Una práctica inveterada

Es práctica policiaca inveterada en toda la República, pero especialmente en provincia, “escarmentar moralmente” utilizando a los homosexuales como chivos expiatorios, “demostraciones de la corrupción”, etc. Lo común es detener a los homosexuales más “obvios”, los travestís, fotografiarlos vindicatoriamente y hacerlo culminar todo, ultraje y moraleja, en las páginas de Alarma y Alerta. El propósito es claro: exhibir la subhumanidad, la miseria moral de los aprehendidos, su “no pertenencia a la sociedad” (en cualquier nivel). De entrada, la Amonestación es contundente: a los detenidos se les sujeta a toda suerte de vejaciones (físicas y verbales), se les extrae dinero por numerosos motivos (el chantaje, en primer término) y se entrega su reputación (es decir, su “secreto vergonzoso”) a la prensa (la amarillista y la “respetable”). Está de más decir que en el transcurso de esta “acción ejemplarizante” se atropella cualquier derecho constitucional, se ignoran las garantías y se procede en la perfecta impunidad. ¿De cuándo acá un joto se atreve a protestar?

La impunidad es más que explicable: nadie protesta, a nadie le conciernen los derechos violados de una minoría sin prestigio posible. (Los afectados no se defienden, no sólo por el temor histórico de minorías enseñadas a sumergirse para sobrevivir, sino porque tradicionalmente en México nunca se han sentido utilizables los derechos civiles). Un caso típico de impunidad moralizante se dio en julio pasado en la ciudad de Oaxaca. La mejor denuncia es una escueta descripción de los hechos.

Reunión amoral en la casta Oaxaca

El sábado 22 de julio, en un salón del Hotel San Luis de la ciudad de Oaxaca, expresamente contratado para el caso, se ofreció una fiesta privada para presentar un show travestí. El organizador del espectáculo, Héctor Reyes Allende, envió invitaciones a unas cuantas personas, amigos y conocidos. Enterado de la reunión, y sin requerir orden legal alguna, el subjefe de la policía judicial, señor Mario Marín, decidió -en sus propias palabras- “ordenar el auxilio a la policía preventiva, por parte de los judiciales, porque se había detectado una reunión amoral en el hotel referido y que ya era tiempo de que Oaxaca proyectara una imagen sana como en épocas pasadas”. Acto seguido, agregó respetuosamente “yo no sé si se violó o no la ley pero había que parar los escándalos” (El Informador de Oaxaca, 26 de julio de 1978).

“Yo no sé si se violó o no la ley”. La incertidumbre del señor Marín exige el complemento de los hechos. La redada se preparó con la suficiente anticipación como para certificar la seguridad del delito inminente. A las 11:30 de la noche apenas habían unos cuantos invitados. En el local, policías vestidos de civiles y varios fotógrafos de la judicial ocupaban algunas mesas. El show empezó a las 12:15 horas con la presentación de los artistas (travestís, los únicos en el salón). A las 12:30, mientras uno teatralizaba (vía play back) una canción de Helen Reddy, la puerta del salón fue bloqueada por policías judiciales. En las proximidades del hotel sobre la carretera fueron aprehendidos a mano armada cuatro muchachos que llegaban a la fiesta en taxi y que al notar la presencia de la policía intentaron continuar su camino. Al chofer del taxi se le amagó a punta de pistola y a los cuatro muchachos se les subió directamente a la patrulla, sin haber pisado jamás el salón de la fiesta. Con igual arbitrariedad fueron detenidos los hijos del dueño del hotel -muchachos de aproximadamente quince años- con el objeto de acusar a los asistentes de corrupción de menores. Los dos jóvenes permanecieron detenidos cerca de catorce horas.

“Paraíso No. 1”

12:35: Marín levantó a todos de las mesas, los arrinconó y pidió que las cosas “se hicieran sin jaleos”. Los judiciales buscaron drogas y otras cosas que comprometieran a los presentes; no se encontró nada. Los fotógrafos de la judicial imprimieron todo este tiempo placas de la acción.

12:40. Marín arregló una mesa con copas y sentó a tres de los travestís obligándolos a posar para que los fotografiaran. Todos fueron evacuados en grupos de cuatro, y conducidos al edificio de la policía Judicial en camionetas, patrullas y coches, amenazados con metralletas por agentes vestidos de civil.

12:50. Ahí fueron recluidos en el corralón “Paraíso Núm. 1”, donde les preguntaron sus datos personales y les sustrajeron sus pertenencias, que fueron guardadas en sobres. Marín llegó y trató de tranquilizar la situación. Prometió que no permitiría el acceso a la prensa y que pronto serían puestos en libertad.

Desde la 1 hasta las 10 de la mañana del domingo 23, los detenidos (cerca de 60) permanecieron incomunicados, sin alimentos ni agua; a la intemperie y bajo la lluvia encerrados en ese corralón y vigilados por judiciales armados apostados en las azoteas. A las 10 de la mañana de ese domingo un fotógrafo judicial y otros agentes dividieron a los detenidos en dos grupos (según su apariencia física evidenciara o no “rasgos femeninos”) y le tomaron fotografías exigiéndoles nombre y domicilio. Los familiares abogados y conocidos de los detenidos esperaron afuera sin permitirles comunicación alguno. Las bromas, escarnios, amenazas y golpes fueron múltiples y constantes durante la detención. A mano armada, nueve muchachos fueron obligados a vestirse con ropas femeninas. Se permitió la entrada a la prensa que les tomó fotografías, lo mismo que al resto de los detenidos en conjunto. Todos fueron fotografiados individualmente cuando Marín realizó un interrogatorio posterior a cada uno de ellos. Bajo amenaza, pistola en mano, dos muchachos fueron obligados a posar desnudos para el fotógrafo de Alarma.

A las 14:30 horas del domingo 23 de julio la mayor parte de los detenidos fueron puestos en libertad: quedaron presos 18 muchachos, que fueron conducidos metralleta en mano a una barraca de la Dirección de Seguridad Pública del Estado. A las 16:00 horas se les permitió la comunicación con sus familiares y poco después recibieron los alimentos que éstos les llevaron.

A las 22:00 horas, con el pago de una multa de 500 pesos, recobraron su libertad.

Hasta aquí el recuento de una acción muy presumiblemente típica. A la arbitrariedad violenta de la aprehensión sucede una cauda de arbitrariedades rituales.

La cloaca de la bella Antequera

En los días siguientes los diarios oaxaqueños abundaron en bromas, condenas implacables, comentarios burlones. Un ejemplo del periódico amarillista Noticias (26 de julio de 1978):

Las consecuencias (de la redada) no se hicieron esperar, decenas de familias se han cubierto de vergüenza, muchos parientes directos de los detenidos han tenido que renunciar a sus trabajos, otras han tenido que empeñar hasta la camisa para lograr la liberación de sus parientes y muchos otros no quieren volver a saber nada de los que han enlodado el buen nombre de la familia.

Se sabe de fuentes fidedignas, que la gran mayoría de los detenidos han sido expulsados de su trabajo, y otros han tenido que vender sus bienes para pagar las multas elevadísimas que se les han impuesto. Sabemos de uno que llegó a los doce mil pesos, lo que se nos hace muy abusivo, si fue aplicada sólo por el escándalo.

La noticia que trascendió a nivel nacional y que viene a enlodar el buen nombre de Oaxaca, seguramente que nos deja muy mal parados a los que presumimos de ser muy machos. Ahora tendremos fama de “eso” como la tienen los de Jalisco… Esta gentuza es basura aquí y en todas partes y lo son por puro gusto y por la poca vergüenza que tienen. Pero en fin, qué bueno que la cloaca se destapó y todos pudimos enterarnos cómo ha degenerado nuestra juventud, a falta de una orientación del Estado mediante la educación y de una Iglesia que ampara todas las idioteces modernas, esto tenía que venir como consecuencia lógica. Lástima que fue aquí, en la Bella Antequera. !Qué vergüenza!

No toda “esta basura” fue cesada, pero ocho de ellos ya han sido despedidos de sus trabajos. La persecución ha sido implacable. Noticias publicó el 27 de julio la foto de un joven, no detenido, asegurando que estuvo presente en la fiesta.

Sin embargo y de un modo insólito para la Tradición de Provincia, el vilipendio moralizador esta vez no fue unánime. En El Informador (26 de julio) se encuentran las siguientes declaraciones:

Voces inconformes

a) Alberto Canseco Ruiz, Presidente de la Comisión Permanente de la Cámara de Diputados: “La policía no debe interferir en reuniones de carácter privado, cuando sus participantes no rebasen los actos que condenan nuestras leyes, como son la violencia o que afecten a un tercero, que alteren las normas establecidas por nuestra constitución. (…) Ciertamente, fue un allanamiento de morada, violación a los derechos individuales y a la Constitución de la República. Las reuniones, del carácter que sean, deben ser respetadas. Nadie tiene derecho a suspenderlas, salvo que hubiesen bases legales y en este caso creo que no los hubo porque no existe ninguna denuncia específica”.

b) Ricardo Hernández Casanova, Presidente de la Barra de Abogados: “De haber necesidad de algún procedimiento jurídico, la policía pudo intervenir como prevención a hechos delictivos, pero de no ser así, resulta un atentado a nuestros derechos constitucionales, ya que la Constitución es llana y explícita en su contenido sobre el respeto a los derechos individuales. Solamente en los países totalitarios pueden ejercerse actos contraviniendo los principios jurídicos o en caso de guerra. Se dice que en este acto no hubo bases legales y ello es sumamente grave.

c) Monseñor Bartolomé Carrasco Briseño, Arzobispo de la ciudad de Oaxaca: “Condeno y culpo a la prensa amarillista de fomentar la morbosidad y lamento la situación de los jóvenes detenidos (…) La homosexualidad congénita no es anormal y tiene que tratarse como cualquier otra enfermedad o anormalidad en los humanos (…) Manifiesto mi inconformidad y condeno el hecho de que estas personas hayan sido expuestas ante la opinión pública, lo que está contra toda dignidad humana”.

e) Fernando Barrita López, director de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oaxaca: “Si estas personas estaban cometiendo una falta de carácter administrativo quien debió de intervenir era la policía preventiva, y si hubieran faltos a la moral tipificables debió consignarse a los infractores. Definitivamente no deben darse este tipo de situaciones, además de que es necesario especificar si los homosexuales cometían faltas en un lugar público”.

Por primera vez, dentro del Sistema mismo surgen voces disidentes ante una redada, hábito policíaco claramente anticonstitucional. Esto, sin precedentes, es mínimo contraste de la otra acción, la múltiplemente vejatoria que obliga a los detenidos a vestirse de mujeres (“degradación última”), da todo tipo de facilidades al chantaje, a la represión moral y laboral y exhibe pródigamente las fotos de los aprehendidos “para quemarlos definitivamente”. Lo sucedido en Oaxaca el 22 de julio es un hecho que importa sin duda a todos los preocupados por el desarrollo y la defensa de los derechos civiles en México.

Testimonios

Héctor Reyes Allende:

“Soy homosexual. No soy un cínico al declararlo, por el contrario, me siento realizado como soy. Me visto de mujer, pero ahora, me han obligado a vestirme de mujer para burlarse de mí. Me han golpeado; pero también, me han hecho invitaciones sexuales los mismos agentes judiciales. No obstante que el subdirector de la policía judicial de Oaxaca nos dijo a los 56 detenidos que no se daría acceso a prensa, permitió y estuvo presente en los momentos en que fuimos víctimas del escarnio amarillista y morboso de los fotógrafos y reporteros gráficos quienes auxiliados por los propios policías judiciales, metralleta en mano, nos coaccionaban para que adoptáramos poses exageradas y ridículas para lograr que sus fotografías fueran grotescas. El fotógrafo de la policía judicial de Oaxaca, me invitó a regresar, cuando saliera libre, para que en privado me tomara fotos muy especiales, a colores…”

Benjamín López Servín: “Estaba hospedado en el hotel y compartía la habitación con Héctor. Héctor traía en su equipaje unos vestidos nuevos que iba a regalar a sus primas, traíamos dinero en efectivo que nos robaron, junto con otras pertenencias valiosas. Yo no me vestí de mujer durante la fiesta, sin embargo, junto con 8 detenidos en la comandancia de la policía judicial, me obligaron también a vestirme de mujer para tomarme fotos. Nos obligaron a punta de arma con golpes e insultos a ponernos los vestidos y a maquillarnos. Como a los otros no les quedaba la ropa porque no era de su talla, rompieron las costuras y dejaron los cierres abiertos por la espalda para que todos fuéramos fotografiados vestidos así.”

Julia Gutiérrez:

“Soy profesionista. Fuí objeto de burlas mordaces por ser mujer. Al fotografiarme me dijeron que si era hombre o mujer. Un judicial dijo que yo debía de tener un “pitote” a lo que le contesté que podía ser más hombre que él y más mujer que la que tenía en su casa. Me insultaron más, para que yo posara para la serie de fotos que me tomaron, habiéndome obligado a quitarme los lentes graduados que uso.

“Fui blanco de burlas y vejaciones y por ser la única mujer decidieron que me quedara privada de mi libertad, junto con el grupo de 44 muchachos; el subjefe de la policía judicial me golpeó en el brazo derecho, (porque respondía a sus insultos) diciéndome: “íCompórtate cabrón!”

Rubén Valencia Pérez:

“Soy trasvestista. Me vestí de mujer porque iba a imitar a Helen Reddy. El salón esteba lleno de gente que luego supe que eran gentes judiciales que ocupaban la mayoría de las mesas. Cuando cantaba la canción inicial del show, se levantaron y con violencia y a mano armada, nos recularon contra las paredes y nos formaron. El que se identificó como jefe de la acción, un judicial de apellido Marín, dijo que fuéramos pacíficos, porque de otra manera iba a responder con golpes al que intentara cualquier cosa. Los fotógrafos de la judicial imprimían placas. Marín arregló una mesa con vasos que llenó con el licor de una botella que en ese momento abrió. Nadie había bebido licor hasta ese momento porque el show apenas iba a comenzar. Arregló la mesa y nos obligó a Mauro Sánchez, a Héctor Allende y a mí; que estábamos vestidos de mujer, a sentarnos en esa mesa y a tomar poses para que nos retrataran los fotógrafos haciendo creer que éste era el ambiente en el que se desarrollaba nuestra presentación. Nadie había tomado, exigimos después que se nos practicara un examen médico, ya que aseguraban que estábamos borrachos y drogados.

“Nos sacaron de cuatro en cuatro y nos llevaron a la Policía Judicial del Estado, en camionetas pick up, en patrullas de la Dirección de Seguridad Pública, agachados, mientras dos individuos en cada vehículo nos apuntaban con sus rifles. A mí me condujeron en un carro Chrysler blanco.

“Nos metieron en “el Paraiso no. 1” según dijo un policía. Este lugar es un corralón a la intemperie, de altos muros, con un par de paisanos metralleta en mano que desde la azotea nos vigilaron constantemente. Era un fetidez espantosa y para más, toda la madrugada estuvo lloviendo, algunos nos mantuvimos de pie, mientras otros dormitaban en el suelo bajo la lluvia. Algunos amanecieron enfermos.

“Como a las diez de la mañana, entró al corralón el fotógrafo de la judicial con otros agentes. Pasaron lista y nos dividieron según su criterio entre “jotas” y “mayates”, para retratarnos uno por uno, pidiendo nuestro nombre y direcciones para su “archivo personal”. A los que estábamos vestidos nos obligaron primero a tomar poses femeninas al retratarnos y luego a quitarnos los bustos y las pelucas y a pararnos como “machos” para volvernos a fotografiar. Me amenazaron con que me iban a desnudar y a retratar así, amenaza que cumplieron cuando fui obligado a posar desnudo ante el corresponsal de la revista Alarma, quien me fotografió varias veces, amenazado yo de muerte si no lo hacía así. Un agente judicial, creo que es de alto rango porque daba órdenes a los otros cuando me llevaba al corralón en plan de burla y con el objeto de denigrarme me dijo: “¿Qué te parece si nos echamos una tortillita?”, a lo que contesté con una evasiva: Después… al rato”, y a la que me contestó que “de una vez fuera para dentro…”