Yucatán: Historia y economía. (Revista de análisis socioeconómico regional). Publicación bimestral del Departamento de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad de Yucatán. Av. Itzales 499, Mérida, Yucatán. Tiraje: 1,500 ejemplares. Nos. 1-6.

Si alguien pidiera que se enlistaran los temas obligados para una revista yucateca la lista tendría que empezar por la “H”. El Henequén sintetiza de alguna manera el presente y el pasado de la península, es el problema más candente de la actualidad, se relaciona ineludiblemente con la población que además de campesina es cultural y racialmente unitaria: es campesina, henequenera y maya.

Si además solicitara un listado de temas históricos, en él habría que incluir desde la guerra de castas y el socialismo del sureste hasta un pasaje de la historia reciente: el auge del sindicalismo independiente y el asesinato de su principal dirigente Efraín Calderón Lara, que se verificó -para más datos- durante el gobierno del segundo más importante escritor de best sellers del país (después de La Tigresa pero al mismo nivel): Carlos Loret de Mola.

Nadie nos ha pedido, es cierto, una lista de nada, pero si la reseña de una revista yucateca que ya ha cumplido un año de vida, en la que abundan los artículos sobre el henequén, sobre Salvador Alvarado, sobre el Partido Socialista del Sureste, y escasean los que no tratan estos temas.

De lo que llevo dicho se podría derivar una imagen de regionalismo (provincianismo diría alguien) en el mal sentido de la palabra (aplícase a quienes no ven más allá de la región, ni les interesa, porque tuvieron la fortuna de nacer en el lugar indicado). Si en el primer número de la revista podían abrigarse estos temores, en el número seis (marzo- abril de 78) se observa que la tendencia es a hacer una revista regional en el buen sentido del término (aplíquese a quienes se interesan en los problemas de su región pero se saben ubicados dentro de un todo que los trasciende y los condiciona). Tal es la virtud de Yucatán: historia y economía, y ello sería suficiente para aplaudirla.

Pero tiene otras virtudes. No se limita a registrar los avances académicos (difundir las investigaciones) del Centro que la edita; además la hace de manera polémica. En el número cuatro por ejemplo, se publica un proyecto de investigación de Marco Bellingeri: “La hacienda y la sociedad yucatecas en el S. XIX”, y una hipótesis de trabajo de Manuel Martín “Acerca del capitalismo en Yucatán (S. XIX)”. Dos enfoques distintos sobre el mismo problema, que sientan las bases de una polémica sobre el carácter de la economía yucateca en el siglo pasado. El tema subyacente está lejos de ser “regional”: la transición al capitalismo, sus formas y su dinámica.

Aunque la calidad de los artículos publicados dista mucho de ser homogénea, la revista ha mejorado a lo largo del año que lleva de vida, y no hay número en el que no se encuentre por lo menos un artículo interesante e incluso francamente bueno. En el número 5, por sólo dar un ejemplo se publica un artículo de Howard F. Cline: “El episodio azucarero en Yucatán 1825-1850)”, aparecido originalmente en inglés en 1947. La revista se propone así otra función importante: rescatar (traduciendo si es necesario) materiales de interés para la región.

Sin embargo, lo más importante de Yucatán: historia y economía no es que haya venido de menos a más, que promueva la polémica y que quiera ser una revista regional en el mejor sentido de la palabra. Lo estimulante es que busca establecer una relación entre lo académico (la investigación histórica y económica) y lo político, y quiere que lo segundo sea lo determinante. No se trata sólo de difundir el conocimiento por el conocimiento mismo, sino de mantenerlo en una relación activa con el presente. El artículo de Enrique Montalvo en el número 6: “Historia y Política, los usos de la historia y el Partido Socialista del Sureste”, y la nota editorial del número 5, definen con claridad la posición. Montalvo afirma: “tenemos que recuperar nuestro pasado para construir un futuro superior”, “la historia no puede ser pensada sino en función de un proyecto del futuro”. “Para la burguesía ha habido historia, pero ésta ha terminado. Todo el pasado converge en la situación actual y ese pasado es utilizado para justificar ideológica y políticamente el presente”.

La nota editorial es aún más clara: “El jueves dos de marzo grupos estudiantiles y de trabajadores impidieron la posibilidad de presencia de Carlos Loret de Mola, conferenciante anunciado para ese día. Es significativo que hubiera despertado el valor cívico de la comunidad universitaria el repudio al hombre que gobernaba Yucatán cuando el universitario y asesor sindical, Efraín Calderón Lara, fuera incalificablemente torturado y asesinado por las fuerzas policiacas del Estado y balaceado el edificio de nuestra Universidad. Lo sucedido -que se impidió la presencia de Loret de Mola- provocó la ira de la prensa más retrógrada que padecemos. Se llegó al extremo de incumplir con su obligación de informar. Se calumnió al movimiento de protesta. Se injurió a los funcionarios de la Universidad… A las autoridades universitarias las enaltece el no haberse opuesto al ejercicio libre de las libertades ciudadanas”.

La nota termina con una cita de Javier Barros Sierra: “Ciertamente la Universidad aún no ha dado al pueblo todo lo que debe darle pero su marcha es ascendente y eso no sólo se dice sino que se comprueba diariamente. !Viva la discrepancia, porque es el espíritu de la Universidad! !Viva la discrepancia porque es lo mejor para servir!”.