaría de Guerra, MDF, a Gral. de Div. Alvaro Obregón, a bordo tren especial, Guadalajara, Jal.; el papel membretado de la oficina señala “Alvaro Obregón, Teléfono 336, Apartado 24, Nogales, Son., Méx., Exportaciones: Garbanzo, ganado, etc., etc.; Comisiones: consignaciones de mercancías, venta de terrenos, minas; Importaciones: implementos de agricultura, maquinaria, etc.”, serie 11020500, exp 282/169, inv 457, f 4, 30 de enero de 1918, Nogales, Son.; la gestión del ramal para comunicar el valle del Mayo, serie 11020200, exp 106, inv 251, ff 2-7, 9 de septiembre de 1917, a J.W. Temple, Superintendente del F.C. Sud-Pacífico de México, Los Angeles, Cal.

10 Obregón se encontraba con “licencia por enfermedad”; FAO, serie 11020200, Gral. J.A. Castro, exp 20, inv 165, ff 2-3, 4 de septiembre de 1917; las enfermedades en Gral. Aarón Sáenz, exp 98, inv 243, f 12, 27 de agosto de 1917, a Obregón, Nogales, Son.; “Mi salud ha mejorado notablemente con la vuelta a la vida de trabajo. […].”, le comentó Obregón a Pani el 17 de septiembre de 1917, al informarle que había cobrado una comisión de 25 centavos de dólar por saco a los agricultores del garbanzo en una operación “de cerca de cien mil sacos”, exp 75, inv 220, f 2, a Ing. Alberto J. Pani, Secretaría de Industria y Comercio, MDF.

11 Serie 11020200, exp 13, inv 158, f 6, Obregón, Nogales, Son., 17 de septiembre de 1917, a Ing. Ignacio Bonillas, Washington, D.C; exp 2, inv 87, Obregón 10 de junio de 1917, Huatabampo, Son., a Baldomero A. Almada, Hotel Astor, New York; exp 39, inv 184, “Con satisfacción entéreme de su atento mensaje en que me anuncia que un Oficial del Ejército Americano ha sido nombrado por su Gobierno para acompañarme durante mi viaje […].”, Obregón, 18 de septiembre de 1917, Nogales, Son., a Excmo. Sr. Henry P. Fletcher, embajador de los Estados Unidos, MDF; serie 11020500, Ing. Ignacio Bonillas, exp 22/50, inv 338, ff 3-5, los saludos a los ahijados son frecuentes por parte de Obregón y el tratamiento de compadre también; Obregón como presidente de la Cámara de Comercio local, 11020400, Cámara Nacional de Comercio, exp 39/60, inv 348, 5 de julio de 1918, y de la Junta de Mejoras Materiales de Nogales, Son., exp. 14, inv. 270, ff 2-5, 30 de noviembre de 1918.

12 El título completo es Ocho mil kilómetros en campaña. Relación de las acciones de armas, efectuadas en más de veinte Estados de la República durante un periodo de cuatro años por el C. General Álvaro Obregón y descritas por él mismo. El domicilio de la librería era el número 45 de la Avenida Cinco de Mayo. El tiraje fue hecho por la Imprenta Francesa, Jardín Carlos Pacheco 1 y 3. La marca de agua es Aurora y Yukon.

13 La promoción en El Pueblo el 25 de abril, y de su venta el 14 y 16 de mayo de 1917, 10 pesos a la rústica y 15 encuadernado en tela, el autor percibía cinco pesos por ejemplar vendido, http://www.hndm.unam.mx/index.php/es/; el proceso de venta y distribución de la obra, en FAO, serie 11020200, Abitia Hermanos y Cía., exp 1, inv 146, ff 2-3 y Librería de la Vda. de Ch. Bouret, exp 55, inv 200, ff 1, 4, 5 y 16, el precio es elevado, según los Abitia, en un entorno de cierre de fuentes de trabajo y “escasez monetaria”; Obregón manifestó al general Baca Calderón: “[…], cualesquiera que sean las circunstancias y el lugar en que me encuentre, sabré seguir siendo para usted el amigo de siempre y estimarlo en todo lo que vale.”, exp 9, inv 154, Obregón, 30 de mayo de 1917, Colima, Col., a Calderón, Ixtlán, Nayarit; una respuesta idéntica había enviado Obregón al licenciado Rafael Zubarán Capmany, el 22 de mayo de 1917, exp 109, inv 253, f 2; el almirante Hilario Rodríguez Malpica, del Departamento de Marina de la Secretaría de Guerra, escribió a Obregón “El libro de usted, cuya dedicatoria agradezco infinito, será conservado como un sagrado recuerdo […].”, exp 92, inv 237, ff 1-2, MDF, 24 de mayo de 1917. Seguramente influyó en el texto del almirante el tratamiento de héroe que dio Obregón al sacrificio de su hijo del mismo nombre, capitán de fragata que prefirió, a los 24 años, darse muerte “disparándose un tiro de su pistola, que le causó la muerte instantánea, en los momentos en que se hundía el barco. […]”, que ser tomado prisionero por huertistas, Obregón, 1917, pp. 200-202.

14 La primera edición se imprimió en San Pedro, Coahuila, en 1908; la segunda en Ciudad de México en 1909; Stanley R. Ross, Francisco I. Madero. Apostle of Mexican Democracy, New York, Columbia University Press, 1955, p. 351.

15 Era una empresa con tradición en un campo de actividad económica azarosa. Artemio del Valle-Arizpe tuvo noticia de que esta librería ya existía en 1852. Hacia 1882, la Librería Bouret se ubicaba en la calle Refugio y Puente del Espíritu Santo, actualmente 16 de Septiembre y Bolívar, en Ciudad de México. Para 1906 la firma Librería de la viuda de Ch. Bouret ocupaba el número 14 de la calle de Cinco de Mayo; Armando Pereira (coord.), Diccionario de literatura mexicana. Siglo XX, 2ª edición corregida y aumentada. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, Ediciones Coyoacán, 2004. http://www.elem.mx/institucion/datos/353

16 Joe Lee Janssens, Maneuver and Battle in the Mexican Revolution. A Revolution in Military Affairs. 1914, Houston, Revolution Publishing, 2016, p. 463.

17 Kate McLoughlin (ed.), “War and Words”, en The Cambridge Companion to War Writing, Cambridge, Cambridge University Press, 2009, p.19.

18 Adam Piette, “War Zones”, en McLoughlin (ed.), p. 43.

19 John Keegan, El rostro de la batalla, Madrid, Turner, 2013, p. 45.

20 El papel y los cargos de Sáenz en Pedro Salmerón Sanginés, Aarón Sáenz Garza. Militar, diplomático, político, empresario, México, Miguel Ángel Porrúa, 2001, pp. 44, 80 y 82. A partir de la batalla de Santa María, librada del 19 al 26 de junio de 1913, Sáenz aparece como integrante del Estado Mayor del general brigadier Álvaro Obregón, ídem, 1917, p. 107.

21 Juan Barragán Rodríguez, Historia del Ejército y de la Revolución Constitucionalista. Segunda Época, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1985, pp. 322-324.

22 Barragán, 1946, pp. 221-225. 297-298, 322-323, 327-331, 336-339, 342-355

23 Obregón, 1917, pp. 489-502, los partes de guerra in extenso, 453-484; Barragán, 1946, pp. 271-294.

24 La perspectiva nacional en Javier Garciadiego y Sandra Kuntz Ficker, “La Revolución Mexicana”, en Erik Velásquez García et al., Nueva Historia General de México, México, El Colegio de México, 2013, pp. 556-567; la violencia desatada por Maytorena y Calles en Sonora, en Héctor Aguilar Camín, La frontera nómada. Sonora y la revolución mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 2017, pp. 399-407.

25 Janssens, 2016, pp. 325-326, 330-338 y 375.

26 Grajales, “Las campañas del general Obregón”, en Álvaro Obregón, Ocho mil kilómetros en campaña, México, Fondo de Cultura Económica, 1960, XXXIII-CXXVIII; Garfias, “Operaciones militares de los ejércitos convencionistas y constitucionalistas”, en Javier Garciadiego (coord.), Así fue la revolución mexicana. Vol. 5. El triunfo de la revolución, México, Consejo Nacional de Fomento Educativo, 1985, pp. 835-855; y Janssens, 2016, pp. 377-414, la cita en la p. 408.

27 Aguilar Camín en 1980 resaltó la importancia concedida por Obregón a la ofensiva dada sólo en condiciones que le fueran favorables, sin importar replegarse o permanecer parapetado, op. cit., 2017, p. 442.

28 El Pueblo, 10 de mayo de 1917. http://www.hndm.unam.mx/index.php/es/

 

2 comentarios en “Cien años de Ocho mil kilómetros en campaña.
Victorias con método

  1. Hola, estimado Ignacio:
    Para felicitarte por tu atinado artículo acerca del centenario de la publicación de Ocho Mil Kilómetros de Campaña, del general Álvaro Obregón. Le agregaría, sin embargo, los siguientes comentarios, que espero no se salgan mucho del tema principal:

    Sería interesante analizar qué fue lo que lo llevó a, y en qué momento, Obregón a escoger a la literatura como medio de difusión de la importancia de su campaña política revolucionaria, y no al cine. A mí se me figura que no había aún definido que vehículo utilizaría, literatura o cine, ¿Qué lo haría inclinarse por la literatura?
    Además, y relacionado con el tema anterior, a fines de 1918, para auxiliar dentro de la campaña en favor del reconocimiento de lo sucedido aquí, en el incidente internacional de Nogales, el 27 de agosto de ese año, el mismo General, cuando vivía aquí, prestó para su exhibición en el teatro local, una película que documentaba precisamente la campaña del Pacífico de México. No estoy seguro, pero se me figura que fue la que tomaron los hermanos Avitia en aquella campaña. A esa película, por cierto, le pusieron por título, no sé a iniciativa de quién: Ocho Mil Kilómetros de Campaña.

    Por otro lado, mencionas acertadamente que Obregón fue nombrado Presidente en Nogales de la Cámara Nacional de Comercio y de la Junta Federal de Mejoras Materiales. Sin embargo creo que te faltó hablar de los orígenes de la compañía de comisiones formada por Obregón, que es pertinente para el tema en cuestión. Hagamos memoria:
    A su venida a Nogales en 1917, Obregón pide y le fue concedida la casa que fuera de Próspero Sandoval, o sea el mismo edificio que había sido convertido en escuela primaria local, La Nueva Creación se llamaba y tenía dos grupos de estudiantes varones y otros tantos de niñas.
    El gobierno de la entonces villa (no fue convertida en Ciudad sino hasta 1920), se encargó de acondicionarla bajo su costo y el de la Junta de Bienes Intervenidos, para que sirviera como el hogar en Nogales del General Obregón.
    Obregón heredará también la actividad económica de Sandoval, al establecer, el 18 de septiembre, una casa de comisiones para importar y exportar preferentemente garbanzo, así como ganado, y de importación de maquinaria “´para lo cual cuento con las mejores conecciones (sic) en Estados Unidos…”, así como la compra y venta de terrenos y minas mexicanas.

  2. Don Ignacio Almada, preciso y delicioso el artículo que ahora nos regalas en el imprescindible Nexos. Sin embargo, mi comentario es que su entrega muestra a un Obregón como si hubiera sido un militar profesional de carrera, lo cuál no le restaría mérito a sus éxitos ‘con método’ pero lo sobresaliente y que no menciona, es que Álvaro Obregón era un agricultor campesino en la Quinta Chilla donde atendía él solo a sus hijos por la viudez, y siendo presidente municipal de Huatabampo llegó a las armas militares por accidente, como lo narró John W. F. Dulles en su libro Ayer en México. Una crónica de La Revolución 1919 -1936; no tengo a la mano el libro para citarlo exacto, pero recuerdo que Obregón atendió la convocatoria dirigida a todos los presidentes municipales de Sonora para combatir al orozquismo, y se presentó listo con 300 hombres armados y a caballo, cuando la ‘cuota’ era de 200 hombres y a quien lo lograra le darían el grado de Teniente, y por haber acudido con 100 hombres de más, le otorgaron el grado de Teniente Coronel y luego, al ganar de manera inesperada la batalla de San Joaquín ante un ejército de línea, le otorgaron el grado de Coronel, y de allí p’a delante, logrando “Victorias con Método”. Le mando un saludo desde Guaymas. Con afecto, Hilario Sánchez García.