Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables.


04-rio_de_janeiro

Voy por una calle oscura, entre fachadas de piedra. Los arcos voltaicos lucen colgados de cables alquitranados. Hombres en mangas de camisa conversan sentados en los umbrales de las puertas. Mujeres achocolatadas, apoyadas con los brazos cruzados en los hierros de los balcones, siguen el movimiento de la rua. En una lechería esquinada, negros en patas beben cervezas. De pronto: una señora oscura ha tomado a su nene de seis años, color café con leche, de la mano. Va a llevar a dormir al chico. El pibe ha estado jugando con una nena de su edad, blanca y rubia. Y veo: el nene alarga gravemente su mano a la chiquita. Ella también, con seriedad, le corresponde; los dedos se aprietan y se dicen: —Boa noite. (Buenas noches.)

Segundo cuadro. Voy por una calle abierta entre un bloque de granito escarlata. Sobre mi cabeza cuelgan amplias hojas de bananero. La calle asfaltada desciende hasta la playa. Vienen: un muchacho y una menina. Diez y siete años, quince años. Él, color tabaco rubio. Ella, cobre, que parece cubrir un mimbre de carbón, tan flexible es la muchacha de ojos verdes. ¿Cuántas razas se mezclan en esos dos cuerpos? No sé. Lo único que veo es que son magníficos.

Él sonríe y muestra los dientes. Ella, un paso atrás, se ríe también. Trae en la mano una varita verde y le hace cosquillas en la oreja. Van solos. Aquí, los novios salen solos. Ellos son hombres y ellas bien mujeres. Cuando dos novios salen solos es porque son prometidos. La vida es seria y noble en muchos aspectos. Y este es un aspecto de esa vida seria y noble.

Se ríen y van hacia la playa. La playa extiende sobre el río una bandeja de arena. Los bananeros dejan colgar sus hojas verdes y un perfume de violeta impregna densamente una atmósfera de tempestad.

Tercer cuadro. Avenida de Río Branco. Oleaje de gente. Fachadas de azulejos recamados de oro, azul y verde. El Café Morisco con cúpulas de escamas de cobre. Tranvías verdes. Ráfagas de jazmín. En el fondo, el cerro Pan de Azúcar, color espinaca. A un costado el morro de Santa Teresa, color naranja. Automóviles que pasan vertiginosamente, gente que en sillas-cestas de mimbre beben sorbetes. Él y ella. Ella de negro. Él de blanco. Un escote admirable. Caminan lentamente. No tomados del brazo, sino de los dedos. Como criaturas. Y de pronto escucho que ella dice: —Meu bem. (Mi bien.)

Este “meu bem” ha salido de la boca de la mujer impregnado de dulzura espesa, lenta, sabrosa. Se han bebido en una mirada: y siguen caminando, despacio, hombro con hombro, los brazos caídos, pero tomados fuertemente de los dedos. Me han dicho que cuando un hombre y una mujer caminan así es porque su intimidad es completa y ellos van cantando, con estos dedos engrapados, una felicidad magnífica y cálida.

Fuente: Roberto Arlt, Aguafuertes cariocas. Crónicas inéditas desde Río de Janeiro, Adriana Hidalgo Editora, 2013.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir y coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas y Anuncios clasificados.