05-quince

Adicto. “Nunca he poseído nada más grande que una estantería. Tengo hambre de casa desde hace unos cuarenta años sin haber puesto jamás los ojos en un título de propiedad. Es una buena vida; al aire libre en todo tipo de climas, y se conoce a gente muy interesante. ¿Debería estar registrado el adicto a las casas? ¿Es un hombre o mujer peligroso para la sociedad? ¿Destruye el hambre de casas el sentido moral? ¿Corrompe a los jóvenes? ¿Es hereditario? ¿Se puede curar? Un adicto a las casas es una persona que mientras firma la compra de su casa definitiva se informa sobre todas las demás, un hombre que no es del todo cuerdo los miércoles por la noche, cuando espera despierto toda la noche su ‘dosis’, el último número de la revista Country Life. Un agente inmobiliario vive realmente de vender casas; un cazador de casas, de sueños y curiosidad. Toda su existencia es una petición de visita. Un hombre sin unas cuantas señas en su bolsillo, un permiso para soñar despierto, está igualmente muerto; más allá de la esperanza, más allá de la oración, más allá del psicoanálisis (que a menudo descubre un problema más profundo): “Confesiones de un cazador de casas”, en Cyril Connolly, Obra selecta.

Familia. Los poetas colombianos Juan Manuel Roca y Jaidith Soto se dieron a la tarea de seleccionar los poemas para el libro En tierras del cóndor. Muestra de poesía Colombia-Perú. De ella proviene este poema de la peruana Doris Midori Morosimato, “Escena de familia/ Con mujer adentro”: “Desvistes tu cuerpo/ palpas en silencio el origen de tus pechos,/ no te detiene el ruido de sus voces/ avanzas sigilosa hacia la punta de tu miedo./ Tu familia cena esta noche la misma rutina,/ trafica en la mesa los escombros de un día deshecho/ Tú bajas hacia tu vientre caliente que te espera/ como un negro pájaro la noche se instala en tu pubis/ aletea y empieza a llover sobre tus muslos/ Tu padre, ruidosamente, traga la sopa y eructa/ tu madre se queja y hace lo mismo/ tus hermanos se miran y la imitan/ Tú te dejas caer sobre tu nuca/ mansa, te abandonas al placer de tus orillas/ Una boca escupe sobre el piso/ Tu boca se abre lentamente/ Otra boca lanza groserías/ Gimes, no te explicas/ Alguien arrastra los pies y sale a la calle/ Dentro de ti otra tiembla cuando tiemblas/ rehace el perfil de tu cintura/ por la curva de tus nalgas se resbala/ Tu padre derrama el vino sobre la mesa/ Tú te derramas en un suspiro/ Maldice a tu madre, tira la puerta y se marcha,/ tu madre limpia y se llena de grasa/ Tú de rocío/ Recoge los viejos trastos y su viejo destino/ Tú aprendes a amarte con ésa que te imita/ Tu madre llama, se enfría la sopa/ Abres la puerta, miras la mesa/ y del triste cajón de tus quince años/ extraes una sonrisa”.

Dolor. “Respecto de los posibles vínculos entre actividad creadora y enfermedad no hay acuerdo. Algunos estudiosos, como el doctor Philip Sandblom, quien expone sus ideas en el magnífico libro Creativity and Disease. How Illness Affects Literature, Art and Music, consideran que hay una suerte de diálogo entre dolor-enfermedad y pulsión creadora. Su estudio, erudito y sencillo, ofrece muchos ejemplos. Según Sandblom, hay momentos en los cuales el dolor, a pesar de sus lastres, estimula la actividad creadora. Para otros, el dolor impide la libido e imposibilita la actividad creadora. Desde mi punto de vista sí existen vínculos entre enfermedad y creación. Dolor físico y anímico difieren. El primero, cuando es intenso, atenaza, interrumpe, impide; al disminuir, permite. El segundo, el del alma, incluso mientras se padece, busca caminos —pintura, escritura— para mejorar. Otras veces, si las penas rebasan las alegrías hay quien recurre al suicidio para poner coto a sus sufrimientos. Es la matriz íntima de la persona la que determina si el dolor enciende o apaga la libido de la creación”. Arnoldo Kraus, médico y escritor, en su más reciente libro Dolor de uno, dolor de todos que Francisco González Crussí presenta con estas palabras: “El médico íntegro que es Arnoldo Kraus tiene de su lado la experiencia que lo lleva a escribir con conciencia sobre el tema”. (Debate, 2015.)

Experiencia. El escritor, pintor e ideólogo catalán del Modernisme, Santiago Rusiñol, escribió además de obras de teatro un libro de aforismos lleno de sabio escepticismo, Máximas y malos pensamientos. Piensa mal y no errarás. “La experiencia no sirve de nada. Los hombres experimentados son como esos jugadores que se apuntan las cartas que han salido, pero no saben las que todavía quedan por salir”. (Traducción, edición y prólogo de Francisco Fuster, Vaso Roto.)

Incertidumbre. Para los apasionados como yo de los diccionarios, pongo aquí algo de uno muy interesante del laureado filósofo argentino: Mario Bunge, 100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café. “La incertidumbre es un estado mental. […] se sigue que las personas de mente inmadura, tales como los infantes y los fanáticos, rara vez sienten incertidumbre. La incertidumbre frena la acción pero espolea el entendimiento. Ante la duda, abstente, pero no de pensar sino de actuar. Ante la duda, ponte a pensar. Piensa en cómo salir de la duda. Hay varias maneras de salir de la duda: preguntar, buscar, averiguar, investigar, reflexionar, inventar y ensayar. Esto es así porque la incertidumbre deriva de la escasez de conocimiento. El inversor cauto no invierte en épocas de incertidumbre económica o política […]. La aversión a la incertidumbre no es privativa de los hombres de negocios. Nos pasa a todos, incluso a ratas y palomas. En efecto, si se somete a un animal de éstos a descargas eléctricas a intervalos regulares durante un periodo prolongado, le sube la tensión arterial y se le desarrollan úlceras gástricas. Esto no ocurre si se le somete a las mismas descargas a intervalos regulares. Lo impredecible enferma. La ignorancia no daña la salud […]”. (Lateoli, Biblioteca Bunge.)

Beckett. Martin Page, novelista y ensayista francés, ganó el premio Salon du livre de Chaumont 2013 con su libro La apicultura según Samuel Beckett. Un homenaje a Beckett absolutamente original. Page inventa la vida de un estudiante de antropología que recibe una curiosa oferta de trabajo: ayudar a Samuel Beckett a archivar sus manuscritos. “‘¿Quieren archivos? Entonces voy a fabricarles algunos’. En los labios se le dibujó una sonrisa. Así fue como Samuel Beckett me reclutó para su fabricación de archivos. Era una farsa, me pagaban para participar en ella y me codeaba con un gran escritor. ¿Qué más podía pedir? […] Me acordé que él mismo había estado a punto de ser universitario. Estudiante brillante, esa era la existencia a la que se destinaba. Conocía bien ese mundo. Quise saber si no tenía miedo de perturbar la interpretación de su obra al dar informaciones falsas sobre su vida. ‘No se sabe nada de la vida de Homero y poca cosa de la de Cervantes, Shakespeare y Molière, pero eso no impide que estos autores sean universales y susciten libros críticos. La vida personal está muy sobrestimada’”. (Traducción de Horacio Pons, Edhasa, 2015.)

 

Norma. “Para mí ya es una norma: Cuanto más raro parece algo, menos preguntas hago”: Robert Louis Stevenson.

Oficio. Leila Guerriero reunió en un artículo de Babelia las opiniones de los editores que se reunieron en el Festival Ñ pasado para hablar sobre su oficio. Comparto dos con las que me identifico. La de la chilena Andrea Palest, de Libros del Laurel que dijo: “La cualidad número uno del editor responsable es la capacidad de quedarse inmensamente callado […] Es duro ser una sombra, y ni siquiera eso te lo van a agradecer, pero si eres editor es porque te gustan los libros, leerlos, tocarlos, rodearte de ellos, pensarlos, crearlos bien: esa y no otra ha de ser tu callada recompensa”. Y la de Luis Solano de Libros del Asteroide “Los libros me parecían lo más grande a lo que podía dedicarle mi vida. Ya que no me reconocía talento para escribir, no se me ocurría una manera de estar más cerca de los libros que ésa. Si estás en esta profesión es porque tienes claro que el talento está en otro lado. En el triunfo del autor está tu triunfo”. La propia Leila termina su reportaje definiendo al editor con estas palabras: “el tramoyista discreto que, mientras el trapecista está en pleno vuelo, contempla las piruetas que él no puede ejecutar y permanece en las sombras, atento, listo para aparecer cuando todo lo demás desaparezca”.

Serpiente. La escritora y traductora Julia Escobar (traductora de Rimbaud y Michaux, que fue reconocida en 1999 Caballero de la Orden de las Artes y las Letras  por su labor de difusión de la cultura francesa) nos entrega su versión de Prisiones y paraísos de la escritora francesa Colette: “La pitón se mueve: así avanza la marea por las grandes playas, suspendida de la luna. Así se propaga el veneno por las venas, así el mal por el espíritu. Seguiría creyendo que no se mueve si la luz oleaginosa que se desprende de ella no se moviera por sus nudos con una armonía angustiosa. La pitón se agita sin ir a ninguna parte. […] Se agita y complica la confusión de sus lazos, deforma sus monogramas y me engaña: la O se convierte en C, y la G en Z. La pitón se licua, se funde a lo largo del árbol y por otro lado se retracta, congelada… se esfuerza, presagia no sé qué eclosión…, en lo más tupido de las espirales que luchan y se mezclan se entreabre al fin un estrecho abismo que expulsa una cabeza: una cabeza pequeña y plana, como laminada por su propio esfuerzo, y que ya ni siquiera es odiosa, sino alegre, adornada por unos ojos de oro imperturbables, unas fosas nasales rígidas y curvadas y una boca horizontal. Respiro: la pitón es sólo un animal, y no una especie de infierno concéntrico, un caos nauseabundo sin comienzo ni fin. Es un animal como usted y como yo”. (Nortesur.)

Truenos. “Mucha gente sería atea si no fuera por los truenos. El temor creó a los dioses…”: Sylvain Maréchal (Diccionario de ateos.)

Cerebro. “El Cerebro —es más grande que el Cielo—/ Porque —puestos lado a lado—/ El primero contiene al segundo/ Fácilmente —y Tú-agregado—// El Cerebro es más profundo que el mar—/ Porque —de Azul a Azul-repara—/ El primero absorbe al segundo—/ Como la Esponja absorbe el Agua—// El Cerebro es sólo el peso de Dios—/ Porque —si los pesas— Kilo por Kilo—/ Verás que difieren —si acaso—/ Como la Sílaba del Sonido—”: Emily Dickinson en traducción del poeta mexicano Alberto Blanco. (55 Poemas, que también contiene, Amherst Suite 40 poemas de Blanco dedicados a Emily Dickinson, Poesía Hiperión).

Reinventarse. De 8 entrevistas a cineastas contemporáneos, de Tatiana Lipkes rescato la del cineasta francés Leos Carax (1960) que comenzó su carrera fílmica con una película un tanto autobiográfica: Boy meets girl. [No la comercial estadunidense con el mismo título.] “Hacer una película es un punto de partida, es una experiencia. No es un fin en sí mismo. Lo que importa es lo que pones dentro de una película: todas tus dudas, todas tus preguntas y todos tus miedos esperando deshacerte de algo y reinventarte. Se trata de eso. Holy Motors [su película más reciente] es acerca de eso, de cómo podemos reinventarnos. Porque no podemos vivir todo el tiempo atados a nosotros mismos. Ser uno mismo produce un enorme cansancio. Intentamos cambiar todo el tiempo”. (Introducción de Maximiliano Cruz, Mangos de Hacha, 2015.)

Transgénero. “Durante las semanas anteriores a su viaje a Menton, Lili había empezado a aparecer en el apartamento por las tardes sin avisar. Greta salía de la Casa de las Viudas por algún asunto y, al volver, se encontraba a Lili asomada a la ventana y embutida en un vestido largo, con los botones de la espalda desabrochados. Greta, entonces, la ayudaba a terminar de vestirse, y le ponía un collar de cuentas de ámbar en torno al cuello. Greta siempre se asustaba al encontrar a su marido vestido así, esperándola con el cuello de un vestido de mujer desabotonado entre los hombros pálidos. Pero jamás le dijo nada a Einar, ni tampoco a Lili. Lo que hacía era dar siempre la bienvenida a Lili como si fuese un divertido amigo extranjero. […] Greta hacía todo esto llevada por un impulso de lealtad, porque siempre había pensado que podía enfrentarse con cualquiera, excepto con su marido. […] Nunca lo cuestionaba, fuese lo que fuese, y ésa era la razón de que hubiera permitido a Lili invadir sus vidas”. El escritor estadunidense David Ebershoff publicó en 2001 La chica danesa (traducción de Jesús Pardo, Anagrama, 2015), sobre la vida del pintor Einar Wegener el primer hombre que en 1931 se sometió a una cirugía de cambio de sexo. Ahora su novela revive en forma de guión para la película dirigida por Tom Hooper.

Político. Recuperar años de la historia política mexicana, no siempre afortunados. Eso es lo que consigue el libro que escribió Federico Reyes Heroles para contar la vida de su padre, el político priista Jesús Reyes Heroles. Personajes de la vida pública, anécdotas familiares, bromas paternas, escándalos, periodos de crisis, de todo eso está hecho Orfandad, el padre y el político. Y de lecciones que a veces olvidamos: “La mañana del primero de septiembre de 1982 nos sentamos frente al televisor a ver el Sexto Informe Presidencial de López Portillo, su antiguo jefe. A Reyes Heroles le había llegado el rumor de la nacionalización de la banca, no recuerdo bien a bien por dónde. Estaba muy preocupado. ¿Se atreverá?, se preguntó en voz alta. Cuando llegó el momento del anuncio, Reyes Heroles me dijo, quiere salvarse ante la historia, pero nos va a llevar décadas componer este desastre. Así fue”.  (Alfaguara, 2015.)

Mal. Sobre mi pared hay una talla japonesa de madera./ Es la máscara de un demonio del mal, pintada en laca dorada./ Lleno de compasión observo/ las venas hinchadas de las sienes, que revelan/ el esfuerzo que exige ser malvado: Bertolt Brecht, 80 poemas y canciones. (Traducción y selección de Jorge Hacker, edición bilingüe, Adriana Hidalgo.)

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.