En su versión en inglés, esta carta abierta sobre los congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) fue enviada hace un par de días al actual presidente de la Asociación, Gilbert Joseph. El profesor Joseph respondió atentamente afirmando que LASA consideraría la carta con la seriedad que se merece y que en breve, una vez que hubiera hablado sobre la misma con los directivos de la Asociación, se comunicaría con su autor. La damos a conocer por el interés que puede tener para varios sectores de la comunidad académica de México y de toda América Latina.

Pasé tres días en el Congreso de LASA que acaba de tener lugar en Nueva York (del 27 al 30 de mayo). Hacía tiempo que no asistía a un congreso de LASA. En esta ocasión asistí como público (o eso pensaba) porque fue mi esposa quien participó como ponente en una de las más de 1,400 mesas que fueron parte del evento en esta ocasión. Debo empezar diciendo que participar como “público” en un congreso de LASA es una empresa realmente complicada. Cuando intenté asistir a la mesa de un amigo, un guardia de seguridad me dijo que no podía entrar si no tenía un gafete oficial. Le dije que yo era un académico asistiendo a un evento académico y su respuesta fue que tenía que hablar con los organizadores para obtener una autorización. La persona de LASA con la que hablé me dijo que o bien tenía que pagar 100 dólares para poder asistir a la mesa o ella me tenía que escoltar personalmente hasta el lugar donde tendría lugar. Opté por lo segundo y eso fue lo que hizo, no sin antes advertirme que debía abandonar el lugar una vez que la mesa terminara. Al día siguiente asistí a otra mesa con un permiso que me proporcionó otra representante de LASA, el cual me permitía asistir solamente a esa mesa. El último día del congreso fui a otra mesa. En esa ocasión no tuve necesidad de ningún permiso, pues ese día no había un guardia afuera del lugar donde tendría lugar la mesa que me interesaba.

El relato precedente puede sonar muy personal, pero tuve la oportunidad de hablar con varios colegas de diferentes países que también querían asistir a algunas mesas como público y tuvieron experiencias similares (algunos ni siquiera pudieron visitar la exposición de libros pues, por increíble que parezca, también está cerrada al público). Los motivos que me llevan a escribir estas líneas, sin embargo, no tienen nada de personales. En mi vida académica he asistido a congresos en varias partes del mundo y, exceptuando algunos congresos en los Estados Unidos, nunca he visto o escuchado que alguien sea impedido de asistir a una mesa académica… por razones puramente financieras: el principal motivo detrás de esta absurda situación es que si no habías pagado los 220 dólares requeridos por el Congreso LASA 2016, en términos prácticos no existías.

Varias cuestiones importantes se desprenden del relato “personal” que acabo de hacer. Empiezo por la que algunos considerarían la más lógica. ¿Qué fue lo que obtuvo cada participante por los 220 dólares que tuvo que pagar para participar en el congreso de LASA 2016? Nada en términos de “souvenirs”, con lo cual no tengo ningún problema. Lo que llamó mi atención es que por esos 220 dólares los participantes ni siquiera obtuvieron un programa impreso del congreso (para ello tenían que desembolsar otros 20 dólares). Lo que más me preocupa, sin embargo, es esta sensación, compartida por muchos de los colegas con quienes tuve oportunidad de hablar durante el congreso, de que los criterios y el rigor académicos no son primordiales en los congresos de LASA. Regresaré a este punto un poco más adelante. Ahora quiero explorar, en clave telegráfica e interrogativa, algunas de las razones que nos ayudan a explicar esta situación:

a) Por muchos años, LASA había sido un congreso gigantesco que solía tener lugar cada dos años; ahora, se realiza cada año. La pregunta que me viene a la cabeza es muy simple: ¿por qué? Dicho de otro modo, ¿qué es lo que justifica esta recurrencia anual en un mundo (el académico) en el que el desarrollo de nuevos proyectos y nuevas investigaciones requieren tiempo y reflexión?

b) A juzgar por el grosor del programa impreso del congreso LASA 2016 (un libro en sí mismo: 326 páginas), cada año los congresos de LASA son más grandes. Las preguntas aquí también resultan evidentes (al menos para mí): ¿continuará esta tendencia? ¿hasta alcanzar cuántos participantes? ¿qué justifica este aumento y qué revela esta atracción por un crecimiento puramente cuantitativo?

c) En cada congreso de LASA el número de personas inscritas que no hacen acto de presencia en su mesa es considerable. No sé cómo explicar esto y sé muy bien que esto pasa en otras reuniones académicas, pero tomando en cuenta que en este caso la inclusión en el programa implica haber pagado una cantidad no desdeñable, ¿no valdría la pena averiguar qué es lo que está detrás de estas ausencias?

d) El número de mesas en las que el “público” es menos numeroso que los ponentes es también considerable. No pocas mesas tienen poquísimo “público”, especialmente las que empiezan a las 8 a.m. A este respecto, cabe plantear una pregunta que adquirirá su sentido un poco más adelante: si los congresos de LASA no fueran masivos, ¿habría necesidad de empezar tan temprano?

e) Con mucha frecuencia el tiempo concedido al debate y a los intercambios entre los ponentes y con el público es mínimo (cuando no inexistente, pues nunca falta quien no respeta el tiempo que le corresponde). ¿Qué caso tiene reunir académicos de varios países para que no reciban ninguna retroalimentación? ¿La discusión y la retroalimentación no deberían tener mayor entidad y, por tanto, mayor espacio?

f) Enviar las ponencias con anticipación no es obligatorio. Esto fomenta, nolens volens, la improvisación. Como siempre, hay muchas excepciones; ¿necesito aclarar que esta carta abierta no está dirigida a todas estas excepciones? Buenas mesas y ponencias interesantes son parte integrante de todos los congresos de LASA.

Esta lista podría extenderse, pero no quiero convertir esta carta en un documento demasiado largo. Lo que me interesa es fomentar un debate sobre lo que es actualmente el congreso latinoamericano más grande de ciencias sociales y humanidades. Debo añadir antes de continuar que mi principal preocupación aquí son los participantes latinoamericanos, no los latinoamericanistas de los Estados Unidos. Dicho esto, algunos colegas con los que hablé sobre estos temas me dijeron que no debía perder de vista el aspecto de lo que en inglés se denomina networking. Seré el último en negar esta ventaja. Sin embargo, en primer lugar, esto no contradice lo que muchos consideran un rigor académico menguante en los congresos de LASA. En segundo lugar, esta ventaja disminuye significativamente para muchos participantes con el paso del tiempo. Me explico: a partir de cierto momento LASA es más una reunión de viejos amigos que quieren pasar un buen rato juntos que una reunión de académicos con proyectos académicos ambiciosos (una vez más, hay muchas excepciones; como no puede ser de otra manera en un congreso en el que participan más de 5,000 personas). ¿Es solamente esto a lo que la comunidad académica latinoamericana debe aspirar? ¿Debiera sentirse satisfecha con estas reuniones anuales de viejas amistades bajo un paraguas académico? Las universidades latinoamericanas (muchas de ellas con presupuestos precarios) gastan miles de dólares cada año para enviar a sus estudiantes, profesores e investigadores a los congresos de LASA. ¿No debiera revisarse esta práctica? Al respecto debo añadir un par de cuestiones. La primera es que, con suerte, en América Latina las universidades proporcionan apoyo económico para un solo congreso internacional al año. La segunda es que LASA no se desentiende de este punto: como se puede verificar en el Programa 2016 (pp. xv-xxix), para el congreso que acaba de tener lugar, LASA concedió cerca de 400 becas de viaje.

Además del debate que considero necesario respecto a varias de las cuestiones que he mencionado hasta aquí, esta carta también pretende promover una discusión sobre cómo la asistencia a los congresos de LASA puede resultar en algo más fructífero desde una perspectiva académica, así como proporcionar elementos para la reflexión a los organizadores de los congresos de LASA sobre la raison d’être de estos congresos. Esto puede sonar desproporcionado e incluso sin mucho sentido de mi parte, pero permítanme explicarme. Entiendo que, tal como escriben los co-organizadores del Programa 2016 al final de su mensaje (Programa, p. ix), el 50 aniversario de LASA debe ser visto como una oportunidad para crear “un futuro más participativo, diverso y justo para la región y sus pueblos”. Mi punto aquí es que esta perspectiva social no debe desplazar a la substancia académica de los congresos de LASA.

¿Seguirá LASA auspiciando una cuasi-identificación entre la academia y el activismo social o ya es tiempo, ahora que ha cumplido 50 años, de poner sobre la mesa diferentes perspectivas sobre dicha cuasi-identificación? ¿No es legítimo preguntar qué es lo que las universidades latinoamericanas obtienen en términos académicos de los congresos masivos que ahora LASA organiza todos los años? ¿No es tiempo de adoptar una postura más crítica respecto a este enfoque eminentemente activista y cuantitativo, así como sentarnos a discutir sus ventajas y desventajas? No porque los congresos de LASA deban ser puestos de cabeza o nada por el estilo, sino porque considero que los argumentos que surgirían en una discusión de esta naturaleza serían provechosos para todos los involucrados.

Por ejemplo, una de las conclusiones del debate propuesto podría ser la reducción del número de ponentes. Una medida como ésta, ¿no elevaría el nivel académico de los congresos de LASA y, por lo tanto, su reputación académica? Debo añadir que no estoy asumiendo aquí una lógica de suma-cero entre lo que podríamos llamar “vida académica” y lo que podríamos denominar “vida activista”. Lo que estoy diciendo es que los organizadores de los congresos de LASA parecen haber asumido una postura a-crítica a este respecto. Dicho en otras palabras: las actividades activistas no son consubstanciales a las actividades académicas y la distancia entre ambas no puede ser salvada o ignorada en nombre de ciertas metas sociales (por más encomiables y admirables que sean).

El cuantitativismo, el activismo, el networking y los beneficios económicos no pueden ser los parámetros de ningún congreso académico. Si esta carta abierta es tendenciosa o parcial en sus apreciaciones, esto saldrá a relucir en el debate que espero suscite. Sin embargo, si ese no es el caso, sería razonable esperar que la comunidad académica latinoamericana en las ciencias sociales y las humanidades proponga modificaciones a ciertos aspectos de los congresos de LASA tal como tienen lugar hoy en día. Asimismo, los organizadores de estos congresos podrían revisar y replantear algunos de los elementos comprendidos o sugeridos en los alegatos que he presentado en esta carta. Termino afirmando que, desde mi punto de vista, al final del día el debate que propongo aquí sería fructífero tanto para LASA como para la academia latinoamericana.

 

Roberto Breña, El Colegio de México

 

15 comentarios en “Carta abierta sobre los congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA)

  1. Ineresante y estimulante aporte. De mi arte, planteo dos preguntas:
    1) Tal vez, ¿en lugar de buscar reformar o reorientar o volver a “buenos tiempos” de LASA, no puede construirse espacios alternativos? ¿O reforzar alternativas ya existentes?
    2) Más que una distinción entre la Academia y el “activismo”, ¿no es mejor distinguir –y relacionar– la teoría y la practica, la investigación básica y la aplicada? A ambas puede exigirse el mismo nivel de calidad, creatividad y rigor. Y lo académico difícilmente se libra de la rigidez, del protocolo, del excesivo formalismo ….

  2. Totalmente de acuerdo con los planteamientos que hace. Los congresos al masificarse se convierten en ventana de vanidad y turismo académico, en donde al no haber tiempo para el debate y discusión de ideas se sacrifica el avance de conocimiento. Tal vez con mayor rigor académico en la selección de participaciones, trabajos concluidos no proyectos; y trayectoria de los ponentes puedan ser parámetro.

  3. No podría más que estar de acuerdo con lo comentado. Y yo agregaría muchas más. Hace tiempo que los grandes congresos son un mero negocio disfrazado de intelligentsia!!! Efectivamente prefiero invertir el poco presupuesto que se tiene para apoyo a Congresos a seminario y Coloquios, y aún más seminario nacionales. Finalmente para el networking el trabajo a través de email funciona bastante bien. Luego por que hay fama del famoso “turismo académico”. Saludos y bien por los articulos.

  4. Interesante reflexión, LASA para los latinoamericanos es un mito de encuentro y sabiduría, pero en realidad, siempre me he cuestionado el resultado del debate académico en tanto la aplicación y/o socialización que resultaría de la alta inteligencia, con los que no asistimos a estos encuentros y mesas, dígase LASA o cualquier otro. Habría que decir, en vulgar parafraseo: “lo que se dice en la mesa, se queda en la mesa”. Y me cuestiono la necesidad ególatra de la palabra inteligente por la escucha. Triste es salir después de escuchar tanta sabiduría y sentirse con los bolsillos vacíos y un montón de signos de interrogación en el alma. Si además de no haber tiempo de debate y reflexión, el bolsillo también se queda literalmente vacío de monedas y el alma llena de exclusiones, otras más en esta vida, entonces, cual es el aporte real de estos “congresos” todos, si al final no hay retroalimentación?
    Los que llevamos años en el mundo académico necesitamos stop y reflexiones, reales y concretas, o el cierto que el pensamiento se lo lleva el viento? Quizás en miles de librerías polvorientas sin acceso a las nuevas generaciones están las anteriores ponencias de tantos y tantos eventos donde hemos escuchado tantas y tantas palabras sabias e inteligentes. Por eso, por mi profunda preocupación en el tema y los estudios académicos, aplaudo el posible debate y me sumo a la felicitación de tan respetuosa carta de la experiencia en LASA 2016.

  5. Bien planteada esta reflexión sobre este magno evento latinoamericanista. Seria interesante puntualizar en el elevado costo de este y casi todos los congresos en el mundo. Habrá que vincular este balance también con las evaluaciones que pesan sobre la comunidad académica. Y bueno Roberto, solo agregar que es lamentable esa vigilancia sobre quienes no pagan por asistir al congreso. Aun cuando es la manera de participar más en muchas más mesas. Sigamos apoyando nuestros eventos en nuestras respectivas universidades: son gratuitos y ricos en debate y reflexión. Invitémonos mutuamente y dejemos que LASA y otros grandes congresos sigan su curso y que sigan sus críticas.

  6. Comprendo que un colega del Colmex que debe dar máximo un curso al año pueda darse el lujo de redactar esta carta tan larga contra un congreso académico organizado por una asociación privada, sin siquiera haber participado oficialmente en éste, menos aún en su organización. Sin embargo, hay que decir que para colaborar en el mejoramiento de LASA basta ser académico e involucrarse en la asociación, es decir, trabajar para armarlo mejor. Para que las mesas tengan público, también hay que trabajar (difundir, invitar personalmente, incluir comentaristas prestigiados). Por mi parte, LASA ha sido un espacio fundamental donde mis estudiantes de doctorado obtienen becas (financiadas gracias al alto precio que pagamos los profesores titulares con apoyo parcial de nuestras instituciones). En este foro, estos estudiantes confrontan la crítica de profesores de otras universidades y, siendo de sectores populares muchos de ellos, tienen la oportunidad interactuar en inglés con el medio universitario del mundo desarrollado. Por suerte, he encontrado colegas no elitistas de gran prestigio que aceptan comentar la investigación de mis alumnos. Sin duda, hay problemas, pero el carácter masivo de los congresos es una versión contemporánea del asociacionismo que Tocqueville identificaba con la democracia.

    • Gracias Bernardo Bolaños por su comentario sensato. No hay que olvidar que a pesar de sus defectos el Congreso de la LASA puede ser una oportunidad de enfrentarse a los comentarios de otros especialistas que seguramente nunca hubiéramos tenido la oportunidad de conocer quedándonos en nuestras universidades o coloquios nacionales. Estaría bien que de una vez por todas los investigadores experimentados acepten convivir con jóvenes y dejen de querer quedarse entre sí. También se puede mejorar escuchando a doctorandos y jóvenes investigadores, basta con dar unos cursos para saberlo. Ahora bien, los congresos siempre han sido, hasta cierto punto, una actividad mundana y de networking, y efectivamente en cuanto a la cuota altísima que cobra la LASA debería comunicar mucho más sobre el uso que se hace de ella (y en particular sobre el hecho de que permite otorgar becas).

  7. ¿por que será q los lationoamericanos siempre nos quejamos cuando hay que pagar por los congresos? No es la primera ni será la última queja que escucho de este tipo. No pagar cuando los demea han pagado e intentar asistir a las conferencias es como hacerle trampa a los que se tomaron el tiempo de inscribirse, enviar sus ponencias y someterse a que se las juzgaran para que las dejasen presentar.
    Lo de si el congreso es productivo o no, eso es decisión de cada asistente. Si uno decide que no lo es pues entonces no se inscribe para el próximo y listo. Al final si la mayoría considera que no vale la pena, entonces no volvemos y ya.
    Lo interesante es que al autor de este escrito, colado y sin pagar, si le resultó productivo el Congreso pues le dio la inspiración para escribir su queja.

    • Como activa participante de Lasa ( soy Co-chair de la Seccion de Migraciones Internacionales y he sido tambien parte de las evaluaciones del track de migraciones, puedo decir que no se han bajado los estandares para aceptar trabajos, por el contrario los hemos hechos mas estrictos. Que es caro es cierto, pero tampoco es obligatorio ir a todos los congresos. Para los estudiantes y profesionales jovenes hay muchisimas posibilidades de obtener becas, y las becas son Solamente para America Latina. Creo que la gente que asiste a LASA pagando o con Beca no tiene problemas de seguridad. A mi no me parece mal que no dejen entrar a quien no pago. Cuando no puedo ir a un congreso por falta de fondos en general no ataco a la institucion. Tambien es cuestion de elegir nuestras prioridades. Me gustaria saber cual es la fuente de informacion de la persona que hace la denuncia de falta de rigor academico. Si la tiene por favor enviela y asi la discusion sera mas concreta.

  8. Coincido con lo comentado, y bien vale la pena hacer revisión, no sólo de este Congreso, sino de todos, dado que la situación en la que se encuentra cada Universidad proporciona ciertos elementos para enriquecer el acervo cultural de otras instituciones y/o latitudes; el detalle es que pocas veces nos detenemos a analizar que lo más importante en estos congresos son los aportes que se adquieren al participar, al interactuar… que no es tan sencillo cuando son encuentros “masivos”… que son un tanto lejanos en el ámbito académico, porque no son (somos) artistas de moda… Confío que el análisis que hace Breña al respecto nos sirva para descubrir la esencia de estos encuentros, y no los vulgaricemos de la misma manera que se hace con los grandes eventos populares, que aportan emociones, pero no razones para seguir adelante en el devenir histórico que nos ha alcanzado… PAX…

  9. El profesor Breña al parecer ignora, o pasa por alto, que el principal problema de LASA es que, de una organización académica, se ha convertido en una organización políticia. El objetivo real de los precios altos de LASA no es ganar de dinero, sino impedir que académicos que puedieran disentir o criticar — como Breña — asistan a los congresos. Como otras organizaciones similares en los EE.UU., hace años LASA fue infiltrada y capturada por los agentes del Nuevo Orden Mundial, y ahora trabaja para ellos. Sus fines no son académicos, sino políticos y, como el NOM es en realidad un totalitarismo comuno-fascista con otro nombre, no quieren críticos ni disidentes.

    Servando Gonmzalez, autor de Psychological Warfare and the New World Order y La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial.

  10. Estimado Dr. Breña:
    Coincido con sus críticas a LASA en el sentido de que el evento debería estar abierto a cualquier académico, estudiante o investigador, que estuviera interesado en participar, sobre todo considerando que muchas mesas están un poco desiertas. Lamentablemente este criterio lo comparten muchas de las organizaciones académicas del mundo en parte por las restricciones de espacio que existen. Sin embargo, como integrante activa de la organización y como Programa Chair del Congerso de LASA Puerto Rico 2015, me ha tocado conocer de cerca rigurosos procedimientos de selección de propuestas de ponencias previas al congreso. Esta selección la hacen pares académicos de reconocimiento internacional, de manera voluntaria y gratuita, trabajo que involucra a unos 200 académicos de todas las disciplinas. Si se tomo la decisión de hacer el Congerso anualmente, fue por la cantidad de rechazos que se tenía que hacer para posibilitar la participación de académicos de más de 15 disciplinas diferentes que van desde la historia del arte al derecho, pasando por las relaciones internacionales y la arquitectura. Tal vez lo que muestra la monumentalidad del Congreso es el interés en América Latina como área de estudio y la amplitud de las disciplinas desde donde trabajamos. Como integrante de LASA yo he trabajado intensamente por lograr que se amplíen las becas para nuestros estudiantes logrando que mas de 400 estudiantes de posgrado participarán anualmente. En el caso de Puerto Rico, en donde estuve involucrada en la organización, logramos subsidiar la participación de los estudiantes locales pagando solamente 5 dólares. Pero es en sus críticas al nivel académico del evento en donde difiero más profundamente con usted, este juicio depende mucho de las distintas áreas de investigación, pero desde la antropología he asistido a sesiones que parten de perspectivas de investigación-acción rigurosas que hacen importantes aportes epistemologicos y teóricos, Seguir profundizando la diferencia entre investigación básica y aplicada a partir de criterios positivistas no contribuye al enriquecimiento de nuestro diálogos académicos.
    Ojalá Nexos pueda compartir la respuesta que El Dr. Gilbert Jospeh dio a la carta del profesor Breña.
    Atntamente,
    Dra, Rosalva Aida Hernández (CIESAS Mexico)