Para un corredor verde en Avenida Chapultepec

El gobierno actual de la ciudad parece no tener visión urbana alguna, sino más bien ocurrencias. De repente, brotan por aquí y por allá proyectos aislados, buenos y malos, pero sin  una visión de  futuro para el conjunto de la gran urbe mexicana. Lo que vamos viendo en estos tres años son sobre todo grandes construcciones y una edilicia conducida por el sector privado. Algunos muy buenos edificios, como en Reforma, y otros de dudosa calidad y temeraria localización, como la propuesta de levantar la más alta torre de la ciudad a las puertas de Coyoacán, donde no existen edificios altos y sí un barrio de gran tradición. Con desmayo, vemos avanzar sin pausa el tráfico  y la degradación urbana, los letreros abusivos que cancelan el derecho al horizonte, el pésimo transporte público, así como el incesante avance de la informalidad que, sin regulación alguna, va convirtiendo las calles y los espacios públicos de la ciudad en un inmenso y desordenado tianguis. Ejemplos de ocurrencias no faltan: ahí está la cosmética "reconversión" de la calle Mazaryk  en la Vía Véneto o el  Rodeo Drive chilango, que resultó  en el parto de los montes y no dejó contento a nadie. También fue el caso del llamado Corredor "Cultural" Chapultepec, donde el gobierno trató  de vender un proyecto esencialmente inmobiliario como si fuese algo "cultural", apropiando para ello espacio público. No tiene caso comentar un proyecto ya desechado por la consulta ciudadana, proyecto que, por cierto, tenía algunos méritos de diseño y arquitectura y en algo acertaba plenamente: remover de ahí el "paradero" de microbuses, otra de las temibles plagas de la Metrópoli.

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Por fortuna, el gobierno ha anunciado que seguirá adelante con la idea de rediseñar la Avenida Chapultepec. Vale pues la pena pugnar por un proyecto  de corredor en verdad transformador. Un "corredor verde" que no sólo recupere la Avenida Chapultepec, sino que vaya mucho más lejos, hacia el Oriente de la ciudad,  la zona más descuidada urbanísticamente de la metrópoli  y donde se proponen grandes proyectos que transformarán su vida urbana y paisaje: el nuevo aeropuerto y, tanto o más  importante en términos urbanísticos, la reconversión del enorme espacio que ahora ocupa el actual.

La propuesta que aquí presento es sólo el  bosquejo de un proyecto existente, más detallado, y que tuvo su origen hace años, cuando trabajando para la CEPAL me tocó analizar el tema de los sismos de 1985 y plantear algunas soluciones a aquella devastación. Lo incorporé a las tesis de urbanísticas de la Fundación Metrópoli 2025 y pude comentarlo con muchas personas;  lo debatí  y dibujé con mis alumnos de urbanismo en el Tecnológico de Monterrey, y lo discutí con dos extraordinarios arquitectos de México: Teodoro González de León y Alberto Kalach y su equipo de "Ciudad Futura". Se trata de un proyecto de "corredor verde" que satisfaga, antes que nada,  ciertas condiciones técnicas y ambientales y se inserte en un marco más amplio de ecología y sustentabilidad urbana.2 Primero, debe estar anclado en la ciudad misma, en su historia y su forma urbana; segundo, debe servir a su gente, a los ciudadanos de a pie sin distingo alguno a personas que pasean, se comunican, venden y compran. Tercero, debe mejorar ostensiblemente el paisaje urbano. Cuarto, tiene que satisfacer por lo menos la mayor parte de un estricto código de urbanismo verde y servicios ambientales, tales como integrar agua, verde y otros elementos naturales en el mismo. La dimensión económica y comercial es importante y debe medirse como un elemento que tienda a incrementar la tasa de empleo y plusvalía de la zona y aledaños donde se ubica. Se puede pensar, guardadas las diferencias,  en las ramblas de Barcelona o Montevideo, que a la vez que comunican, sirven de paseo ciudadano.  Más particularmente, el corredor, para ser tal y satisfacer las anteriores premisas, debe conectar y permitir el tránsito no solo de personas, también de especies de aves y polen. Mientras más continuidad y mas conectividad, mejor será un corredor en términos de movilidad urbana, paisaje y elementos biológicos y ambientales.2

El trazo y recorrido de la actual Avenida Chapultepec tiene hondas raíces históricas y es parte importante de la fisonomía de la ciudad que debe preservarse: fue siempre el camino natural al bosque que le dio nombre. De hecho, su trazo de alguna manera existía ya desde Tenochtitlán, pues a lo largo de ese recorrido, se instalaron los caños que conducían agua limpia desde los manantiales del cerro de Chapultepec al corazón de la insular urbe azteca. Tiempo después la metrópoli española instaló sobre la misma línea y con idénticos propósitos el acueducto con los novecientos y tantos "Arcos de Belén" que remataban en la hermosa fuente, justamente llamada "Salto del Agua", ahí mismo donde ahora se asienta, aislada, una réplica de la fuente original del ilustre arquitecto novohispano Ignacio de Castera.

Durante siglos, la Avenida Chapultepec marcó el límite sur de la ciudad española y de las primeras décadas de su vida independiente. Ahí empezaban los llanos que luego fueron haciendas. Solo cuando el romántico y nostálgico Maximiliano decidió romper la traza ortogonal española y abrir en diagonal su paseo, luego bautizado como Paseo de la Reforma, la ciudad creció y se desbordó al Poniente y al Sur. A lo largo del depredador  siglo veinte la avenida Chapultepec sufrió importantes transformaciones: En los años sesenta se le hicieron un par de pasos a desnivel que aún son útiles, pues estuvieron bien planeados. Corre también, subterránea la línea 1 del metro. También por esas fechas se remodeló su cruce a Insurgentes con una Glorieta, en su momento hermosa y audaz, que se va derrumbando y afeando  al unísono con la decadencia de la Zona Rosa. La propia avenida, que sufrió con el terremoto del 85, decae y pierde primacía urbana.

La propuesta  del "Corredor Verde Chapultepec" restablece el nexo vital del bosque y su vía de acceso histórica. Como su nombre lo sugiere, debe comenzar en el propio Bosque de Chapultepec, con un puente arbolado para ciclistas y peatones y, desde luego, no limitarse a unas cuantas cuadras, sino recorrer toda la Avenida Chapultepec y, una vez que esta termina en su entronque con Balderas, continuarlo a lo largo de la emblemática, pero afeada y devastada por el terremoto, Avenida Arcos de Belén, que tiene edificios de notable valor histórico. El corredor remataría, precisamente, en la fuente del Salto del Agua, pero ahora ya reconectada con su historia: el  acueducto y sus arcos, que serían parcialmente reconstruidos, si bien de manera ornamental, para recuperar y evocar su función primordial de transportar agua.

El Corredor Chapultepec debe ser primordialmente verde y peatonal, de anchas banquetas y poblado de árboles frondosos. Un grato y útil sumidero de carbono y lugar de aves y vida silvestre vinculados al bosque y desde ahí abrir paso a una ancha y segura ciclovía, que permita a los numerosos ciclistas transportarse entre árboles y un jardín lineal, y no arriesgar la vida entre microbuses y enardecidos automovilistas. Ahí sí se pueden instalar cafés, abrir librerías, galerías y pequeños comercios. Al servir y mejorar ostensiblemente el paisaje y el entorno de las más importantes colonias de la zona central de la ciudad como la Juárez, Condesa, Cuauhtémoc, Roma y Doctores -una zona de alta densidad y usos mixtos- veríamos ahí  un notable auge comercial. Su gran reto es tener la mayor continuidad posible y eso se lograría con intervenciones inteligentes que minimicen en calles secundarias el cruce de vehículos y algunos puentes peatonales elevados, como el que ahora está al ingreso de Las Lomas por Paseo de la Reforma.

La  idea es, con el tiempo, extender el Corredor hasta hacerlo entroncar, por  la Avenida Oceanía  con el inmenso predio reconvertido que actualmente ocupa el Aeropuerto Benito Juárez y luego continuarlo en ulteriores segmentos, hasta conectarlo con el otro gran bosque interior de la ciudad de México, que es el Parque Aragón. Cumpliría así su función de conectividad verde y  biológica y no solo de peatones y ciclistas. Esta extensión esta ya dibujada, pero no es materia de esta nota. De hecho, esto se plantea como un sistema ortogonal de corredores conectados entre sí, al interior del entramado urbano. Este es un proyecto posible, de bajo impacto y costo moderado, pero de gran beneficio urbano y paisajístico. Aquí solo esbocé su idea básica, una narrativa visual de sus grandes rasgos y premisas. Ojalá sirva de base para que se propongan no uno, sino muchos proyectos alternativos de "Corredor Verde Chapultepec" y de entre ellos  escojamos el mejor.  

 

Cassio Luiselli
Economista y diplomático; doctor en geografía y medio ambiente.


1 Cassio Luiselli "Hacia una Metrópoli Verde y sustentable" Boletín Metrópoli/2025 No 7 Julio 2006, México.

2 Andrew F. Bennett " Linkages in the landscape: The Role of Corridors and connectivity in Wildlife Conservation" IUCN 2001, Cambridge, UK y Wenche E. Dramstad (ET. Al.) "Landscape Ecology Principles in Landscape Architecture and Land-Use Planning. 1996 Harvard University-Island Press.

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Publicado en: Sólo en línea