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Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la U.N.A.M Año XII, No. 84 abril junio de 1976.

Este número monográfico sobre «Medicina: Economía y Política», adquiere una relevancia especial dado que contiene sus trabajos sobre un tema de importancia y actualidad indiscutibles: la salud. El marco de estos trabajos excede el que se les otorga tradicionalmente en las publicaciones «medicalizados». Por otra parte, varios de los autores están relacionados con la única maestría en medicina social que existe en el país: la que se dicta en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

La presentación de la revista advierte: 1) que las ciencias sociales deben ser el eje organizador del pensamiento sobre la enfermedad y sobre las formas de prevenirlo; 2) que la investigación de tantos problemas debe enmarcarse dentro de «una teoría social que permita el estudio de lo particular en su articulación con la totalidad histórica y concreta. Así la teoría social generalmente empleada es el materialismo histórico».

Los textos que se incluyen en esta entrega son: La práctica médica de Hugo Mercer; El trabajo médico, la producción capitalista y la viabilidad del proyecto de prevención, de Antonio Sergio da Silva Arouca; La medicina comunitaria, ¿una policía médica?, de Jaime Breilh; Desnutrición en América Latina su magnitud (una primera aproximación) de José Carlos Escudero; Enfermedad y desarrollo: análisis sociológico de la morbilidad de los pueblos mexicanos, de Asa Cristina laurell et al, y los determinantes de la producción y distribución de la enfermedad de Albuquerque Cordeiro, Tambellini Arouca, de Costa Fiori, Nery Gimaraes y Pasos Nogueira.

Del conjunto de los trabajos, cuya calidad está lejos de ser homogénea, sólo uno constituye propiamente una investigación en sentido estricto. Con base en la selección de dos comunidades de similar estructura demográfica (sexo, pirámide de edades) y diferentes formas de trabajo acceso y uso de la tierra, destino de la producción y movimientos migratorios, Asa Cristina Laurell estudió la morbilidad, su posible relación con factores ambientales y con el acceso a la atención médica. El trabajo concluye con una explicación de la morbilidad encontrada que corrobora dos hipótesis: 1) La morbilidad es diferente entre las dos poblaciones una con rasgos importantes de autoconsumo y la otra con un grado mayor de desarrollo capitalista; 2) las características socioeconómicas y culturales tienen un peso mayor sobre la morbilidad que las características ambientales y los recursos de atención médica.

El artículo suscita ciertas reservas. Primero los criterios de selección de las dos comunidades estudiadas (ubicación en la misma zona, contar con centro de salud, similar estructura demográfico; parecen insuficientes para caracterizarlas plenamente. De ahí que resulten parciales las conclusiones y paralelos establecidos a partir de las diferentes condiciones económicas y culturales que se investigan. Sólo esta similitud y el control estricta de las variables operantes sociales legitiman las conclusiones. Segundo: para la caracterización del «mayor grado de desarrollo capitalista» se utilizan factores poco vinculados al sistema de producción, que apenas reflejan modalidades de comercialización de las mercancías. Tercero: en el análisis de los factores socioeconómicos se concluye que «respecto a la relación entre ingreso y morbilidad los resultados parecen paradójicos» por su escasa importancia lo que confirma «que el ingreso monetario no es un buen indicador de las condiciones socioeconómicas de la población rural». La afirmación dista de ser satisfactoria. No sólo porque las paradojas son más propias del objeto de la investigación que de sus conclusiones, sino porque se confunden dos cuestiones: el peso específico de la relación ingresos-morbilidad y la validez del ingreso como indicador básico de las condiciones socioeconómicas de la población rural. En México no hay datos amplios y confiables sobre la correlación ingreso-morbilidad. 

Las reservas sobre las bases metodológicas de la investigación de Laurell y sobre los avances de sus resultados no significan desconocer la importancia de este trabajo que es un intento serio de presentar y corroborar los elementos causales de la enfermedad.

«Desnutrición en América Latina», de José Escudero brinda un panorama adecuado del problema. Sus anotaciones más interesantes se refieren a las deficiencias de la Clasificación Internacional de Enfermedades hechas por la Organización Mundial de la Salud. Escudero considera que la desnutrición es una enfermedad y la caracteriza como «fundamentalmente crónica, puede diagnosticarse fácilmente, su prevención y terapéutica pueden efectuarse utilizando un recurso (alimentos)… «Introduce en sus breves conclusiones algunas referencias a la causalidad social, económica y política de la desnutrición. El centro de su análisis es Latinoamérica, con algunas consideraciones sobre México por «la amplia cobertura y alta calidad que han caracterizado a las encuestas nutricionales en dicho país y a la existencia de una gran tradición nacional en estudios sobre nutrición». Si bien esta última afirmación es innegable no ocurre lo mismo en cuanto a la calidad y amplitud de la información. Las encuestas nutricionales son pocas, captan en forma parcial los factores causales de la desnutrición, cubren sólo un número limitado de poblaciones rurales y no son demostrativos de la situación general.

En «La práctica médica», Hugo Mercer revisa varios trabajos vinculados al tema de la práctica médica e intenta construir una estructura válida para el análisis de la atención médica especializada. Ninguno de estos propósitos se cumple satisfactoriamente. La revisión de los trabajos no refleja ni alcanza una estructura coherente de interpretación, contrastando incluso con el artículo «los determinantes de la producción y distribución de la enfermedad», donde si se brinda al lector una organización crítica de las distintas posiciones sobre un tema sin duda más completo que el de la práctica médica. Las consideraciones generales de Mercer sobre las concepciones y métodos de la sociología no son afortunadas. Sobre Comte, Durkheim, Weber, Smith y Ricardo Mercer afirma: «Haber anunciado que el valor emana del trabajo y no de la tierra o el cambio, que el orden social no se establece como en una máquina o en un organismo biológico, hubiera significado para todos estos autores abandonar una posición apologética del sistema social.»

Semejantes juicios sobre los economistas clásicos difieren totalmente de la apreciación que el propio Marx formula sobre los mismos. Recuérdese si no su cita de Adam Smith («el trabajo es la única medida definitiva y real por la que pueden apreciarse y compararse en todos los tiempos y en todos los lugares el valor de todas las mercancías»: El capital, FCE, 2a. edición pág. 14 nota 17) o su opinión sobre Ricardo, «quien por fin coma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradicción de los intereses de clase, la contradicción entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo, aunque bien simplistamente en esta contradicción vio una ley natural de la sociedad» (Ibid., Postfacio a la 2a. edición).

La sobrevaloración de la actividad intelectual y sus efectos para la transformación social es común a los artículos de Jaime Breilh y Silva Arouca. Ambos coinciden en rechazar dos modalidades de la práctica médica: la medicina comunitaria y la medicina preventiva. Ambos -el segundo con mucha mayor claridad y fundamentación- postulan una condena a estas modalidades en función del papel de descompresión que cumplen respecto al sistema vigente.

Buscar una respuesta sobre la eventual capacidad o incapacidad de la medicina comunitaria o de la medicina preventiva para contribuir a un proceso revolucionario no es un ejercicio limitado a la combinación de categorías y conceptos teóricos. En definitiva, el planteo de Breilh al definir la medicina comunitaria como una forma de «policía médica» que se expresa como «instrumento de estimulo y racionalización de la productividad (sic)» y legitima al sistema político, no deja de ser una formulación teórica: omite por completo el análisis de las condiciones históricas concretas de los países donde la medicina comunitaria se trata de implantar.

Oscar Pedrotta