La Revolución Mexicana: una apuesta por Burckhardt

Decía Leopold Von Ranke que la historia no debe comprometer enseñanzas o lecciones para el presente, menos todavía para el porvenir. Jacob Burckhardt, su contemporáneo, insistió, sin embargo, en que el estudio del pasado sí permite avisorar tendencias para el futuro. Él mismo previó en líneas generales la posibilidad de que en el siglo XX se constituyeran Estados militarizados, centralistas y dictatoriales que, montados en la indiferenciación de las masas propiciada por los "siglos democráticos", dieran lugar a una desagregación terrible de la cultura clásica, de los avances civilizatorios de Occidente. Y eso efectivamente ocurrió con la Alemania nazi, la Rusia soviética o la Italia fascista.

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A propósito de la conmemoración de un aniversario más de la Revolución Mexicana, apuesto por Burckhardt. En la comparación entre el estallido social de 1910 y lo que sucede en estos días en nuestro país, encontramos paralelismos y diferencias evidentes que no deben soslayarse. Señalo tres para empezar a cantar:

1. Semejanza. Aquel era un México desigual y con un régimen político incapaz de dar salida a la demanda y a la tensión social. La nuestra sigue siendo una sociedad atravesada por la desigualdad y la inoperancia de su sistema político. En esto podemos abundar como ejercicio pertinente de comparación, y sólo de comparación, pues nadie olvida que la historia es la ciencia de lo singular.

2. Diferencia. No obstante, el suelo histórico de aquella violencia —la de los tiempos de la Revolución o, antes, de la Independencia— era estrictamente social. Ahora tenemos violencias difuminadas, convergentes en sucesos como los de Ayotzinapa, Aguas Blancas o Tlataya. Violencias específicamente delincuenciales (Guerreros Unidos, cartelotes, carteles y cartelitos diversos), institucionales (órdenes de gobierno, policías), sociales (normalistas, campesinos), insurreccionales (EPR, ERPI, etcétera), quizá, como ya se comenta, hasta alguna insinuación de violencia terrorista, entre otras.

3. Convergencia-divergencia. Como sea, en su manifestación más evidente, la Revolución Mexicana no fue, estrictamente hablando, un solo movimiento: revoluciones más que Revolución, diría don Luis González y González. Magonistas, maderistas, villistas, zapatistas, constitucionalistas y demás facciones y corrientes. Lo que ocurre en el presente mexicano, lo que podrá ocurrir, se representará también de manera multiforme, de eso no habrá duda: no hay duda ya. Pero los contenidos y modalidades de expresión de esas pequeñas o grandes insurgencias diferirán, difieren ya, de las de principios del siglo XX.

El aniversario del inicio de aquel episodio fundacional de la historia nacional puede, pues, ser tomado como un buen tema para discutir nuestra acuciante realidad contemporánea. Queden algunas líneas apenas sugeridas que acaso tengan utilidad más allá del mero ejercicio de urbanidad teórica y académica.

 

Ronaldo González Valdés

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Publicado en: Sólo en línea