Vaca sagrada. Revista de creación y crítica cultural, núm. 1, marzo de 1978, Querecotillo B32, La Capullana, Lima 33, Perú, 40 pp.

Los editores de esta revista anotan, al pie de la vaca multimamaria que ilustra la portada, las razones de su título “Quienes nos responsabilizamos de su edición no aceptamos la tesis generacional, por eso publicamos trabajos de algunas vacas sagradas”. En este primer número se anuncian textos de tres de ellas (Einstein, Dylan Thomas y Pablo Macera), junto a unos quince nombres de autores no consagrados. El material editado incluye poesía, cuento, ensayo, comentarios ligeros, dos breves retratos (homenajes a Chaplin y Brecht) y un cómic. Dentro de las estrictas limitaciones que rigen el mundo cultural de Perú, Vaca sagrada representa un importante centro de oposición, surgido de la juventud, a ese “espíritu germánico de Adolfo Hitler -como afirma la “Columna de Jaimito”- que se ha apoderado de la vida cotidiana de esta nación”. Los tres responsables de la revista (Marco Martos, Lorenzo Osores y José Watanabe) han elegido una política editorial que ayude a subsanar la evidente ausencia de libertad de expresión ideológica (“Y a pesar de las crisis, mantendremos el humor porque, como decía Bertolt Brecht, quien carece de humor no puede captar el método marxista”). Un ejemplo de esta actitud está claramente expresado entre líneas en la reproducción del conocido texto de Einstein (“que no es responsable de las divagaciones que algunos hacen sobre el espacio-tiempo histórico”) acerca del socialismo, pues el final bien puede tomarse como un bautizo y una autofelicitación: “Teniendo en cuenta que en las actuales circunstancias la discusión libre y sin inhibiciones sobre estos problemas se ha convertido en un poderoso tabú, considero que la creación de esta revista constituye un importante servicio a la sociedad”.

Entre los poemas publicados cabe destacar uno de Macera (“Romance del tocino en la cocina”) y otro de Antonio Cisneros, construido alrededor de una línea de Hölderlin. Julio Nelson intenta un desafortunado epitafio de Ezra Pound (“Duerme/junto a Duce. Sus cantos y sus sueños recorren/el mundo. Inspiran a poetas y emperadores”). Y Marisol Bello se encarga de traducir “Love in the asylum” de Dylan Thomas. Los restantes poemas los firman Pablo Guevara, Mito Tumi, Luis Hernández, José Watanabe y Marco Martos.

Entre los artículos de crítica y análisis resaltan el que abre este primer número de la revista, “Respuesta popular a la crisis del 29”, de José Deustua y Alberto Flores Galindo y, especialmente, el de Pablo Macera, “Imperialismo, capitalismo y revolución” Se trata de una breve exposición acerca de las circunstancias históricas que dieran paso a la hegemonía norteamericana y que a partir del fin de la Segunda Guerra, llevaron a Perú (y Sudamérica) a una dependencia basada en la modernización de la economía y en la implantación de las estructuras capitalistas en esas naciones. Pero lo que interesa a Macera está dirigido hacia la posibilidad de un proceso revolucionario dentro de este contexto: “El mejor modo de cazar a Moby Dick es meterse dentro del estómago de la Gran Ballena Blanca. No sabemos bien si para comer o ser comidos o para ambas cosas a la vez”.

La sección Contra critias contiene tres notas: una sobre el poeta Jorge Eduardo Eleison, otra sobre 1879 de Thorndike, y otra más, de Pablo Guevara: “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. El cómic, firmado por un tímido Juan en el “copirray” exhibe la desesperación de un escritor por redactar una página de su gran obra. Quizás sea esta historieta el trabajo más literario de la revista.

José Watanabe propone a los jóvenes poetas que se desvelan pensando en el renombre y los laureles un sencillo método para ser cuentistas, pues la gloria pertenece ahora a los narradores “la fiesta es ahora de ellos” (Vargas Llosa, Riberyro, Martínez, Urteaga, etc.) Al final, exhorta en nombre de la revista a un concurso de cuento, exclusivo para poetas y versificadores, con el premio de la fama: la publicación del texto y “publicidad, mucha publicidad”.