Maruan Soto Antaki publicó recientemente Pensar México (Taurus), libro en el que define y despeja lo que considera un terreno común. El autor anima al diálogo con un lector que comparta la necesidad de reflexionar acerca de lo que a menudo parece estar claro y tal vez no lo está. La escritura del volumen proviene de la condición de Soto Antaki “de tener los pies en dos tierras. De la naturaleza del hijo de migrante. En México, país en el que nací, tal condición no es poca cosa”. En esta charla, el escritor de origen sirio aborda la gestación del libro —segunda parte de una trilogía iniciada con Pensar Medio Oriente y que continuará con Pensar Occidente—, afirma que de la inequidad surge la corrupción, la impunidad y la violencia y constata que hoy vivimos en el reino de la opinocracia.


Ilustración: Víctor Solís


Alejandro García Abreu: ¿Cuál es el origen de Pensar México?

Maruan Soto Antaki: Es el espejo de Pensar Medio Oriente, el libro del que platicamos el año pasado. Es un intento por entender esta otra parte del mundo en la que habito y en la que trabajo mis temas habituales, el mundo árabe y sus conflictos. Es, entonces, mi discusión con los lugares comunes en los que nos perdemos al ver que México es un país que no funciona. Vuelvo al mismo punto de partida. Me encontré que las coincidencias entre el mundo árabe y el mexicano son muchas, y pocas son virtudes. Así que planteo ahora una idea análoga al libro anterior, en el que decía que la única forma de entender a los árabes era desde el lenguaje y los metasignificados con los que éste permite una serie de interpretaciones que afectan lo político, lo religioso y lo social. Nos hemos convencido de que en México la palabra cambia de significados según su entorno, el chingón, el cabrón, el puto del estadio se encuentran ahí. No. No es así. Aquí, en México, en lugar de cambiarle el significado a la palabra —eso es cosa muy árabe—, se lo quitamos. ¿Qué pasa si el lenguaje pierde o le arrancamos su significado? La corrupción no será la corrupción, robar no será robar, mentir no es mentir, la política no es política. Eso es México. Creo que es tiempo de detenerse y pensarlo.

AGA: En Pensar México cuestionas: “¿Será que México, por más que pase el tiempo y haya cambiado tanto del fin del siglo XX a los inicios del XXI, no ha llegado a su adultez?”. ¿Se modificó tu perspectiva México durante la escritura del libro?

MSA: La escritura de al menos estos libros, los Pensares, es un proceso de cuatro o tres años. En ese tiempo se modifica todo, el país, la concepción de éste y el mismo autor. Por eso hago hincapié en que hay cambios, contrario a voces que afirman lo contrario, pero esos cambios no han pasado con relación a su posible adolescencia. Seguimos siendo el país donde la acción no tiene consecuencia, y esa relación de prever lo que puede suceder a partir de lo que hago, viene con la adultez que sigo sin encontrar en México. Ahora, ese concepto es mi propia discusión de adolescente. Lo planteó mi madre en El pueblo que no quería crecer. Pensar México es en muchas maneras mi diálogo con ese libro.

AGA: “Memoria, tiempo y resistencia cuando la tragedia vino de fuera. Memoria, tiempo y vergüenza cuando surgió dentro”. Resistencia y vergüenza. ¿Qué otro término encabalgarías a memoria y tiempo para aproximarte al fenómeno de nuestro país?

MSA: Pedagogía. La memoria tiene una función pedagógica, para eso sirve la tragedia. No se trata de la frase simplona de “recordar para no repetir”. Sino de la presencia permanente de los elementos trágicos que nos recuerdan nuestra fragilidad. Todos los países que pasaron por grandes tragedias saben de esto: Argentina, Inglaterra, Alemania, etcétera. Nosotros nos ocupamos de los artificios de la memoria, antes que de la memoria. De los homenajes, los tributos y peroratas, antes que de la presencia de lo dañino, porque no aceptamos nuestros defectos ni nos despegamos del amor al instante. Memoria e instante tienen un diálogo que en México es de lo más perverso.

AGA: “¿Pero qué tan libre es el individuo limitado por sus incertidumbres?”, preguntas en Pensar México. ¿Qué significado le das a la palabra “libertad”?

MSA: No es el mío, es el que es en este hemisferio. La libertad es la posibilidad de pensar, de imaginar un mañana. Y de tener ese mañana. Si mis posibilidades están limitadas, si hay hambre porque no tengo para comer, voy a poder imaginar que mañana iré a la universidad, tendré una casa, o una buena carne, pero no podré ejercer lo que soñé en libertad, porque al final no era tan libre. Para Occidente es el pináculo de nuestras jerarquías y a la vez nuestra gran trampa. Al ser la libertad un asunto de dos sujetos, de dos entes, aparecen sus abusos. La libertad es lo único que no podemos negociar, pero que a la vez necesita establecerse dentro de límites para existir y defenderse. Los Pensares son tres libros. El próximo año, en Pensar Occidente, te prometo ser exhaustivo con el análisis de la libertad.

AGA: Tras referirte a la violencia como una presencia, una “enfermedad discreta y, al mismo tiempo, estridente como el más voraz de los virus”, recurriste a un poema medieval que cantaba: “el día de cólera disolverá el mundo en cenizas. El todo de lo que hace daño. No hay matices en el escenario cumbre de la violencia, sólo que la violencia es el universo de matices y jerarquías”. ¿La violencia será siempre uno de los ejes de nuestra especie?

MSA: Es un aspecto de naturaleza, pero no es nuestra especie lo que me angustia. Desde hace unos cientos de años venimos encontrando las maneras de pensarla. Ahora mis preocupaciones están en México. Nuestra mayor crisis no se encuentra en la corrupción, con todo y lo escandalosa y abismal que es. Nuestra mayor crisis es de derechos humanos, ahí nos perdemos en el mundo de la relativización. Sólo que los asesinatos a periodistas, los cuerpos en fosas, la tortura, no son relativos. Nos enfrentamos a la pérdida de nociones del otro, cuando eso pasa no hay límites. Te repito lo que escribo al final de ese texto. Desde mi lugar, desde el lugar de alguien que vive de tratar de entender la violencia, lo único que pido es un otro, para evitar que el mundo se disuelva en cenizas.

AGA: “En cada deficiencia hay un México”, escribiste en Pensar México, tras exponer las múltiples inequidades: racial, étnica, de género y socioeconómica. ¿Cuál sería la estrategia para analizar las diversas deficiencias?

MSA: Reconociendo que los análisis habituales se encuentran al otro extremo de la inequidad. Ese es quizá uno de los ejes de Pensar México. Hemos escuchado todo lo posible acerca de las razones, las causas y las soluciones a los problemas del país. Todos esos problemas tienen de origen la inequidad. De la inequidad surge la corrupción, la impunidad y la violencia. Los políticos y los comentócratas nos hemos transformado en solucionólogos, seguros que somos representativos de algo. No, no lo somos. Por eso el llamado a la responsabilidad de las élites: políticas, académicas, sociales, culturales. Dejamos de ser responsables en el momento en que no nos reconocimos como tales, y empezamos a diagnosticar con la urgencia de dar respuestas, esas supuestas soluciones, sin detenernos a pensar si estábamos haciendo las preguntas correctas. Espero haberlas hecho en el libro y equivocarme lo menos posible.

AGA: En Pensar México hay una intermisión literaria: “Mentir es un oficio complicado, la mentira no se mantiene sola, necesita de otras mentiras. Es una telaraña que debe tejerse con cuidado porque el menor descuido manda al suelo el espejismo entero. Pongo un ejemplo en la literatura, como instrumento análogo de lo real. Cuando en la novela débil se descubre el andamiaje, las mentiras no son sólo una distorsión del hecho, sino una muestra de la insuficiencia del propio hecho. Son varios los escritores que defienden ser relatores profesionales de mentiras. Disiento de la afirmación. En todo caso el oficio construye una verdad. Mientras, México se ha inundado de narradores que no han escrito una línea”. ¿Qué significa la literatura frente a la realidad?

MSA: Cuando hablamos de Reserva del vacío, hace unos años, dijimos que la literatura es el espejo análogo de la realidad. En ella se encuentran las cosas que pasaron en la vida y no podían ocurrir de otra manera que en los textos. Para colocarnos en términos contemporáneos, la literatura es la versión positiva de los alternative facts. ¿Qué pasa cuando esos hechos terminan por construir las realidades? Sucede México. México es el precursor de esos alternative facts en los que las cosas son según quién las cuenta, no según cómo sucedieron. Eso lo ves en la violencia, en la corrupción, en las declaraciones de prácticamente todo discurso político, salvo unas pocas excepciones que guardan mi respeto. Si el país es una mentira que quieres resolver, ¿qué estarás resolviendo en realidad? En medio de eso, si revisas los textos literarios que se escriben en el país desde hace unos años por gente relativamente joven y joven, es en ellos dónde encontraremos en el futuro la aproximación más exacta a lo que se está viviendo. No en otros lados.

AGA: “Es fantástico cuando la identidad de un pueblo parte de su personalidad cívica. El civismo no es la defensa de la bandera, se trata de la organización digna de nuestras comunidades”, escribiste en Pensar México. La personalidad cívica se evidenció con fuerza recientemente. ¿Cómo percibes la identidad del pueblo mexicano tras el sismo del 19 de septiembre de 2017?

MSA: Deja prender un cigarro antes de caer mal. Me cuesta asegurar que la evidencia de esa personalidad sea mexicana. Es solidaridad humana. La hemos visto en los desastres naturales de todo el mundo. Esa solidaridad no es nueva y contiene expresiones entrañables de sociedad, de comunión. Hay imágenes que todavía me estremecen, pero también recuerdan su excepcionalidad. No puedo ver el puño levantado en silencio sin romperme. Quizá somos lo que hay que ser durante los instantes de la tragedia, pero la tragedia depende de su permanencia para ser trágica. De los gobiernos actuales espero poco, pero, ¿dejamos de agredir al diferente?, ¿ya respetamos al otro?, ¿no nos pasamos los altos y cedemos el paso?, ¿ya no se matan mujeres ni periodistas? ¿Ya transformamos esas carencias en la exigencia generalizada a gobiernos, medios, y a nosotros mismos? Me preocupa que seamos los de siempre, pero nos ataviemos de un halo de superioridad moral que supuso el instante y se perdió en el tiempo. La personalidad cívica es una labor de generaciones y de grandes grupos, no de unas singularidades, semanas o meses. Es imposible afirmar que existe en la brevedad.

AGA: Celebro el planteamiento de que la clave reside en el lenguaje: “desde el lenguaje de todos los días hasta la literatura”.

MSA: Me debo en gran medida a los libros, no puedo acercarme a nada desde otro lugar. A la mayoría de nuestras expresiones públicas —políticos, comentocracia, analistas— les hace falta acercarse a la literatura para articular sus discursos y generar la empatía que puede devenir en legitimidad. El lenguaje y lo que hemos hecho con él es lo que nos hace humanos. El desarrollo de esa cualidad es lo que nos permite pensar. Se dijo mover, joder, espero nos detengamos a pensar a México.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

 

Un comentario en “Mover, joder, espero nos detengamos a pensar a México.
Entrevista con Maruan Soto Antaki

  1. He seguido con interés los escritos y creo que desde la historia hay mucho que discutir respecto a las ideas que se vierten aquí. Me llaman la atención la palabra “artilugios de la memoria” porque creo que la historia se ha convertido en una medio para desatar emociones negativas y nocivas encriptadas en el corazón de México. Me parece que hacemos una historia que regurgita el dolor y habla casi nada de las felicidades. De hecho el pasado lo hemos convertido, a mi parecer, en la cobija que cubre nuestros miedos a la libertad en la medida en que nos hace parecer un pueblo predestinado al sufrimiento. Yo lo creo por historiadora y también por ser humano que para que el pueblo mexicano salga de su adolescencia tendría que entender, primero, que la vida se hizo para ser feliz y no para pegarle de patadas al un destino que no le complace los deseos. Si el mexicano hiciera la historia de sus alegrías, de su unidad social, de sus logros, de sus gustos y esperanzas, tal vez se generara una visión más optimista de la realidad, quizá más real y menos dramática.
    Por otra parte, verdad no creo que los mexicanos dejemos sin significado a las palabras, más bien, guiados por una cosmovisión derrotista hacemos de los significados de las palabras homónimos detestables y eso se puede ver cuando lo comparas con otra cultura. Por ejemplo, ahorrar en norteamericano significa provisión e inversión, en mexicano es algo semejante a la avaricia y el despojo. Esas semánticas hay que buscarlas en la historia y en este momento a eso me dedico para hacer algo así como una neororeprogramación en mi ideosincracia y la de mis mexicanos más cercanos.

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