Habría que empezar por el nombre: Interviú. “Es solamente un nombre -explicaron los editores-. Etimológicamente podríamos decir que es un anglicismo derivado de interview que, como lo sabe hasta Monsivais, quiere decir entrevista”. Pero escrito sin acento “pues es sólo un nombre cualquiera como Masiosare…” Menos mal que no resultó tan “sofisticado” como Pepe’s Tortas, por ejemplo, que “etimológicamente” quiere decir Las Tortas de Pepe. Aunque alguna semejanza habrá entre los motivos de Pepe el tortero y los que indujeron a los editores de interviú a escoger este “nombre cualquiera”: Tal vez que la simple y clara palabra castellana entrevista les pareció tan vulgarsota que “no vende” como Pepe no vendería sus tortas si el apóstrofe de Pepe’s no les concediera una remota dignidad de hamburguesas.

En este terreno de las meras suposiciones -wanderiando, diría el pocho Pepe- es de imaginarse que la idea primera de los editores era utilizar exclusivamente el género periodístico “entrevista” en la publicación.

Gracias al cielo, no es así. Interviú, como en botica -perdón, como en el “super”- tiene de todo, para todos los gustos (otra norma de aquella “mercadotecnia”) excepto, hasta hoy, la “nota roja”, sin faltarle en la portada francesa el gringo cheese cake (pastel de queso) para atrapar roedores mentales, que no lectores. Sin embargo, la entrevista quedó como género e instrumento principal del contenido con el auxilio de artículos pontificantes, los llamados “de fondo”, otros que no lo son tanto, y por lo menos un reportaje en cada número. Todo adornado con caricaturas políticas y desnudos femeninos. En suma, una mezcla de la antigua revista Vea y el moderno Play Boy.

En cuanto al contenido, al parecer Interviú extiende una invitación: diga lo que quiera y como quiera, se lo publicamos. Pero, si la ocasión es propicia, publica también lo que se dijo y no se quiso decir. En general -es otra suposición- la revista parece destinada a responder a la modo del prefijo des y a la usanza de ciertos científicos sociales trasculturados:

-Desagregar prejuicios y exhibirlos uno a uno en la personalidad de sus portadores, con el debido aderezo periodístico.

-Desacomplejar lectores, sobre todo con autores que padezcan el complejo de creerse sin complejos.

-Descontinuar ídolos y héroes de ocasión publicitaria para la sociedad de consumo.

-Desatanizar el sexo y las relaciones sexuales de acuerdo con su división de clases propia: los “hetero”, los “homo” y los “normales”, donde estos últimos resultan ser los “anormales”. 

-Desnudar a la gente en sus cuerpos y en sus almas.

Al leer algunos números de Interviú ocurre la tentación de agregar otro des un tanto dudoso: desagringar. Esto con antídotos formales importados de Francia y de la explosión periodística española posfranquista, la cual contribuye a reforzar la sospecha de una tendencia extranjerizante encaminada a re-evolucionar el periodismo mexicano, con el añadido de ingredientes de un libre pensamiento decimonónico “puesto al día” y marcado de izquierda; esto es, con el sentido crítico ante la sociedad y el Estado.

Se quiere suponer, además, que Interviú pretende renaturalizar el habla de cada quien según cada cual, de modo que, por ejemplo, los “chingaos” de La Tigresa o los “cabrones” de algún personaje entrevistado afiancen su ciudadanía mexicana con el reconocimiento de la letra impresa. En esta labor resulta invaluable el auxilio de la maravillosa grabadora magnetofónica portátil que sirve lo mismo para perfeccionar el periodismo moderno que para salvar la chamba de reporteros maletas (un arma de 2 filos, que lo mismo produce excelentes reportajes y entrevistas -cuando la maneja un periodista auténtico- que la ola de “declaracionitis” aguda que hoy padecen los diarios de la ciudad de México). Los editores de Interviú seguramente saben que esta enfermedad es muy contagiosa.

En suma, Interviú ofrece una combinación de elementos mexicanos y extranjeros que puede hacer feliz a una amplia gama de lectores clasemedieros; a gente más o menos revolucionaria anhelante de cambios, rebelde ante la penetración cultural norteamericana y a toda persona que se sienta “cosmopolita” y “modernista”. Interviú -parece evidente- intenta divertir y señala al mismo tiempo males y problemas… expuestos por terceros. Sin embargo, algunos de sus colaboradores tal vez piensen que entrevistar, en sentido periodístico es mostrarse más listo que el entrevistado y “robarle cámara”, aunque no sepan salir de la técnica elemental de preguntas y respuestas. De todas formas Interviú ofrece claras posibilidades de ventilar un poco el pesado ambiente periodístico que impera en México.