Roman Rosdolsky: Génesis y estructura de “El capital”. México, Siglo XXI Editores, 1978.

Roman Rosdolsky, nacido en 1898 en Ucrania, muerto en 1967 en Detroit, exmilitante trotskista y autor de diversas obras de historia, descubrió en una biblioteca neoyorquina un ejemplar de los manuscritos de 1857-1858 de Marx reunidos bajo el título de Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política). Sabemos que esta obra, dada a conocer por vez primera en 1939, permaneció prácticamente en el olvido hasta su reedición en 1953. A partir de entonces los Grundrisse comienzan a ser tomados en cuenta por los estudiosos del marxismo. Ya en los años sesenta se ubicaban en el centro de los debates sobre la relación del Marx “maduro” con Hegel, el problema de la enajenación, etc.

Desde que descubrió el libro hasta la fecha de su muerte Rosdolsky dedicó una buena parte de sus esfuerzos a redactar la obra que aquí comentamos. Génesis y estructura de “El capital” de Marx(1) es un comentario pormenorizado y una guía de lectura de los Grundrisse. Contiene además importantes ensayos sobre los sucesivos planes que Marx tuvo en mente para su “crítica de la economía política” y sobre diversos problemas teóricos y políticos que pueden ser resueltos a juicio de Rosdolsky a partir del estudio de los Grundrisse.

No sabríamos exagerar la importancia metodológica del tema tratado en el libro de Rosdolsky. A menudo se recuerda lo que Lenin escribió sobre El capital en sus Cuadernos filosóficos: “Es completamente imposible entender El capital de Marx y en particular su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la Lógica de Hegel. Por consiguiente, hace medio siglo ningún marxista ha entendido a Marx!” Este célebre aforismo ha sido muy citado por los marxistas, y, sin embargo, son pocos los que han entendido su intención y menos aún los que han seguido su consejo… Entender El capital implica entender a la obra como una totalidad orgánica en la que todos y cada uno de los elementos son necesarios, y no sólo porque están en la obra, sino también por el lugar y el orden preciso en los que aparecen dentro de ella. Así, entender El capital implica entender la necesidad de su estructura, esto es, la necesidad de una determinada articulación de los conceptos. En la introducción (de 1857) a los Grundrisse, Marx escribió sobre el método de exposición: “No se trata de la posición que las relaciones económicas asumen históricamente en la sucesión de las distintas formas de sociedades. Mucho menos de su orden de sucesión `en la idea’ (Proudhon) (una representación nebulosa del movimiento histórico), se trata de su articulación en la moderna sociedad burguesa”.

Esta articulación de las categorías económicas en el seno de la sociedad burguesa debe ser una articulación necesaria, esto es la categoría más desarrollada no puede ser expuesta antes de la categoría menos desarrollada y, a la vez, la exposición de la categoría más desarrollada se hace necesaria a partir del movimiento interno de la categoría menos desarrollada: la primera se encuentra potencialmente en la segunda. Es la lección que Marx recibió de Hegel, cuya Ciencia de la lógica releyó en el invierno de 1857.

Cuando Marx redactó los Grundrisse, estaba claro acerca de la necesidad de someterse al más alto rigor en la exposición del objeto de estudio: no es posible separar la forma de la exposición de su contenido. En los Grundrisse están casi todos los temas que trata El capital, pero es precisamente el orden de la exposición el que difiere entre los dos libros. A menudo hay en los Grundrisse una mayor riqueza y audacia en los desarrollos, pero no el mismo rigor en la distinción y articulación de los conceptos, ni esa exposición a la vez analítica y sintética que le da su fuerza lógica a El capital. Acaso sea esa una de las razones por las que Marx no publicó los Grundrisse, mediando casi diez años de estudio en la biblioteca del British Museum de Londres entre su redacción y la publicación de El capital en 1867.

Es difícil pedir a cualquiera que lea y entienda toda la Ciencia de la lógica de Hegel, pero es imprescindible superar el economicismo que caracteriza la gran mayoría de las lecturas de Marx. En otras palabras, es necesario abordar El capital como una obra rigurosa y sistemática y no como una obra de historia o como un libro de consulta en donde pueden encontrarse las definiciones de las categorías de la economía marxista. Precisamente el mérito del libro de Rosdolsky está en mostrar la obra acabada a la luz de los esbozos preparatorios, con lo cual se hace posible la comparación que, indicando lo que falta en el esbozo, nos permite aprender la especificidad de la obra acabada.

A la vez analítico y sintético, el método de exposición de Marx en El capital distingue nítidamente las categorías para mostrar de manera clara y contundente la necesidad de la derivación de las unas por las otras.

Señalemos (sin desarrollarlos) tres ejemplos sencillos.

En El capital, Marx analiza primero la mercancía y, a partir de allí, llega a la categoría de dinero. En los Grundrisse el análisis del dinero se confunde con el de la mercancía.

En El capital, Marx analiza de modo sistemático la producción basada en la maquinaria y la gran industria. A diferencia del análisis más global que encontramos en los Grundrisse, en El capital se distinguen con claridad los conceptos de cooperación, división del trabajo y gran industria, para mostrar la necesidad del paso de la cooperación a la división del trabajo, y de esta a la gran industria.

En El capital, Marx estudia sucesivamente la reproducción simple y la reproducción ampliada, mientras que en los Grundrisse la primera está comprendida dentro de la segunda.

En todos los casos, y en El capital en su conjunto, se trata de descomponer una totalidad abigarrada y compleja en sus elementos constitutivos, para iniciar el análisis de lo más simple y abstracto y proceder hacia la reconstrucción sintética de lo más complejo, concreto y desarrollado.

¿Quiere decir todo lo anterior que, frente a la exposición siempre más clara, precisa y rigurosa de El capital el valor metodológico de los Grundrisse reside únicamente en que, al presentar las deficiencias del esbozo, subraya las virtudes de la obra acabada?. De ninguna manera. A partir del estudio cuidadoso de los Grundrisse (y del libro de Rosdolsky) se pueden alumbrar algunos puntos que en El capital quedan oscuros o ambiguos. Señalemos, a título de ejemplo, los problemas que levanta Hans Georg Backhaus en “Dialéctica de la forma del valor”. (Revista Dialéctica No. 4). Según Backhaus, en las sucesivas versiones del capítulo primero de El capital que Marx escribió “las implicaciones dialécticas del problema de la forma del valor se pierden cada vez más”. Después de citar el célebre aforismo de Lenin, Backhaus se pregunta: “¿Es que después de un siglo ningún marxista entendió a Marx, o bien es que Marx llevó tan lejos la vulgarización en las dos primeras partes del capítulo sobre la mercancía que ya no es posible entender como movimiento dialéctico la deducción del valor?”. Según Backhaus no es claro (ni riguroso) el paso del segundo al tercer apartado del primer capítulo de El capital. Esto es, no queda claro cómo y por qué el valor se manifiesta como valor de cambio y precio, o, en otras palabras, cómo en el concepto de mercancía está ya el concepto de dinero. Precisamente porque en el texto de los Grundrisse la exposición crítica del dinero aparece unida con la de la mercancía, es que aparecen en su unidad (contradictoria) mercancía y dinero, valor y valor de cambio: es parte de la crítica al reformismo de los ricardianos y proudhonianos que pedían la abolición del valor de cambio conservando el valor, la abolición del dinero conservando la mercancía; esta intención política de los Grundrisse aparece muy velada en El capital.

Vimos que en El capital, Marx distingue analíticamente los elementos simples de los todos complejos que descompone para reconstruir sintéticamente. Sin embargo, una comparación global entre los Grundrisse y El capital dejaría ver en el primero una síntesis que hace más visible la unidad interna del todo; en el segundo, el afán pedagógico en la exposición acentúa el carácter analítico de la obra, quedando muchas veces oscuros los pasos de transición entre las diferentes partes del libro y, por lo mismo, entre las diferentes categorías.

Los Grundrisse constituyen por ello un complemento indispensable de El capital: por un lado, sus mismos desperfectos muestran la especificidad y el rigor de El capital, problematizando lo que una lectura llana podría dejar como obvio, natural o fortuito; por otro recalcan la unidad interna de El capital y, por lo mismo, del capitalismo explicitando una posición política radical.(2)

Un elemento que a primera vista puede parecer curioso en el libro de Rosdolsky es que cuando pasa a la exposición detallada de los Grundrisse, comienza directamente con el capítulo del dinero, esto es, no expone ni comenta la famosa “Introducción” de 1857. Este texto, junto con otros prólogos, postfacios y cartas de Marx, es considerado por muchos estudiosos del marxismo como la fuente por excelencia en donde se encuentran las concepciones metodológicas del Marx de madurez. Ahora bien, Rosdolsky es consecuente con el pensamiento de Marx, que ya en el “Prólogo” de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política escribía: “Suprimo una introducción general (se refiere Marx a la de 1857. RM.) que había esbozado; prescindo de ella porque, habiendo reflexionado, me parece que adelantar resultados que es necesario demostrar primero solo podría molestar; el lector que quiera realmente seguirme deberá estar dispuesto a remontarse de lo particular a lo general”. A Rosdolsky no le interesa buscar la “metodología marxista” en los llamados “textos metodológicos” de Marx. En estos, los problemas no pueden estar planteados sino de manera abstracta e insuficiente, y por lo tanto ambigua. Las discusiones entre marxistas que únicamente han considerado estos textos han demostrado su esterilidad y tendencia al dogmatismo. Para Rosdolsky, el “método marxista” no existe como un todo acabado y a priori; sólo se encuentra como un método que se busca, que se realiza en la exploración de lo concreto, en este caso, de la realidad del capitalismo. No existen, para Marx y para Rosdolsky, categorías generales que puedan ser simplemente “aplicadas” a la realidad. Más bien, éstas categorías generales se deben encontrar a partir del estudio de la realidad concreta. Es por esto que, para rastrear lo que podría llamarse el “método marxista”, Rosdolsky prefiere dedicar su libro al “laboratorio de Marx” y buscar en la génesis de El capital la clave de su estructura.

En esta perspectiva, adquiere singular importancia el capítulo que Rosdolsky dedica a los planes originales que Marx preveía para su “crítica de la economía política”. No es éste el lugar adecuado para resumir la brillante y documentada exposición de Rosdolsky. Observemos sencillamente un punto que nos parece importante y que se desprende de todo su libro. Los estudiosos del marxismo distinguen habitualmente de manera demasiado tajante el método de investigación y el método de exposición. Parecería que el proceso de investigación es un proceso neutro y meramente empírico e inductivo, y que sólo en el momento de redactar se buscaría la forma de exposición más adecuada al contenido estudiado. Lo cierto, y esto lo demuestra la historia de los estudios de Marx, es que el proceso de investigación no es mera recopilación de datos, sino también proceso de investigación del método de exposición científico del objeto estudiado. Investigar cómo se expone un objeto es investigar la realidad (como unidad de fenómeno y esencia) del objeto de estudio.

Esto es particularmente claro en el siguiente ejemplo. Sabemos por diversas fuentes que en 1857 y 1858, años en los cuales redactó los Grundrisse, Marx pensaba dividir su “crítica de la economía política” en seis libros: 1) el capital, 2) propiedad de la tierra, 3) trabajo asalariado, 4) estado, 5) comercio internacional y 6) mercado mundial. Es instructivo ver la diferencia entre este plan y el definitivo, el de El capital. De principio, notamos que en la obra definitiva Marx dejó de lado los puntos 4, 5 y 6 del plan original. Quedan los elementos de la “sagrada trinidad” de la economía burguesa -capital, salario y renta de la tierra- que Marx pensaba tratar en tres libros diferentes. Ahora bien, Marx incluye tanto el trabajo asalariado como la renta de la tierra en la obra definitiva, que trata, precisamente sólo del capital. Queda entonces claro que en la obra definitiva, trabajo asalariado y renta de la tierra son elementos subordinados al capital, que sólo pueden ser entendidos en la medida en que se entiende al capital. De ahí que la obra definitiva de Marx adopte el título que conocemos.

El carácter de la presente nota no nos permite abundar sobre este punto ni tratar muchos otros de real importancia en el libro de Rosdolsky. Remitimos al lector a su lectura, necesaria para quien se interesa en el desarrollo del marxismo en nuestros días.

Notas

1. Así como la editorial Siglo XXI tradujo el título alemán del libro de Rosdolsky que, literalmente, se podría traducir como “sobre la génesis de El capital de Marx”. Señalemos que Rosdolsky murió antes de poder dar forma acabada a su libro. Es por esto que muchos capítulos a veces tienden a reducirse a no ser más que una serie de citas de los Grundrisse, de la Contribución a la crítica de la economía política, de El capital, etc. reordenadas y unidas por conjunciones. Sin embargo, además de poner en evidencia la originalidad de la obra de Marx, contiene numerosas observaciones que, por su mismo carácter lacónico apuntan hacia otro trabajo filológico y teórico por realizar sobre la obra de Marx.

2. En una ponencia al coloquio sobre La crítica de la economía política hoy en día, Rosdolsky señaló que “el hecho verdaderamente nefasto para la teoría marxista fue el triunfo del reformismo dentro de la Segunda Internacional, que trajo consigo el abandono creciente de la perspectiva dialéctica de la totalidad, favoreciendo actitudes de empirismo simplista”. (“Algunas observaciones sobre el método de El capital y su importancia para la investigación marxista contemporánea” traducción de Bolívar Echeverría, Teoría, estructura y método en “El capital”, cuaderno II, Edición Seminario de El capital, Escuela Nacional de Economía, UNAM, s/f.)

Rodrigo Martínez Baracs: estudiante de Economía