A Luis Buñuel

1.   ¿Y la mujer?, preguntó Héctor en el Bar.

2.   ¿La mejor, la del mugir del rapto?
      Ángel o demonio, no, bella salvaje.

3.   ¿La tomaste para tactar
      con las yemas de los ojos?
      Sí y ahogar su olor
      con los “gatos” de mis brazos.

4.   Lilia Prado, color de jardín
      y olor mora-rosado,
      liliácea que es el deseo
      ordenado por el cerebro.

5.   Prado donde el césped oscila
      entre la tarde y la noche.
      Las curvas del cuerpo
      abren sus veredas.

6.   Medidor de aromas escondidos
      entro calmo en su fuego.
      La respiración se arremolina
      y tiende a perderse.

7.   Subida al cielo
      los muslos la enaltecen,
      su orgullo con su risa
      se abre paso entre admiraciones.

8.   El vaivén del autobús
      de un lado a otro,
      oleaje destartalado.
      Pobre corazón mío.

9.   Hubo una mirada,
      la vi, la vio,
      la recogimos del piso
      como joya;
      yo me la llevé a la boca.

10.  Yo estaba en la sala
      debajo del rayo proyector.
      Ella en la mente del cristal
      haciendo devenir saliva.

11.  Su aire de paso
      fustigó
      dolorosa
      la realidad oculta.

12.  Sus brazos de miel morena
      tersa prueba
      la insistencia de los besos
      en mis manos.

13.  En el Bar la conversación se congela,
      el suspenso detiene a los hombres.
      Lilia Prado se ha ido
      con las luces apagadas.

14.  Esta es la mujer Héctor,
      la que hace mugir
      como Europa, la del rapto,
      subida al cielo.

21 de abril de 2015

 

Raúl Renán
Poeta y narrador. Ha publicado: Rostros de ese reino, A/salto de río (Agonía del salmón), Los silencios de Homero, entre otros títulos.