Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables

Lo primero que nota uno al viajar a Barcelona son los apretones de mano, peculiarmente significativos, de los amigos. Aunque van acompañados de alguna frase como “Ojalá yo también fuera”, no se puede dejar de percibir en la despedida un toque de amabilidad de tanatorio, de elogio fúnebre. […] Lo normal es que el paso de Cerbère a Portbou sea de la alegría y la comodidad a la tristeza y el vacío; hoy es la parte española la que está llena de vida. Lo primero que uno nota son los carteles, propaganda muy bien hecha, el más dramático es el que muestra el pie de un campesino calzado con alpargatas con una esvástica rota en una calle empedrada. La frontera está vigilada por antifascistas muy leídos, alemanes e italianos, y de inmediato comienzan esas discusiones sobre la ideología política que son tan características de la España republicana actual. “Ustedes los periodistas son los peores enemigos de una revolución —explicaba el italiano—, todos llegan con cartas como la tuya; luego vuelven y escriben propaganda derechista sobre nosotros”. “¿Por qué no admiten que Inglaterra no está dispuesta a ayudar a ninguna democracia hasta que termine de rearmarse, cuando ya será demasiado tarde?, decía el otro. Abajo, en el pequeño puerto, los milicianos en sus uniformes azules pescaban usando pequeños trozos de estrellas de mar. Todos los vagones del sombrío tren español habían sido cubiertos por toscos dibujos de tropas en marcha y de la recolección de la cosecha. A medida que el tren se asomaba al sol otoñal, uno se daba cuenta por primera vez de la extraordinaria fiebre bélica patriótica y fe revolucionaria, y de esa sensación totalmente nueva y omnipresente de elevación moral que desde la revolución es la nota más dominante de Cataluña. Y es que aquí nadie dice “desde la rebelión militar”, “desde la revuelta fascista”, sino sencillamente “desde la Revolución” o “desde el 19 de julio”. Al final del tren había dos vagones de tropas anarquistas, compuestas en su mayoría de menores de veinte años, que agitaban sus banderas rojinegras, te apuntaban con sus fusiles, y a cambio de unos cigarrillos prorrumpieron en un grito, al que se unió todo el tren, de “Viva la Revolución”. […]

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Ilustración: Pablo García

La vida en Barcelona comienza muy temprano, es decir, en la madrugada, cuando los gallos empiezan a cantar, como en el trópico, y parte de los 16 mil soldados de refuerzo empiezan a salir para Madrid. Más tarde, después del desayuno, es agradable bajar por las Ramblas mientras el sol atraviesa cálidamente los húmedos árboles y hace brillar las largas hileras de puestos de flores, repletos de rosas, azucenas, violetas y nardos, hasta alcanzar el puerto. La mayoría de las casas muestran siglas y banderas; “Tenemos demasiadas banderas” es un comentario habitual. Está la roja y negra de la FAI y la CNT, la roja con manos entrelazadas de la UGT, la hoz y el martillo de los comunistas catalanes, la bandera separatista de Cataluña, y la de los trotskistas del POUM. […]

Por las tardes se puede pasear por la ciudad vieja o el puerto, o los patios llenos de gente y la Generalitat o el parque con el zoo, o arriba en los jardines de Montjuic, donde solía estar la Exposición. Las iglesias, por lo general, están cerradas y ennegrecidas, como las iglesias de nuestras ciudades; la Sagrada Familia ha sido destruida y sólo queda su extraordinaria fachada, cuyas dos inmensas torres ahora se alzan como una estación de radio. […]

Fuente: “Barcelona” (1936), en Obra selecta (edición e introducción de Andreu Jaume, traducción de Miguel Aguilar, Mauricio Bach y Jordi Fibla), Debolsillo, 2011.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.