La tragedia ocurrida el 13 de noviembre en París es una muestra más de la eficiencia mediática en la fabricación de la imaginación colectiva en el presente. El suceso, criminal e inaceptable, produjo una reacción sorprendente y bastante homogénea, pero ¿qué es lo que mueve la consciencia global? ¿Es la forma del ataque, el número de muertos, su identidad o la localización del evento? ¿Es la reacción política, o la participación de los líderes del mundo? o bien, ¿se trata de una violencia que sabemos significar y por tanto crear símbolos legibles?
La forma del ataque no es algo capaz de mover así a las sociedades; hemos sido testigos en los últimos años de crímenes y asesinatos que van desde un niño que asesina compañeros en Estados Unidos, asesinato sistemático de migrantes, por ejemplo en México; cientos de miles asesinados en conflictos de violencia urbana en todo el mundo; muertos en aviones comerciales causados por un error militar; un sistema de feminicidios en países como México, que en sólo un año reporta más muertes que los lamentables sucesos de Paris. A raíz de esta respuesta queda claro que tampoco se trata del número de muertos.
Sólo el sexenio de Felipe Calderón reportó más de 70,000 personas asesinadas y más de 25,000 desaparecidos, sucesos como el de los migrantes encontrados en fosas; en San Fernando, Tamaulipas fueron 193 migrantes encontrados en un grupo de fosas, y aunque la noticia dio la vuelta al mundo, lo hizo sin alarmar realmente a las sociedades a través del globo. No hubo la reacción que vemos hoy, en todo caso las reacciones periodísticas y políticas fueron promovidas por instituciones dedicadas a los derechos humanos.
En cuanto a la identidad de las personas, existe una ambigüedad muy grande. Las personas que lamentablemente perdieron la vida, seguramente han producido un gran dolor entre sus familiares y amigos, como le sucede a los familiares y amigos de prácticamente cualquier persona que es asesinada por una violencia injustificable en todo el planeta, sin embargo sus nombres en realidad no son lo que importa en términos de la reacción de la sociedades, no existe terror por que fueron específicamente esas personas y no otras.
Tampoco produce terror que cualquier persona pueda ser asesinada por un grupo terrorista cualquiera; se desbordan ejemplos en África de actos terroristas con cientos de muertos civiles, que no han tenido la capacidad de mover de esta forma a las sociedades del mundo, como el caso de la secta yihadista Boko Haram, a la que atribuyen el asesinato de más de 2,000 personas durante una semana en enero de este mismo año en la ciudad de Baga en Nigeria.
Pero el hecho de identificarse con la posibilidad de estar tranquilamente cenando en una terraza dentro de una de las burbujas de protección en el mundo como París, es probablemente lo que más afecta a la imaginación de buena parte de las sociedades. Puede ser entonces que el terror se despierte en la posibilidad de localización con la que las personas se identifican, y probablemente con la coincidencia de verse a uno mismo sentado en una terraza de París, o algún lugar similar, lo que despierta el terror. Probablemente sea difícil para las sociedades imaginarse caminando por un camino de terracería en Tamaulipas sin documentos, o bien caminando por la ciudad de Baga en Nigeria, o estar celebrando un cumpleaños de un adolescente en Lomas de Salvárcar en ciudad Juarez, por poner algunos ejemplos, pero, ¿hasta qué punto lo que despierta las consciencias es poner en riesgo las aspiraciones y los estilos de vida que representa en el mundo un lugar como París?
Resulta interesante ver personas en redes sociales en todo el mundo, pero particularmente en México, que durante las interminables noticias de violencia, particularmente en el país, participaron activamente en sus redes sociales, subiendo imágenes desiderativas, compartían chistes baratos o bien los estilos de vida con los que se identifican, jamás tuvieron una postura política ante eventos como el de Tlatlaya o Ayotzinapa; nunca supieron de los migrantes desaparecidos y las noticias de Michoacán sucedieron en un mundo paralelo y abstraído, se han presentado alejados de la oscuridad de las noticias, lo cual no sólo es comprensible y justificable, sino que así es. Pero en el caso del suceso de Paris parecen haber sido afectados de manera directa y despiadada, en las últimas horas los he visto participar enojados y tan indignado en las redes, lo incomodo probablemente no sean la forma, el número o la identidad de los muertos, lo realmente incomodo es el ataque a sus aspiraciones, a un estilo de vida que persiguen y se despliega mediante abstracciones, fantasmagorías materialistas que recorren su imaginación, lo que despierta el miedo es el ataque a la sociedad de los ociosos, a los que tienen la capacidad de financiar su ocio en un espacio de consumo, donde la sociedad del espectáculo se despliega como imagen desconectada de otras realidades, la normalidad esta en lo que representa un café en una terraza y no en el resto del planeta. Lo que mueve las consciencias fue la localización, París y su sociedad que sufren un atentado en la esencia de sus pasajes.
Pero lo paradójico de todo el tema es que la eficacia de los terroristas consiste en utilizar los mismos códigos simbólicos que utilizan la publicidad y la mercadotecnia; desde esa lógica es imposible dejar de pensar que si los actos terroristas producen una participación política en los que normalmente son indiferentes a los sucesos de la humanidad, la publicidad logra exactamente lo contrario, es una anestesia. Por ningún motivo quiero producir una confusión, no hay forma de legitimar de ninguna forma el terrorismo, decir que causan una participación política de los adormilados no es, por ningún motivo una mirada positiva, por el contrario, lo que habría que cuestionarnos es el dispositivo simbólico de la publicidad y la mercadotecnia, que mantiene a grandes segmentos de la sociedad en todo el mundo completamente abstraída de la realidad. Si no mantuvieran la anestesia, probablemente tendríamos una mirada más amplia y tolerante entre unos y otros.
Arturo Ortiz Struck
Arquitecto. Realizó una maestría en investigación urbano arquitectónica en la UNAM.