Existe una cualidad esencial de la humanidad, única a nuestra especie. Desvirtuada en la urgencia de finales que pasaron por alto sus comienzos y, al hacerlo, olvidaron que la imaginación es un modo del conocimiento. El primer acercamiento a todas sus formas.

A pesar de los múltiples defectos y barbaridades que se mantienen en nuestros días, supongo es innegable afirmar que cada vez sabemos más. Conocemos más. Los misterios que en otras épocas estaban destinados a explicarse por oficios como la magia, la superchería o a través de la improvisación, hoy se tienen bastante estudiados. Los grandes temas de las ciencias o de las sociedades han pasado por exhaustivos análisis con los que es medianamente posible entender mucho de lo que antes nos llenaba de angustias. Sin embargo, qué poco entenderá de sí mismo el conocimiento que menosprecia su forma más natural.


Ilustración: Víctor Solís

La edad de la razón contiene una gigantesca paradoja. En la búsqueda de ideas nos decantamos por la necesidad de acciones. ¿Qué orden surge sin imaginarlo antes?, ¿qué ideales surgen sin la abstracción que contempla elementos reales?, ¿qué invento no se le debe a la imaginación? Tal vez hemos dejado a un lado la condición básica de la imaginación en su nivel más alto, sólo posible a través de la reflexión, porque es reflexión.

A menudo, las cualidades positivas de la imaginación se han relegado a la infancia o al arte. Supongo nadie se molesta por un menor imaginativo y casi cualquier músico, pintor, escultor, narrador o poeta ha recibido a manera de halago una frase que exacerbe el espacio reflexivo con el que contó para hacer su trabajo. Cosa por cierto más molesta de lo que el ajeno se puede imaginar.

La imaginación no son duendes, dragones, haditas o fantasías. Tampoco intrigas producto de la ilusión, o personajes, o imágenes de la utopía. La imaginación es la realidad fuera de la realidad.

Las ciencias duras han logrado mantenerse a salvo del juicio amargo. Son hijas de la imaginación. Ahí, todo lo imaginado es una realidad esperando comprobarse.

En lo político, la imaginación se considera un despropósito. Al político, funcionario o líder social que actúa fuera de la realidad se le tiende a tildar de soñador. Con este ejemplo me acerco a nuestra relación con lo imaginable. Si bien la demagogia juega con la imaginación de las masas, mostrando la versión más pobre del ejercicio político, es imposible que cualquier trabajo político se haga sin imaginación. Cada elección, cada proyecto en la latitud que se nombre, contará con un componente de abstracción que intuye el lugar donde se está y al que se quiere llegar. El conocimiento de la cosa pública es la base de la política, pero sin intuición ese conocimiento servirá de poco. Si sólo se cuenta con la intuición, se corre el riesgo de ejercer un gobierno desastroso. Si la realidad se queda en lo real, no habrá perspectiva del futuro y si uno se convence que lo imaginado es real, si se pierde la capacidad de diferenciar ambos terrenos, estaremos hablando no de lo pobre, sino de lo primitivo de la cualidad de imaginar.

Formalmente, imaginar es la habilidad de recrear ideas, emociones e imágenes, sin tener el impulso inmediato de esas ideas, imágenes o emociones. Para llegar a ellas es necesario tener el impulso previo. Se puede imaginar el pasado, reconstruyéndolo —eso hace el historiador—, o el futuro a partir de los elementos con los que el tiempo se conforma en la mente. Se imagina lo teóricamente posible desde lo posible. Para el pasado, la imaginación es el instrumento de la memoria. Para el presente y el futuro es la base de la percepción.

A lo largo de los años, me he encontrado con distintos textos y estudios sobre la imaginación de los animales. Ofrezco disculpa por ser incapaz de citarlos con exactitud, así que sólo los mencionaré como pretexto para explicar mi propia idea.

Una joven chimpancé, que está en contacto con una simia embarazada, trata a un tronco como si fuera un recién nacido. Lo carga, lo protege. A falta de un lenguaje propio, completo, o asimilado por el sujeto de estudio, la investigación no puede afirmar la verdadera intención del primate. Entonces supone la posibilidad de que esté imitando a otras de su especie, jugando como un humano lo hace con muñecos, o llevando la réplica de modos para un entrenamiento instintivo. En cualquiera de los casos, estará imaginando.

Siguiendo esa misma línea, cuando incito a mi perra a buscar un hueso que ha perdido de vista y trata de encontrarlo, ella evocará algún impulso que le hace correr hasta dar con el objeto preciso. ¿Lo imaginó?

Según los estudios que mencionaba, una reacción similar se puede encontrar en humanos durante sus primeros meses de edad. ¿Por qué entonces la imaginación es privativamente humana?

Imaginar tiene jerarquías, en la superior es un acto de conciencia.

Los actos instintivos con los que un felino adelanta los pasos de su presa para darle alcance a metros de donde se encuentra, podrán considerarse imaginación, pero serán su estado más primitivo. Es la previsión del futuro que al conductor de cualquier vehículo le permite ubicar el espacio que ocupará antes situarse en él. Fuera de los avances científicos que identifican lo que sucede en los cerebros al ejecutar estas acciones, la imaginación, su control y nuestra relación con ella es un asunto social.

Pensamos la imaginación a través de sus evocaciones. La pluma que escribe se ve en la mente de quien la imagina moviéndose, y el lenguaje que imprime construye la idea que deja la pluma. Si el lector se hizo de esta imagen, cabrá reconocer que no hay pluma ni texto escrito con ella más que en su cabeza.

El lenguaje es el primer rastro de la imaginación. No porque antes no hubiera existido; la separación de aquello que pasaba por los otros animales se encuentra en el mayor invento que creamos: el lenguaje —aunque esto permite otra discusión—. Y el lenguaje nos permitió imaginar más cosas.

La muerte, el amor y el erotismo son espejos de la imaginación. A pesar de los consensos sociales que les dan significado por encima de la tumba y los deseos, su subjetividad cae en la conciencia de cada uno. Son la abstracción individual por excelencia.

La imaginación ha llenado los espacios de todas las incógnitas. Se hace de pedazos que han desarrollado la visión de todos los mundos. Recurro exclusivamente a Occidente y el mundo árabe, por las limitaciones de lo que desconozco. Seguramente en otros territorios la imaginación se ha visto desde otras perspectivas. En Medio Oriente la imaginación fue el lazo entre el pensamiento y el ser. En lo árabe no existe imaginación que no contemple la belleza. Los griegos antiguos combinaron al hombre y a los animales que les rodeaban, para explicar al hombre y su derredor. La mitología fue el resultado político de la imaginación, con ella se le dio orden a Atenas.

En la Edad Media se usó para controlar los miedos, para enfrentarlos desde la cercanía que no hacía un daño inmediato. También para criticar a los clérigos, monarcas e incluso hacer burla de los escenarios imaginarios que propagaban el terror. Imaginación contra imaginación; ya desde antes fue más fácil imaginar que la tierra era plana que redonda. El arte y la enseñanza la pusieron al servicio de la construcción social. La imaginación se hizo en la estética, rescate de la mitología e instrumento de la religión. Si lo que se veía era sublime, imaginar el horror era más poderoso que el horror mismo. Creadora de nociones negativas, imaginamos la venganza.

Con el Renacimiento, fuera de los mitos que le construimos en la actualidad, la imaginación cubrió los espacios de la necesidad práctica. Como ocurrió con el cuchillo de piedra, se planteó la solución a lo que hacía falta. Desde entonces hasta nuestros días, imaginamos el futuro construyéndolo antes de que ocurra. La imaginación es la consecuencia racional de la observación. ¿Qué disciplina está completa o llega a buen puerto sin ella?

La artificialidad de lo imaginable ha traído estructuras provechosas. La esperanza, la justicia y la democracia son constructos positivos de la imaginación. Cuando la organización de familias no se dio abasto con las tribus, cuando había que encontrar un esquema para reunir a los que no tenían razón para reunirse, se imaginaron los Estados: la abstracción grupal máxima.

La imaginación es el puente entre el mundo de dentro y el de fuera, entre el público y el privado. Es un instrumento de lo más serio. Se trata de la forma de percibir las realidades. De abstraerse de lo real para encontrar la realidad, como en el siglo XV dijo el filósofo alemán Nicholas de Cusa.

¿Cómo se llegó a menospreciar lo imaginado?

Por culpa de la demagogia. Cuando la imaginación no es acompañada de su acción, cuando se queda en el universo de lo imaginado que manipula lo real sin otorgar una nueva realidad, se convierte en delirio. La imaginación, también, es el órgano de la charlatanería, aquella burla que se acomoda en lo imaginado y niega lo real. Es ella la destructora de la imaginación misma, con la que ésta se distancia de lo que es, la estrategia del saber con el que se vuelve real lo que está en nuestras conciencias.

 

Maruan Soto Antaki
Escritor. Ha publicado: Casa DamascoLa carta del verdugoReserva del vacíoClandestinoPensar Medio OrienteEl jardín del honor y Pensar México.

Twitter: @_Maruan.

 

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