Elevar el salario mínimo es una política pública de doble filo. Por un lado podría tener consecuencias claramente positivas para quienes ganan menos, pero también podría tener consecuencias negativas, aunque no necesariamente. Los impactos de elevar el salario mínimo en términos de inflación y desempleo dependen, en buena medida, del funcionamiento del mercado laboral y del grado del aumento.

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Los impactos de un incremento en el salario mínimo dependen principalmente de cómo funciona el mercado laboral. Si el mercado laboral se comporta competitivamente y el salario mínimo está por encima del salario de mercado, entonces un incremento en el mismo ocasiona desempleo. Sin embargo, si el mercado laboral para trabajadores de bajos ingresos no se comporta competitivamente entonces un salario mínimo puede aumentar el empleo y la eficiencia económica. Casi cualquier economista estaría de acuerdo en que un monopolio requiere ser regulado. Lo mismo ocurre en el mercado laboral, si se tiene poder de mercado en la contratación de trabajo de bajos ingresos lo mejor es su regulación. En este contexto es importante señalar que existe evidencia empírica de varios países de la existencia de poder de mercado en la contratación de trabajadores de bajos ingresos.1 Por otro lado, la empresa puede ajustarse al aumento en el mínimo cambiando el precio al que vende su producto sin ningún cambio en las variables de empleo o productividad. Asimismo, la empresa podría gastar menos en publicidad de vacantes o gastos de entrenamiento o incluso aumentar su productividad sin aumentos en precios o disminución en el empleo.

Además del funcionamiento del mercado laboral, el impacto del salario mínimo depende del grado de aumento del mismo así como la base de donde se parte. No es lo mismo incrementar el salario mínimo 10 pesos que 100, o que el salario mínimo propuesto afecte a 10% que a 50% de los trabajadores. Por tanto, la diferencia de opinión entre los economistas y estudiosos del tema se debe fundamentalmente a diferencias en las percepciones de qué modelo opera en la realidad así como la percepción del grado de afectación del salario mínimo.

 

El artículo 123 (A-VI) menciona que “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. El salario mínimo ha dejado de cumplir lo marcado en la Constitución.

En la figura 1 se observa la relación de la línea de pobreza alimentaria (LBM) y no alimentaria (LB) reportada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) multiplicada por un tamaño de hogar de 3.7 que es el reportado en la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares 2012. El salario mínimo lo calculo al mes asumiendo tiempo completo, y como un promedio simple entre las zonas del salario mínimo. Lo que muestra la figura es que desde 2004 el salario mínimo se ha quedado rezagado con los incrementos en el monto mínimo necesario para no ser considerado como un individuo en situación de pobreza por el CONEVAL.

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En otras palabras, si un jefe de familia es el único proveedor en un hogar promedio de 3.7 personas y trabaja con el salario mínimo no le alcanzaría para no estar en situación de pobreza ni en el sector rural ni en el urbano. La situación es mucho más grave en el sector urbano el cual representa a cerca de 80% de la población mexicana. Una familia en un hogar promedio de 3.7 personas en el sector urbano con tanto padre y madre trabajando por dos salarios mínimos cada uno no alcanza para satisfacer las necesidades básicas alimentarias y no alimentarias. Por tanto, esa familia estaría en situación de pobreza (no alimentaria). Más aún, la brecha entre las líneas de bienestar y el salario mínimo se ha incrementado en el tiempo. Es decir, los precios de bienes y servicios para satisfacer necesidades básicas han aumentado más rápidamente que el salario mínimo. Es claro en la figura 1 que el salario mínimo no cumple con lo especificado en el artículo 123 de nuestra Constitución.

Al menos como se establece en la Constitución, el salario mínimo es un decreto que debe ser suficiente para ciertas necesidades, y actualmente no lo es. Sin embargo, en mi opinión ese debate se encuentra en una dirección incorrecta. Como sociedad estamos ante dos posibles caminos: tener un plan para cumplir con el mandato constitucional y exigir al Estado su cumplimiento, o bien proponer al Congreso de la Unión eliminar esa sección del artículo 123. Me inclino por el primer punto. Mi visión de la sociedad mexicana es aquella que se encamina a que todo individuo, si trabaja duro y honradamente, pueda escapar de la pobreza. Actualmente, esa visión no puede cumplirse. Por tanto, si consideramos necesario elevar el salario mínimo por estas razones, debo ahora estimar adecuadamente los posibles impactos que pudiera tener un incremento del salario mínimo en la economía mexicana y analizar si pueden acercarnos, aunque sea un poco, a esa visión de la sociedad mexicana.

 

Como se señaló al comienzo, hay dos objeciones principales a un incremento en el salario mínimo: impactos negativos en el empleo e impactos inflacionarios. Existen múltiples estudios académicos que han analizado esos dos aspectos para el caso internacional, aunque existen trabajos escasos para la economía mexicana. El consenso de esta literatura es que incrementos modestos en el salario mínimo, partiendo de salarios mínimos bajos en comparación con el promedio, no tienen un impacto negativo en el empleo, pero sí mejoran los ingresos laborales de los trabajadores con menos ingresos ayudando así a disminuir la pobreza.2

Estos estudios suelen dar dos razones por las cuales el salario mínimo no tiene un impacto en el empleo (o el desempleo). La empresa se ajusta mediante precios y mejoras de eficiencia. Primero, si la empresa no cambia nada en su conducta (no despide trabajadores entre otras cosas) y todo el ajuste lo hace en precios, entonces esperaríamos que el aumento en precios sea una función de cuánto aumentan sus gastos laborales, lo cual depende de cuántos trabajadores son afectados. La literatura económica ha encontrado que al aumentar en 10% el salario mínimo, el nivel de precios aumenta en promedio 0.4%.3 Este impacto es menor del que existiría si la empresa únicamente cambiara su precio y todas sus demás decisiones permanecieran igual (dependiendo de los supuestos se tendría un impacto de 0.6%-0.8% si no cambia en nada su conducta sólo precios). Es decir, generalmente las empresas no utilizan el aumento en precio como único canal de ajuste a un alza en el costo de la plantilla laboral. Esto es entendible dado que si la empresa enfrenta competencia en los mercados, elevar el precio podría implicar perder demanda, lo que implicaría menores utilidades generales. Por tanto, la empresa se tiene que ajustar de otra forma, y no únicamente en su nivel de precio.

La segunda razón por la cual no hay un efecto en el nivel de empleo es que la empresa suele realizar ajustes internos para mejorar la eficiencia.4 Por un lado, disminuye gastos de contratación y de entrenamiento debido a que un mayor salario mínimo ocasiona mayor estabilidad en el trabajo (es decir, el trabajador de bajos ingresos cambia menos de trabajo o renuncia con menor frecuencia, entre otros). Asimismo, las empresas al no poder elevar sus precios completamente en relación con el incremento en costos por la competencia en el mercado, entonces tienen que lograr mejoras de productividad. En Estados Unidos se les preguntó a diferentes administradores de empresas cómo podrían enfrentar un mayor salario mínimo. El 90% de los empleadores mencionó que se ajustarían por mejoras en productividad: mayor asistencia, concentración en el trabajo, entre otras iniciativas. Así pues, elevar el salario mínimo no necesariamente debe verse como algo negativo para la productividad general en la economía, sino también como una vía para elevarla.

Para resumir: la literatura económica ha encontrado que ante aumentos modestos en el salario mínimo los efectos en empleo son pequeños o nulos. El impacto se diluye en un nivel de precios mayor y en mejoras de eficiencia dentro de la empresa. Mi lectura de esta literatura es que aproximadamente la mitad del efecto máximo posible se refleja en precios. Obviamente, este impacto en precios conlleva a un problema de redistribución de ingresos en la sociedad: trabajadores de bajos ingresos aumentan sus ingresos reales mientras que el resto de la sociedad disminuye sus ingresos reales debido al incremento marginal en precios. Cabe recalcar que los impactos son heterogéneos dependiendo de cuál es el valor del salario mínimo inicial y del aumento en el mismo. Cada sociedad de forma democrática, y a partir de estudios sólidos, debe decidir si el beneficio de un incremento al salario mínimo compensa el costo relativo en el alza de precios.

Para el caso mexicano se vuelve complicado estimar el impacto del salario mínimo en precios. Esto se debe a que existen varias multas, becas y leyes asociadas con el nivel de este indicador salarial. Al parecer, sí existe un consenso en que el salario mínimo deje de ser la unidad de medida más utilizada en las leyes mexicanas, por lo que este aspecto lo podemos obviar y no discutir sus posibles efectos.

Por otro lado, no es claro qué efecto pueda tener el salario mínimo sobre el salario de los trabajadores en el sector informal o en trabajadores de mayores ingresos. Lo cual es clave para conocer los posibles efectos agregados sobre los precios. Si el incremento en el salario mínimo afecta el salario de otros trabajadores que no obtienen el mínimo, entonces el efecto en precios debería ser mayor. Esto es una preocupación real en el debate actual sobre el salario mínimo. En este último punto, un estudio sobre México encontró que el impacto del salario mínimo sobre la distribución de ingresos de todos los trabajadores perdió fuerza para finales de la década de 1990 en comparación con el periodo de finales de la década de 1980.5 Por tanto, el argumento que dice que un incremento en el salario mínimo aumentaría el nivel de precios en la misma proporción ha perdido sustento empírico. En ningún estudio se ha encontrado que incrementos en el salario mínimo conlleven a incrementos en la misma proporción para todos los trabajadores (sin importar su nivel salarial), lo cual ocasionaría un aumento en los precios de la misma proporción. Sin embargo, esto tampoco implica que no tenga ningún efecto en precios. Si tomamos lo encontrado en los estudios académicos y lo aplicamos al caso mexicano para un incremento del salario mínimo a 80 pesos (incremento de 22% en el salario mínimo promedio) se esperaría un aumento máximo en el nivel de precios de 0.9%. Sin embargo, dado que el salario mínimo en México afecta a menos trabajadores que en los países que cubre la literatura internacional es de esperarse que el impacto en precios sea aún menor. Por ejemplo, de todos los trabajadores en el sector formal sólo 2.6% y 7.3% ganan menos que 80 y 100 pesos al día respectivamente (cálculos propios con datos del primer trimestre de la ENOE 2014).

 

A fines de noviembre de 2012 el salario mínimo de la zona “B” se unificó con el de la zona “A”. La zona “C” se renombró como zona “B” en esa fecha también. Si tomamos en cuenta el cambio en el salario mínimo entre noviembre de 2012 y enero de 2013 fue un aumento nominal de 6.9%. Cuando se compara con el incremento en las otras zonas se obtiene un incremento de 2.9%. Si incrementos en el salario mínimo tienen impactos negativos en empleo y precios, entonces al comparar esas variables entre las ciudades que formaban la zona “B” con las demás, entonces deberíamos observar esos efectos negativos. En particular, si creemos que el salario mínimo ocasiona cambios en el nivel de precios en la misma proporción, entonces deberíamos de observar que los precios efectivamente se comportan de esa forma.

La figura 2 muestra la tasa de participación laboral y tasa de informalidad laboral en el periodo de interés con datos de INEGI. La línea punteada se refiere a la zona “B”. Aunque el salario mínimo aumentó 2.9% en esa zona no se aprecian impactos negativos en términos de participación laboral o bien incrementos en la informalidad. Si acaso, la tasa de informalidad laboral disminuye después del incremento del salario mínimo (ver figura 2).

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La figura 3 muestra la inflación por zona geográfica del salario mínimo tomando como base el mes de noviembre de 2012. Similar al caso de empleo, no se observan impactos negativos para la zona “B” en comparación con cualquiera de las otras zonas. Por ejemplo, cuando se compara la inflación entre abril de 2013 y noviembre de 2012, la zona “A” tiene una inflación cercana al 2.4% mientras que la zona B es de 1.5%. Es decir, el impacto del salario mínimo en términos de precios al unificarse las zonas “A” y “B” fue prácticamente nulo. Este resultado nos sugiere que el impacto de incrementar el salario mínimo sería sustancialmente menor al promedio en la literatura de 0.9%. Por tanto, el mercado laboral mexicano no ajustó los salarios de todos los trabajadores en la misma proporción al incremento en el mínimo. En resumen, las figuras 2 y 3 muestran que aumentar el salario mínimo no tuvo un impacto negativo en empleo o en precios.

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El salario mínimo no cumple con lo establecido por el artículo 123 de nuestra Constitución. En mi lectura de la literatura internacional sobre el salario mínimo, y basándome en la reciente experiencia de la unificación de la zona “B” a la zona “A”, concluyo que si el salario mínimo de partida es bajo y se consideran incrementos modestos los impactos negativos podrían eliminarse o reducirse sustancialmente. No soy el único con esa interpretación. Recientemente el semanario The Economist mencionó “…incrementos modestos en el salario mínimo no destruyen necesariamente trabajos y de hecho puede disminuir la desigualdad, atraer más gente al sector formal y aumentar la productividad”.6 Los canales de ajuste a un mayor salario mínimo se dan en precios y en mejoras de eficiencia por parte de las empresas. Por tanto, hay elementos sólidos para creer que elevar el salario mínimo tendría efectos significativos para los trabajadores de bajos ingresos, pero pocas o nulas repercusiones negativas para trabajadores de más altos ingresos.

Por tanto, desde el punto de vista de una agenda igualitaria y dadas las circunstancias del mercado laboral mexicano, creo que los beneficios de incrementar el salario mínimo son mayores que los posibles costos. De paso, esto nos acercaría un poco más al cumplimiento del artículo 123 de la Constitución, cuyo mandato sigue siendo un ideal valioso que rescatar.

 

Raymundo M. Campos Vázquez

Doctor en economía por la Universidad de California, Berkeley, y actualmente es profesor-investigador del Centro de Estudios Económicos en El Colegio de México.

Agradezco comentarios y sugerencias de Eva Arceo, Mario Arriagada, y David Kaplan. Esto no implica, necesariamente, que estén de acuerdo con lo escrito en este artículo. Las opiniones, errores y omisiones son responsabilidad única del autor.


1 Ashenfelter, Orley, Henry Farber y Michael Ransom (2010): “Labor Market Monopsony”, Journal of Labor Economics, 28(2), pp. 203-210.

2 En mi opinión estos son los mejores artículos en la literatura: Dube, Arindrajit, William Lester y Michael Reich (2010): “Minimum Wage Effects Across State Borders: Estimates Using Contiguous Counties”, The Review of Economics and Statistics 92(4): 945-964. Allegreto, Sylvia, Arindrajit Dube, Michael Reich y Ben Zipperer (2013): “Credible Research Designs for Minimum Wage Studies”, IZA Institute for the Study of Labor, Working Paper 7638, septiembre. Dube, Arindrajit (2013): “Minimum Wages and the distribution of family incomes”, Working Paper. Por supuesto que no toda la literatura económica encuentra efectos nulos en empleo. Sin embargo, a mi parecer, los artículos anteriores son los más convincentes en términos estadísticos. En esos artículos se discute por qué otros estudios pueden ser menos convincentes.

3 Lemos, Sara (2008): “A survey of the effects of the minimum wage on prices”, Journal of Economic Surveys, 22(1): 187-212.

4 Ver los artículos de Hirsch, Barry, Bruce E. Kaufman y Tetyana Zelenska (2014): “Minimum Wage Channels of Adjustment”, Industrial Relations, por publicarse. Schmitt, John (2013): “Why Does the Minimum Wage have No Discernible Effect on Employment?”, Center for Economic and Policy Research.

5 Kaplan, David y Fernando Pérez Arce (2006): “El efecto de los salarios mínimos en los ingresos laborales de México”, El Trimestre Económico, 73: 139-173. Por ejemplo, con datos hasta 2001 encuentran que un aumento del salario mínimo beneficia también hasta trabajadores con menos de cuatro salarios mínimos, pero el impacto se concentra en trabajadores con menos de tres salarios mínimos. Es creíble que ese impacto sea mucho menor en la actualidad, y que únicamente afecte a trabajadores con ingresos cercanos al mínimo.

6 Traducción propia, semana agosto 16-23, 2014.

 

4 comentarios en “Salario mínimo vs inflación

  1. Me quedó una duda, ¿la inflación que genere el incremento del salario mínimo no anularía el poder adquisitivo tanto de trabajadores de mayores ingresos como de bajos ingresos? De ser así, ya no sería tan claro el beneficio de incrementar el salario.

  2. Muy buen artículo. Resume muy bien la discusión en pocas letras, Pero por qué restringen las discusión a los salarios mínimos, si ello está ligado a un fenómeno más general de reducción del nivel salarial del país. Las cifras del INEGI respecto al porcentaje de ingresos por salarios en la distribución del PIB se ha reducido en los últimos años. Por ello creo que debiera revisarse más ampliamente esta discusión, ya que no hacerlo y restringirse al salario mínimo, deja de lado un fenómeno más amplio que afecta a todos los asalariados del país…

  3. creo que este fenómeno de disminución de pobreza a sido una de las estrategias que han utilizado cada uno de los gobierno que ha habido en México en determinado tiempo y es una manera de tranquilizar a las personas y decir que realmente están haciendo bien las cosas, aunque el control de inflación y desempleo son principales para controlar el crecimiento desacelerado de un país, creo que es necesario que se genere una situación de desarrollo para las personas y no solo de conformidad en el cual no pueda a bese ni satisfacer sus necesidades básicas, desde mi punto de vista creo que tus ideas no se encuentran fuera de lo que debería ser una idea para el gobierno. pero tengo una pregunta, suponiendo que tu propuestas funcionan ¿cual crees que seria la reacción de la personas, optaría por consumir mas o ahorra? ¿cual crees que sea la que veneficiar?