“Dos monólogos matutinos” fue el primer texto literario que Saul Bellow vio impreso con su firma y con el que comenzó su vida pública como escritor, justo seis semanas antes de que cumpliera 26 años, y un mes después de haber empezado el trámite para adoptar la ciudadanía estadunidense (Bellow había nacido en Canadá el 10 de junio de 1915, en un pequeño pueblo llamado Lachine, cerca de Montreal). Apareció desplegado en siete páginas en el número correspondiente a mayo-junio de 1941 de Partisan Review.

Fundada en 1935 por Philip Rahv y William Phillips como una publicación afiliada al Partido Comunista de Estados Unidos, Partisan Review se había convertido en uno de los medios culturales más críticos de la Unión Soviética desde que sus editores se enteraron de los encarcelamientos y matanzas masivos ocurridos en aquel país en 1937 y de la actuación de los estalinistas durante la guerra civil española.

A pesar de una circulación relativamente reducida (menos de 10 mil ejemplares en 1940) era una de las revistas más influyentes entre la intelligentsia norteamericana. En 1941, cuando se publica el texto de Bellow, la revista vive el que quizás sea el mejor periodo de su historia, como lo deja ver el índice mismo del número en que éste colabora, del que también forman parte T. S. Eliot (con el tercero de sus Cuatro cuartetos: “The Dry Salvages”), Randall Jarrell, Paul Goodman y Allen Tate, entre otros.

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Bellow, que hasta entonces sólo había dado a la imprenta uno o dos artículos periodísticos, se siente honrado de verse incluido en Partisan Review, como se lo hace saber a uno de sus más queridos amigos de juventud, Oscar Tarcov, en una carta escrita el 8 de febrero de 1941:

El cuento que te leí cuando estuviste aquí la última vez ha sido cortado a la mitad y Partisan Review va a publicarlo así en su próximo número. Es algo muy raro. Me siento encantado, por supuesto, pero al mismo tiempo no sé qué pensar. [Dwight] Macdonald me escribió preguntándome si podía imprimir los dos primeros monólogos; los otros dos, me dijo, debilitan el efecto total y es mejor dejarlos fuera. Bueno, los que escogió forman la mayor parte de mi original: cerca de tres cuartos. Me preguntó si no me molestaría revisar “Amante” y “Política”, pero no sé a qué se refiere con eso de debilitar el efecto total. Más bien me confunde y no estoy muy seguro de que publicar las dos partes que él eligió me resulte favorable. Preferí desentenderme del asunto. Me siento halagado, contento, pero también incierto, todo al mismo tiempo. Espero que Macdonald sepa lo que hace.1

Es imposible saber hasta qué punto la supresión hecha por Macdonald le habrá robado parte del sentido que Bellow le quiso dar a su texto que curiosamente, por lo demás, tiene el aire de los testimonios y entrevistas que un sociólogo o un antropólogo recaba cuando realiza un estudio de caso —en 1937 Bellow obtuvo su licenciatura en antropología por la Northwestern University de Chicago.

Por desgracia, los fragmentos descartados no parecen encontrarse entre los papeles de Bellow, que custodia la biblioteca de la Universidad de Chicago, y no parece posible restaurar el texto original a menos que ocurra algún hallazgo afortunado.

Lo que el lector puede ver a través de los dos fragmentos que Partisan Review imprimió es un incipiente dibujo de la vida en el Chicago de los años treinta durante la Depresión. Cada personaje se esboza a través de sus propias palabras, cada uno con un lenguaje por completo distinto, y es más o menos obvio que en el trazo original las estampas de los cuatro personajes se complementarían para formar un pequeño fresco y hacernos ver el paisaje humano de la época en esa ciudad en el transcurso de un día.2

Cabe señalar que, en la etapa en que escribió el retrato de Mandelbaum, el joven maestro protagonista de “9 a.m. Sin trabajo”, Bellow se encontraba en una situación casi idéntica, aunque quizá peor, pues no vivía en casa de sus padres, sino de su suegra.

Para Bellow la publicación de este biombo fue crucial porque le ayudó a tener confianza en su destino literario. Como le dijo a su amigo, el escritor rumano Norman Manea, en 1999, si Partisan Review no hubiese aceptado el texto que les envió, así fuera parcialmente, “no sé que habría hecho… me habría sentido profundamente descorazonado”.3

Tanto depende un hombre sensible de una oportuna palmada en el hombro.

 

Rafael Vargas


1 Saul Bellow, Letters, edición de Benjamín Taylor, Viking, Nueva York, 2010, p. 17.

2 Debo reconocer aquí, y lamentar, no haber logrado hacer plenamente verosímil, a través de su vocabulario y de los giros de su habla, al personaje del apostador tal como Bellow lo presenta en inglés; sin duda es posible conseguirlo en español, pero hacerlo requiere de un tiempo que no tuve al hacer esta versión. Para conseguirlo es indispensable investigar cuáles son los significados equivalentes de una serie de expresiones for- muladas en una jerga casi esotérica que, además, se ha transformado muchísimo en el curso de 75 años. [N. del t.]

3 Norman Manea, Saul Bellow: Settling My Accounts Before I Go Away, Sheep Meadow Press, 2013, p. 19.