Los universitarios no tienen derecho a estacionamiento -dice la cajera del Banco del Atlántico-. De cualquier manera le voy a sellar su volante, pero es la última vez. Según parece el tal Banco se ve obligado a sufrir, por alguna razón desconocida, a los molestos empleados de la UNAM que lo atosigan cambiando cheques, depositando dinero, haciendo otras operaciones financieras igualmente irritantes y, sobre todo, quitando espacio y tiempo para atender a otras personas que acuden al Banco en calidad de clientes de primera.
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