El clientelismo ha sido un tema recurrente en los procesos electorales en México. A lo largo de las campañas candidatos y partidos se acusan mutuamente de toda clase de prácticas clientelares y la autoridad electoral repite de una elección a otra los acuerdos y disposiciones para proteger la secrecía del sufragio y castigar los intentos de compra y coacción del voto.1 El clientelismo se define como cualquier intento de obtener el voto de los ciudadanos a cambio de cualquier tipo de favores, bienes, servicios o dinero.2 La coacción del voto sucede cuando un candidato o miembro de cualquier partido amenaza a los votantes con la pérdida de algún beneficio o servicio si no recibe su apoyo electoral.

Otro supuesto de las acusaciones de clientelismo entre partidos es que, si bien en las elecciones nacionales la vigilancia del INE inhibe las prácticas clientelares, los gobernadores cuentan con mayor independencia y mecanismos para utilizar la compra y coacción del voto a favor de los partidos a los que pertenecen. De hecho, este supuesto fue el que motivó la transformación del IFE en INE.

Estas prácticas han sido ampliamente estudiadas en México, pero toda esta literatura se ha concentrado en estudios de elecciones nacionales. En la Séptima Encuesta Nacional Electoral (2015), elaborada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y por el Comparative Study of Electoral Systems (CSES),3 levantamos dos encuestas. La primera a una muestra con representación nacional en la que indagamos sobre prácticas clientelares relacionadas con la elección nacional de diputados federales,4 y la segunda a una muestra representativa de los estados donde hubo elecciones locales, tanto de gobernador como de presidentes municipales, en la que indagamos sobre prácticas clientelares relacionadas con las elecciones locales.5 En esta nota describimos las actitudes de los votantes sobre el clientelismo, la extensión de la relación clientelar entre partidos y votantes, el tipo de votantes más proclives a recibir regalos y ayudas. También analizamos si la incidencia del clientelismo es distinta en los estados donde sólo se celebraron elecciones para diputados federales o en los estados con elecciones concurrentes donde también se eligió gobernador, diputados locales y presidentes municipales.

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Para analizar la relación clientelar entre partidos y votantes incluimos cuatro dimensiones de análisis en el módulo de compra y coacción del voto de la encuesta: 1) si en su colonia o comunidad el votante observó que los partidos y candidatos repartieron regalos o dieron ayudas, 2) si los votantes recibieron regalos o ayudas de los partidos políticos, 3) si los programas sociales fueron condicionados a cambio de que votara por determinados partidos políticos y, finalmente, 4) si los votantes fueron amenazados con quitarle alguno de los programas sociales en los que estaba inscrito.

Los resultados de la encuesta CIDE-CSES confirman una amplia relación clientelar entre partidos y votantes, en todo tipo de elecciones: entre 41% y 58% de los encuestados dice haber recibido algún regalo o ayuda de algún partido político y entre 57% y 70% dice haber visto prácticas clientelares durante la campaña.

Un resultado sorprendente de esta encuesta es que, contra lo que comúnmente se piensa, no es en las elecciones de gobernador donde se recurre más a las prácticas clientelares. El clientelismo está más extendido en las elecciones de presidentes municipales (58% dice haber recibido un regalo) y en segundo lugar en las elecciones nacionales de diputados (50%). Al final se encuentran las elecciones de gobernador (41%) (ver cuadro 1).6

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El único estudio con el que podemos comparar el uso del clientelismo en México con el de otro país es el que realizaron González Ocantos, Kiewiet de Jonge, Meléndez, Osorio, y Nickerson7 en Nicaragua en la elección de 2008, en el que encuentran que 24% de los entrevistados recibió regalos de al menos un partido. En las elecciones mexicanas de 2009 y 2012 un porcentaje similar de electores dijo haber recibido algún regalo de al menos un partido, pero en la elección de 2015 esta cifra aumentó a 34%, 10 puntos más que en Nicaragua en 2008 y que en la elección de 2012.8 Dos factores pudieron influir a este aumento: la concurrencia de elecciones de todos los niveles de gobierno y que el PRI es partido en el gobierno a nivel nacional, a diferencia de las elecciones anteriores.

 

Ya sea que se recurra al clientelismo para persuadir o para movilizar a los votantes, la compra de voto tiene implicaciones negativas para la democracia. Cuando el clientelismo se extiende, los votantes no eligen a sus gobernantes para castigar o premiar a partidos y candidatos, ni eligen de acuerdo a las políticas públicas que prefieran. La decisión electoral se basa en incentivos económicos y daña la relación entre votantes y gobernantes. Con la compra de voto las elecciones dejan de ser el vehículo de rendición de cuentas de partidos y gobernantes.9

En México el clientelismo es una práctica extendida y fuertemente integrada a la cultura política de los votantes. Las prácticas clientelares reciben un cierto grado de tolerancia entre los ciudadanos de varias democracias, pero en México10 una amplia proporción de electores tolera intercambio de bienes por votos durante las campañas. Para analizar las actitudes personales ante el clientelismo, incluimos la siguiente pregunta en la encuesta CIDE-CSES 2015: “Imagine que un partido político durante la campaña ofreció 200 pesos a un votante para que vote por ese partido. Esa persona aceptó el dinero y votó como se lo pidieron. En su opinión, ¿el comportamiento de ese votante fue: totalmente aceptable, aceptable, entendible pero inaceptable, inaceptable, totalmente inaceptable?”.11 16% de los entrevistados consideró aceptable la compra de voto, a 27% le pareció entendible pero inaceptable y 50% la calificó como inaceptable. Si sumamos las respuestas “totalmente aceptable” y “entendible pero inaceptable”, México es el país con mayor tolerancia a las prácticas clientelares del conjunto para el cual tenemos información (ver cuadro 2), es decir, México reporta niveles superiores de aceptación de la compra de voto que países latinoamericanos como Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Perú y El Salvador.

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No todos los partidos cuentan con la misma capacidad para distribuir bienes en las campañas. En la encuesta CIDE-CSES indagamos acerca del reparto de regalos y ayudas por cada partido político durante la pasada campaña electoral. A nivel nacional el PRI y el Partido Verde fueron los partidos que más incidieron en una relación clientelar con el electorado: 34% y 26% de los electores, respectivamente, afirma haber recibido regalos y ayudas de dichos partidos (ver cuadro 3).

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El caso del Partido Verde es muy interesante. Seguramente utilizó medios de reparto como el correo o el reparto directo con proveedores profesionales, porque no cuenta con la capacidad organizativa para desplegar con sus recursos humanos propios ese nivel de clientelismo. En segundo término se encuentran el PAN y el PRD con 20% y 16% de los electores, respectivamente. Sobre el resto de los partidos se reporta menor incidencia, 12% en el caso de Movimiento Ciudadano, 6% de Morena y 7% de otros partidos.

En el caso de los estados con elecciones concurrentes la encuesta CIDE-CSES reporta datos similares que la encuesta a nivel nacional. El PRI es el partido que más reparte regalos y ayudas, siendo aún más prevalente en estados donde únicamente se eligieron presidentes municipales (42%) que donde se eligió gobernador (26%). En ambos casos el PRI reporta casi el doble de reparto de regalos que el PAN, el Partido Verde y el PRD.

Como es de esperarse, el porcentaje de votantes a nivel nacional que observó que partidos entregaron regalos en su colonia es aún mayor, siendo el PRI el partido con mayor incidencia clientelar: 51% de los votantes observó reparto de regalos y ayudas del PRI. En segundo lugar, el Verde y el PAN con 34% cada uno, y el PRD con 31%.

En los estados con elecciones concurrentes también observamos un comportamiento similar. El PRI es el partido que los votantes refieren que repartió más regalos y ayudas en su colonia: 60% en el caso de estados donde se eligieron presidentes municipales y 45% en estados donde se eligió gobernador. Esta cifra es significativamente mayor que en el caso del PAN, el Partido Verde y el PRD.

Ahora bien, los partidos son estratégicos al momento de distribuir sus recursos y movilizar a los electores. Como lo anticipa la literatura en política comparada y clientelismo, hay algunos votantes que son más proclives a recibir incentivos económicos a cambio de su voto. Por ejemplo, los votantes con menores niveles de educación e ingreso, dado que el valor relativo que asignan a los incentivos económicos repartidos por los partidos es mayor que para los votantes con mayores niveles de educación e ingreso.12 Igualmente, los votantes con simpatía partidista son identificados por los partidos con el objetivo de movilizarlos a las urnas el día de la elección.13

La encuesta identifica el tipo de sección en el que se levantó: urbana, mixta o rural, lo que permite separar los resultados por tipo de sección. También permite agrupar los resultados de acuerdo al partido que gobierna el estado (PRI, PAN o PRD). Igualmente, reporta el nivel de educación (ninguno/primaria, secundaria, preparatoria, universidad y más) y la identidad partidista de los encuestados. Con esta información podemos conocer los rasgos principales de los electores que los partidos contactaron con alguna práctica clientelar.

¿Quiénes son los electores que buscan los partidos al repartir regalos? Llama la atención que el único partido que muestra una orientación estratégica clara al repartir regalos es el PRI, si miramos a la distribución por tipo de sección electoral. El PRI claramente orienta sus intentos de compra de voto a las áreas rurales. Mientras que en el promedio nacional 34% de los entrevistados dice haber recibido algún regalo del PRI, en las secciones rurales este porcentaje es de 42%. El Partido Verde lo siguió en esta orientación hacia el campo: 26% a nivel nacional y 30% en secciones rurales dice haber recibido un regalo del Partido Verde. En el caso de los demás partidos no se encuentra una diferencia importante en el reparto de dádivas por tipo de sección electoral.

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Algo similar ocurre cuando analizamos el reparto de regalos por niveles de educación de quienes dicen haberlos recibido. Mientras que 37% de los entrevistados que tienen sólo educación primaria recibió algo del PRI, sólo 22% con preparatoria o más recibió algo. Vuelve a ser notable que en ningún otro partido se observa un sesgo a la hora de repartir regalos, considerando el nivel educativo de los electores.

¿Para qué reparten dádivas los partidos, para movilizar o para persuadir y ganar nuevos votantes? Si su reparto se concentra en electores que se identifican con ellos, podemos suponer que lo hacen para movilizar, si su esfuerzo clientelar se extiende entre electores que se identifican con otros partidos o que son independientes, es obvio que su clientelismo tiene también un propósito de persuasión.14

El PRI reparte regalos a electores que se autoidentifican como priistas, pero también a votantes independientes (ver cuadro 4). Esto sugiere que la estrategia clientelar de este partido no sólo buscó la movilización de sus electores, o “compra de participación” (turnout buying), sino también incluyó un componente de persuasión a electores sin identidad partidista, es decir, de “compra de voto” (vote buying). Los datos de reparto de regalos por estados según el partido político gobernante también confirma esta interpretación. Si bien la incidencia de reparto de regalos (ver cuadro 5) entre votantes que viven en estados gobernados por el PRI es alta (29%), es aún mayor en estados donde gobierna el PAN (45% recibió regalos del PRI) o el PRD (39%). En otras palabras, en la pasada campaña electoral el PRI fue estratégico a la hora de movilizar sus recursos, con un fuerte componente de movilización de bases, pero también de persuasión a electores sin identificación partidista y que no viven en un estado gobernado por el PRI.

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En el caso de los demás partidos encontramos menores sesgos en cuanto al perfil de los votantes que recibieron regalos o ayudas de esos partidos. El Partido Verde, aliado electoral y legislativo del PRI, repartió más regalos entre votantes independientes. El PAN registra mayores niveles de reparto de regalos entre sus propios votantes y en estados donde gobierna, sugiriendo que este partido realizó una estrategia de activación y movilización de su base electoral. Es el mismo caso del PRD, que repartió más regalos entre votantes que se autoidentifican como perredistas y que viven en un estado gobernado por ese partido.

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En la encuesta CIDE-CSES también indagamos sobre qué regalos repartieron los partidos políticos durante la campaña electoral.15 En términos de investigación por encuesta, dichas preguntas pueden incurrir en un sesgo de comportamiento social deseado (social desirability bias). Si bien es cierto que un porcentaje muy importante de los entrevistados aceptó haber recibido regalos o ayudas de los partidos durante la pasada campaña electoral, es posible que los entrevistados no reporten los regalos o ayudas que sean socialmente más “indeseados”. En otras palabras, es más probable que un entrevistado acepte que recibió playeras o lápices, pero menos probable que acepte que recibió dinero o cualquier bien que tenga un estigma social. Por lo mismo, es posible que las siguientes preguntas subestimen algún tipo de bienes que los partidos distribuyen durante las campañas electorales.

En el cuadro 6 presentamos el porcentaje de entrevistados que reportó haber recibido determinados regalos a nivel nacional.16 Al respecto, los regalos más comunes que repartieron los partidos —con excepción del Partido Verde— fueron playeras y gorras. En tanto que las mochilas con útiles escolares fue el regalo que más entregó el Partido Verde. Otros regalos que fueron distribuídos en mayor medida por los partidos fueron las despensas, los utensilios de cocina como vasos, tazas y tortilleros, así como bolsas para el mandado y paraguas. No se observan variaciones significativas entre los datos a nivel nacional y en los estados con elecciones concurrentes.

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En esta encuesta también incluimos preguntas para conocer si los partidos ofrecieron incluir a los votantes en programas sociales a cambio de su voto. Al respecto, sólo 5% de los votantes reportó que algún candidato ofreció incluirlo en programas federales como Liconsa, Prospera o Procampo, y 6% en el caso de programas de becas, pensiones o apoyo alimentario. Cuando preguntamos sólo a los beneficiarios de dichos programas, únicamente 3% de la muestra reportó que algún candidato los había amenazado con quitarlo del programa si no votaba por su partido político.

 

El clientelismo es una práctica integral de las campañas políticas en México. Está ampliamente extendido y lo practican con distinta intensidad por lo menos los tres partidos más grandes. Camisetas, gorras y despensas son los instrumentos más utilizados. Sobresale el carácter estratégico de los partidos a la hora de incurrir en prácticas clientelares. Los datos de la encuesta CIDE-CSES sugieren que el PAN y el PRD concentraron sus esfuerzos y recursos en movilizar a su base, mientras que el PRI —y en menor medida el Partido Verde— buscó no solamente movilizar a su base, sino que también dirigió sus esfuerzos clientelares a persuadir a grupos específicos (votantes con menores ingresos, que viven en secciones electorales rurales y que no se identifican con partido político alguno) y en estados donde gobierna la oposición.

Estos hallazgos no constituyen buenas noticias para la democracia en México. Como hemos subrayado en esta nota de investigación, el clientelismo daña la relación entre ciudadanos y gobernantes. Cuando las elecciones no son un instrumento de rendición de cuentas y los ciudadanos no votan por los políticos que más prefieren, ni votan de manera retrospectiva para castigar o premiar a los partidos y candidatos, la democracia y la representación sufre.

 

Referencias

Botero, Sandra, Rodrigo Castro Cornejo, Laura Gamboa, Nara Pavão y David Nickerson, “Do Voters Punish Clientelism as Severely as Private Corruption? Experimental Evidence from El Salvador”, documento de trabajo.

Botero, Sandra, Rodrigo Castro Cornejo, Laura Gamboa, Nara Pavão y David Nickerson, “Why Do Voters Support Corrupt Politicians? Experimental Evidence from Mexico”, documento de trabajo.

González Ocantos, Ezequiel, Chad Kiewiet de Jonge, Carlos Meléndez, Javier Osorio y David Nickerson, “Vote Buying and Social Desirability Bias: Experimental Evidence from Nicaragua”, American Journal of Political Science 56, pp. 202-217, 2012.

González Ocantos, Ezequiel, Chad Kiewiet de Jonge y David Nickerson, “The Conditionality of Vote-Buying Norms: Experimental Evidence from Latin America”, American Journal of Political Science 58, pp. 197-211,
2014.

González Ocantos, Ezequiel, Chad Kiewiet de Jonge y David Nickerson, “Legitimacy Buying: The Dynamics of Clientelism in the Face of Legitimacy Challenges”, Comparative Political Studies 48(9), pp. 1127-1158, 2015.

Kiewiet de Jonge, Chad, “Who Lies About Electoral Gifts? Experimental Evidence from Latin America”, Public Opinion Quarterly, por publicar.

Kitschelt, Herbert, “ Linkages between citizens and politicians in democratic polities”, Comparative Political Studies 33, 2000.

Kitschelt, Herbert y Steven Wilkinson (eds.), Patrons, Clients, and Policies: Patterns of Democratic Accountability and Political Competition, Cambridge University Press, Cambridge, 2007.

Mainwaring, Scott y Mariano Torcal, “Party System Institutionalization and Party System Theory After the Third Wave of Democratization”, Handbook of Political Parties, Richard S. Katz y Willliam Crotty (eds.), Sage Publications, Londres, capítulo 19, pp. 204-227, 2006.

Mainwaring, Scott y Timothy Scully (eds.), “Introduction”, Building Democratic Institutions. Party Systems in Latin America, Stanford University Press, Stanford, CA, pp. 1-36, 1995.

Stokes, Susan, “Perverse Accountability: A Formal Model of Machine Politics with Evidence from Argentina”, American Political Science Review 99(3), pp. 315-325, 2005.

Stokes, Susan, “Political Clientelism”, Oxford Handbook of Comparative Politics, C. Boix y S. Stokes (eds.), Oxford University Press, Oxford, pp. 604-627, 2007.

Szwarcberg, Mariela, “Uncertainty, Political Clientelism and Voter Turnout in Latin America: Why Parties Conduct Rallies in Argentina”, Comparative Politics 45(1), pp. 86-106, 2012.

Nichter, Simeon, “Vote Buying or Turnout Buying? Machine Politics and the Secret Ballot”, American Political Science Review 102, pp. 19-31, 2008.

Schedler, Andreas, “‘El voto es nuestro’: Cómo los ciudadanos mexicanos perciben el clientelismo electoral”, Revista Mexicana de Sociología 66, pp. 57-97, 2004.

Ugalde, Luis Carlos y Gustavo Rivera Loret de Mola, “Clientelismo electoral y la compra del voto en México”, nexos, 21 de junio de 2013 https://www.nexos.com.mx/?p=18989

 

Ulises Beltrán
Profesor afiliado de la División de Estudios Políticos del CIDE y director de BGC Beltrán, Juárez y Asocs.

Rodrigo Castro Cornejo
Candidato a doctor en ciencia política por la Universidad de Notre Dame y PhD. Fellow del Kellogg Institute for International Studies.


1 El Acuerdo del Consejo Nacional del INE para evitar la compra y coacción del voto del 6 de mayo de 2015 inicia recordando el Acuerdo del Consejo del entonces IFE para la elección de 2012. http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5395482

2 Ver Stokes 2005, Nichter 2008, Schedler 2007, Stokes 2005 y 2007, Szwarcberg 2012, Ugalde y Rivera 2013, entre otros autores.

3 Esta encuesta forma parte del Comparative Study of Electoral Systems (CSES) como una colaboración multinacional de estudios electorales y es la más reciente de una serie iniciada en la elección nacional de 1997 y que incluye levantamientos para las elecciones presidenciales de 2000, 2006 y 2012 y las intermedias de 2003, 2009 y 2015. El proyecto recibió financiamiento del Conacyt y el trabajo de campo fue realizado por la empresa Beltrán, Juárez y Asocs. S. C.

4 Se hicieron dos mil 400 entrevistas efectivas a una muestra nacional de ciudadanos mayores de 18 años con credencial para votar en un total de 238 secciones electorales aplicando en promedio 10 entrevistas por sección. La muestra es representativa de la población nacional y se dividió en tres dominios de estudio definidos por el partido en el gobierno estatal, PRI, PAN o PRD. En el primer dominio se realizaron mil 400 entrevistas efectivas, mientras que para los dos dominios restantes se realizaron 500 entrevistas efectivas distribuidas en 49 secciones.

5 En este encuesta se realizaron igualmente dos mil 400 entrevistas efectivas a una muestra de ciudadanos mayores de 18 años con credencial para votar en un total de 237 secciones electorales, aplicando en promedio 10 entrevistas por sección Con los resultados de la encuesta es posible hacer desgloses por tipo de elección local: estados con elección de gobernador, presidente municipal y diputados locales (mil 100 entrevistas en nueve estados con margen de error teórico ±4.4: Baja California Sur, Sonora, Campeche, Colima, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Guerrero) y estados con elección únicamente de presidente municipal y diputados locales (mil 300 entrevistas en siete estados con margen de error teórico ±4.0: Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Yucatán, Distrito Federal, Morelos y Tabasco). Por el método de selección, los resultados de la encuesta son representativos para el total de la muestra y para cada dominio (según partido que gobierna el estado). De manera global, el margen de error teórico para esta encuesta en estados con elecciones concurrentes es de ± 2.9 puntos porcentuales con un nivel de confianza de 95%.

6 La siguiente pregunta se realizó a nivel nacional: “Durante la campaña electoral para diputados federales, ¿recibió usted algún regalo o ayuda de parte de alguno de los candidatos a diputado federal del (PARTIDO)?”. En el caso de las elecciones concurrentes, para la elección de gobernador la pregunta fue la siguiente: “Durante la campaña electoral para gobernador, ¿recibió usted algún regalo o ayuda de parte del candidato del (PARTIDO) a gobernador?”. Mientras que para la elección de presidente municipal la pregunta fue la siguiente: “Durante la campaña electoral para presidente municipal (jefe delegacional), ¿recibió usted algún regalo o ayuda de parte del candidato del (PARTIDO) a presidente municipal (jefe delegacional)?”.

7 González Ocantos, Kiewiet de Jonge, Meléndez, Osorio, y Nickerson 2011. Para un estudio comparativo sobre compra de voto ver Kiewiet de Jonge 2015.

8 Fuente: Nicargua 2008 (González Ocantos et al., 2011); México 2009 (Kiewiet De Jonge, 2015); México 2012 (Beltrán y Castro Cornejo, documento en progreso); y encuesta CIDE-CSES 2015.

9 Ver Stokes 2007 para una discusión sobre la rendición de cuentas “perversa” (perverse accuntability).

10 Ver González Ocantos, Kiewiet de Jonge, y Nickerson 2013.

11 Esta pregunta fue originalmente elaborada y analizada por González Ocantos, Kiewiet De Jonge, Meléndez, Osorio y Nickerson (2011) en Nicaragua, y por González Ocantos, Kiewiet De Jonge y Nickerson (2013) en Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Perú. Mientras que Botero, Castro Cornejo, Gamboa, Pavão y Nickerson la analizaron en El Salvador (documento de trabajo).

12 Stokes 2005 y 2007; Szwarcberg 2012 entre otros.

13 Nichte 2008.

14 Ver Nichte 2008 para una distinción entre compra de voto y compra de participación. En el primer caso, y consistente con Stokes,
el modelo de compra de voto (vote buying) predice que los partidos identifican y dirigen (target) sus estrategias a votantes que no son sus partidarios y que son moderados, mientras que el modelo de compra de participación (turnout buying) predice que los partidos se enfocan únicamente en sus partidarios.

15 Si el entrevistado reportó que recibió algún favor o ayuda del (PARTIDO POLÍTICO), se le realizó la siguiente pregunta abierta: ¿Podría decirme qué es lo que recibió?

16 Los porcentajes no son calculados en relación al total de la muestra sino representan el por- centaje de votantes que recibió dicho regalo (por ejemplo, camisetas) entre quienes reportan haber recibido regalos del partido político en cuestión (por ejemplo, PAN).

 

Un comentario en “Clientelismo de gorra y camiseta

  1. El clientelismo como proceso electoral no es suficiente para la manipulación electoral que realizan los partidos. Es un fenómeno que se ha institucionalizado a través del ejercicio del poder en las administraciones públicas, desde el nivel municipal.