To bring the dead to life…
Few are wholly dead…

 —Robert Graves

Hace poco nexos reeditó en su sitio web la entrevista que en 1981 Robert Graves concedió a Peter Buckman y William Fifield. Varias semanas después esta misma publicación incluyó en su página la conferencia que durante la ceremonia anual de la London School of Economics el poeta inició con la contundente reflexión: “si no hay dinero en la poesía, tampoco hay poesía en el dinero”. La relectura de estos textos me ha recordado lo inquietante que fue para mí, hace ya tres décadas, el hallazgo de sus poemas envueltos en aquel extraño halo de la (cetrina) Diosa Blanca. Al buscar otras publicaciones de Graves me topé con la referencia en el prólogo de 1960 a Los mitos griegos donde habla de su experiencia personal con la ambrosía de hongos mexicanos y, años después, por casualidad, encontré su ensayo sobre Juana Inés de la Cruz, donde la ubica como una musa de la galaxia de la Diosa Blanca.

Hurgué entre mis libros de aquellos años cuando viajé a Deià, Mallorca, buscando las huellas de la poesía gravesiana. No son más de una docena de libros (novelas, ensayos) y un par de libros de poemas. Cantidad reducida frente a los más de cien títulos y alrededor de mil poemas que publicó Graves en vida. Pero menciono estos libros por algo en especial: entre ellos encontré, no sin sorpresa, uno del hijo primogénito del poeta, William Graves.1 Este libro fue escrito después de la muerte de su padre en 1985 y si la memoria no me falla di con él en el barrio Gótico de Barcelona. Su primera edición en inglés data de 1997. Era uno de los pocos libros nuevos en aquella librería de viejo. El libro de William Graves (WG) sólo había tenido tres ediciones y en editoriales diferentes. El título en español es Bajo la sombra del olivo, pero sin duda el título original es mejor: Wild Olives.2

El libro de WG arroja una inesperada luz sobre la extraña forma en que su padre entrelazó su vida familiar con sus creencias sobre las musas mitológicas y los vínculos reales con las musas de carne y hueso que habitaron la cotidianidad de la familia Graves en Mallorca. WG se va dando cuenta, entre la adolescencia y sus primeros años de madurez, de quién es su padre y las vicisitudes de su extraña vida. El centro del libro trata de la relación padre e hijo que empezó bien y acabó en un profundo distanciamiento. WG optó por estudiar geología en Oxford tratando de alejarse de la densa sombra de su padre. El libro se gesta poco después de la muerte de su padre cuando William se entera, a través de su madre, que su padre lo ha designado albacea de su obra literaria. Por tanto, no sólo debe asumir la compleja tarea sobre qué de Robert Graves se publica de nuevo, y ocuparse de las traducciones fallidas3 y el inmenso cúmulo de poemas y ensayos no publicados, sino también, lo cual es esencial para él, desentrañar la decisión última de su padre como un diálogo final donde no había posibilidad de responderle. En otras palabras, William debe regresar al lugar sagrado que ocupó la vida de su padre durante más de medio siglo; el primogénito del poeta, geólogo de profesión, debe ofrecer a La Diosa Blanca el cáliz de La Diosa Mineral a la cual él ha consagrado su vida.4

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La idea de escribir el libro empieza cuando WG encuentra y relee con emoción las cartas que su padre le escribió. La relectura de los epistolarios y libros de su padre lo dejan fascinado. William recuerda: “… nació en mí el creciente interés y pronto me hallé intentando desentrañar nuestra relación, que había comenzado de una manera maravillosa y había terminado en un alejamiento”.5 Si Wild Olives es sobre la inesperada mirada del hijo adulto al padre fallecido, es también y de manera sutil una exploración sobre sí mismo.

 

El libro inicia con la llegada de Robert Graves y su joven familia6 a Deià en la isla de Mallorca, en el año de 1946. WG recuerda que su padre tenía cincuenta años y él cinco cuando arribaron. La comunidad agrícola de Deià era tan reducida y provinciana que para entrar a una casa bastaba anunciarse, en el vano de la puerta, diciendo “Ave María Purísima”. No había luz eléctrica. Un tal señor Gelat, quien con el tiempo se convertiría en amigo y factótum de Robert Graves, tenía una vieja turbina sueca que prendía de las ocho de la noche hasta la medianoche. Antes de apagarla definitivamente daba tres breves apagones para que todo el mundo encendiera sus velas y no se quedaran a oscuras. El juez de Deià,  de nombre Xsec, era también el carpintero responsable de los ataúdes; tenía como medida para hechura de los féretros a su propia esposa a quien enviaba a medirse con el muerto para elaborar el nuevo ataúd. El cura era un franquista extremadamente riguroso. Exigente con los ritos religiosos, particularmente con el de los muertos y los días de guardar según el parentesco del difunto. Desde el púlpito señalaba que se debían de guardar tres años luto por padres o cónyuge, dos años por hermanos y un año por tíos. Debido a esta regla casi todo Deià vestía de negro. Los hijos de Robert Graves, nacidos en la Inglaterra protestante, adquirieron cierta fascinación por participar en las peregrinaciones de la iglesia. Así, mientras su padre les explicaba que la peregrinación de san Juan, del 23 de junio, era una fiesta pagana del solsticio de verano, Lucía, la única hija de Robert Graves, se convirtió en una profunda creyente católica antes de cumplir diez años. Cada noche rezaba en inglés, mallorquín y español tres padres nuestros y un ave maría.7 Así, mientras Robert Graves saludaba a la luna nueva, la Diosa Blanca, con nueve inclinaciones hacia la luna, su pequeña hija le oraba a la virgen María.

A su padre lo llamaban don Roberto Graves, el senyor de Canelluñ, que era el nombre del lugar donde se ubicaba la casa donde vivía con su familia. Esa casa la había construido conjuntamente con Laura Riding durante la primera estancia de Graves en Deià (1929-1936). Al lado del estudio del poeta estaba la imprenta Crown Albion en la que imprimían libros bajo el sello Seizin. En 1936, compelidos por el gobierno británico ante el inicio de la guerra civil española, abandonaron la isla en un acorazado de la marina británica. La salida de la isla tuvo como consecuencia, pocos años después, el fin de la relación amorosa entre Laura Riding y RG.8

Deià era una comunidad que tenía un escenario natural extraordinario. Protegida  por la montaña Teix a un lado y una vista inacabable hacia el Mediterráneo, del otro lado. Durante el solsticio de verano la luz de la luna era tan clara y penetrante que prácticamente se podía leer, según cuenta WG. Fue precisamente en ese escenario del Mediterráneo, que parecía sustraído de las leyes de la naturaleza, donde RG vivió el mayor tramo de su vida y escribió la parte sustantiva de su poesía amorosa y sus obras decisivas sobre mitología (griega y hebrea) y ensayos como La Diosa Blanca, novela y estudios bíblicos e históricos, entre otros.9

 

Las fotografías de Robert Graves asistido por sus musas son un enigma que WG incluyó en el libro, quizá para acercar al lector a ese espacio de confusión e incertidumbre que él (como hijo joven y después como hombre casado) experimentó en relación a las musas de su padre.

La primera musa de RG, Judith Bledsoe, apareció siete meses después de que sus padres, Robert y Beryl, se casaron en el consulado británico de Palma.10 “La musa era una estudiante de arte de California con una extraordinaria apariencia mediterránea. A padre11 le gustó inmediatamente y le dedicó toda la atención… Judith se sintió muy impresionada cuando padre le pidió que ilustrara su libro Adam’s Rib en el que desentrañaba las raíces mitológicas del Libro del Génesis”. William confiesa que Judith le gustaba “pero los mayores seguían siendo los mayores”. Los rumores en el pueblo se desataron. Las mujeres de Deià tenían una nariz muy fina para los escándalos (“María, ¿sabes que el senyor de Canelluñ ha bajado a Sa Cala —a la playa— a bañarse con esa tía?”, “que le ha puesto casa”, “que cuando los hombres empiezan así no paran”. Judith percibió la tensión que crecía como un torbellino a su alrededor y abandonó Deià. “Un aluvión de cartas y poemas persiguieron a Judith Bledsoe. El capricho de padre duró un año más”.

Diez años después, cuando RG tenía sesenta y cinco años, apareció la segunda musa: la bella Margot Callas. William dice que era de una “belleza impresionante”. La describe como una “… mujer de origen griego y judío, de perfil clásico, pelo de color endrino, ojos grises azulados y una piel de porcelana… Yo no sabía qué sentía madre ante la entronización de Margot como musa pero hizo que padre generara un río de poemas amorosos a la bella Margot”.12 En el tiempo de la musa Margot, RG tenía un gran amigo, Alastair Reid,13 que vivía en Deià, con quien discutía las fisuras en la construcción de los poemas de T.S. Eliot, Ezra Pound y otros. Reid se había convertido no sólo en el asistente sino también en un gran amigo del poeta. Por las mañanas Graves le llevaba los manuscritos que él transcribía en su máquina de escribir, con tal rapidez que durante la tarde se reunían durante horas para hacer correcciones interminables. Era tal su cercanía que Alastair Reid14 llegó a ser un confidente de Robert Graves. Por su parte Margot se había integrado a la vida familiar de los Graves.

WG cuenta que en 1961 el asunto de la musa Margot tomó un giro imprevisto. Margot y Reid coincidieron en Nueva York y RG les sugirió que regresaran a Europa en el mismo transatlántico para preparar el guión de la película sobre La Diosa Blanca que le habían propuesto a RG. Obviamente Margot sería la Diosa Blanca. Ambos aceptaron, pero durante la lenta travesía del Atlántico sucedió lo inevitable. Margot y Reid se enamoraron. El proyecto del film de La Diosa Blanca se vino abajo. RG nunca culpó a Margot pero a Alastair le retiró su amistad y lo golpeó poéticamente: “diablo ingenioso, gran intrigante que va disfrazado con capa de poeta, y por la lengua destilando el mal”. WG confiesa que “Aquel comportamiento de padre me perturbó”, pues había llegado a estrechar su amistad con Reid: “Cuando padre se ponía en contra de alguien, podía llegar a ser bastante irracional y nunca tuve el valor de enfrentarme a él directamente, incluso llegó a prohibirnos que mencionáramos su nombre”.

 

Apenas pasado el maremágnum de la musa Margot apareció la musa mexicana. En una carta que RG le escribió a su hijo le contaba con entusiasmo de Cindy Aemile Larançuen. WG afirma que “inmediatamente reconocí los síntomas de una musa eminente”. Graves escribe de Cindy: “Es medio mejicana (sic) y medio francesa e italiana, su familia luchó contra Pancho Villa y crucificó a muchos de ellos”. Cuando RG la consideró su musa en la correspondencia con sus amigos y su hijo William el poeta tenía sesenta y nueve años (1964) y ella poco más de treinta. A diferencia de las otras musas Cindy no estableció vínculos con la familia Graves, además, no era cordial con ellos. “Cindy trataba a padre como el hombre de sesenta y nueve años que era y parecía ser totalmente indiferente a sus sentimientos”. Ella les comentaba a sus amigos lo divertido que era ser la musa del poeta Graves. Cindy Aemile era muy inestable, “lo mandaba al infierno y padre regresaba desesperado a su mesa para escribir un poema. Cuando más tarde Cindy Aemile le rogaba que la perdonara, escribía otro [poema]”.

 En esos días RG escribió a un amigo: “Recientemente la diosa ha estado haciéndome sufrir mucho, he conseguido aplacarla escribiendo, con sangre de mis venas, dos poemas. Durante la última luna llena ha aparecido en Deià blandiendo el hacha cretense”. En otra carta confiesa: “Aemile fue una musa tan violenta que estoy en deuda con ella… por todo lo que despertó en mí”.

En el pie de foto donde están Cindy Aemile mirando a Robert Graves, sentado y de perfil, se lee lo que escribió WG: “Una foto que habla por sí sola”. La “… obsesión de padre por Cindy había aumentado considerablemente. Él le escribía cartas constantemente. Pasaban muchos días sin recibir respuesta y su ansiedad crecía y su salud se resintió, siempre tenía dolor de estómago y sufría hemorragias nasales. Cuando llegaba una carta de Cindy padre quedaba extasiado. En el mes de febrero [1965] padre la visitó en New York durante un ciclo de conferencias y desde ahí ambos se fueron a México…15 madre no sabía cuándo volvería o si algún día regresaría… con las musas anteriores padre siempre mantuvo un pie firmemente clavado en el hogar… ahora por primera vez estaba alejado de Deià por varios meses. Nunca lo había hecho desde nuestra llegada a Deià en 1946”. La familia temía “que la obsesión poética de padre por su musa, como pasó con Laura [Riding], pudiera forzarlo a abandonar a su familia…”.16

 

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Julie Simon fue la última musa. El poeta tenía más de ochenta años mientras que ella apenas sobrepasaba los veinte. La foto muestra a la musa y el poeta sentados plácidamente en el jardín de Canelluñ, RG tocado con un sombrero español de ala ancha y empuñando su bastón mientras que la musa, envuelta en ropas vaporosas, muestra su esbelto vientre con la mirada extraviada en el Mediterráneo. WG cuenta que el origen de la relación con la última musa se remonta a 1966 cuando RG fue operado de la vesícula en Londres y fue visitado por su ahijada Julie Simon. Ella tenía entonces dieciocho años y era bailarina de ballet. Sus padres habían sido amigos de los Graves durante la Segunda Guerra Mundial antes de que naciera Julie. Había estado visitando a RG en el hospital hasta que “… finalmente Julie confesó que se había enamorado de él”. Graves regresó a Deià y el intercambio de cartas cobró intensidad. RG empezó a caer en la cuenta de que la Diosa Blanca le había enviado otra musa. Pero el advenimiento de la última musa fue lento pues Graves seguía obsesionado con Cindy y además la demencia senil empezaba a erosionar sus facultades creadoras. 

La relación con Cindy empezó a debilitarse cuando RG se enteró de que Cindy vivía con otro hombre a quien Graves consideró diabólico. Sin embargo, la relación no terminó. Cindy volvió a Deià pero Julie la ahijada-musa de Graves llegó a Deià para despedirse pues se iba a incorporar al Ballet Real de Oslo. El mismo poeta lo cuenta así en carta a un amigo: la presencia de Julie “… le causó [a Cindy Aemile] un conflicto en la mente mientras [Julie] estuvo aquí y Aemile se sintió impulsada a decirme las más crueles … mentiras de Julie… y yo me las creí. Sin embargo, ahora ESO ha quedado aclarado”. Esta escena de celos revela la intensidad de las pasiones mezcladas, por un lado entre musas y por el otro entre WG y su padre. El alejamiento entre padre e hijo ocurre precisamente por la extraña relación de su padre con las musas “enviadas” por la Diosa Blanca.

WG cuenta con pesadumbre: “Tuvieron que pasar muchos años para que la voz de mi padre no se impusiera en mi lectura de sus poemas amorosos”. Lo que rondó su cabeza durante años fue “leer los poemas amorosos de mi padre a las musas sin dejar de preguntarme ¿lo hacían o no lo hacían?”. En otras palabras, ¿hasta qué extremos llegaba esta práctica poética de su padre? Además de la inexplicable tolerancia de su madre.17 Como única respuesta, William transcribe un poema de RG:

El manto cubierto de estrellas

Una difícil hazaña de los amantes verdaderos,
tenderse mudos, sin caricias, ni besos,
sin un leve susurro, sin un ahogado suspiro,
recreándonos, cada uno en la gloria del otro.

No devaluemos labios y brazos
como promesas de constancia,
o el habla como comunicación necesaria,
cuando los corazones adoloridos se buscan en la oscuridad.

Pero los amantes que han aprendido este último refinamiento,
tenderse, separados pero dormidos, soñando juntos,
inmóviles bajo el manto de estrellas de la noche,
coronando el amor con guirnaldas de mirto.

 

En el último capítulo WG refiere las múltiples explicaciones, durante las últimas dos décadas de la vida del poeta, sobre los posibles orígenes y causas de su demencia senil. El declive mental de RG fue como la confusa y torpe entrada del Minotauro herido al laberinto de la senilidad narrada por el mismo Graves en Los mitos griegos. Para algunos de sus familiares la operación de la próstata en septiembre de 1959 fue el inicio invisible de su decadencia. El mismo RG señala que su operación estuvo mal realizada y sufrió intensas hemorragias. Tuvo que ser operado dos veces más para detenerlas. En carta a su amigo James Reeves, Graves explica que le habían transfundido más de veinte litros de sangre. Un médico internista del Hospital Inglés señaló que en el cuerpo de Graves quedaban rastros de haber padecido la virulenta gripe española de 1918 y que ésta le dejó secuelas neurológicas, comunes a quienes habían estado enfermos de ese tipo de gripe. El proceso de su decadencia fue extremadamente lento. Su demencia senil nunca fue algo bien delimitado. Además, su excelente condición física hizo más difícil percibir su deterioro mental.

Existió también la hipótesis de los trastornos que le causaron los hongos sagrados de Oaxaca después de la operación de 1959. Su hijo William cuenta que después de ese año vinieron las extrañas invenciones de Robert Graves. Sobre Deià empezó a decir, cada vez con más insistencia, que era un sitio sagrado pues existían radiaciones de minerales magnéticos. Para RG Deià era un anfiteatro rodeado por montañas con hierro, lo cual creaba un inmenso campo magnético. WG, el geólogo, aseguró que el lugar está compuesto por roca caliza de las montañas y no hay ningún mineral como el señalado por RG. En una entrevista para la BBC de Londres, en los primeros años de la década de los sesenta, RG olvidó una cita literaria y él mismo quedó azorado por la situación. Otra aseveración extraña de RG quedó en un ensayo de El doble nacimiento de Dionisios donde asevera que la homosexualidad proviene de las personas que beben demasiada leche. ¿En qué medida el avance silencioso de la demencia senil explica su errático y empecinado comportamiento ante las musas?

En 1970 Beryl llevó a su esposo RG con un especialista en Harley Street en Londres; le diagnosticaron demencia senil pero ella lo rechazó. RG fue perdiendo sus facultades pero sin duda, afirma WG, la aparición de Cindy hizo perdurar su facultad poética cuando las otras empezaban a fallar. La misma Beryl trató de influir para que la última musa, Julie, le escribiera a RG puesto que su correspondencia lo hacía feliz y lo estimulaba a escribir poesía. En 1975 RG ya sufría pa- ra escribir prosa y para no hacerlo pretextaba problemas en los ojos. A partir de ese año Beryl se convirtió en una suerte de lazarillo de la escritura de RG.

El periodo más difícil de los últimos años de RG en Deià fue cuando revivió su neurosis de guerra narrada en Adiós a todo eso. WG escribió que era muy triste ver la mirada de terror en sus ojos y cómo, apoyándose en el bastón, intentaba huir de los fantasmas de aquellas trincheras francesas, durante la batalla de Somme, atestadas de cadáveres con las vísceras humanas reventadas y revueltas con el lodo. Sus periodos de lucidez eran cada vez más cortos, no reconocía ni a su esposa Beryl ni a sus hijos. Empezó a levantarse sonámbulo durante la noche y a deambular en el pueblo. Extraviado llamaba a cualquier puerta, en medio de la oscuridad los deianos auxiliaban a don Roberto Graves y lo regresaban a Canelluñ.

 

Borges decía de Graves que era de los pocos poetas que han creído en la sacralidad del destino poético en los hombres a través de la musa. Tal vez cada poeta genuino ejerce a su manera ese rito de sacralidad evocado por Graves, en una mezcla fantástica e imaginativa. Graves fundó “… el mito de la Diosa Blanca que es un mito espléndido, acaso exhumado por Graves, acaso forjado por él mismo…”.18 Borges visitó a Graves en Canelluñ, Deià, cuatro años antes de su propia muerte (1986) y sólo tres antes de la muerte de Graves (1985). Borges recuerda: “…mientras dicto estas líneas, acaso mientras lees estas líneas, Robert Graves, ya fuera del tiempo y de los guarismos del tiempo, está muriéndose en Mallorca… No agonizando porque agonía es lucha. Nada más lejos de una lucha y más cerca de un éxtasis que aquel anciano inmóvil, sentado, a quien acompañaban su mujer, sus hijos, sus nietos, el más pequeño en sus rodillas y varios peregrinos de diversas partes del Mundo”.19

WG terminaba en Túnez un sumario geológico de perforación cuando su esposa Elena le llamó de Mallorca para decirle que su padre estaba grave. Era el 6 de diciembre de 1985. WG cuenta al arribar a Canelluñ que su padre estaba en la habitación donde antaño se encontraba la imprenta Albion que había fundado con Laura Riding: “Ahora madre lo había convertido en su dormitorio. Estaba extremadamente delgado, era casi un esqueleto. Me arrodillé junto a él y le tomé la mano, pareció no reconocerme. Hacía más de cinco años que no hablábamos. Para mí fue reconfortante estar a su lado y estaba al borde de las lágrimas. Su respiración era tenue y tenía el rostro muy pálido, pero parecía no sufrir. Madre había salido de la habitación a preparar alguna infusión para él. Entonces padre suspiró con una leve exhalación”. La vida de Robert Graves había acabado. A continuación cuenta WG: “Me sentí extrañamente agradecido de que hubiera esperado a que yo llegara, o al menos así lo pensé, e imaginé que lo había hecho para mostrarme que entre nosotros no había más rencor. Dejé su mano sobre un costado de su cuerpo y me levanté para ir a buscar a madre”. Dos párrafos abajo su hijo continúa:

“Después del sepelio, todos regresamos a Canelluñ y nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina a tomar café. La calefacción estaba encendida y las ensaimadas calientes. Madre dio de comer a los gatos.

—¿Madre, hay testamento? —pregunté.

—Creo que sí… —respondió ella, dirigiéndose al piso de arriba para ir a buscarlo.

Al poco rato volvió a la cocina con un sobre en la mano. Se sentó y leyó el contenido. Lucía, mis hermanos, mi esposa y yo esperábamos expectantes.

—Lo había olvidado —dijo Madre con una sonrisa enigmática—. William, padre te ha nombrado albacea de su obra”.

 

Javier Rioyo escribió sobre su tumba: “…Cosas de poetas… Robert Graves, el inglés que eligió Deià para vivir, escribir y morir. Su apellido es tumba. Una de las más hermosas que recuerdo. Humilde cemento bajo el sol mediterráneo, con viento de la tramontana y su nombre rústicamente escrito con una rama. Desnudamente sobria como la de Machado en Collioure. Triste, pobre y emocionante…”. Dice:

Robert Graves
Poeta
27-7-1895 a 7-12-1985

 

Jaime Aboites
Ingeniero y economista. Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.


1 Robert Graves tuvo dos familias en matrimonio. William Graves fue el primogénito de la segunda familia del poeta formada por Robert Graves y Beryl Hodge .

2 Bajo la sombra del olivo. La Mallorca de Robert Graves, Editorial Torre de Viento, Barcelona, tercera edición, 2000.

3 Para ilustrar el problema basta referir la enorme tarea que asume WG en corregir y traducir de nuevo al español La Diosa Blanca, la cual fue reeditada por Alianza Editorial en 2014.

4 William Graves se convierte en un experto en sondas petroleras en diversas zonas del mundo. En su periplo vocacional trabaja en una compañía petrolera de Texas y visita, según lo confiesa en su libro, los burdeles y las plazas de toros de Reynosa y Matamoros. En los años setenta WG es una suerte de exiliado de su familia, y de Deià, a la cual regresa a vivir después de la muerte de su padre.

5 Todas las citas entrecomilladas se refieren al mencionado libro de William Graves Bajo la sombra del olivo.

6 La familia estaba compuesta por Beryl Hodge, su mujer, William el hijo mayor, Lucia y Juan nacidos en Inglaterra. Tomás el hijo menor, nacería en 1953 en Deià. Sin embargo, era el segundo matrimonio de Robert Graves. En 1917 él se había casado con Nancy Nicholson en Inglaterra al terminar la Primera Guerra en 1917. Había procreado cuatro hijos con Nan- cy: Jenny, David, Catherine y Sam. La historia de la primera familia de Graves está contada por el mismo Graves en su libro Adiós a todo eso (1929).

7 Incluso WG cuenta que su hermana Lucía montó un pequeño altar al lado de la casa de muñecas en su cuarto de niña.

8 La vida de RG con Laura Riding en Deià ha sido profusamente documentada y analizada por Richard Perceval Graves en el libro de Robert Graves: The years with Laura Riding 1926-1940 (1990). Quizá la obra de R. P. Graves es el estudio más extenso y profundo sobre la vida del poeta. Esta obra está compuesta de tres tomos. Además de la antes referida, fueron publicados Robert Graves: The Assault Heroic 1985-1926 (1986) y Robert Graves and The White Goddess 1940-1985 (1995). Todos editados bajo el sello de Phoenix Giant de Londres.

9 En el prólogo de 1998 de Rey Jesús (Plaza y Janes), Lucia Graves afirma que la obra de su padre sobrepasa el centenar de títulos.

10 RG se divorció de su primera esposa en 1949. Los hijos de su familia de Deià, excepto su último hijo Juan, nacieron fuera del segundo y último matrimonios de RG.

11 William explica que entre sus hermanos nunca se habló de mi papá o de mi mamá. Al referirse a ellos sólo decían: padre o madre.

12 A los amigos de RG les preocupaba porque recordaban el estado obsesivo en que estuvo con Laura Riding. Además de las habladurías de las mujeres del pueblo se reavivaban: “¿viste al señor de Canelluñ con aquella tía del brazo? Ya verás que no será la última vez que se líe con fulanas así”.

13 Alastair Reid llegó a ser muy querido por la familia Graves. Cuando se creó la Fundación Robert Graves en Deià (2005), Reid fue el encargado de la conferencia inaugural en la casa Canelluñ que a partir de entonces se convirtió en museo. Alastair Reid murió en 2014.

14 En un artículo publicado en 1994 en The New Yorker, Alastair Reid narra las vicisitudes de su amistad con RG y la estimación por su obra.

15 Incluso WG relata que con la venta de su correspondencia RG le compró una casa a Cindy en México.

16 Los vínculos de Robert Graves con México, en un sentido u otro, no se limitan a la relación amorosa con la musa Cindy Aemile sino también fue un agudo lector de los poemas de Juana Inés de la Cruz. Escribió un espléndido ensayo sobre cómo y por qué la poeta mexicana está incorporada en la estela de la Diosa Blanca. Este ensayo se publicó en la revista Encounter I, núm. 3, diciembre de 1953, pp. 5-13. Recientemente fue traducido al español y publicado por la revista electrónica de literatura Círculo de poesía (Puebla).

17 Dice WG: “En los poemas de amor de padre no conseguí encontrar… una Diosa Blanca: en su lugar encontraba azorantes retratos íntimos de madre, Judith o Margot”.

18 Borges, Robert Graves, Los mitos griegos, p. 31.

19 Borges, Graves en Deià, Atlas, p. 429.

 

2 comentarios en “El delirio poético de Robert Graves

  1. Preciosa evocación de Graves alrededor de sus musas y, sobre todo, de su hijo y albacea literario. Aparte de ser fan de Graves y su obra, tuve en suerte de que un amigo mutuo, que conoció y trató amistosamente al poeta en Mayorca, me contara de primera mano varias anécdotas e introdujera a la Diosa Blanca hace décadas.

  2. Gracias Jaime, por este artículo tan ilustrativo del poeta, gracias también por introducirme a Graves ahora, en un momento clave de mi vida.