“La literatura y las artes son hijas de la Memoria y las obras que inspira la Memoria tienen la propiedad de despertar a los pueblos y recordarles qué y quiénes son”.1

Teodoro González de León fue uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, encabezo a una generación que actualizó los procesos de modernización a través de la arquitectura. Hasta sus últimos proyectos, la racionalización fue guía de sus decisiones sobre los espacios. En mi opinión el edificio recientemente terminado, localizado en la calle de Pedregal en la ciudad de México, es un gran ejemplo de como colocar a la razón y a la técnica encima de los intereses estéticos, un impulso a los avances tecnológicos, estructurales y de programación arquitectónica. En ese sentido Octavio Paz no se equivoco cuando aseguró que fue mayor su lealtad a los materiales que su afición al color: “la veracidad –le dijo el arquitecto al poeta alguna vez– es la mayor virtud de la arquitectura moderna”.

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Teodoro González de León nació en 1926, estudio en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, en México trabajo para una generación de arquitectos que lograron traducir la modernización nacional en estructuras habitables como Mario Pani, Carlos Obregón Santacilia, Carlos Lazo, entre otros. En 1947, trabajó para el arquitecto suizo Le Corbusier como residente en el icónico edificio Unité d’Habitation en Marsella. Colaboró con un sin fin de arquitectos en México pero en particular con Abraham Zabludovsky.

La arquitectura que desarrolló muestra la versatilidad y la sabiduría de quien pensó en los espacios toda su vida, de quien los vio como materia de trabajo, de reflexión pero también de crítica; su lectura sobre las ciudades y la explicación de su deterioro, son aspectos que las nuevas generaciones de arquitectos deben actualizar, su denuncia por la pérdida de la memoria histórica mantiene su vigencia. Paz, en su discurso de bienvenida a González de León al Colegio Nacional, sintetiza ideas del arquitecto que señalan las debilidades de una ciudad cuando el espacio no está concebido desde y para una sociedad: “el diseño –menciona el poeta– impuesto por una autoridad despótica transforma el orden en uniformidad carcelaria; la especulación privada y el capricho de los propietarios degradan la fisonomía de las ciudades y lesionan su ser mismo”.

En una época donde las imágenes desiderativas dominan la imaginación, donde la arquitectura se ha desdibujado en fugaces impulsos en páginas de internet, Teodoro González de León nos recuerda qué y quiénes somos en la memoria de los materiales, el respeto por la técnica, la razón y la voluntad modernizadora.  Descanse en paz.

 

Arturo Ortiz Struck
Arquitecto.


1 Octavio Paz, “El Azar y la memoria: Teodoro González de León” Al Paso, Barcelona. Seix Barral, 1992.