El regreso de la Compañía de Jesús a China, si se confirma, deberá considerarse como un indicio precursor. Pero no de un retroceso de China al capitalismo, posibilidad altamente improbable e imprevisible salvo catástrofes mundiales mayores, sino de un proceso mucho más profundo y de signo opuesto. Es tal vez la Iglesia Católica la que, sin separarse del capitalismo a cuyo ascenso ha estado ligada desde el siglo XVI con la conquista de América y otras empresas, se niega a jugar su destino a la suerte de un sistema en declinación, toma sus distancias para no ser arrastrada en su caída y prepara, sin prisa y sin pausa, un desprendimiento del sistema que le permita entrar en el futuro.
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