Calle de Palma, entre Tacuba y 5 de Mayo.
En este edificio estuvieron las oficinas del periódico El Universal donde, a partir de 1890, escribieron Manuel Gutiérrez Nájera, Carlos Díaz Dufoo y Federico Gamboa.


La pax porfiriana produjo varios periodismos. El primero es el de la esperanza e imprimió sus papeles de 1876 a 1888. La prensa no fue muy distinta de la liberal-militante, era libre y El Siglo Diez y Nueve y El Monitor Republicano aún no perdían su poder crítico. Se fundó, además, Diario del Hogar, de Filomeno Mata, en 1881, y El Tiempo, de Victoriano Agüeros, en 1883 —uno liberal, el otro católico—. Aparece entonces el patrocinio porfirista, que compite y arruina a la vieja prensa. En 1878 un grupo de escritores fundó La Libertad, casa del positivismo y reino de la celebración.

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Ilustración: Kathia Recio

La segunda prensa fue la del entusiasmo, de 1888 a 1893, la cuarta reelección de Díaz. Los diarios fueron menos libres, el presidente era un monarca y su gobierno, autoritario. El comentario crítico desaparece y la oposición vive el trajín de las persecuciones, las demandas y las visitas a la cárcel de Belén. Los diarios con mayor vuelo en esos años fueron El Partido Liberal, fundado en 1880, y El Universal, de 1890. Si la voz política se esfuma de las columnas, la literatura cobra una fuerza inopinada, las páginas de estos diarios son auténticas lecciones de periodismo.

La tercera fue la industrial y, también, la prensa de la desilusión; avanza a partir de 1896 y va a parar en el turbulento 1907. Se trata de un sueño vencido, del derrumbe de la mentira porfiriana. Por supuesto, el cacique de los linotipos y las imprentas fue Rafael Reyes Spíndola, quien importa técnicas nuevas del periodismo estadunidense, encumbra al repórter, introduce la interviú y arrincona a los escritores.

 

Rafael Pérez Gay
Escritor y periodista. Entre sus libros: El cerebro de mi hermano, El corazón es un gitano, Nos acompañan los muertos y No estamos para nadie. Escenas de la ciudad y sus delirios.