Hace poco más de dos años, en los días previos al inicio del mundial de Brasil 2014, publiqué en este mismo espacio un extenso reportaje titulado “¿Por qué nunca debutó La Pulga? Una crónica a ras de tierra del futbol profesional mexicano”. El texto se centraba en Jesús Olguín, un hombre de ahora mediana edad que casi debuta en la Primera División mexicana a principios de los 90, pero que, por una serie de circunstancias y problemas —entre ellas el nulo entrenamiento que reciben los futbolistas del país para lidiar con el fracaso—, se quedó al borde. Su carrera fue en picada desde el día que estuvo a minutos de entrar al campo, y terminó por retirarse mucho antes de lo esperado. Se convirtió en un futbolista talachero, de aquellos que rondan las ligas inferiores por sueldos mínimos.

01-futbol-02

Aparte de la historia, el texto contenía varias entrevistas con comentaristas, especialistas e incluso árbitros, con el propósito de dar un panorama general del futbol mexicano de cara al mundial. El consenso, antes de iniciar la Copa, era que México no avanzaría de la fase de grupos. Terminó por llegar a Octavos de final, pero la mala estrategia del entonces entrenador, Miguel “Piojo” Herrera —quien no supo leer las modificaciones de su contraparte, Louis van Gaal— así como el pésimo manejo de partido de los jugadores —que terminaron debatiendo con el árbitro por una supuesta falta sobre Arjen Robben, cuando tuvieron todo para ganar minutos antes—, hicieron que México se retirara del Mundial en la ronda en la que acostumbra.

Muchos celebramos —en retrospectiva erróneamente— que Miguel Herrera tomara a un grupo roto y sin expectativas —consecuencia de la dirección técnica de José Manuel “Chepo” De la Torre— y lograra avanzarlo a la ronda de eliminación directa. Lo felicitamos por obtener lo que en un principio se esperaba y a lo que ya nos habíamos acostumbrado: le aplaudimos por no dejar al equipo peor de lo que lo había encontrado.

Hoy regreso a ese texto tras haber presenciado la peor derrota mexicana en un partido oficial, que superó al 7-1 asestado por España hace 88 años y la tunda de 6-0 que propinó Alemania hace 38. Hablo, claro, del 7-0 chileno en cuartos de final de la Copa América Centenario, un torneo que desde su inicio pintaba a modo para El Tri. La sede elegida fue Estados Unidos, la casa de facto de nuestra selección. Los estadios seleccionados, en su mayoría, en núcleos de población mexicana —California y Chicago—. El calendario también cómodo: Venezuela y Jamaica, dos de las selecciones más débiles en sus respectivas confederaciones, y Uruguay, con su estrella —Luis Suárez— lesionada.

Dado el nivel de la fase de grupos, se antojaba fácil que México avanzara a la Final, salvo que por azares de resultados, Argentina —el claro superior del continente a pesar de jugar a medio gas— apareciera en Cuartos. El Brasil más gris en años desapareció en primera ronda, no sin antes clavarle un 7-1 a Haití. Colombia tuvo algunos problemas para avanzar frente a un Perú que no prometía mucho pero que resultó correoso hasta los penales. Chile, cuyos jugadores tal vez menospreciamos de un inicio —ya si uno lo piensa, su central juega en el Inter de Milán, su centrocampista estrella en el Bayern Munich y su punta en el Arsenal—, sufrió frente a Bolivia, el único equipo en verdad malo de la Conmebol. México, con alineaciones experimentales y fortuna, sólo se complicó la vida ante Venezuela. Pero Uruguay y Jamaica —el segundo más difícil que el primero— no opusieron gran resistencia.

Varios cuestionaron los planteamientos del flamante entrenador del Tri —el colombiano Juan Carlos Osorio, cuyos trabajos previos habían sido el Sao Paulo brasileño y el Puebla mexicano, que lo despidió por malos resultados—, a pesar de que funcionaban. No faltaba quien apelara al obvio final: sus rotaciones —utilizó a todos los jugadores disponibles en una plantilla de 23 salvo a Cándido Ramírez, que llegó de último minuto para suplir una lesión— iban a funcionar hasta que dejaran de hacerlo. Tantos cambios terminarían por hacer mella en el equipo: jugadores no acostumbrados a jugar en ciertas posiciones, con compañeros que no eran los mismos dos días después. Pero la suerte sonreía.

Las casas de apuestas daban, previo al partido, un resultado cerrado, cargado hacia el lado mexicano. El Tri estrenaba alineación una vez más —era el segundo partido de Ochoa bajo los palos, pero ahora con una central distinta, carente de su referencia máxima, el veterano de 37 años, Rafa Márquez—. Adelante faltaba Oribe Peralta, el delantero más corpulento de los convocados, necesario para pelear con Gary “Pitbull” Medel. En su lugar estaba Javier “Chicharito” Hernández, cuya principal arma —después convertida en traba— era estar a un gol de empatar a Jared Borgetti como máximo anotador nacional.

El primer tiempo transcurrió de manera rápida. México, atolondrado, sólo veía cómo Chile los asediaba por las bandas una y otra vez. Néstor Araujo, tercer central en cuatro juegos encargado de dar órdenes a la defensa —en lugar de Márquez, quien también jugó como contención en un partido, a pesar de no tener ya la velocidad requerida, y después del inexplicable Yasser Corona, un jugador mediano hasta para estándares de la Liga MX— era aquel que detenía los embates chilenos. Los laterales sólo se dedicaban a observar. En la media los jugadores —en particular el creativo Héctor Herrera— se veían pesados. Adelante México no ponía nervioso a Claudio Bravo —responsable de varios goles contra su equipo en los últimos partidos, entre ellos éste de Panamá.

Osorio escribía y escribía en su cuaderno, acuclillado. A veces volteaba hacia el campo, pero la mayoría del tiempo mantenía la vista fija en la libreta. El primer gol cayó, esperado. Y antes del medio tiempo un segundo, de ésos que llaman de vestidor. El descanso parecía lo óptimo para entrenador y equipo: reagrupar era lo importante.

Pero el segundo tiempo fue una hecatombe que nos hizo pasar del enojo a la risa como mecanismo de fuga. Un tercer gol a los cuatro minutos de reanudar terminó por regresar al Tri al apodo de “ratones verdes”. El propio Andrés Guardado —capitán sustituto de Rafa Márquez— admitió tras concluir la humillación que ese gol los sepultó. En redes se hablaba de que el nuevo patrocinador nacional sería 7-Up.

Rafa Márquez —a quien según la prensa mexicana los demás jugadores se refieren como “El Patrón”— volteó airado en dirección del entrenador Osorio. Algunos dicen que fue enojo más que reclamo, pero parecía que él era el responsable, no el técnico anunciado con bombo y platillo después de que Miguel Herrera golpeara al comentarista Christian Martinoli. Trascendió después que fue Márquez mismo quien ordenó a los otros 22 que se disculparan públicamente. Incluso “Chicharito”, alejado de la prensa mexicana desde hace años, ofreció palabras públicas de vergüenza.

Osorio, en una conferencia con treinta minutos de retraso, dijo asumir la responsabilidad por lo ocurrido. Después, en una imitación de Manlio Fabio Beltrones, habló de días de reflexión para comprender la paliza recibida ese día. En entrevistas banqueteras a la llegada de los directivos a México, no se habló de continuidad del entrenador pero tampoco de despido. La reacción fue tibia, ambigua, como si la selección y sus responsables siguieran emulando a un grupo de venados frente a las luces de un automóvil.

El domingo las portadas deportivas eran negras, los números eran lo predominante. 7-0, 7-0, 7-0. Los periodistas, que poco tiempo tuvieron para escribir y emitir sus opiniones, esperaron al lunes para responder las preguntas apremiantes. Hoy algunos hablan de un proyecto inexistente —encarado por un entrenador por demás teórico pero absolutamente impráctico, que espera el éxito a través del azar de las rotaciones— y de la necesidad de echarlo lo más pronto posible. Otros hablan de la necesidad de mantenerlo, de no quitar al timonel al primer fracaso, por más estrepitoso que sea. Y otros –José Ramón Fernández–, opinan algo que se sabe pero casi no se dice, y que no cambiará dados los intereses televisivos: la selección no responde al talento o al objetivo obvio, cosechar triunfos y trofeos. Responde al patrocinador y al consumo televisivo. A vender camisetas y hacer sándwich. A partidos que no sirven de nada pero llenan estadios de mexicanos que se gastan su sueldo en dólares con tal de acercarse a sus estrellas. Nada más.

Empecé este texto, por ello, hablando de la Pulga. Jesús Olguín no debutó a pesar de pasar su vida y renunciar a muchas cosas —amigos, niñez, educación— enfocado en ello. Nadie le explicó qué sucedería en la adversidad, qué pasaría si las cosas no salieran como esperaba.

El sistema sigue siendo el mismo que hace 25 años: los equipos mexicanos carecen de trabajo mental, pocos cuentan con sicólogos en la plantilla. La mayoría se enfoca —dentro de sus posibilidades, en lo físico y en cultivar el escaso talento que hay en las piernas nacionales—. Es por eso que los jugadores no responden en momentos grandes, y cuando lo hacen, lo hacen de la peor forma posible. Hasta sorprendente resultó verlos pedir disculpas. Antes —recuerdo un 4 a 0 frente a Inglaterra con Enrique “Ojitos” Meza de entrenador, en el que Meza se refería a David Beckham como “el güerito”, y admitía no conocer el planteamiento táctico inglés por no leer periódicos— ni eso había. Pero estamos a años luz de lo que sigue: el progreso después de un 7-0 en contra, el peor hasta ahora, es que los involucrados pidan disculpas.

La conclusión es la de siempre, la que estamos cansados de escuchar porque ningún involucrado la toma en serio. Mientras no se trabaje con los futbolistas mexicanos en todos los aspectos, mientras los directivos no entiendan la gravedad del problema, y mientras las empresas sigan tomando las decisiones deportivas, seguiremos viendo resultados similares. Tal vez —esperemos— no tan escandalosos como el del sábado pasado.

Entrenadores vendrán y se irán —y serán indemnizados con millones de dólares al ser despedidos, como Sven-Göran Eriksson—. Las estrellas se retirarán y serán remplazadas por otras. Tendremos más “Tecatitos”, que nos darán flashazos y nos ilusionarán, sólo para desaparecer horas después. Jugadores que por estar en Europa y no México —Nery Castillo, quien por cierto lleva dos años sin jugar— se sentirán superiores a los demás, a pesar de que muchos de ellos son banca y otros despuntan en equipos de medio pelo, no en los grandes como los chilenos.

Y los aficionados seguiremos emocionándonos como hacemos cada que la selección juega un torneo internacional, a pesar de que sabemos que las posibilidades son escasas. Nuestro corazón, y nuestro amor por un equipo programado para darnos muchas más tristezas que triunfos, nos volverán, una vez más, cautivos con síndrome de Estocolmo. Ahí estaremos cuando empiece Rusia 2018 —tal vez con este entrenador, tal vez con otro—, pensando que ahora sí, tendremos posibilidades de llegar al espejismo del quinto partido. Y nos volveremos a decepcionar cuando los espejitos que nos vendieron, y nosotros compramos gustosos, dejen de brillar.

 

 

11 comentarios en “Sobre ese 7-0

  1. Pues como Beltrones en el PRI al asumir la responsabilidad del fracaso, Juan Carlos Osorio debe dejar el Tri.

  2. Un saludo a Esteban Illades, quien dedica unas líneas al deporte, en un sitio con sobrado prestigio cultural. De más está decir que el deporte también es cultura, pero es necesario señalar que en las actividades deportivas están representados los valores que caracterizan a una nación. Los rasgos culturales que caracterizan a una nación se muestran en el desempeño, el “espíritu de un pueblo” puede ser observado en sus deportistas; por supuesto que no se trata de los valores como el nacionalismo, sino se trata de los valores que una sociedad ha privilegiado con el fin de construir su progreso. ¿Qué clase de individuos, o qué clase de naciones son aquellas que no desean mejorar su entorno? Esta es una pregunta para las clases dirigentes de este país llamado México, la muestra de los valores que han inculcado, o no han inculcado, se muestran en los resultados deportivos. Los países desarrollados lo son porque promueven en sus naciones valores que tienden al progreso en todos los ámbitos de su vida. Los atletas de países desarrollados son los representantes de sus respectiva culturas, de los valores que los caracterizan, y así lo entienden sus deportistas. Para esos atletas es un honor “representar”, es decir, son ellos mismos muestras de lo mejor que un país puede dar. Ese es el significado del deporte.
    ¿Qué sucede con México? No podemos hablar de que los deportistas representan a una nación que progresa, ¿en donde está el progreso, con 50 millones de pobres?, qué valores representan los deportistas en un país que está secuestrado por la delincuencia organizada disfrazada de políticos y sin conciencia del significado del progreso de la nación. La clase dirigente desde los años 1960 aproximadamente perdió el sentido de lo que significa ser clases comprometidas con el progreso colectivo y en años más recientes, dada una perversa manera de entender el neoliberalismo, lo interpretaron en política como la liberación de su compromiso con el país y en verdad se creyeron una de las más grandes falsedades de la ciencia económica “la mano invisible del mercado”.
    Lo que las clases dirigentes, obnubiladas más que iluminadas, dejaron de hacer, es validar su papel de clases dirigentes y dedicarse a construir una nación, se requieren estadistas para esa tarea, no vulgares administradores, individuos que dada su falta de compromiso, supuestamente autorizada por los apotegmas del neoliberalismo, olvidaron deliberadamente su papel en el escenario de la vida.
    Los deportistas son representantes de una subjetividad que no se ha construido, de unos valores que no se han promovido, les falta el “espíritu” de la convicción porque no se dan cuenta de que no son las técnicas deportivas, en ellos un tanto deficientes, lo que es más importante, es la construcción del espíritu de una nación el significado del deporte. Las clases dirigentes de este país ni siquiera tienen conciencia de esta cuestión, sólo como ejemplo, creen que son gobernadores para enriquecerse y comprar bienes raíces en U.S.A. y dilapidar el dinero extorsionado a la nación (Romero Deschamps, Elba Esther gordillo, los Duarte de chihuahua y Veracruz), por sólo mencionar un ejemplo, pero sobraría material para una enciclopedia de tamaño Terabites. Nuevamente un saludo a Esteban Illades y a todos sus lectores

    • Para empezar es un gusto leer este tipo de comentario, C. Luis Castañeda, ya que la clase dirigente como le menciona no tienen ademas de muchas otras cosas el conocimiento de que el deporte, así como la cultura, practicarlo a cualquier edad, es un medio formador para los individuos mental y fisicamente, pero desafortunadamente eso es lo que no quiere la clase dirigente de nuestro pais, por eso los recortes presupuestales a los deportes, cultura y ciencia. Saludos

  3. El futból y el deporte como reflejo de la realidad nacional, Alemania y México, jugadores alemanes y jugadores mexicanos, por qué los alemanes casi siempre ganan? Por qué los alemanes siempre están en rondas finales, por qué? Son más técnicos? más atléticos? más pensantes? por qué son mejores?
    Será que la bundesliga es reflejo de su sociedad? será que sus futbolistas son educados para ser alemanes y no solo futbolistas? En México podemos ver que el deporte, no solo el fútbol, el deporte en general es reflejo de nuestra sociedad. Los resultados deportivos a nivel internacional son una proyección de lo que está ocurriendo en cada uno de los países, si se está trabajando bien en el desarrollo deportivo se obtendrán triunfos, que se reflejarán a nivel internacional en las competencias correspondientes, el régimen en turno tendría una “medallita” que presumir, para demostrar que se está trabajando bien. Sin embargo, los mexicanos no destacamos prácticamente en nada, quienes lo logran es por esfuerzo individual, no son resultado de programas establecidos que detecten y desarrollen talento. Eso no deja dinero, o mejor dicho, no han descubierto que deje dinero. El establecimiento de políticas públicas, no de programas olímpicos ni sexenales, políticas públicas prioritarias para el desarrollo integral de la niñez y juventud mexicana daría resultados a mediano y largo plazo, es mucho trabajo el que se tiene que hacer; es solo una medida de muchas que hay que tomar para enderezar el desarrollo social en este país. El éxito deportivo llegará como consecuencia, no como objetivo; si se busca el éxito deportivo únicamente como objetivo se obtendrán espejismos como los campeonatos Sub-17 y la medalla olímpica en fútbol. Lo cual solo genera dinero, dinero para quienes manejan el negocio del fútbol, nada más.
    Así en el fútbol como el la vida nacional.

    • No tiene que ver el “reflejo” de la sociedad con los resultados de futbol… Alemania no siempre gana, pero no por su sociedad, porque entonces los triunfos en el futbol le corresponderían, por ejemplo, a los suizos o a las canadienses, y nada más lejos de eso… ¿o como explicar, bajo esa óptica de lo sicial, los cinco campeonatos de Brasil?…

  4. Cierto, el deporte como práctica y como espectáculo es parte de las culturas populares, bien sabemos la felicidad que el simple contacto con una pelota puede provocar en un pequeño. En el país no existen verdaderas organizaciones que promuevan semejante placer, por otra parte, no existe un periodismo deportivo digno de ese nombre.

  5. Dos escritos elaborados tomando en consideración lo que debe ser, los hechos. Estos mismos deberían ser el factor principal en la toma de desiciones, que como pudimos leer esta en manos de los directivos y los intereses alrededor, en este caso del futbol mexicano, pero, ¿Cómo pedirle peras al Olmo? Si lo que nos corresponde como aficionados no lo hacemos.
    Ante el ritmo de la vida, hacer un alto y sentar un precedente ante la magnitud de lo que ha ocurrido, es sumamente importante y necesario. Aun creemos que la desicion no está en nosotros, pero, de nuestros bolsillos alimentamos todo este engranaje. Desde mi trinchera haré lo que me corresponde y difundiré este escrito con el que estoy de acuerdo. No podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo

  6. ¿Por qué 7-0? La clave fue el tercer impacto. No estaban preparados para ese escenario. Muchos critican de pesimistas al que sugiere prepararse para el panorama adverso. Se exige optimismo y positividad en el pensar y el actuar. ¿Y qué se hace ante la adversidad? Se agacha la cabeza, se bajan los brazos, se arrastran los pies y se busca con mirada desesperada que alguien haga algo. ¿Y a la mañana siguiente? Como lo contó Monterroso “Y al despertar, los chilenos seguían ahí.”

  7. un muy buen articulo, resumiendo muchos, pero muchos años de ilusiones y fracasos y creo que le falto a usted hablar un poco acerca de como los medios de comunicación inflan a los jugadores y hacen creen al publico que la selección ocupa un lugar preponderante en el fútbol mundial

  8. Esteban: En el pasado mundial no se trató de una supuesta falta sobre un jugador holandés, fue una clara falta que muchos aficionados piensan que no existió, pero con comentarios como el tuyo, por muy breve que sea respecto a algo “supuesto”, alimentas el sentimiento de justicia que afectó y sigue afectando a muchos aficionados que piensan que el Tri iba para campeón del mundo… Y por otro lado, no se dice “corrioso”, sino “correoso”…

    • Gracias por la corrección.
      Respecto al comentario, tal vez no fui lo suficientemente claro. Que hayan reclamado el penal es lo de menos; haber llegado a ese punto es lo importante y triste. Tuvieron para ganar el partido y dos años después lo único que la gente recuerda es la falta sobre Robben porque los jugadores sienten que el árbitro jugó en su contra, cuando ellos fueron los responsables de salir del torneo de esa manera.

      Saludos.