Nosotros. En Guía literaria del amor Claudia Casanova selecciona fragmentos de obras de autores clásicos y rescata algunos poco conocidos como este de Mark Twain, del que anota: “No es Twain uno de los primeros escritores que nos viene a la cabeza al hablar de amor. Sin embargo, no se libró el amor de su afilada sátira [Diarios de Adán y Eva]”: “Del Diario de Adán. Lunes. Esta criatura nueva de pelo largo me estorba. Siempre me ronda y me sigue adonde voy. No me gusta. No estoy acostumbrado a la compañía. Ojalá se quedara con los demás animales. Hoy está nublado y sopla viento del Este. Tendremos lluvia. Un momento. ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿Qué es esa palabra nueva? Ah, sí. Ahora me acuerdo. La criatura nueva la utiliza mucho”. (Ático de los Libros, 2011.)

Parecido. Sobre Paul Auster, autor de la recién publicada 4,3,2,1 (Planeta) cuenta el escritor Enrique Vila Matas: “Le conocí el año pasado [2007] en Nueva York y recuerdo que todo el mundo se empeñaba en encontrar coincidencias entre los dos. Vestíamos muy parecido aquella tarde, eso es cierto. Los dos habíamos vivido en París exactamente en las mismas fechas de los años 70. También eso era cierto. Los dos habíamos tenido relaciones complicadas con Sophie Calle. Los dos teníamos en España el mismo editor. Los dos nos hallábamos cómodos hablando. A los dos nos gustaba Nueva York… Pero ahí, en lo de Nueva York, ya todo divergía. Sólo Auster vivía en esa ciudad. Comencé a pensar que si bien había cosas entre los dos que coincidían, resultaba mucho más fácil encontrar aspectos en los que no teníamos el menor punto en común. Por suerte. Si hay algo que —aparte de una máscara: las máscaras dan una tranquilidad asombrosa— tranquiliza enormemente es que haya alguien que, con toda seguridad, tiene más encanto que tú; alguien a quien podría ser que te parecieras pero al que, hagas lo que hagas, no te parecerás nunca. Por suerte. Porque así no te sentirás solo en el mundo. Así siempre tendrás a alguien a quien admirar. Así siempre tendrás a otro, y en lugar de encontrarte sólo a ti mismo, podrás en el camino, de paso, encontrarte también al mundo”. (Ella era Hemingway. No soy Auster, Cuadernos Alfabia, 2011.)

Horizontal. “¿De qué frondoso bosque vino hasta mí tu tronco/ que fue mástil? Tu origen, una suave ladera/ y a tus pies un arroyo, el murmullo del agua/ entre las piedras, copla feliz?/ Después los hombres// quebraron tu estatura y aquí estás ya sin nidos/ ni ese parloteo incesante de los pájaros/ en medio de la tarde sobre las copas llenas,/ clarines y jilgueros alegraban la siesta.// Madera callada, nada quedó ya del pinar/ la luz colándose como un duende entre las hojas, el olor penetrante de tu resina fresca,// aroma a días festivos. Pero tu savia aún/ respira en el otoño de tu memoria de árbol/ alguna vez airoso, mi hermano horizontal”. (Irene Selser, “Tributo a la mesa donde escribo”, Ediciones El Tucán de Virginia, 2017.)

Obstinación. En una carta fechada en 1865 Charles Baudelaire comparte estos pensamientos con su madre: “Cuando estoy lleno de obligaciones atrasadas, encuentro un aliento ocasional —lo que prueba que no estoy desprovisto absolutamente de fuerzas. Tengo un brío violento pero no continuo. Ahora bien, cuando se tiene ya contra uno una superioridad de espíritu, es necesario ser al mismo tiempo más paciente, más obstinado, más asiduo. Conozco perfectamente la ciencia de la vida, pero no tengo la fuerza para ponerla en práctica. ¿Comprendes ahora por qué se ve a tantos autores más que mediocres alcanzar un gran éxito y ganar tanto dinero? Tienen todo para ello: primero, su mediocridad, y después todas las oportunidades que da la constancia”. (Cartas, selección, prólogo y traducción de Mario Campaña, Ediciones Bassarai, 2004.)

Tuteo. El lingüista y periodista holandés Gaston Dorren dice en la introducción a su libro Lingo que se propone contar 60 de las mejores aventuras lingüísticas de Europa. Esta es una de ellas: “Sueco. Corre el año de 1967: es el momento cumbre de la era hippie. En Estados Unidos se celebra el verano del amor. Los Beatles, con su ‘Lucy in the Sky with Diamonds’, cantan las alabanzas del LSD. Y un alto ejecutivo sueco exige al mundo unos niveles sin precedentes de informalidad. Bror Rexed, de 53 años, el recién nombrado director general de Salud Pública de Suecia (Medicinalstyrelse) anuncia que tiene la intención de dirigirse a sus empleados por el nombre de pila, y que le gustaría que ellos hicieran lo mismo con él. Y así lo hizo. […] Y así, desde el 3 de julio de 1967, el nombre de Rexed quedó vinculado a la llamada reforma del du. Du, en sueco, es el pronombre de segunda persona del singular, en la versión informal: ‘tu’. […] Poco tiempo después incluso el primer ministro Olof Palme respaldó la nueva moda: tras acceder al cargo en 1969, se dirigía a los periodistas por su nombre de pila y los tuteaba. No obstante, en la memoria colectiva de los suecos el anuncio de Rexed quedó para siempre vinculado a ese momento simbólico del cambio”. (Traducción de José C. Vales, Turner Noema, 2017.)

Matemáticas: “Lo que yo dije,/ lo que no dije./ Lo que dijiste,/ lo que no dijiste.// Lo que no quisiste decir,/ lo que no quisiste oír,/ lo que no quise oír.// La suma/ de lo dicho/ y lo no dicho/ que termina/ en resta/ o división.// Extraña ecuación/ del corazón. (Fernando Rivera Calderon, Llegamos tarde a todo, Almadía, 2017.)

Impostor. Del actor y director de cine mudo, Erich Stroheim, cuenta Roland Jaccard en Retorno a Viena: “El 15 de noviembre de 1909, en Bremen, se embarcó en el Prinz Friedrich Wilhelm bajo el nombre de Erich von Stroheim. Cuando murió de cáncer en los huesos, en Maurepas, Francia, el 12 de mayo de 1957, nadie dudaba de que era originario de la más alta nobleza austriaca y que sirvió en el Regimiento de los Dragones. El uniforme le quedaba tan bien y su aspecto de oficial pruso fue tan convincente que incluso los nazis se negaron a revelar sus orígenes. […] Hubiera sido de muy mal gusto arrastrar por el fango al actor que había interpretado a Von Rauffenstein, el oficial alemán moralmente irreprochable de La gran ilusión. […] La única medalla auténtica que recibió Stroheim, poco antes de su muerte, fue la Legión de Honor. Cuando la colgaron sobre su pijama de seda negra esbozó un saludo militar. También se confesó ante un capellán militar americano. Él, que había construido su vida sobre una impostura, ¿se habría arrepentido? Es poco probable. ¿Quién podría arrepentirse de querer ser Erich von Stroheim, el cineasta maldito más genial del cine mudo? […] Construyó con tal tenacidad su leyenda, recomponiendo incansablemente su biografía, que hizo falta esperar unos años después de su muerte el resultado de investigaciones detectivescas que descubrían que él no era hijo de Mme. Von Nordenwall, que no había asistido a la Universidad de Viena y que nunca había sido teniente de caballería como proclamaba. Escondió la verdad a todo mundo, incluidas sus tres esposas e hijos, exhibiendo hasta el final de su vida fotos alteradas donde posaba a un costado de Francisco José”. (Traducción de Guillermo de la Mora Irigoyen, Moho, 2016.)

Literatura. “La literatura es la suma de sus descubrimientos. Lo derivado puede resultar impresionante e inteligente. Puede dar placer y tendrá su ciclo, corto o largo, pero siempre querremos volver a los fundadores. Lo que al final importa en la literatura, lo que siempre está ahí, es lo realmente bueno. Y —aunque ciertas fórmulas gastadas pueden proporcionar un solaz prodigioso, como La importancia de llamarse Ernesto o Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano— lo bueno es siempre lo nuevo, tanto en la forma como en el contenido. Lo bueno olvida cualesquiera modelos que haya podido tener, y es inesperado; hay que cogerlo al vuelo. La escritura de esta calidad no se puede enseñar en un curso de escritura”: V.S. Naipaul. (Leer y escribir. Una versión personal, traducción de Flora Casas, Debolsillo, 2006.)

Románticos. Cuatro son los protagonistas del libro Huellas. Tras los pasos de los románticos: Stevenson, Mary Wollstonecraft, Percy Bisshe Shelley y Gérard de Nerval. Su autor, el reconocido biógrafo británico Richard Holmes, anota sobre este libro: “Es difícil especificar su genealogía, ya que en parte es pura biografía, en parte libro de viajes, en parte autobiografía, sin olvidar una pizca de sabueso de los Baskerville. Resultará evidente que la gente y los lugares, y mis propios diarios y reflexiones, han conformado a la criatura tanto como cualquier texto literario”. (Traducción de Guillem Usandizaga, Turner, 2016.)

Anuncio. “Entre 1872 y 1874 aparecieron en la prensa inglesa los anuncios reproducidos a continuación en que Paul Verlaine (1844-1896) y Arthur Rimbaud (1854-1891) buscan trabajo. […]”: Lecciones de francés, en francés —perfeccionamiento y sutileza— por parte de dos caballeros parisinos./ Verlaine, calle Great College 8, Camden Town.* Caballero francés (25), con relaciones respetables y dotado de educación superlativa, en posesión de un diploma francés, con dominio del inglés y conocimientos culturales extensos, busca empleo como secretario personal, compañero de viaje o tutor. Referencias excelentes./ Dirección: A.R., calle Llangham 25 W. (Guía literaria de Londres, edición, prólogo y traducción de Joan Eloi Roca, Ático de los libros, 2016.)

Ensimismamiento. f. Se dice de las cosas propias de la imaginación desbordada; fantasía, quimera. No es voz antigua, pero los sonidos de esta palabra, con la sucesión de -s-m-s-m-, provocan descanso, sosiego y sueño. Porque la -s- es suave y delicada, como en susurro, y combinada con las nasales (m, n, ñ) provoca sueño y somnolencia. Esta imagen de rendirse al sueño, o estar como recogido en la propia persona, es el fundamento y explicación de ensimismarse, cuyo origen está en la secuencia “en sí mismo”; es decir, un ensimismado es una persona recogida en sí misma, que reflexiona o medita acerca de alguna cosa o piensa en algún asunto que le preocupa. Y de en sí mismo>ensimismar. (José Calles, Procedencia de las palabras extravagantes, Libsa, 2011.)

Gatos. “Se dice que en Ulthar, más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo al que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda lo que ella ha olvidado”. Así comienza el cuento “Los gatos de Ulthar” de H.P. Lovecraft, antologado en Una sombra en el andén. Relatos fantásticos de gatos y trenes. (Sebastián Beringheli compilador y traductor, Ediciones Cal y arena, 2017.)

Seis. Son los relatos del nuevo libro de Carlos Velázquez, La efeba salvaje (Sexto Piso, 2017). Este es un fragmento del cuento que abre el libro, “Muchacha nazi”: “Una persona normal huye al ver que se le aproxima un tsunami. Yo no. Yo doy un paso al frente. La Nazi nunca sonreía. Era capaz de carcajearse como un mafioso italoamericano de la década de los cincuenta, pero no podía reír. Así como existe gente que no puede llorar, a la Nazi le amputaron la risa. Se cayó de chiquita de la cuna. La vida acomodaticia. Un trauma. Qué se yo. Pensé que se carcajeaba de mí. Lo hacía con la crueldad pagada de una actriz de teatro. Pero lo que la divertía era no recordar el nip de su tarjeta. Cuatro putos dígitos. Quién chingados olvida cuatro números. Es como la gente que no recuerda las fechas de cumpleaños. Sólo un desalmado no puede retener en la memoria un veintiuno de marzo. O el idiota que aparece por los billares y pregunta dónde están todos un diez de mayo […]”. Después de una ausencia de siete años en el género, los cuentos de Velázquez se siguen leyendo con rapidez para resolver la incógnita de  sus inesperados finales.

Conversación. “Mis investigaciones sobre los poderes latentes en el arte de la conversación han demostrado […] que no es tanto la brillantez, la facilidad o el talento natural del orador el que produce el beneficio, sino el interés del asunto que se está exponiendo. En mí se fue desarrollando la magia y el brillo de esa vida tan particular, esa velocidad y ardor tan contagiosos de la conversación, una realidad muy alejada de la que pertenece a los libros y que otorga a los hombres nuevas armas que sobrepasan las de una nueva destreza para usar las antiguas. Sentí que en la relación vital de dos inteligencias —menos cuando se trata de la relación alrededor de un conflicto (aunque eso también es algo) y sobre todo cuando está relacionada con la simpatía que se siente hacia un objeto— se producen a veces contactos y tímidas revelaciones de afinidad, sugestiones, analogías y relaciones a las que jamás se habría podido llegar transitando las calles de un estudio metodológico”: Thomas de Quincey. (Estilo. Escritos literarios de un opiómano inglés, traducción y prólogo de Andrés Barba, Páginas de Espuma, 2016.)

Diferencia. Para recordar a Jane Austen (1775-1817) en el bicentenario de su muerte: “La vanidad y el orgullo son cosas diferentes, aunque en muchas ocasiones se utilicen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad con lo que nos gustaría que los demás pensaran de nosotros”: Orgullo y prejuicio.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.