Durante el terremoto de septiembre de 2017 en Ciudad de México, al igual que en el de 1985, afloraron una serie de valores propios del ser humano, cuyo común denominador fue —es— solidaridad. Los edificios derruidos pronto se inundaron de miles de manos, y al cabo de las horas de decenas de miles de manos, primero de voluntarios anónimos y más tarde de los miembros de instancias oficiales.

Las manos y las voces anónimas, las que ayudan en cualquier conflicto y se entregan sin saber el nombre ni conocer el rostro del otro son esencia humana, son la responsabilidad, mi responsabilidad hacia otro ser humano. Esencia se refiere a valores éticos, morales, originados, quizás primero en los genes y, sin duda, con el tiempo, a partir de las casas primigenias: útero, morada materna/paterna, escuela y las calles de la infancia, en cuyos bancos y aceras se crece, se conforma la persona. Emmanuel Lévinas siempre enseña; en una conversación con Philippe Nemo, invoca, sotto voce, a Dostoievski: “Yo puedo sustituir a cualquiera, pero nadie puede sustituirse a sí mismo por mí”. Ser solidario, parece decir Lévinas, es, al lado de otros valores —beneficencia, justicia, altruismo—, principio ético. La solidaridad se vincula con las razones por las cuales Jesús María Ayuso Díez, y otros, sostienen que “anterior a la ontología es la ética” (presentación a la edición española de Ética e infinito, Emmanuel Lévinas, Visor, Madrid, 1991). En un mundo tan descompuesto como el nuestro los currículos escolares iniciales deberían modificarse: ética como pilar, ética en todas sus modalidades año tras año.


Ilustración: Kathia Recio

Las catástrofes producidas por la Naturaleza conllevan múltiples retos. El más visible es la respuesta humana de seres anónimos para ayudar a otros, también anónimos. La entrega absoluta de uno a favor de otro, el abrazo de quien puede en busca de quien aguarda. Las crisis, de cualquier tipo, son termómetros adecuados: despiertan solidaridad y muestran las mejores caras de las personas, rostros humanos, responsables, solidarios. Las crisis siembran solidaridad y se transforman en responsabilidad, primero del individuo, después de la familia y finalmente de la sociedad.

En La autoridad del sufrimiento. Silencio de Dios y preguntas del hombre, de F. Bárcena, et al. (Anthropos, Barcelona, 2004), José María Mardones reflexiona sobre lo que él denomina El punto cero de la solidaridad humana: “Los seres humanos confraternizamos, antes que en cualquier otra condición o comunidad familiar, cultural y aun genética, en esta condición de seres heridos y rotos por el dolor, el sufrimiento y la muerte. Estamos ante lo que pudiésemos llamar la solidaridad más elemental; el punto cero de toda solidaridad humana”. El punto cero de Mardones es absoluto, es parte de la condición humana, de la ética como esqueleto: las tristezas, la miseria, las fracturas y la infelicidad de otros devienen solidaridad.

La solidaridad es pilar humano. Es parte del bagaje de la alteridad y debería considerarse uno de los ejes rectores de la ética. “Todo lo que se refiere a mi persona, empezando por mi nombre, llega a mí por boca de otros”, escribió Mijail M. Bajtin (1895-1975), quizás el pensador ruso más celebre e influyente del siglo XX. Bajtin tiene razón: hay quienes sostienen, como escribí párrafos arriba, que anterior a la ontología —parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales— es la ética. La ética de la solidaridad es innata, nace y se ofrece cuando es necesario, cuando el otro sufre, peligra o se siente amenazado. Responder “desde adentro”, motu proprio, cuando la situación lo demanda —huracanes, terremotos, barcazas con refugiados— es un acto de solidaridad arropado por valores éticos.

Solidaridad es compromiso. La solidaridad aglutina a las personas cuando es ingente mirar, pensar en el otro y dedicar tiempo y esfuerzo en beneficio de la comunidad. Es, asimismo, principio fundamental de moralidad social —todas las vidas humanas tienen valor y son dignas—. Auguste Comte consideraba que la solidaridad era una suerte de remedio contra el individualismo y un antídoto contra la atomización de la sociedad. Hay quienes, cuando hablan de solidaridad, la apellidan afinidad, igualdad, semejanza; otros, afines a la corriente del comunitarismo (del inglés, communitarianism), enfatizan una dualidad trascendental: la comunidad tiene responsabilidades hacia el individuo y el individuo tiene responsabilidades hacia la comunidad, suma que deviene bien común.

La solidaridad como principio ético vale tanto como otras virtudes. La solidaridad camina al lado de valores como integridad, compasión, beneficencia y “ser consciente” de los otros. Bien valdría la pena incluir en la escuela primaria a la solidaridad como materia fundamental.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

2 comentarios en “Solidaridad: Principio ético

  1. Saludos mi estimado Dr con el gusto de agregar un comentario, a su espléndido artículo. La solidaridad algo tan fácil de dar y por otra parte tan lejana de los seres humanos, pero en especial de algunos mexicanos. Los diferentes modos que existen de solidaridad, en nuestro país va desde una dádiva en el camino, mal llamada limosna, hasta las dádivas del gobierno, y empresas con fundaciones y filantropías, ha y la iglesia con indulgencias celestiales. Los sentimientos de culpa de los individuos sin terribles..y entonces la solidaridad acaba en eso ayuda por algo. No así debemos se reconocer que eventos como el sismo la palabra crece y crece de maneras increíbles. Lo de fondo la sóldaridad de los que menos tienen zonas marginadas, pueblo, colonias es otro cantar. Debería de ser un tema recurrente en la casa, escuela y sociedad, aprender su uso, no su desuso u aprovechamiento de gentes sin ningún remordimiento..de esos abusos. Prefiero la cooperación, las cooperativas a la solidaridad. Prefiero ser sincero y bondad a la solidaridad. Dr pero bueno es mi opinión. Un abrazo

    • Gracias Lenin por tu comentario, tu idea acerca de las bondades de la cooperación no compiten con la solidaridad, se complementan. Ambas tienen que ver con la empatía, valor profundo que sin duda fomenta principios éticos. Lo que debe reforzarse es lo que anotas: implentarlos en casa.
      Gracias, abrazo,
      Arnoldo