En la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, dedicada este año a la ciudad de México, será presentado el libro de dos de los más destacados cronistas de esta urbe: Rafael Pérez Gay y Héctor de Mauleón. Ofrecemos una selección de crónicas incluidas en Ciudad, sueño y memoria (Gobierno del Distrito Federal—ediciones cal y arena), acompañadas con imágenes del archivo fotográfico de Carlos Villasana Suverza.


Encontré hace tiempo esta noticia borrosa: a consecuencia de una tromba ocurrida el día de San Mateo de 1629, la Ciudad de México fue abandonada y quedó sumergida bajo el agua durante cinco años. El dato me pareció tan raro, tan poco conocido, que me pareció imposible que fuera cierto. En la Ciudad de México, sin embargo, existen marcas que recuerdan los días que la memoria ha perdido.

He caminado durante toda mi vida por la calle de Madero: podría decir con López Velarde que no hay una de las veinticuatro horas en que esa avenida no conozca mi pisada. No existe tampoco una sola ocasión en la que, al pasar por ahí, no me haya inquietado el antiguo y sorprendente mascarón de rasgos felinos que se halla en la esquina de Madero y Motolinía. El mascarón se encuentra a más de dos metros de altura: según una leyenda narrada por Salvador Novo, aquella piedra fue empotrada en ese sitio en recuerdo del nivel que alcanzaron las aguas el día que se desató la tromba de San Mateo, la peor tragedia en la historia de la ciudad.

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Edificio de la joyería y relojería La Violeta, ubicado en la esquina de Motolinía y Madero, donde se observa el mascarón de león, marca del nivel que alcanzaron las aguas durante la inundación de 1629.

La Ciudad de México surgió de una hoja de papel en la que Alonso García Bravo, El Jumétrico, trazó calles, plazas y edificios. Hernán Cortés creyó que sobre aquella cuadrícula, asentada sobre los lagos, había edificado una de las ciudades más magníficas del mundo. La propia casa del conquistador, en lo que hoy es el Monte de Piedad, fue considerada “una ciudad dentro de la ciudad”: la construcción de aquel palacio demandó siete mil vigas de cedro.

El levantamiento de palacios, templos, conventos y hospitales sobre las ruinas de la antigua capital mexica, provocó el desmonte sistemático de los cerros. Hizo que los aluviones arrastrados por las lluvias, azolvaran lentamente los canales y los lagos.

Nadie supo ver el desastre que se avecinaba. El nivel de las aguas subió siete veces en veinticinco años. Sobrevinieron cinco grandes inundaciones en sólo tres cuartos de siglo. En medio de largas y burocráticas discusiones, las autoridades virreinales iniciaron la construcción de un canal de desagüe, el de Huehuetoca, que sólo sirvió a medias —y para 1623 había dejado de funcionar.

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Mascarón.

El visitador Martín Carrillo denunció ante la Corona que a lo largo de veintiún años nadie volvió a rendir cuentas sobre el avance y estado del desagüe. Cuando el virrey Rodrigo Pacheco, marqués de Cerralvo, ordenó un conjunto de reparaciones urgentes, era demasiado tarde.

En septiembre de 1629 una tromba azotó a la capital durante treinta y seis horas. La lluvia “caía del cielo con tanta abundancia cuanta jamás se había visto en Nueva España”, escribió un testigo. El ingeniero Enrico Martínez, maestro mayor del desagüe, tomó la decisión de segar la entrada del canal de Huehuetoca para evitar que la crecida de las aguas destruyera las reparaciones que, por orden del virrey, se estaban realizando. Fue una decisión funesta: el 21 de septiembre, día de San Mateo, un torrente embravecido descendió por los montes. En los barrios, las frágiles casas de los indios se deshicieron. Según el arzobispo Francisco de Manso y Zúñiga, durante la crecida murieron treinta mil indios. De veinte mil familias que habitaban la ciudad antes de la inundación, sólo quedaron cuatrocientas: los sobrevivientes habían iniciado un éxodo masivo.

Era el comienzo de un desastre que marcó a una generación entera. El agua lamía los balcones de los pisos altos. Miles de cadáveres flotaban entre animales muertos. Techos, muebles, árboles, carruajes, todo ondulaba en la corriente turbia.

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Otra vista del edificio de La Violeta, a mediados de los años cuarenta.

Cuando se fue la lluvia, las campanas de los templos tocaron lúgubremente a rebato. Una relación firmada por Alonso de Cepeda y Fernando Carrillo afirma que la ciudad quedó bajo el agua “sin reservar cosa alguna”.

Escribieron: “El cuerpo de agua fue tan grande y violento en las plazas, calles, conventos y casas, que llegó a tener dos varas de alto por donde menos”.

No había otra forma de desplazarse más que en canoa. No había otro modo de ingresar a las casas más que por las ventanas del segundo piso. Para confortar un poco a los vecinos, los sacerdotes celebraban misas en las azoteas de los conventos: los fieles los escuchaban desde sus propias azoteas, “en medio de lágrimas, sollozos y lamentos”.

Las reservas de granos se habían arruinado. Hubo saqueos en las casas abandonadas. El pueblo, obligado a beber agua contaminada, fue víctima de las enfermedades.

El agua no bajó. Se convocó a una asamblea para que los ciudadanos propusieran proyectos para vaciar la cuenca. Se creyó que en la memoria de los indios podría existir algún sistema de desagüe olvidado, y se ofreció una recompensa de cien mil pesos a quien lo entregara. El mito de que en Pantitlán había un desagüe secreto, cuya ubicación sólo había conocido el emperador Moctezuma, hizo que una comisión se lanzara infructuosamente a buscarlo.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba.

Dos años después de la inundación, una cédula real le ordenó al virrey “mudar la ciudad a sitio mejor y más cercano”: Tacuba, Tacubaya, Coyoacán o San Agustín de las Cuevas. El cabildo discutió la idea y concluyó que era imposible abandonar a su suerte a la antigua soberana de los lagos. Se habían invertido en ella más de cincuenta millones de pesos: había veintidós conventos, veintidós templos, ocho hospitales, seis colegios, una catedral, dos parroquias, Casas Reales, un arzobispado, una Universidad, un Santo Oficio, varias cárceles y otras obras públicas.

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Desfile de 1930 donde se alcanza a ver el edificio de La Violeta con el mascarón de león.

De ese modo nos quedamos atados para siempre al destino incierto de la Muy Noble y Muy Insigne y Muy Leal Ciudad de México. De esa forma se nos uncía a un futuro de inundaciones cíclicas, hundimientos continuos y desastres inevitables. De esa forma se nos encadenaba, también, al soberbio valle donde dormía, se perpetuaba, se gestaba y sobrevivía, en palabras de Salvador Novo, la grandeza de México.

 

Héctor de Mauleón

 

42 comentarios en “El día que la Ciudad de México desapareció

  1. Me parece muy interesante el artículo, y que el drenaje profundo, si bien por el momento evita esas inundaciones, no sabemos que sucederá con una precipitación pluvial como la registrada con Emanuel en ciertas zonas de Guerrero.
    Los aztecas, tengo entendido que controlaban muy bien los niveles del lago.

    • En tiempo de los mexicas también hubo inundaciones, se dice el Tlatoani Ahuízotl murió accidentalmente en una.

  2. Excelente que rescaten y publiquen estas historias, desconocidas hasta por quien nos interesa la historia de México

  3. Muy buen artículo. Pero me pregunto cuál es el punto de poner fotos de los años cuarenta si el artículo trata de un episodio en 1629.

        • la fotografia se invento hasta despues de 1800, en 1629 podrian existir pinturas, porque las litografias se inventaron tambien mucho despues, asi que no publicaropn fotografias porque simple y sencillamente no las hay… es gratis pensar, pero si hay algo de informacion y conocimiento detras… no se vale pretender hacer sentir mal a los demas aun y cuando sepas lo que dices y menos se vale cuando tampoco se tiene el conocimiento, tu comentario es muy grosero y lo peor es que es grosero sin razon.

          • Bravo!, se trata de conocer nuestro pasado, no de ofender sin fundamento.
            Es interesante ver como los invasores no entendian nada acerca de nuestra bella ciudad. Si hubieran llegado a aprender lo nuestro, otra cosa hubiese sido. Ahora nos toca a nosotros recobrar nuestras raices.

    • Las fotos corresponden a una marca del nivel (mascarón de león) que aparentemente alcanzó la inundación y que superó el pasar de los siglos para darnos una idea de la gravedad del problema…

    • Las fotos son para mostrar las cabezas de león, que es la marca del nivel del agua durante la inundación.

    • Ese edificio no existía en tal fecha, se le puso el mascarón del león precisamente para recordar el acontecimiento. Claro que tampoco había fotos ni daguerrotipos, todo es en sentido figurado. Además, no es el único edificio que cuenta con un testimonial así, alrededor del zócalo hay marcas bien definidas,sólo hay que ir a buscarlas o rastrearlas en fotos antiguas.

    • Muy bueno tu comentario Rogelio! Fotos ACTUALES hubieran estado mejor. En cuanto a los “mexicanitos chistosos” (y majaderos) de siempre… no hay que pelarlos, ellos solos encuentran su lugar (normalmente en el anonimato). Bien por Paty y Esperanza.

  4. Mientras no respetemos la sabiduría de la madre naturaleza de millones de años seguiremos teniendo “desastres naturales”, desastres ocasionados por el hombre que no sabe o no quiere interpretar el lugar donde vive. Gracias a Héctor de Mauleón por el valioso material que nos comparte.

  5. La historia recopilada de la parroquia de nuestra señora de los ángeles en la colonia guerrero. Menciona esta inundación, diciendo que la imagen de la virgen quedo sumergida bajo el agua durante 5 años, y hace mencion en efecto que esta lluvia torrencial duro 36 horas desde lo que ahora es santa maria la redonda, hasta pino suarez……interensante el atar cabos

  6. Muy interesante artículo. Hay muchísimas cosas e historias de la Nueva España que nos sorprenderían, especialmente porque la época virreinal de 300 años forjó la verdadera mexicanidad. La historia oficial y los absurdos prejuicios de considerar “oscura” a esa época nos han privado de nuestro orgulloso pasado virreinal.

  7. Como siempre la narrativa del Maestro De Mauleon logra transladarnos hasta el momento del hecho que plasma y logra que pueda imaginar lo trágico de aquel momento, el cual extrañamente hoy sólo se recuerda como un hecho anecdótico, ya que en lo particular si sabía de la inundación sin embargo no tenía idea del número de muertes y menos aún de la gran destrucción. Felicidades por contribuir a la difusión de estos artículos que nos ayudan a mantener viva nuestra memoria. Gracias

  8. Que importante es publicar tantos hechos históricos que el común de la gente no conoce. En la actualidad los estudiantes y las demás personas le dan mas importancia a las redes y sitios que a la lectura de la historia de su país.

  9. “El levantamiento de palacios, templos, conventos y hospitales sobre las ruinas de la antigua capital mexica, provocó el desmonte sistemático de los cerros. Hizo que los aluviones arrastrados por las lluvias, azolvaran lentamente los canales y los lagos”. Este parrafo del articulo nos permite observar que los problemas de la Ciudad de Mexico empezaron con los conquistadores. Los Aztecas manejaban los lagos y los canales sin problemas, pero fue la “modernidad” del conquistador que empezo la serie de errores en la planificacion sin medida de la Ciudad de Mexico.

    • No, no, señorita les más, le recomiendo los mitos que nos dieron traumas, el problema no fue la conquista si no el Virreynato. Ojo México no existía, existía el continente americano pero no México.

      • ¡Claro que Mexico existía! El nombre significa en nahuatl “en el ombligo de la luna” y es como los MEXICA conocían su ciudad, todo un tratado de construcción enmedio de los lagos, llena de chinampas, canales, acequias y albarradas.

        • México-Tenochtitlan no es lo mismo que actualmente entendemos como los Estados Unidos Mexicanos. El “imperio” Mexica no llegaba hasta zonas como los actuales Sonora o Baja California. México es producto de un proceso histórico, con luces y sombras, como en todo país.

  10. Si tan importante es él personaje de Alonso García Bravo, deberían de hacer algo para rescatar su estatua, q en tan mal estado está, cubierta a su alrededor por varios comerciantes ambulantes, gracias a q él Gobierno de la Ciudad de México, prácticamente se lo regaló a uno de los mayores líderes del centro, buscar la plaza con el mismo nombre, continuación de Venustiano Carranza, anterior plaza de la Merced.

  11. Muchas gracias a Héctor. Aunque también conocía acerca del hecho, con este artículo uno puede reconstruir detalles y, como dice Xavier Aguilar, “atar cabos”.

    Siempre me ha parecido dramática esa gran paradoja que es la “planeación” (inexistente, y por eso las comillas) de la Muy Noble y Muy Insigne y Muy Leal Ciudad de México: recursos y esfuerzos gigantescos invertidos historicamente para sacar a como dé lugar la enorme cantidad de agua que corre naturalmente por aquí (es un lago, finalmente) y, por otra parte, recursos y esfuerzos gigantescos por traerla después, a ver de dónde.

  12. Que interesante reportaje, existen echos que pasaron que nunca imaginamos que sucedieron, gracias por esos datos tan importantes y que nos informan!!!!!

  13. es admirable el trabajo del Señor Héctor de Mauleón. Gracias por mostrarnos cosas interesantes sobre nuestra amada ciudad de México.

  14. Excelente ensayo historiográfico. Aunque faltó mencionar, como dato referencial, de qué manera la destrucción del “albarradón de Nezahualcóyotl” durante el sitio de Tenochtitlan (sin acento) y tras la fundación de la Muy noble y leal… contribuyó a esa catástrofe, porque esta obra de ingeniería hidráulica del rey poeta, construida entre 1440 a 1503 mantuvo protegida a la Ciudad sede del imperio Mexica pues no fue sino hasta 1555 cuando precisamente la falta de este largo dique de contención de las aguas del lago de Texcoco propició una interminable lista de inundaciones ya desde la época colonial hasta la actualidad.

  15. muchas felicidades por el libro, me gustan mucho tus artículos que nos llevan a conocer la historia de la ciudad, la forma en como relatas los acontecimientos es un deleite.

  16. La arquitectura y el tipo de construcción de la imagen no corresponde a la época en la que sugiere sucedió la inundación. Para 1629 los edificios difícilmente superaban los dos niveles de construcción. “Las marcas” seguro sólo sostienen la leyenda. Es probable que haya sucedido la inundación, no lo dudo; pero habrá que verificar el año de construcción de esos edificios.

  17. Le sugiero a Hector de Mauleon revizar las memorias del drenaje profundo, contienen una narrativa de MIguel Leon Portilla, autentico hitoriador, que difiere en gran medida con su historia.

  18. Los felicito por la información, es bueno saber que ocurrió en el lugar por donde transitas todos los dias.