Madero 33.
En esta esquina funcionó una de las primeras salas de cine de la ciudad, el Salón Rojo. 1906.


El Salón Rojo figura entre las primeras salas de cine que hubo en México. Salvador Toscano proyectó ahí las imágenes de la catastrófica inundación de Guanajuato, ocurrida en 1905. La sala en la que el público constató la magnitud del desastre se volvería legendaria, una catedral moderna, en la que las “vistas” eran amenizadas con música de orquesta. Alfonso de Icaza la recordó así: “Constaba de tres salones de proyección y varios más con espejos que deformaban la figura y otras pequeñas diversiones, así como uno destinado a mesas, donde se servían platillos y refrescos. Para subir al segundo piso había una escalera eléctrica, que se veía muy favorecida por la gente menuda”.

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Ilustración: Kathia Recio

Luego de permanecer cerrado durante un tiempo el Salón reabrió sus puertas en la cresta de lo que Aurelio de los Reyes llamó “el segundo sarampión cinematográfico” —el primero: el furor que la llegada del cine causó en 1896—. Instalado en el antiguo palacio barroco del minero José de la Borda, el Salón Rojo derrotó a las 34 salas de cine que en 1906 había en la ciudad. La imaginación de su propietario, Jacobo Granat, lo convirtió en uno de los sitios más elegantes, refinados y atractivos de la metrópoli.

Granat era un vendedor de antigüedades de origen judío que había llegado a México en 1902, lleno de nostalgia por el hechizo de las salas de cine europeas. Se apresuró a comprar el Salón, que Salvador Toscano había abandonado, y lo decoró con elegancia extrema. En poco tiempo la sala se volvió “la principal de la ciudad”, favorita de “fifís, rotos y estirados”.

Las ganancias le permitieron a Granat fundar un emporio compuesto por 40 cines, entre ellos, los entrañables Lux, Palacio y Olimpia. No se sabe por qué, unos años más tarde, el empresario decidió regresar bruscamente a su patria. Eligió el peor de los momentos para hacerlo: Adolf Hitler desataba la Segunda Guerra Mundial. Jacobo Granat desapareció al lado de su esposa en las cámaras de gas de Auschwitz, en 1943. Las salas que fundó fueron parte del paisaje arquitectónico de la ciudad durante mucho tiempo.

 

Héctor de Mauleón
Escritor y periodista. Autor de Roja oscuridad. Crónica de días aciagos, La ciudad que nos inventa, La perfecta espiral y El derrumbe de los ídolos, entre otros libros.