El éxodo sirio es considerado la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Una crisis que apenas ha reconocido el mundo occidental a partir de los campamentos masivos en Hungría, y la foto de un infante muerto en las costas de Turquía, que ha recorrido las redes sociales. Es por eso que presentamos esta entrevista con Roger Winandy, un voluntario luxemburgués con experiencia de trabajo social en Kenia, que desde Rözke, Hungría, ha presenciado de primera mano la llegada masiva de sirios a Europa, la cual ha rebasado tanto a gobiernos como a organizaciones.

¿Cuál fue tu primer acercamiento con los refugiados? ¿Cómo terminaste en Hungría?
A principios de septiembre Austria dejó entrar libremente a los refugiados y en un fin de semana había miles llegando a Viena. Unos amigos que trabajaban en la estación de tren de Viena estaban encargados del Train of Hope —básicamente un equipo de personas, todos voluntarios, que trabaja y se coordina con las redes sociales— y me informaron de la situación. Así empecé a trabajar con ellos en Viena. En la noche me encargaba de organizar los almacenes y en el día cuando llegaban los refugiados revisaba que en cada estación hubiera todos los víveres necesarios.
Todo iba bien hasta que un día por la tarde hubo una llamada y nos dijeron que necesitaban gente en Röszke (Hungría) urgentemente. No sabíamos qué esperar y llenamos cinco coches de cobijas, comida y bienes básicos. Salimos a las 10 de la noche de Viena y llegamos a las 2:30 de la madrugada a Röszke.
¿Cuál era la situación cuando llegaron? ¿El gobierno húngaro ha intervenido en alguna manera?
Röszke es un punto de control (checkpoint) muy cerca de la frontera con Serbia, por ahí llegaban los refugiados. La gente espera ahí a que camiones pasen por ellos para llevarlos a otro campamento dentro de Hungría donde les toman los nombres y sus huellas digitales. Somos muy cuidadosos cuando damos este tipo de información porque constantemente las políticas de refugiados están cambiando y en ese momento los oficiales no nos decían nada, nadie nos informaba nada. Para ese entonces no había ninguna organización ayudando, sólo estábamos los voluntarios. Además de Röszke, hay otros dos checkpoints para la gente que está entrando a Hungría, los dos están en otra ciudad llamada Asotthalom. No había tanta gente que llegaba a Asotthalom, calculo que en horas pico llegaban alrededor de 200-300 personas, pero las autoridades los subían a camiones donde los llevaban a Budapest u otras partes de Hungría.
En Röszke, sin embargo, pasan las vías de los trenes provenientes de Serbia, por lo que había miles de personas que llegaban ahí cada día. Esas vías fueron cerradas el 14 septiembre. Llegamos a Röszke y nunca habíamos visto algo así antes, incluso en Kenia la situación era mejor; era horrible. Esto ni siquiera era un campamento de refugiados como lo conocemos, sólo era campo en medio de la nada donde no había electricidad, agua, nada; sólo policías y tiendas donde los refugiados estaban sentados en el lodo, helándose. Los niños estaban temblando y pasábamos repartiendo cobijas. No teníamos suficiente agua, comida, nada. En la mañana hablamos con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y organizaciones como Médicos sin Fronteras; con todos los que pudieran venir. A la mañana siguiente sólo quedábamos cinco voluntarios y no podíamos organizarnos bien; la situación era mala, no había infraestructura de ningún tipo. No podíamos hablar con los policías porque en ese momento eran agresivos. Si no hubiéramos estado ahí los voluntarios creo que las consecuencias habrían sido muy graves.

¿Cuánta gente estuvo llegando a Röszke por día?
De 1,000 a 2,000 por día. En la mañana llegaban muchos, pero la mayoría llegaba en la noche para que no los vieran los policías porque buscaban llegar a la estación y tomar un tren a Budapest, y otro de Budapest a Viena. No querían quedarse en Röszke, que es completamente entendible. Había basura en todos lados, la gente quemaba plástico para mantenerse caliente. Había niños que no tenían zapatos ni calcetines.
¿Además de sirios, había gente de otras nacionalidades?
Sí, teníamos mucha gente de diferentes nacionalidades. Además de sirios, había iraquíes, iraníes, afganos, gente de Sri Lanka; también conocimos a gente de Nigeria… Lo único que les pregunté fue cuánto tiempo llevaban caminando y me dijeron que no sabían, pero mucho tiempo.
¿Aproximadamente cuánto tiempo tardaron en llegar a Röszke desde que salían de su país?
Variaba mucho, unos tardaron 10 días mientras que otros tardaron cuatro meses. Mucho depende de qué ruta tomaron y qué “taxis” ilegales tomaron; si se fueron por el Mediterráneo o si únicamente se fueron por tierra; en cuántos campamentos se habían quedado y cuánto tiempo los mantuvieron las autoridades en la frontera entre Macedonia y Serbia, donde las condiciones también son lamentables.

¿Entonces la mayoría viene de Serbia? ¿O también de Rumania?
La mayoría viene de Serbia. Lo que sucede es que la gente entra a Serbia por Macedonia, y lo que hacen los serbios es poner a los refugiados en camiones y llevarlos a la frontera con Hungría, porque nadie quiere quedarse en Serbia. Las autoridades serbias los llevan de una frontera a otra.
¿Cuánto tiempo aproximadamente se quedaban los refugiados en Röszke?
Variaba, había gente que llegaba e inmediatamente se subía a algún camión o se iba a Szeged. Otra gente me decía que llevaban ahí tres o cuatro días. Estaba lloviendo y la temperatura estaba por debajo de los cinco grados en la noche. Los niños estaban hipotérmicos, algunos inconscientes. En ese momento no teníamos los suministros necesarios, entonces les calentábamos los pies a los niños con nuestras manos. Un voluntario le dio su camisa y chamarra a uno de los niños porque estaba empapado y helándose, manteniéndolo caliente con calor corporal durante un par de horas, de otra manera el niño probablemente no habría sobrevivido. Lo peor después de unos días es que ya no sientes ningún tipo de emoción, al principio sólo quieres llorar cada 10 minutos pero después sólo trabajabas como una máquina. Ahora que lo veo un poco en retrospectiva, es lo peor que he visto, no sé cómo la gente puede tratar a otra gente así, los tratan como animales, y ni siquiera… a los animales los tratan mejor.

¿Mejoró la organización del campamento?
Desde el jueves 10 de septiembre, la organización del campamento empezó a tener más estructura, los voluntarios empezamos a organizar los almacenes para guardar las donaciones porque muchos alimentos se estaban echando a perder. Ese jueves llegó Greenpeace y trajo dos tiendas muy grandes, una con electricidad y wifi, que fue muy importante ya que así los refugiados podían avisar a sus familias que estaban bien. Vino también un equipo enorme de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena, y una persona que hablaba húngaro y que se pudo comunicar con la policía.
Hubo también un convoy enorme de aproximadamente seis camiones que vino desde Londres, además de que ya habían llegado Médicos sin Fronteras y Cáritas. Aún así eran demasiadas cosas que coordinar como voluntario y el gobierno todavía no hacía nada. A pesar de esto, por fin pudimos comunicarnos con la policía que también estaba trabajando turnos de 24 horas en el campamento.
Después llego el ACNUR. Nunca había visto a una organización trabajar con tan poco profesionalismo. Ésa fue la peor noche: estábamos en Röszke donde la situación ya estaba mejor, y nos hablaron de emergencia de Asotthalom a las 4 am. Estaba llegando un mar de gente y necesitaban comida y cobijas. Llegamos a las 5 am y en un momento empezaron a llegar muchas patrullas y un camión. Para ese entonces los voluntarios estábamos bastante seguros que para llegar a Asotthalom desde Serbia había que cruzar un río. Al momento de salir del camión los refugiados se cayeron. Era de madrugada, estaban mojados y helándose. La situación se salió de control. Los niños solo se caían al piso y temblaban; nosotros no sabíamos qué hacer porque no teníamos suficientes cobijas en ese momento. Los pusimos en grupos para que se calentaran entre ellos. Estábamos muy asustados, con ganas de llorar de la desesperación de que no sabíamos qué hacer, además de que física y mentalmente ya estábamos al límite.
Los del ACNUR llegaron en ese momento y no habían hecho nada, todos los suministros estaban llegando a Austria, aun cuando ellos tenían una sede en Budapest. Un voluntario enloqueció y empezó a cuestionar a la mujer de la ACNUR. La mujer sólo decía que que nosotros no sabíamos cómo funcionaba y que ellos no podían entrar al campamento así de fácil. No podíamos creer lo que nos decía, nosotros ya no podíamos más. Nos regresamos a Röszke y al día siguiente el ACNUR volvió con tiendas, cobijas, calcetines y demás a los dos campamentos en Asotthalom. El problema fue que dejaron los suministros y se fueron. Los refugiados no toman la comida a menos que algún voluntario u organización se las dé por miedo a la reacción de los policías. No puede ser que una organización que está destinada a la protección de refugiados actúe de esta manera.
Al final se disculparon y los campamentos mejoraron. El domingo 13 de septiembre llegó la policía húngara y desalojó de Röszke a alrededor de cuatro o cinco mil personas y las llevaron a Austria. La frontera con Alemania ahora está cerrada, así que se van a quedar en Austria.

¿Qué otras cosas además de asilo eran necesarias en esos momentos?
Me parece que un problema grande es la logística. El otro día nos llamaron porque había un camión con 22 toneladas de suministros que necesitaban sacar. No podemos recibir eso, no tenemos dónde almacenar 22 toneladas de víveres. Además de eso, dinero sin duda. Las ONGs no tienen suficiente dinero. Pero lo que más se necesita es presión política para que se solucione este problema. La gente no puede vivir en condiciones como en las que estuvieron en Röszke.
Además de las historias que ya contaste ¿hubo alguna otra que te haya conmovido?
Sí, de hecho es increíble, estaba lloviendo un día y los refugiados estaban caminando hacia Szeged (otra ciudad en Hungría, cerca de Röszke), yo había estado despierto 32 horas, necesitaba descansar porque ya no podía ni pensar. Habíamos rentado una habitación en un hotel en Szeged para bañarnos y descansar cuando fuera necesario. Cuando íbamos hacia el hotel, vimos gente caminando hacia Szeged mientras llovía. Vimos a un señor mayor que estaba caminando con muletas y lo subimos al coche. Llegamos a la estación y el señor quería comprar un boleto para Budapest, el problema era que solo traía euros. Los refugiados sí traen dinero pero la mayoría trae solo euros, en Hungría la moneda es el florín. Entre nosotros le compramos el boleto, pero el señor no subió al tren sino que salió de la estación. No hablaba inglés, así que encontramos un traductor y nos dijo que el señor estaba esperando a su hijo. No supimos qué hacer porque además no habíamos visto a nadie junto a él al momento de recogerlo. Me tuve que separar y pensar por unos minutos. Los tres voluntarios nos tuvimos que regresar a Röszke porque surgió un problema. Tuvimos que dejar al señor y ya no dormimos ni nos pudimos bañar. Después recibimos una llamada de la estación de tren y nos dijeron que el señor que habíamos dejado había estado llorando y que estaba desesperado, que trataron de encontrar a su hijo pero no lo lograron. La verdad es que con todo lo demás que estaba pasando, no nos pudimos enfocar únicamente en este señor. Sin embargo, 12 horas después sonó el teléfono y recibimos una foto del señor con su hijo en el tren, los dos sonriendo.
Otra historia que me marcó fue una noche que estaba organizando las tiendas de campaña, estaba con una familia de 4 o 5 niños y sus padres. Ya que pudimos montar la tienda, los padres estaban muy agradecidos y la niña de 4 o 5 años sólo sacó un dulce de su bolsa y me lo dio… eso era lo que necesitaba en ese momento.
Hubo también un grupo de personas que traían juguetes para los niños. No sabes a cuántos niños hicieron sonreír. Mi grupo estaba más enfocado en darles de comer y en taparlos. Ellos, con los juguetes sólo hicieron que los niños estuvieran más felices; eran tipos increíbles. Eso es lo bueno cuando trabajas con la gente directamente, los ves sonreír y recibes muchos besos en la frente.
Te cuento una historia más chistosa que fue una noche donde una familia Siria pidió una pizza. Y no sé cómo sucedió, ¡pero se las llevaron! Había gente que no tenía qué comer pero ellos estaban comiendo pizza. Pensar que todos los refugiados no tienen dinero es un concepto erróneo. Tienen dinero, sólo que por razones políticas se tuvieron que salir de su país.

¿Hay algo más que te gustaría agregar?
Así no es como debería de funcionar la humanidad, todos estamos hechos de la misma carne y hueso, la gente no debería de morir por estas razones. Así no deben de funcionar las cosas y menos en Europa donde se supone que somos un continente desarrollado.
Dení Pörtl
Economista en formación, interesada en temas de desarrollo.