Ayer en Chietla. Esa casona que observa un león atribulado es una de las reconocidas por el INAH como monumento histórico. El pueblo viejo y caliente, debastado en el siglo XX por los cacicazgos alentados por el gringo Jenkins, tiene en sus casas de adobe, de techos altos de dos aguas —muchos de los cuales sobrevivieron este último terremoto—, uno de sus principales orgullos. Sus pobladores tienen mucho que decir en la reconstrucción de las casas. Y por lo que vi y escuché, mucho saben de ello. Por supuesto que agradecen la ayuda generosa de los brigadistas que llevan ya tres días ayudando en la remoción de los escombros. Tienen la fortaleza de ese león dispuesto en la plaza.

Fuí nuevamente a Chietla. Una tarea que me he dado es la de documentar el enorme problema que supone la reconstrucción de miles de casas en el México rural. Chietla ha perdido al menos el 50 por ciento de sus casas. Ahora mismo nadie en ese pueblo viejo tiene idea de cuántas viviendas se han perdido. Tal vez mil, me atrevo a decir yo. Esta familia sacó sus cosas a la calle. Y como centenares de familias más, se preguntan qué será de sus vidas. Trataré de contar estas historias en los próximos días. Es lo que sé hacer, es como puedo ayudar.

El corazón partido. Pero tambiéln el corazón fuerte. La urgencia de soportar todo el ánimo de reconstrucción desde las propias comunidades. Escribió Octavio Paz tras el sismo de 1985: “La enseñanza social e histórica del sismo puede reducirse a esta frase: hay que devolverle a la sociedad lo que es de la sociedad."

Y dijo más:

Los gérmenes del renacimiento están en el origen. Son los de nuestro comienzo. Han sobrevivido a muchas desdichas y tradiciones, a la seducción de la falsa modernidad y a las simplificaciones de las ideologías. Hay que preservarlos y vivificarlos. Sería funesto que se desvaneciesen o volviesen a ocultarse. De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable asimismo que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el Gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El Gobierno no es una fortaleza, sino un lugar de encuentro. No pido que abdique de su autoridad, sino que la comparta, que sea más atento y sensible a las voces de los que están fuera. El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?

Si lo escucháramos como al rumor de un río lo sentiríamos: miles de personas movilizadas por el ánimo de ayudar de cualquier forma. Por un momento trato de observar a distancia todo este esfuerzo. Centenares de grupos, la mayoría de civiles, pero también de las autoridades. ¿Cómo lograr una buena coordinación? ¿Cómo asegurar que a la respuesta masiva de la ayuda vaya acompañada de la inteligencia para resolver problemas urgentes pero de muy difícil resolución. Uno, tal vez el principal para las próximas semanas: ¿demoler o reconstruir?

Pienso en ello a la vista de Chietla, con sus centenares de casas construídas con los antiguos —y por lo que vi, resistente— usos rurales (mudos de adobe, vigas y morillos de ocotate (un tipo de bambú que abundaba en esas selvas de la región hoy convertida al monocultivo cañero). Ayer eso encontré: casas severamente afectadas que obligan a primera vista a pensar en la demolición . Pero ahí mismo, las voces locales expertas en la construcción con elementos nativos. Y dicen, “ahí está el cemento expansivo para arreglar muchos de los daños que presentan los muros.”

A gritos se pide aquí entonces la participación de expertos. No simples visores con casco que a la primera arremetan con la palabra demolición.

¿Lograremos organizar como sociedad y gobiernos a los grupos especializados para tomar tal decisión, casa, por casa, historia por historia de cada una de las familias que han perdido su patrimonio? El gobierno (y aquí me refiero a los funcionarios de Protección Civil estatal y a los directores de obras de los ayuntamientos, por pensar en algunos de ellos) no puede actuar por la libre. Ahí están las universidades, y ahí la BUAP particularmente, para obligar a una discusión rigurosa pero urgente.

 

Sergio Mastretta
Periodista. Director del portal mundonuestro.mx