Antecedentes

El 26 de septiembre de 1977 triunfa en las elecciones de la Sección 14 (Hospital General) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de salubridad y Asistencia una planilla democrática. Después de varias pugnas, el Comité Ejecutivo Nacional del SNTSSA reconoció a los legítimos ganadores de esos comicios. Sin embargo, a partir de ese momento, las relaciones se mantuvieron tirantes en la sección 14 y el sindicato nacional, hasta que, por la presión del comité democrático, en junio de 1978 la dirección nacional del SNTSSA declaró en un comunicado: “1. El Comité Ejecutivo Nacional es respetuoso de los estatutos de nuestro sindicato. Por carecer de esta atribución no desconoce al Comité Ejecutivo de la Sección 14. Los únicos que tienen esa capacidad son quienes los eligieron: los trabajadores. 2. En reunión con el comité ejecutivo seccional y en base a los principios y lineamientos de nuestra organización sindical, como a todos los comités ejecutivos seccionales apoyándoseles como parte de nuestra organización”.

Reprimir para provocar, provocar para reprimir

Los trabajadores del Hospital General carecen de un reglamento interno que especifique, entre otras muchas cosas, el pago de compensaciones al personal que trabaja en las unidades de pacientes infectocontagiosos. La compensación actual es de 18 pesos al mes; la administración debería pagar dos mil compensaciones al mes y sólo paga ochocientas. Justamente en demanda de que se estableciera un reglamento interno de trabajo, la sección 14, que agrupa cinco mil trabajadores, efectuaba el 12 de julio a las 14 horas, una asamblea general en la explanada frente al edificio de Ginecobstetricia. Se hallaban reunidas mil personas y todo transcurría pacíficamente hasta que llegaron al acto tres empleadas de confianza apodadas “Las Poquianchis” -las hermanas María de la Paz, Nicandra y Cirila Espinoza Pérez. Venían acompañadas por 15 individuos armados (cadenas, pistolas, palos y cuchillos) que desataron una agresión indiscriminada contra los asistentes a la asamblea, hiriendo a 18 personas- una de ellas de gravedad. La sección sindical decidió declarar un paro indefinido hasta que las autoridades recibieran oficialmente su pliego petitorio: el establecimiento de un reglamento interno de trabajo y renuncia del director del hospital, Dr. Francisco Higuera Ballesteros, protector de los agresores.

El día 13 de julio varios miles de trabajadores al servicio de la SSA, que forman parte de las secciones 14, 5, 90, 54 y 12 -que agrupan respectivamente a los trabajadores del Hospital General, Enfermedades Tropicales y Laboratorios Nacionales, Comisión Constructora, Ingeniería Sanitaria, Hospital de la Mujer, Dirección de Rehabilitación y Escuela Nacional de Ciegos-, realizaron una manifestación pública que partiendo del Hospital General llegó a las oficinas centrales de la SSA, pasando por las del SNTSSA, en demanda del cumplimiento del pliego petitorio y en protesta por lo agresión.

68/78: Cualquier semejanza, ¿es mera coincidencia? 

El día 14 de julio el doctor Patricio Beltrán Goñi, presidente de la Sociedad Médica del Hospital General y un grupo de galenos responsables pidieron personalmente al Secretario de Salubridad y Asistencia, doctor Emilio Martínez Manatou, que interviniera para restablecer el “orden interno”. Luego de defender la actuación del director del nosocomio, el secretario prometió a los médicos restaurar el orden y hacerlo para siempre. Al mismo tiempo las autoridades de la SSA se negaban a dialogar con los trabajadores, omitiendo el derecho de petición consignado en el Artículo 16 constitucional. Unos 700 médicos residentes y pasantes se sumaron al paro ese mismo día. Al rechazar el diálogo con los trabajadores y aceptar como interlocutor a un membrete que agrupa a incondicionales, las autoridades repetían con fidelidad de script cinematográfico, la política que exactamente diez años antes el régimen gastó ante el movimiento estudiantil. La presencia en la SSA de uno de los ejecutores de aquella política (no negociar bajo presión, reprimir antes que dialogar) daba fuerza a la remembranza.

La solidaridad anticharra

Lejos de obstaculizar la atención de los casos de urgencia, como informaron casi todos los periódicos de la capital, glosando los boletines de prensa de la SSA, los comités de las secciones 14, 15, 54 y 18 destacaron brigadas para enviar a quienes solicitaban atención en el Hospital General a otros hospitales y a centros de salud. Los apoyos de diversas secciones del SNTSSA. La recientemente golpeada, casi aniquilada ANAMERE (Asociación Nacional de Médicos Residentes) encontró la oportunidad de volver a manifestar públicamente y dar su apoyo a los trabajadores, al tiempo que se planteaba de nuevo demandas económicas y la libertad de asociación. Diversos sindicatos, partidos políticos y columnistas advirtieron que los funcionarios se negaban a dialogar con los representantes de los trabajadores a fin de prolongar el conflicto y propiciar una solución represiva.

De las Poquianchis a Themis

Los maniobras para dividir y confundir a los trabajadores no resultaron diferentes a las empleadas recientemente en otros sitios. Así, cuatro grupos disidentes del comité ejecutivo de la Sección 14 representados por los médicos Benigno Ortiz Febles, del Comité 21 Themis (Diosa de la justicia en la mitología griega); María Luisa González Vicencio, por el “Movimiento Reivindicador”; Jorge Barrera Vásquez, por el “Grupo Ricardo Flores Magón” y el grupo “Bloque Sociopolítico del Sector de Salud del Hospital General” representado por Alberto de la Cruz Coronado, acusaron a Marco Antonio Rocha y sus seguidores del comité ejecutivo democrático de la venta de azúcar a precio más alto que en el mercado y ofrecieron pruebas documentales. También coincidieron en afirmar que un centro como el Hospital General, debía ofrecer ante todo tranquilidad y atención a los enfermos y denunciaron que el grupo de Rocha había “escandalizado, celebrado mítines y enviado gente ajena al nosocomio a las instalaciones del hospital” (unomásuno 17 de julio de 1978).

El huevo de la serpiente

Tras repudiar la acción del Comité Ejecutivo Nacional del SNTSSA que desconoció a sus dirigentes, los trabajadores de la sección 14 del Hospital General reiteraron el 18 de julio, en asamblea general, su decisión de continuar con el paro y plantear con claridad los problemas laborales de la sección para lograr su solución inmediata. Declararon a la prensa: “hasta el momento no hemos recibido contestación alguna de las autoridades de la SSA, a pesar de estar solicitando una entrevista con el titular, desde el inicio del conflicto”. Oportunamente José Antonio Vital, Secretario del Trabajo y Conflictos de la Sección 14, declaró que el comité ejecutivo del SNTSA había insistido en presentar el problema como un conflicto intersindical, cuando era en verdad de orden laboral y anticipó que temían una agresión más por parte de los golpeadores que las autoridades del Hospital General suelen utilizar para reprimir a los trabajadores”. (unomásuno, 19 de julio de 1978).

Funcionarios del Hospital General, encabezados por el administrador, Smart de la Cruz, pidieron el 19 de julio la intervención de la Procuraduría General de la República en la huelga. Los trabajadores señalaron que la represión policiaca que las autoridades pretendían legalizar, era un acto de cinismo porque el comité directivo de la Sección 14 estaba constituido legalmente y era el representante de la mayoría de los trabajadores. (unomásuno, 20 de julio de 1978).

Cuestión horarios

Al cumplir 8 días el paro del Hospital General, los trabajadores junto a los de las secciones 4, 5, 12, 15, 54, 55 y 90, realizaron una marcha hasta las oficinas de la SSA para solicitar -por quinta ocasión desde los inicios del conflicto- una entrevista con Martínez Manatou. La marcha de tres mil gentes, fue encabezada por los dirigentes de la Sección 14 y contingentes de enfermeras del Hospital General. Minutos antes de que se iniciara, los trabajadores del HG tuvieron noticia de que las secciones 55, Instituto Nacional de Neurología, y 15 del Hospital Juárez, en asambleas respectivas habían votado solidarizarse con el paro de la Sección 14, así como abrir la posibilidad de suspender ellos también sus actividades. (Nota de Carmen Lira, unomásuno, 21 de julio de 1978).

Llegada la marcha a la SSA, una comisión de trabajadores logró entrevistarse con Mario Aguilar Grajales, secretario particular de Martínez Manatou. -El Señor Secretario ignoraba que ustedes iban a venir -dijo Aguilar Grajales-. Ahora está ocupado en una junta muy importante, no se le puede interrumpir… Vengan mañana a las 12 del día y les daremos una respuesta. Era la noche del jueves 20 de julio.

“Si van a Los Pinos… mejor sí estoy”

René Rojas Ayala, secretario general de la Sección 5 anunció al secretario particular que si no había solución para el problema del Hospital General, su sección iría también al paro, es decir, se suspenderían labores en los Laboratorios Nacionales, la Escuela Nacional de Salud Pública, el Instituto Nacional de Higiene y el Instituto Nacional de Virología. (La importancia de esta sección radica en que algunas de sus dependencias elaboran los medicamentos, sueros y vacunas que requieren los hospitales y centros de salud de la SSA en todo el país). Clemente Munguía, secretario general de la Sección 54 (Hospital de la Mujer), también anunció que los trabajadores de ese nosocomio irían al paro: “Estos señores caprichosos, estos asesinos que forman a los esquiroles, no nos van a hacer doblar las manos a los trabajadores”, exclamó el viejo dirigente que exigió ante el secretario particular de Martínez Manatou una respuesta a los trabajadores del Hospital General. Los dirigentes de ambas secciones responsabilizaron al secretario de Salubridad y Asistencia de los ataques contra los trabajadores que pudieran producirse.

Antes de la plática con Aguilar Grajales y en vista de la “negligencia o intransigencia” de las autoridades, que se negaban a recibirlos, los trabajadores y sus dirigentes decidieron acudir a la instancia mayor: el Presidente de la República. Cuando ya todos coreaban “A los Pinos, a los Pinos”, alguien informó a los líderes que acababa de llegar Martínez Manautou La comisión volvió a intentar la entrevista con él y sólo consiguió que la recibiera el secretario particular, a quien se hizo entrega del pliego petitorio que debería ser discutido con el titular de la SSA.

Fiebre de viernes por la noche

A las 20:30 horas del viernes 21 de julio irrumpió en el Hospital General un grupo de 100 elementos armados de metralletas y vestidos de civil con distintivos negros. En forma violenta arremetió contra los trabajadores y demás personas que se encontraban en el Hospital General. Luego de dejar varios heridos de gravedad, como en el caso de la enfermera Heberta Martínez, procedió a hacer detenciones. El grupo parapolicíaco detuvo a unas 100 personas en su primera incursión. No se presentaron órdenes de aprehensión y se fotografiaba a todos. En su entrada, a las 10:45 de la noche, se calcula que el grupo detuvo a más de 50 personas, pero los reporteros no pudieron precisar la cantidad, ya que se encontraban virtualmente retenidos en la sala de los médicos residentes. Ahí, sin embargo, supieron que pasadas las 23 horas, continuaban las detenciones y que Gerardo Touco, al mando de 17 agentes, procedía a destruir el local sindical de los trabajadores de la Sección 14.

A las 23:30 horas, en el edificio de cardiología sólo había una enfermera (a las demás no se les permitió entrar al edificio) los enfermos, desesperados, trataban de abandonar el Hospital. Luego de la primera incursión armada los médicos residentes trataron sin éxito de efectuar una asamblea y facilitaron a los reporteros batas blancas para que pudieran percatarse de los heridos. Los periodistas atestiguaron el allanamiento de diferentes salas y edificios del Hospital.

A parir sin dolor

Las acciones más lamentables y grotescas tuvieron lugar en el edificio de Ginecobstetricia. Ahí los elementos parapolicíacos se introdujeron violando los preceptos de asepsia del área “tocoquirúrgica” y exigieron a los médicos que se identificaran, arrebatándoles las cubrebocas. Pasaron a las salas de expulsión, y con insultos exigieron silencio a las parturientas, mientras procedían a identificar al personal. En el sexto piso, el terror impidió a las pacientes alimentar a sus recién nacidos ya que todas presentaron insuficiencia de leche. En las salas de cuna, donde se prohibe la entrada de cualquier persona sin bata, los agentes irrumpieron en busca de trabajadores. Según el reportero Miguel Angel Velázquez, más de 200 personas entre médicos y trabajadores fueron golpeadas. Las demás, abandonaron el Hospital por temor a nuevas agresiones. Los fotógrafos fueron impedidos de imprimir fotos por el grupo de Touco, que los amenazó con quitarles cámaras y rollos. (unomásuno 22 de julio 1978).

Resultaron detenidos más de 150 trabajadores: médicos residentes e internos, una periodista del canal 11, los dirigentes de la Sección 14, Marco Antonio Rocha y José Antonio Vital; y René Rojas Ayala, secretario general de la Sección 5 y miembro del CEN del SNTSSA.

Numerosas organizaciones sindicales y algunos partidos políticos condenaron la intervención de la fuerza pública para romper el paro del Hospital General. Al día siguiente, grupos de trabajadores de Salubridad se apostaron frente a la Secretaría de Gobernación para exigir la libertad de los detenidos y respeto a su integridad física. En el transcurso del día la Procuraduría General de la República liberó a 130 personas detenidas el viernes y dijo mantener aún a 7 que serían liberadas el lunes siguiente, 24 de julio, cuando terminara la averiguación previa y pudiera fijárseles fianza. “Los daños no son cuantiosos, los aparatos más caros no fueron tocados y sólo se observó ruptura de vidrios, cables telefónicos cortados y paredes pintadas”, declaró Américo Meléndez, Agente del Ministerio Público especial, encargado de la averiguación. (unomásuno, 23 de julio de 1978). A diferencia de la Procuraduría, el director del Hospital General, doctor Higuera Ballesteros, señaló en un boletín de prensa que los daños “causados por los trabajadores” eran “cuantiosos”. De la misma manera aseguró que el nosocomio “entró en normalidad, desde el viernes por la noche” Pero en el recorrido realizado por Carmen Lira y Miguel A. Velázquez de uno más uno al día siguiente, constataron gran inquietud por parte de las autoridades: la entrada a las labores en diferentes secciones fue rígidamente vigilada por los cuerpos de “seguridad interna”, que llegaron incluso a hostilizar a los trabajadores y someterlos a cacheos.

Los médicos residentes del Hospital General realizaron el mismo sábado 22 de julio una asamblea y una marcha por los alrededores del nosocomio, condenando la intromisión de la policía. El resto de las secciones democráticas del SNTSSA (4, 5, 10, 12, 15, 54 y 90) fueron rodeados por patrullas policiacas, que impidieron reunirse a los trabajadores.

Los siete dirigentes sindicales del Hospital General han sido declarados formalmente presos como responsables del delito de despojo. Ellos a su vez han acusado a las autoridades de la SSA de ofrecerles su “libertad a cambio de la claudicación”. Las huelgas del Montepío, La Caridad, Loreto y Peña Pobre y el Hospital General han sido interrumpidas por la fuerza pública, de manera sistemática; sin duda se va configurando una política coherente para dar solución a las huelgas: garrote y cárcel.

Son, claro, instrumentos algo rudimentarios, pero han probado su eficacia histórica en todo sitio y lugar.