Cambio. Publicación trimestral de Editorial Extemporáneos No. 8. Julio-Agosto, Septiembre de 1977. 96 pp. Apartado Postal 78048. México 14, D. F.

Después de invernar en el limbo del retraso durante casi un año, reaparece la revista Cambio, foro oficioso de un buen número de escritores sudamericanos en el exilio. A partir de este número -“con el cual la revista cumple dos años- se incorpora a la dirección el cuentista cubano Ornelio Jorge Cardoso”. En la octava entrega, el enlistado de los colaboradores subraya el carácter continental, “comprometido” e internacionalista de esta publicación literaria: a un productor argentino (Pedro Orgambide) sucede uno de Rumania (Darío Novaceanu) y, en la sección dedicada a la literatura y la liberación angoleñas, se cuentan siete escritores y poetas afrolusitanos. La sección narrativa recoge una parodia del original cortazariano (“Casa sitiada”, por César Leante); un recuerdo de la persecución (“Perros”) firmado por María Cristina Fuentes, nombre apócrifo de “una (¿o un?) combatiente argentina”; la versión urbana e incestuosa de un rashomon boliviano (“La mejor profesión del mundo”, por Renato Prado Oropeza), así como un engendro fantasioso (“Sema” por la cubana Aralia López González) donde, entre chiste y chiste, se descubre algún momento de lucidez involuntaria: “…la verdadera imbecilidad radica en la secreción de las palabras”. ¿Por casualidad?, los poemas impresos en Cambio No. 8 se deben o dos escritores uruguayos exilados. Saúl Ibargoyen y Cristina Peri Rossi se acreditan sendos atisbos de lo que significan la migración forzosa. Así concluye Ibargoyen los versos donde convoca el destierro: “Alguien eleva su alabanza / a la anchura a la claridad / de otros ires otros soles otros cielos. / Hay manos que incansablemente / escriben / nombre por nombre / la señal de aquellos todos que se fueron.” Cristina Peri Rossi da voz a la desolación vertiendo sus reflexiones en aforísticas astringencias: “Lo mejor es no nacer, / pero en caso de nacer, / lo mejor es no ser exiliado.” O: “Cuando dicen `que pase el extranjero’ / a veces no me doy cuenta que soy yo.”

En el apartado Ensayos, el comparatista francés Jacques Gilard envía desde Toulouse un comunicado sobre las afinidades probables entre “Las sangurimas” del ecuatoriano José de la Cuadra y Cien años de Soledad. Como no puede decir que el best-seller colombiano haya incurrido en el plagio a la imitación, el ingenioso galo prefiere “hablar de una recurrencia estructural y temática entre dos ficciones que indagan el destino del hombre hispanoamericano.”

La revista contiene, aparte de una media docena de reseñas y del aceptable Suplemento de Información Bibliográfica, el resumen del seminario que sobre Yo, el supremo se celebró en el helvético Val de Travers. Resaltaron las participaciones del propio Roa y de Jacques Leenhardt. Luego de externar su desacuerdo por el enfoque puntual y compartimentadamente académica de sus colegas, Leenhardt postuló un tema clave: el discurso del poder y el poder de la escritura. Evocó a ese propósito un “pasaje absolutamente central (pp. 214-216): la alusión a Raymond Roussel” Roa Bastos comentó así lo acertado del asterisco: “El pasaje que eligió Jacques estaba en mi mente cuando empecé a ser manipulado por la compilación. La pluma llega descompuesta al compilador (subraya A. C.)

El plato fuerte de Cambio No. 8 lo constituye la sección titulada “Jorge Luis Borges”. En realidad sólo se trata de un ejercicio polémico (“El pensamiento político de Borges”, por Pedro Orgambide) y de una transcripción directa del rumano (“Borges para desconfiados” por Darie Novaceanu). El primero es un proceso encabezado por las preguntas “¿Cómo juzgar a Borges sólo por sus declaraciones a favor de la Junta Militar y las dictaduras? ¿No es lícito preguntarnos sobre el porqué de esa actitud y ese pensamiento? ¿Por qué dejar de lado las posibles respuestas que pueden estar presentes en los mismos textos escritos por Borges a lo largo de cincuenta años? Los signos de interrogación no responden a una inquietud metodológica. Recursos de la persuasión, esos signos adelantan que las tesis de Orgambide son simétricamente contrarias a las de quienes opinan que lo reaccionario confirma lo decrépito. Voluntario en la guerra de secesión entre contenido y forma, Orgambide cree que el pensamiento de Borges es elitista y que el pueblo rescatará en su obra “lo que haya allí de valioso para su conocimiento del país y del mundo, de la realidad y lo fantástico” (subraya A.C.) Conocimiento: a diferencia de Borges Orgambide parece creer que las palabras flotan como etiquetas transparentes sobre sentidos unidimensionales, mientras la sangre es un elíxir de la verdad que desempeña cuanto moja: “La persecución, el encarcelamiento, la tortura y aun el asesinato de sacerdotes es un hecho frecuente en la dolorosa realidad argentina. ¿Qué pensará Borges, tan preocupado por la metafísica, la ética, los designios inescrutables de Dios?” Una de testimonio y otra de reproche: el matiz -lo propiamente literario- se eclipsa ante la simplificación que impone el discurso de la violencia. Y todo lo complejo y problemático que implica el asalto contra las propias creencias -la admiración a Borges-, se esfuma en la dualidad y en el privilegio de uno de sus términos. El fondo de la discusión prometida asoma sólo en dos ocasiones cuando Orgambide concluye que la reacción de Borges resulta de una defensa a ultranza de la Civilización en su lucha contra la Barbarie y cuando en plena efervescencia incriminadora despunta una controvertible revelación: “Su elitismo político le impide oír las antiguas voces que vienen de los antiguos imperios. Puede ver la Muralla China sin detenerse en el trabajo de sus constructores, descifrar la teogonía de Hesíodo olvidando al pastor y la fatiga de los trabajos y los días”. El redactor lamenta que sea tan limitada la idea que Orgambide tiene de “buscar las posibles respuestas que pueden estar presentes en los textos escritos por Borges a lo largo de cincuenta años”. Ayuna de imaginación, la discusión se prolonga, confirma y emplea la utilería ideología convencional. Pero, ¿Borges no es más “bárbaro” que “civilizado” en su desprecio por la razón y lo razonable, en su gusto por lo improvisado, en su fascinación por los irracionalismos remotos y las supersticiones exóticas? ¿El “pensamiento político de Borges” no estaría más bien en su modo de pensar el gobierno del deseo en la deriva cíclica de los cuerpos? O, mejor aún, ese “pensamiento político”, ¿no se disimularía en lo que Borges ha callado, en lo que afirma indirectamente sobre el monopolio de los sueños cada vez que representa su escandaloso número? Pero, ya se sabe, la imaginación no es el fuerte de los fiscales y Orgambide firma desde ahora la sentencia, “Ninguna enfermedad, salvo la del fascismo, envenena su sangre. (…) No lo juzgaremos nosotros (sic). Lo hará el pueblo, la multitud unánime (…) Cada hombre deberá presentarse en los Tribunales del Pueblo según sea su culpa o su responsabilidad en el inmenso crimen. También Borges.”

Darío Novaceanu es el visitante directamente llegado de otra lengua que, con entusiasmo característico inventa un “Borges para desconfiados”. La intervención del rumano vale la pena de ser explorada porque, para regocijo de los retóricos, lejos de aludir al reaccionario Georgie, nos descubre a un nuevo e imprevisto pensador marxista: “Borges se está separando de los metafísicos para ir en compañía de los materialistas dialécticos: hechos y objetos fluyen bajo rigurosa disciplina cronológica.” No sólo eso. El rumano aventura además un atisbo que ubica a Borges como el creador de una improbable geografía dualista: “Una muy rápida investigación toponímica absuelve a Borges de todas esas acusaciones, pero muy pocos se fijan en ella. Si lo hicieran, observarían al menos un hecho: para sus personajes Borges construye dos espacios diferentes. El espacio argentino está reservado a los más queridos, a los de la historia, el coraje, la sinceridad humana. El otro espacio no siempre definido o definido muy poco es el de los personajes que todos odiamos: traidores, asesinos, insensatos”.