El asesino de corredores

1- Las personas caminan por la ciudad y no ven nada. ¿Ven a los mendigos? No. ¿Ven los baches en las avenidas? No. ¿Las personas leen libros? No, ven telenovelas. En resumen: las personas son todas unas cretinas.

¿Ven a los políticos ladronazos? Claro que no, esos canallas por el cargo que ejercen sea en el Legislativo, el Judicial o el Ejecutivo, sólo viajan en automóviles nuevos de lujo que les dan cada año. Sé que hay imbéciles que no saben lo que es un ladronazo. Aprenda usted, pendejo: sustantivo masculino. Ladrón grande; ladronzote (ese aumentativo de ladrón es aún más raro). No existe sustantivo femenino para ladronazo. Ellas también son ladronas, pero en mucho menor número.

Como les decía, esas personas no ven nada, ni siquiera el hecho de estar rodeadas por más y más gente, multitudes que a veces hacen difícil el acto de caminar por las avenidas de modo que uno tiene que bajarse de la banqueta. Las personas tampoco ven la procesión contaminante de autos que circula por las calles, cualquier don nadie tiene un auto, pagadero en 94 mensualidades. Hoy vi a un pobre diablo que para huir de la escoria que llenaba las avenidas se bajó de la banqueta y acabó atropellado; como suele suceder, nadie se detuvo a socorrerlo, era un acontecimiento insignificante y de alguna forma habitual.

Pero yo, cuando deambulo por las calles, veo todo. Y veo lo peor de todo: la destrucción de la ciudad. No hay lugar público en donde no se esté demoliendo un predio para dar paso a un rascacielos, o donde no se esté cavando un hoyo en el que va a erigirse ese monstruo, o aún peor, un lugar donde esa cosa hedionda ya fue construida. ¿Rascacielos? ¿Dije rascacielos? El nombre correcto es rascainfiernos.

Necesitaba hacer algo. Pasé por la puerta de un adefesio de esos que acababa de construirse y vi, frente a un pequeño cobertizo, un cartel que decía: AQUÍ. CORREDOR AUTORIZADO. Entonces tuve una idea genial.

2- Me quedé un poco decepcionado al no encontrar la noticia en los periódicos. Y después de haber procedido a revisarlo por segunda vez, tampoco encontré nada. Pero, a la tercera, se publicó una pequeña noticia en las páginas interiores: Corredor de inmuebles asesinado. Un corredor de inmuebles fue asesinado con refinamiento de crueldad. Lo decapitaron y le cortaron los dedos de la mano.

¿Una pequeña noticia? Qué absurdo, ¿yo quería provocar un choque emocional y sale esa porquería de noticia? Entonces tuve otra idea brillante.

La noticia del periódico apareció en la primera página.

Corredor de inmuebles asesinado. Le cortaron la cabeza y los dedos. El asesino dejó un recado: Voy a asesinar a un corredor de inmuebles por día.

3- Al que maté después fue de una manera todavía más elaborada. Escribí con la punta de un cuchillo en su pecho: ¿No se los dije?

Los periódicos, que adoran las tragedias, escándalos, todo lo que pueda satisfacer la curiosidad malsana de los imbéciles, publicaron una foto con gran bulla en la primera página, junto a entrevistas de policías, psicólogos y profesores y algunos ciudadanos escogidos al azar.

Policía: Vamos a descubrir pronto quién es ese asesino y meterlo a la cárcel.

Psicoanalista: Ciertamente es una persona enferma, que debe haber tenido, o todavía tiene, problemas de relación con su padre, más probablemente con su madre, que debe haberlo rechazado. Hay fuertes indicios de que ese individuo sufre lo que llamamos narcisismo primario y complejo de castración.

Ciudadano: Si yo fuera corredor de inmuebles, no saldría de casa.

4- El único sujeto que no dijo pendejadas fue el policía. O más bien, el único sujeto que dijo pendejadas fue el psicoanalista. Esos tipos siempre aluden a eso, a la relación con los padres, es la influencia del doctor Freud ese. Sí, mi madre en cierta forma me rechazó, al morir durante el parto. Eso significa que ese niño cuando crezca va a matar corredores de inmuebles. Mi padre murió enseguida y ni me acuerdo de él. ¡Ah!, ¿no recuerda a su padre? Eso significa que ese niño cuando crezca va a matar corredores de inmuebles. Bola de pendejos.

5- Resumiendo esta historia que tuvo un final inesperado: maté a cinco corredores más. En el tercero, el asunto apareció en las primeras páginas. En el cuarto, apareció en una columna de la página cinco. Después del quinto corredor de inmuebles que maté… después del quinto… después del quinto… ¿Qué se oye? ¿Estoy rechinando los dientes? Sí, lo con eso, estoy rechinando los dientes, comencé a rechinar los dientes después de leer la noticia:

El asesinato de los corredores de inmuebles tuvo un efecto sorprendente: fortaleció el mercado inmobiliario que estaba en crisis. Las ventas de los departamentos en todos los barrios de la ciudad aumentaron cerca de un 25%.

No leí el resto. Tomé el cuchillo, el cuchillo que me ayudó a matar a los malditos corredores, y me quedé viendo la imagen de mi rostro reflejada en su lámina. Entonces tuve una idea, una idea fantástica que me llenó de regocijo el corazón. Pero todavía no puedo contárselas.

 

Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) es novelista, cuentista y guionista de cine. Entre los varios premios que ha recibido, figuran, en 2003, el Premio Camões y el Premio Juan Rulfo, ambos por el conjunto de su obra. Muchos de sus libros han sido adaptados para televisión, cine y teatro, y han sido publicados en diversos países. En México, Cal y arena es la editora de toda su obra.


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Incluido en: Rubem Fonseca, Amalgama, traducción de Delia Juárez G., Cal y arena, México, D.F., 2014.


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Publicado en: Sólo en línea