Sábado 23 de septiembre de 2017. Un centro recreativo en la colonia Santa Cruz Atoyac de la Ciudad de México funciona como albergue y centro de acopio desde el día 19. El tiempo apremia, pero los voluntarios no descansan. Mientras descargamos víveres y galones de agua de diversos vehículos, el organizador del centro me narra que albergan a más de 120 afectados. Algunos todavía esperan noticias sobre seres queridos o conocidos sepultados bajo los escombros aledaños —hay apoyo psicológico—, otros deambulan mirando al suelo, los que perdieron su único patrimonio. Parejas, familias enteras, individuos solitarios; todos expectantes, en una evidente bancarrota emocional. “Los niños son la prioridad, infantes que no son huérfanos pero comienzan a enfermarse”, afirmó una voluntaria cuando clasificábamos medicamentos. En la zona fueron evacuados varios edificios, algunos —otrora vacíos— eran ocupados por migrantes centroamericanos. Ellos habitan el albergue, coexisten con los otros damnificados, con familiares de víctimas fatales. La población móvil del centro estaba compuesta por elementos del ejército y de la policía, brigadistas y voluntarios. Se les brinda la atención necesaria y regresan a sus actividades de salvamento. Un comedor está dispuesto bajo una carpa. Hacen filas para recibir sus raciones de alimentos que ahí mismo preparan hombres y mujeres (improvisan platillos calientes en dos fogones). Conviven scouts, estudiantes, militares, individuos de todas las edades, brigadistas, amas de casa damnificadas con sus hijos pequeños. Hay turnos de servicios médicos. Ante la ausencia de radios y televisiones, el contacto con el exterior se da vía telefónica y a través de las redes sociales. “Tuvimos que dar en adopción a nuestro perro ya que el albergue no permite mascotas”, me dice una joven pareja. Múltiples colchonetas están ordenadas en los espacios techados. Algunos portan maletas con las pocas cosas que lograron rescatar antes de ser evacuados, otros dependen en su totalidad del apoyo brindado. La población afectada en el centro está compuesta principalmente por integrantes de la clase media de entre los 30 y los 50 años de edad. La ayuda es notoria, pero no logra atenuar el desasosiego. “Los suministros se acabarán”, es el rumor que recorre las diversas áreas del albergue. La crisis comienza inmediatamente después de la emergencia.

Jaume Plensa, Slumberland XLIX (Carlota), 2016. Imagen de cubierta de El libro contra la muerte de Elias Canetti.

Domingo 24 de septiembre de 2017. Cifra de víctimas fatales en México: 320. Cifra de víctimas fatales en la capital: 182. Estos números en aumento encuentran su reflejo en El libro contra la muerte1 de Elias Canetti. La obra del escritor nacido en Rustschuk (Bulgaria) en 1905, está marcada por un profundo y arraigado rechazo a la muerte. Son textos escritos por alguien que no dejó un solo día de pensar en cómo oponerse a ella. Subrayo:

Cementerios de estrellas./ Se empieza contando a los muertos. Cada uno debería, por el hecho de haber muerto, ser único como Dios. Un muerto y uno más no son dos muertos. Antes se debería contar a los vivos, ¡y qué perniciosas son ya estas sumas!/ Ciudades enteras y paisajes pueden hacer duelo como si todos sus hombres hubieran caído, padres e hijos, todos. Pero cuando han caído 11,370 intentarán eternamente redondear el millón.

Su tendencia a hacerlo todo en el momento menos oportuno; un desconsolador desorden en lo tocante al tiempo, como si no pudiera aceptar su irreversibilidad. Teme que al hacer las cosas en el orden de sucesión prescrito esté reconociendo a la muerte, hacia la que todo ese orden conduce.

Las últimas palabras de la Bourignon (1680): “Y si muero, muero contra la voluntad de Dios…”.

Demasiado poco se ha pensado sobre lo que realmente queda vivo de los muertos, disperso en los demás; y no se ha inventado ningún método para alimentar esos restos dispersos y mantenerlos con vida el mayor tiempo posible.

La libertad en el tiempo es la superación de la muerte, y nos sentimos contentos cuando logramos aplazarla más y más.

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.


1 Elias Canetti, El libro contra la muerte, postfacio de Peter von Matt, texto establecido por Sven Hanuschek, Peter von Matt y Kristian Wachinger con la colaboración de Laura Schütz, edición en español adaptada y anotada por Ignacio Echevarría, traducción de Juan José del Solar y Adan Kovacsics, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2017, 400 páginas.