La idea de la igualdad de oportunidades ha sido siempre y en todo el mundo un ideal, y nunca una simple realidad. Todos conocemos la importancia del clasismo, el racismo y el sexismo, y sabemos que son problemas a nivel mundial. En México los avisos oportunos que piden “Excelente presentación” dan a entender que se le dará preferencia al joven por encima del viejo, o a la mujer hiperfeminizada antes que a la mujer que enfatiza menos su forma femenina, o al güero frente al moreno, etcétera. Si la cadena Hooters pide solicitudes para el trabajo de mesera, cada solicitante será evaluada como si estuviesen por firmar un contrato de trabajo en un table-dance. El aviso oportuno no dice: buscamos mujeres de buena pierna, menores de los 35 años, pero por algún motivo no se contrata ahí a meseras de 50 años, y habrá una discriminación sistemática en favor de solicitantes “sexys”.

Más sutil, pero hasta más perniciosa, es la tendencia a la discriminación en espacios laborales selectivos. La tendencia a que los cuadros técnicos de la subsecretaría Equis sean egresados del ITAM, y que los de la subsecretaría Ye vengan todos de la UNAM… O la tendencia a que los investigadores de la Universidad Equis sean hijos o incluso nietos de investigadores de la misma institución…. O que los profesores sean egresados de la misma institución en que han sido contratados.


Ilustración: Patricio Betteo

En algunos casos los sindicatos de Pemex y la SNTE fueron ejemplos, se ha tratado a las plazas como si fuesen parcelas ejidales: bienes inalienables de la nación, sí, pero cuyo usufructo es heredable por quienes, en algún momento, tuvieron la fortuna de que “la Revolución les hiciera justicia”.

Como en nuestro país todo es visto bajo el lente de la corrupción, vale la pena hacer notar que a veces estos mecanismos de discriminación se realizan por motivos nobles, aunque tengan un efecto acumulativo perverso. No es infrecuente que una subsecretaría esté contratando a los egresados de una universidad y no de otra porque estén mejor capacitados. No hay ahí corrupción alguna, pero el efecto de una práctica así, cuando se repite consistentemente en el tiempo, es crear redes de colegas que tienen demasiado en común: comparten amigos, han sido novios unos de otros, fueron todos alumnos de los mismos profesores y, sobre todo, comparten las mismas referencias, los mismos valores y los mismos prejuicios. De modo que un acto razonable, repetido en el tiempo, puede dar un resultado problemático.

Así, no tiene nada de raro que la hija de un profesor esté mejor capacitada para ser profesora que una persona que nació lejos del magisterio, ni es del todo raro que un mecánico calificado de Pemex le enseñe a su hijo un oficio con gran precisión… Frecuentemente la reproducción sucede por razones explicables que no tienen remez de corrupción.

Y, sin embargo, al repetirse redundan en una cerrazón laboral que ya se nota a todos los niveles. Así, la política es cada vez más una prerrogativa estamental. Hoy existe una “casta política”, y cada político es reconocido como una cabeza dinástica en potencia. Esto sucede en cada uno de los partidos políticos, y no sólo entre los más flagrantemente nepotistas.  Existe, también, una casta académica, una casta artística, una casta empresarial, una casta en los medios, una casta magisterial… Hay familias que controlan sindicatos y que los manejan como si fuesen una prebenda de la parentela.

Poco a poco nuestra vida laboral se va viendo colmada de “Hermanos Incómodos”, “Primeras Damas”, y “Orgullos de Nuestro Nepotismo”.  Los bienes públicos se van convirtiéndo en cenáculos y en cortes donde todos asienten su beneplácito en rituales políticos neobarrocos. Todos saben que la imitación y la mimesis es la clave del éxito.

De ese modo, México ya no es sólo una sociedad terriblemente desigual, sino que tiende a convertirse en una sociedad de castas, donde los miembros de estamentos inferiores tienen precluidos ciertos espacios laborales para toda su descendencia. Importa buscar activamente la apertura ante semejante tendencia implacable a la reproducción del statu quo, ya no sólo por cuestión de justicia elemental, sino también porque hay un conformismo inevitable en la cerrazón: el sistema estamental es ante todo un sistema conservador.

Por otra parte, como tendemos siempre a rasgarnos las vestiduras ante la desigualdad, no faltará quien quiera prohibir estas prácticas burocráticamente, exigiendo absoluta “transparencia” y denostando usos que a veces son ineludibles, o incluso deseables. Así, bien puede darse el caso que el hijo del técnico mecánico de Pemex sea la única persona que pueda sacar adelante una chamba, y también puede haber alguna hija de diputado que sea un prodigio de habilidad política. Habrá que dejarles algún espacio. Con todo, una actitud mágica respecto de la eficacia de la ley que no adelanta demasiado en este problema: ¿que hay un problema de nepotismo? ¡Prohibámoslo! (Sólo que antes, no seas malito, contratemos a mi hija… no deben pagar justos por pecadores, etcétera.)

Me da la impresión que para atacar este problema hay que empezar por nombrarlo. Una vez que se discuta ampliamente la falta de diversidad en las prácticas de contratación de cada institución, y se entienda que la diversidad es un bien importante —no el único bien, sino un bien— cada institución tendría que irse mirando críticamente en el espejo e ir reportando medidas concretas que eviten que México sea un país de dueños y herederos.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

Un comentario en “Por la diversidad en la contratación

  1. Profesor Claudio Lomnitz, si quiere conocer no sólo la discriminación en las contrataciones de personal sino también la corrupción institucionalizada en el gobierno federal actual, basta con que analice un poco la manera en cómo las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal aplican la Ley del Servicio Profesional de Carrera. Le pasan el examen de conocimientos al que actualmente ocupa el puesto en concurso; así, sólo él lo acredita ya que el examen no mide los conocimientos sino la capacidad de memorizar. En el remoto caso que lleguen a la entrevista más de uno, no se selecciona al que tenga mayores conocimientos, experiencia curricular ni méritos, sino al que ocupa el puesto temporal por artículo 34 de la Ley mencionada. El presidente del Comité de Selección influye en la decisión final; ni el representante del área de Recursos Humanos ni del Órgano Interno de Control tienen injerencia alguna (su respuesta es simple: lo que tu digas). Si no me cree, haga una consulta al INAI y solicite la información de cuántas personas ganaron el puesto en concurso y previamente habían ocupado ese puesto temporalmente. Es decir, no vale la pena concursar, casi siempre va a ganar quien ya lo ocupó previamente por obra y gracia del Jefe en turno. Así la Ley del Servicio Profesional de Carrera es simple simulación.